Regeneración Institucional

Hola.

Después del asesinato de Álvaro Obregón, en 1928, Plutarco Elías Calles ideó un mecanismo para contener las ansias de poder de los generales revolucionarios, repartiendo el poder entre ellos y aglutinándolos en un solo partido: el Partido Nacional Revolucionario (PNR).

Con la llegada de Lázaro Cárdenas al poder y el rompimiento entre el Presidente y Calles, el PNR sufre su primera refundación, con el fin de eliminar la influencia que el jefe del Maximato mantenía en el Partido, y fortaleciéndolo con los tres sectores que sería eje fundamental de aquí en adelante: el sector obrero, el sector campesino y el sector popular. Es aquí cuando nace el Partido de la Revolución Mexicana (PRM).

Hacia 1946, el partido sufre su tercera refundación, convirtiéndose en lo que desde entonces y hasta ahora conocemos como el Partido Revolucionario Institucional (PRI). Cabe señalar que esto se da durante el gobierno de Manuel Ávila Camacho, gobierno durante el cual el partido dio un giro hacia la derecha y renunció al legado e ideario de Lázaro Cárdenas. Este giro hacia la derecha se profundizó más durante el gobierno de Miguel Alemán, donde se hicieron importantes reformas para salvaguardar, entre otras cosas, los grandes latifundios que aún no habían sido expropiados como parte del reparto agrario convirtiéndolos en “pequeña propiedad” (de 100 hectáreas), y la permisividad de los “contratos-riesgo” en materia de hidrocarburos, prohibidos por la Constitución desde 1940.

Esta refundación es precisamente concebida como un intento de aglutinar a la mayor cantidad de fuerzas posible de todo el espectro político e ideológico en un solo lugar, de tal forma que dirigentes de derecha, centro o derecha podían convivir en el mismo partido sin ningún problema. Así, lo mismo podía convivir dentro del PRI derechistas acérrimos como Octavio Paz, que izquierdistas como Lázaro Cárdenas. Así, el PRI se convirtió en la casa de todos, excepto de los que no pudieron ser cooptados o sometidos.

No en balde, el politólogo italiano Giovanni Sartori definió al PRI en su obra Partidos y sistemas de partidos (1980) como una categoría única de todos los partidos políticos existentes en el mundo, al asegurar que “lo que importa es que la disposición hegemónica mantiene unido al PRI y que el paso a un sistema competitivo pondría en peligro su unidad, porque eliminaría las sanciones prohibitivas infligidas por la fórmula hegemónica a las escisiones y rupturas con el partido. Como democracia, México es, en el mejor de los casos, una ‘cuasi’ democracia o una democracia ‘esotérica’. Digo en el mejor de los casos, porque, de momento, México no es ni siquiera un falso sistema de partido predominante, sino un caso claro de partido hegemónico que permite partidos de segunda clase mientras, y en la medida en que, sigan siendo lo que son. Sin embargo, si el caso mexicano se avalúa por lo que es en sí mismo, merece por lo menos dos elogios: uno, por su capacidad inventiva, y el otro, por la forma tan hábil y feliz con que se lleva a cabo un experimento difícil”.

En 1982, tras la crisis económica causada por los desajustes en la política económica durante los sexenios de Luis Echevarría y López Portillo, el partido sufre su primera refundación programática, al renunciar al Nacionalismo Revolucionario y adoptar el Neoliberalismo como doctrina cuasi religiosa. Ese cambio programático es lo que genera un gran cisma en 1987, al separarse la Corriente Democrática del PRI y competirle directamente en las elecciones presidenciales.

30 años después, hay otro gran cisma en el PRI. A diferencia del primero, donde se confrontaron dos proyectos distintos (el Nacionalismo Revolucionario contra el Neoliberalismo), en esta elección presidencial de 2018 se confrontan distintas visiones de neoliberalismo: una, tecnócrata y ortodoxa, encabezada por Meade; otra, renovada, encabezada por Anaya; y finalmente, una tercera que solo busca corregir deficiencias y errores en el modelo, pero que al final seguirá siendo neoliberalismo, encabezada por López Obrador.

El gran cisma del PRI ha sido promovido y capitalizado por Andrés Manuel López Obrador, quien a la usanza de Plutarco Elías Calles y Miguel Alemán, ha decidido que las disputas por el poder se acaben y pueda haber gobernabilidad, aglutinando a actores de todas los actores, fuerzas e ideologías políticas en un solo lugar: MORENA, que se ha convertido en la nueva casa de todos, y está siendo, en los hechos, la cuarta refundación del PNR.

Esto explica por qué de pronto, en MORENA, confluyeron personajes tan diversos y distintos como Alfonso Romo, Esteban Moctezuma, Manuel Barlett, Gabriela Cuevas, Manuel Espino, Germán Martínez, Alfonso Durazo, Lino Korrodi, Ifigenia Martínez, Pablo Gómez, Félix Salgado Macedonio, Ricardo Monreal, y un largo etcétera. O en el caso hidalguense, donde conviven compañeros de Izquierda de toda la vida, con gente que hasta hace poco militaba en el PRI y en otros partidos como Julio Menchaca, Gerardo Sosa, Cipriano Charrez o, más recientemente, Canek Vázquez.

Sartori no sólo se volvería a sorprender, sino que quedaría estupefacto ante la posibilidad de que el que denominó la forma tan hábil y feliz con que se lleva a cabo un experimento difícil se está repitiendo nuevamente con éxito, con una máscara de Izquierda pero con actitudes y aliados a la derecha.

Ese segundo experimento difícil ya tiene nombre. Es la Regeneración Institucional.

Saludos. Dejen comentarios.

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