Regeneración Institucional

Hola.

Después del asesinato de Álvaro Obregón, en 1928, Plutarco Elías Calles ideó un mecanismo para contener las ansias de poder de los generales revolucionarios, repartiendo el poder entre ellos y aglutinándolos en un solo partido: el Partido Nacional Revolucionario (PNR).

Con la llegada de Lázaro Cárdenas al poder y el rompimiento entre el Presidente y Calles, el PNR sufre su primera refundación, con el fin de eliminar la influencia que el jefe del Maximato mantenía en el Partido, y fortaleciéndolo con los tres sectores que sería eje fundamental de aquí en adelante: el sector obrero, el sector campesino y el sector popular. Es aquí cuando nace el Partido de la Revolución Mexicana (PRM).

Hacia 1946, el partido sufre su tercera refundación, convirtiéndose en lo que desde entonces y hasta ahora conocemos como el Partido Revolucionario Institucional (PRI). Cabe señalar que esto se da durante el gobierno de Manuel Ávila Camacho, gobierno durante el cual el partido dio un giro hacia la derecha y renunció al legado e ideario de Lázaro Cárdenas. Este giro hacia la derecha se profundizó más durante el gobierno de Miguel Alemán, donde se hicieron importantes reformas para salvaguardar, entre otras cosas, los grandes latifundios que aún no habían sido expropiados como parte del reparto agrario convirtiéndolos en “pequeña propiedad” (de 100 hectáreas), y la permisividad de los “contratos-riesgo” en materia de hidrocarburos, prohibidos por la Constitución desde 1940.

Esta refundación es precisamente concebida como un intento de aglutinar a la mayor cantidad de fuerzas posible de todo el espectro político e ideológico en un solo lugar, de tal forma que dirigentes de derecha, centro o derecha podían convivir en el mismo partido sin ningún problema. Así, lo mismo podía convivir dentro del PRI derechistas acérrimos como Octavio Paz, que izquierdistas como Lázaro Cárdenas. Así, el PRI se convirtió en la casa de todos, excepto de los que no pudieron ser cooptados o sometidos.

No en balde, el politólogo italiano Giovanni Sartori definió al PRI en su obra Partidos y sistemas de partidos (1980) como una categoría única de todos los partidos políticos existentes en el mundo, al asegurar que “lo que importa es que la disposición hegemónica mantiene unido al PRI y que el paso a un sistema competitivo pondría en peligro su unidad, porque eliminaría las sanciones prohibitivas infligidas por la fórmula hegemónica a las escisiones y rupturas con el partido. Como democracia, México es, en el mejor de los casos, una ‘cuasi’ democracia o una democracia ‘esotérica’. Digo en el mejor de los casos, porque, de momento, México no es ni siquiera un falso sistema de partido predominante, sino un caso claro de partido hegemónico que permite partidos de segunda clase mientras, y en la medida en que, sigan siendo lo que son. Sin embargo, si el caso mexicano se avalúa por lo que es en sí mismo, merece por lo menos dos elogios: uno, por su capacidad inventiva, y el otro, por la forma tan hábil y feliz con que se lleva a cabo un experimento difícil”.

En 1982, tras la crisis económica causada por los desajustes en la política económica durante los sexenios de Luis Echevarría y López Portillo, el partido sufre su primera refundación programática, al renunciar al Nacionalismo Revolucionario y adoptar el Neoliberalismo como doctrina cuasi religiosa. Ese cambio programático es lo que genera un gran cisma en 1987, al separarse la Corriente Democrática del PRI y competirle directamente en las elecciones presidenciales.

30 años después, hay otro gran cisma en el PRI. A diferencia del primero, donde se confrontaron dos proyectos distintos (el Nacionalismo Revolucionario contra el Neoliberalismo), en esta elección presidencial de 2018 se confrontan distintas visiones de neoliberalismo: una, tecnócrata y ortodoxa, encabezada por Meade; otra, renovada, encabezada por Anaya; y finalmente, una tercera que solo busca corregir deficiencias y errores en el modelo, pero que al final seguirá siendo neoliberalismo, encabezada por López Obrador.

El gran cisma del PRI ha sido promovido y capitalizado por Andrés Manuel López Obrador, quien a la usanza de Plutarco Elías Calles y Miguel Alemán, ha decidido que las disputas por el poder se acaben y pueda haber gobernabilidad, aglutinando a actores de todas los actores, fuerzas e ideologías políticas en un solo lugar: MORENA, que se ha convertido en la nueva casa de todos, y está siendo, en los hechos, la cuarta refundación del PNR.

Esto explica por qué de pronto, en MORENA, confluyeron personajes tan diversos y distintos como Alfonso Romo, Esteban Moctezuma, Manuel Barlett, Gabriela Cuevas, Manuel Espino, Germán Martínez, Alfonso Durazo, Lino Korrodi, Ifigenia Martínez, Pablo Gómez, Félix Salgado Macedonio, Ricardo Monreal, y un largo etcétera. O en el caso hidalguense, donde conviven compañeros de Izquierda de toda la vida, con gente que hasta hace poco militaba en el PRI y en otros partidos como Julio Menchaca, Gerardo Sosa, Cipriano Charrez o, más recientemente, Canek Vázquez.

Sartori no sólo se volvería a sorprender, sino que quedaría estupefacto ante la posibilidad de que el que denominó la forma tan hábil y feliz con que se lleva a cabo un experimento difícil se está repitiendo nuevamente con éxito, con una máscara de Izquierda pero con actitudes y aliados a la derecha.

Ese segundo experimento difícil ya tiene nombre. Es la Regeneración Institucional.

Saludos. Dejen comentarios.

Shell, el nuevo socio

Hola.

Desde el momento en el que se validó el triunfo de Enrique Peña Nieto por el Tribunal Electoral del Poder Judicial de la Federación el 5 de septiembre de 2012, advertimos con mucha anticipación que Peña buscaría impulsar una Reforma Energética regresiva y contraria al espíritu de la expropiación que realizaría el General Lázaro Cárdenas en 1938.

Esto no es nuevo: ya desde el sexenio de Ernesto Zedillo, hubo intentos fallidos por privatizar esta materia prima. Tampoco lo consiguieron Fox ni Calderón, pero si lograron avanzar algunos pasos para lo que años después materializaría Peña Nieto.

Posteriormente, y una vez presentada, Peña Nieto mintió palabra por palabra sobre el contenido de la Reforma Energética. Durante meses, los mexicanos fuimos testigos de un bombardeo mediático con una gran campaña de spots en radio y televisión “argumentando” sobre las bondades de la Reforma Energética, cómo cínicamente el Presidente de la República salió a mentir en diferentes cadenas nacionales de que esta, la madre de todas las reformas estructurales que impulsó mediante el Pacto por México, sería únicamente para “modernizar” a PEMEX, y no para privatizarla.

Finalmente, el 11 y 12 de diciembre de 2013 (día de la Virgen de Guadalupe), la Reforma Energética fue aprobada por ambas cámaras, y en la mayor operación política de la Historia, fue aprobada en fast-track por los congresos estatales, haciéndose la declaratoria de constitucionalidad 6 días después, el 18 de diciembre.

Entre otras cosas, la Reforma Energética abría el impedimento legal que existía para que empresas privadas nacionales y extranjeras pudieran invertir en todas las áreas de la cadena productiva del petróleo (exploración, perforación, extracción, almacenamiento, transportación, refinación, distribución, venta, renta y demás actividades comerciales asociadas a ella), y en el caso de los yacimientos de petróleo en plataforma continental, aguas someras y aguas profundas, que antes eran propiedad de la Nación (y que en el papel siguen siendo), podrían ser concesionadas mediante bloques licitados a PEMEX o estas empresas privadas en procesos “abiertos y transparentes” denominados “Rondas”.

Así, el pasado 31 de enero de 2018, se dio a conocer el resultado de la denominada “Ronda 2.4”, la cual licitó 29 bloques divididos en 3 áreas del Golfo de México: Área Perdido (9 bloques), Cordilleras Mexicanas (10 bloques) y Cuenca Salina (10 bloques). De estos 29 bloques, 10 se declararon desiertos (es decir, ninguna compañía mexicana o extranjera, pública o privada presentó alguna propuesta), y los 19 bloques restantes, fueron distribuidos de la siguiente forma a las siguientes compañías:

  • Shell (Holanda) con PEMEX (México): 1 bloque
  • Shell (Holanda) con Qatar Petroleum (Qatar): 4 bloques
  • Shell (Holanda) en solitario: 4 bloques
  • PEMEX (México) con Chevron (USA) e Inpex (Japón): 1 bloque
  • PEMEX (México) en solitario: 2 bloques
  • PC Carigari (Malasia) con Repsol (España): 1 bloque
  • PC Carigari (Malasia) con Ophir Energy (Reino Unido) y PTT Exploration and Production (Tailandia): 1 bloque
  • PC Carigari (Malasia) con Repsol (España) y Ophir Energy (Reino Unido): 1 bloque
  • PC Carigari (Malasia) con Repsol (España), Sierra Energy (USA) y PTT Exploration and Production (Tailandia): 1 bloque
  • PC Carigari (Malasia) en solitario: 2 bloques
  • Eni (Italia) con Qatar Petroleum (Qatar): 1 bloque

Más allá del regalo que le hicieron a las empresas extranjeras, al concesionarles 17 de los 19 bloques licitados, llama la atención el caso del gran ganador de la licitación, Shell, a quien le concesionaron 9 bloques: 4 en solitario, y 5 en asociación con otras compañías energéticas. Con esta licitación, Shell se convirtió en la compañía petrolera con mayor presencia en México, por encima de PEMEX.

La Royal Dutch Shell es una compañía petrolera trasnacional holandesa, creada en 1907, que en 2016 tuvo una producción de 3,979 millones de barriles de petróleo en 2016 a nivel mundial. Hago un paréntesis para realizar una comparación: en el mismo periodo (2016), PEMEX produjo 3,037 millones de barriles de petróleo, 942 mil barriles de petróleo menos que Shell. La diferencia es que mientras Shell obtuvo esa producción en varios pozos petroleros en el mundo, PEMEX la obtuvo sólo en México, a pesar de la abierta intención de quebrar a esta empresa por parte del gobierno mexicano.

¿Por qué llama la atención que tantos bloques hayan sido concesionados a Shell? Más allá de la cantidad, por los antecedentes que existen de esta empresa respecto a la contaminación de ecosistemas enteros en todo el mundo.
El caso más conocido es el de Nigeria, el cual desde 1960 hasta 2013, había sido afectado con el derrame de más de 1 millón y medio de toneladas en poblaciones enteras, siendo el problema más conocido el derrame en el Delta del Níger en 2007-2008, con lo que la empresa holandesa tuvo que indemnizar a los pescadores y pobladores afectados con una cifra de 80 millones de euros.

Sin embargo, pocos meses después, Amnistía Internacional denunció que Shell había mentido en cuanto al número de barriles derramados en el Delta del Níger para “tratar de reducir al mínimo las indemnizaciones”, según se lee en un comunicado del 13 de diciembre de 2014, pues mientras Shell declaró que sólo habían sido derramados 1,640 barriles de petróleo, Amnistía Internacional calculó que la cantidad total del vertido era superior a 100.000 barriles.

Así mismo, en Argentina, Shell derramó en 1999 aproximadamente 5 millones 300 mil litros de hidrocarburos en la Provincia de Magdalena sobre el Río de la Plata tras el choque de dos de sus barcos: Sea Paraná y Estrella Pampeana. Así mismo, en 2007, el gobierno argentino clausuró la refinería de Dock Sud, en la periferia de Buenos Aires, debido a la contaminación ambiental que producía la planta.

Así mismo, durante años la ONG Greenpeace realizó una campaña para frenar las intenciones de Shell de perforar en el Ártico, lo cual hubiera significado una devastación enorme para el ecosistema del Polo Norte. Finalmente, la empresa petrolera declaró no perforar el ártico hacia diciembre de 2015, debido a la oposición de la opinión pública mundial al respecto.

Sin embargo, llama la atención que el Gobierno de México le haya otorgado a Shell la concesión de 9 yacimientos petroleros en el Golfo de México, pese a los precedentes existentes respecto a la contaminación que ha dejado en varios países del mundo y donde, además, ha buscado minimizar las indemnizaciones derivadas de sus prácticas antiambientales.

Es evidente que el criterio principal de las licitaciones a Shell no fue ambiental, sino económico. Y también es previsible que, en el futuro, habremos de presenciar desastres medioambientales similares a los que hubo en Nigeria y Argentina por parte de Shell, pues es obvio que el gobierno mexicano no supervisará las prácticas ni métodos con los que Shell haga la perforación y extracción de petróleo en el Golfo de México.

Así, la Reforma Energética comienza a ser una historia que, en un futuro, hablará de contaminación medioambiental, muerte de ecosistemas, y destrucción de comunidades. Y para entonces, los responsables del actual gobierno quedarán impunes, y ricos al amparo del poder público.

Saludos. Dejen comentarios.

Tambores de guerra

Al finalizar la Segunda Guerra Mundial y después de la repartición del mundo en tres por los tres presidentes de mayor poder a nivel mundial (Truman, Stalin y Churchill), comenzó ese largo periodo de tensión mundial denominado Guerra Fría que, en teoría, mantuvo una tensa calma entre el bloque capitalista (liderado por Estados Unidos) y el socialista (encabezado por la Unión Soviética).

Y dije “en teoría” porque en la praxis esta tensa calma tuvo momentos bélicos importantes (como la Guerra de Corea y la Guerra de Vietnam), y algunos muy cercanos de desatar una Tercera Guerra Mundial (como la Crisis de los Misiles en 1962), donde la humanidad hubiera ido a su primera y única guerra nuclear, de la cual muy pocos (sino es que nadie) hubiera sobrevivido debido a los efectos inmediatos y posteriores de grandes detonaciones en todo el mundo.

Sin embargo (y también en teoría), la Guerra Fría concluyó tras la caída del Muro de Berlín en 1989, y la disolución de la Unión Soviética en 1991, al ser proclamado “el fin de la Historia” por parte de Francis Fukuyama, con lo que el capitalismo se autoproclamó el vencedor de ese largo periodo de la historia y se propuso venderlo así al resto del mundo en forma de receta neoliberal.

Sin embargo, y al paso de los acontecimientos de los últimos años, podemos apreciar que esos acontecimientos ni marcaron el fin de la Historia, ni mucho menos de la Guerra Fría. Podemos decir, a la distancia, que sólo hubo una tregua no planeada y un reacomodo de fuerzas políticas económicas y militares.

Las tensiones que han ido en aumento en las últimas semanas, debido en gran parte a la irresponsabilidad e irracionalidad con la que Donald Trump se dirige al mundo (y a sus propios ciudadanos), nos han colocado en el punto más cercano a la Tercera Guerra Mundial desde 1962, y a un cercano y peligroso futuro próximo de comenzar una guerra nuclear como nunca antes.

Los ataques recientes de Estados Unidos en Siria, y el desplazamiento de tropas en las inmediaciones de la Península Coreana, son algunos de los motivos que podrían desencadenar este nuevo conflicto armado que pondría en entredicho la supervivencia de la Humanidad.

Los dos grandes bloques militares, encabezados una vez más por Estados Unidos y Rusia, ponen en vilo la relativa paz que había vivido el mundo en los últimos 25 años. Decía Fidel Castro, en un texto titulado “El deber de evitar una guerra en Corea”, firmado el 4 de abril de 2013, que era “para explicar la gravedad de un hecho tan increíble y absurdo como es la situación creada en la península de Corea, en un área geográfica donde se agrupan casi 5 mil de los 7 mil millones de personas que en este momento habitan el planeta. Se trata de uno de los más graves riesgos de guerra nuclear después de la crisis de octubre en 1962 en torno a Cuba, hace 50 años”.

Continuaba Fidel: “Si allí estalla una guerra, los pueblos de ambas partes de la Península serán terriblemente sacrificados, sin beneficio para ninguno de ellos. […] No sería justo olvidar que tal guerra afectaría de modo especial a más del 70 % de la población del planeta.

“Si allí estallara un conflicto de esa índole, el gobierno de Barack Obama en su segundo mandato quedaría sepultado por un diluvio de imágenes que lo presentarían como el más siniestro personaje de la historia de Estados Unidos. El deber de evitarlo es también suyo y del pueblo de Estados Unidos”.

Hemos cambiado de presidente: de Obama a Trump, pero continúan las mismas prácticas e imprudencias.

Existen muchos textos de Fidel, además, escritos desde hace años alertando sobre una paz muy frágil, y sobre la posibilidad real de una guerra nuclear, tal y como si estos textos hubieran sido escritos ayer, y con los mismos actores involucrados: Estados Unidos, Israel, Rusia, Irán, Siria, Corea, Afganistán.

Por su parte, el español Cao de Benós, único representante de Corea en Occidente, ha declarado y asegurado en varios medios de comunicación que el país para el que trabaja, Norcorea, tiene en su poder el arsenal militar y nuclear que han presentado ante los medios de comunicación internacionales, tales como la Bomba H, así como varias bombas termonucleares. Adicionalmente, ha declarado que Corea no está dispuesto a tolerar ningún ataque “preventivo”, es decir, que un misil estadounidense impacte con algún objetivo civil o militar dentro del territorio coreano, y que de lo contrario, contestaría de inmediato con un ataque “fulminante” en contra de Estados Unidos.

En 1962 se resolvió la Crisis de los Misiles gracias a las habilidades diplomáticas y a la voluntad de Kennedy, por parte de Estados Unidos, y de Kruschev, por la URSS, y de la disponibilidad de Castro por Cuba y Gürsel por Turquía. Pero a diferencia de 1962, tenemos como presidente de Estados Unidos a Trump, que es irresponsable, estúpido y bocón; a un presidente ruso, Putin, frío, calculador y firme en sus decisiones; a un Kim Jong-Un impulsivo y visceral, y a un Erdogan radical y sumiso a los intereses estadounidenses.

Días cruciales se avecinan en las próximas semanas. Ojalá quepa la prudencia en alguna de las partes, pues el futuro de la Humanidad dependerá, en gran medida, de la habilidad que tenga un puñado de gente para resolver esta crisis diplomática que afecta con desaparecer de la faz de la Tierra a nuestra especie.

El libre mercado, el libre comercio y el libre albedrío

Aproximadamente en 1986, y derivado de la falla en las medidas correctivas a la crisis económica de 1981-82, el gobierno de Miguel de la Madrid firmó un Convenio de Crédito Contingente con el Fondo Monetario Internacional una carta-intención el 22 de julio de 1986, con la cual el FMI se comprometía a realizar un préstamo de 1,400’000,000 DEG’s (Derechos Especiales de Giro) con duración de 18 meses, que se juntaban a otros préstamos realizados en 1982, 83, 84 y 85.

Con esta carta-intención, el gobierno mexicano se comprometió a implementar un modelo económico de corte neoliberal, para pasar de una economía mixta con un gran control estatal a una economía de libre mercado.

Algunas de las condiciones que se firmaron en esta carta-intención eran (y siguen siendo para cualquier país) indignas e inaceptables, pues tan sólo en política comercial, las exigencias eran, entre otras: realizar políticas estructurales a la oferta; continuar con el proceso de liberalización comercial, eliminando aranceles y derechos aduaneros; y revisión de subsidios y derechos compensatorios, según acuerdos con Estados Unidos [sic] (SER, 1986).

Con el fin de apoyar las políticas de apertura comercial y de reducción (y posteriormente, desaparición) del proteccionismo, que significó un cambio estructural importante antes de la apertura total de nuestra economía a la inversión privada, sobre todo con las privatizaciones en marcha, pero además para garantizar que esta fuera efectiva, en noviembre de 1985 el gobierno mexicano inició las negociaciones para su ingreso al GATT (General Agreement on Tariffs and Trade / Acuerdo General sobre Aranceles Aduaneros y Comercio), siendo admitido el 24 de agosto de 1986, y participando activamente en la ronda de negociaciones comerciales de septiembre de 1986. Posteriormente, el GATT se convertiría en la Organización Mundial de Comercio (OMC), el 1° de enero de 1995.

El 10 de junio de 1990, ya durante el periodo de Salinas, sexenio en el que aceleró y profundizó el neoliberalismo, inician las negociaciones para incluir a México en el Tratado de Libre Comercio de América del Norte (TLCAN o NAFTA, en inglés). Estas concluyen el 17 de diciembre de 1992, y entra en vigencia el 1° de enero de 1994, fecha emblemática para México, pues ese mismo día irrumpe el Ejército Zapatista de Liberación Nacional (EZLN) en la vida pública del país.

¿Qué contiene dicho tratado? Entre otras cosas, la eliminación arancelaria de miles de bienes que cruzan las fronteras en América del Norte; reducciones arancelarias escalonadas – ya terminadas – y reglas especiales para productos de los sectores agropecuario, automotriz y bienes textiles y del vestido; protección a la inversión extranjera y a la propiedad intelectual; acceso a compras del sector público; y compromisos en materias medioambientales y laborales.

En resumen, son las bases de lo que denominaron “libre comercio”. Un libre comercio donde uno sólo es beneficiado (Estados Unidos), y donde otro es perjudicado y explotado (México). Un “libre comercio” donde sólo las empresas y productos estadounidenses tienen ventajas competitivas sobre los mexicanos. Así siempre fue.

Así, a partir de ese momento, el destino de México (que ya de por sí estaba escrito no por el dedo de Dios, sino por el Tío Sam y sus brazos financieros globales), estuvo condenado a la hecatombe. Se murió el campo, se acabó la industria nacional, se establecieron las corporaciones trasnacionales abaratando y pauperizando la mano de obra, y aumentó la inmigración, la violencia, la delincuencia y el narcotráfico.

Los siguientes gobiernos no fueron distintos. Zedillo, Fox y Calderón continuaron el guion escrito previamente sin cambiarle ni una sola coma, y nuestra dependencia del exterior creció considerablemente, al punto de convertirnos en un parásito de las grandes potencias, pero principalmente de Estados Unidos.

Los alimentos que comemos son importados, la gasolina que consumimos es importada, las empresas del sector privado donde trabaja la mayoría son extranjeras, y así podemos mencionar mil ejemplos más.
Con Peña Nieto, se profundizó el neoliberalismo. El impulso y aprobación de las 14 reformas estructurales que consolidó gracias al Pacto por México son fruto de ese proceso de consolidación que el neoliberalismo tenía pendiente desde hace 20 años. Sin embargo, ya cuando habían terminado la receta neoliberal para comenzar a gozar los “beneficios”, Donald Trump.

La tragedia para los oligarcas y neoliberales mexicanos no es que haya llegado Donald Trump, sino que haya ganado la Presidencia de USA y esté cumpliendo todas y cada una de las promesas que mencionó en su campaña. Eso explica, además, la saña con la que los medios de comunicación mexicanos trataron a Donald Trump. Como nunca, las principales cadenas mexicanas (Televisa, Azteca e Imagen) hicieron proselitismo descarado a favor de Hillary, pues aunque no se trataba de un proceso electoral en el país, si estaban en juego los intereses e inversiones de sus principales accionistas, socios y patrocinadores que financian estos medios.

Por esto mismo, durante el posicionamiento de Enrique Peña Nieto en materia de política exterior con el gobierno de Trump realizado el pasado 23 de enero, el Presidente del Consejo Coordinador Empresarial (CCE), Juan Pablo Castañón, fue enfático con Peña al casi exigirle que debe defender, ante Trump, el modelo de libre mercado del que han salido beneficiados por varios años. Es decir, no están dispuestos a cambiar el modelo, a dar su brazo a torcer, aunque es evidente que están equivocados, y que el país está peor con neoliberalismo que sin él.

Más allá de las políticas xenofóbicas y racistas que está implementando Trump en los primeros días de gestión (que merecerían otro artículo aparte), las políticas proteccionistas que están cerrando la economía de Estados Unidos son benéficas para México.

El retiro de Estados Unidos del Tratado TransPacífico (TPP), que en realidad buscaba beneficiar a los grandes corporativos trasnacionales estadounidenses en materia arancelaria, laboral, de propiedad intelectual y de arbitraje inversionistas-Estado, así como el anuncio de renegociación del TLCAN por parte del Gobierno de Donald Trump, es una muy buena noticia para México, aunque no para los oligarcas, beneficiarios directos de dichos tratados.

Que México no esté sujeto a esos alevosos tratados de libre comercio puede permitir que nuestro país tenga libre albedrío por primera vez en mucho tiempo, que pueda decidir sobre su propio destino, que cambie de modelo económico, y que termine esta pesadilla de más de 30 años llamada neoliberalismo. Permitirá reinvertir en el campo y tener soberanía alimentaria, reinvertir en el motor industrial, generar empleos y consolidar la producción de diversos productos en general, a expropiar y recuperar los sectores estratégicos de la economía en beneficio de todos, y a generar un modelo de desarrollo acorde a nuestras propias necesidades, y no a las necesidades de otros.

Así, haciendo una transición del libre mercado y del libre comercio al libre albedrío, es como México puede hacer frente a los retos que enfrenta ante el embargo económico que, tal como en Cuba, nos está imponiendo Donald Trump. De otra forma, solo continuaremos en la caída libre que tenemos actualmente en el despeñadero y del que, entre más caigamos, más nos costará salir.

#PrayForIxmiquilpan

Para el valiente y siempre combativo Pueblo de Ixmiquilpan.

Cada vez que la derecha venezolana realiza sus acciones “de protesta” en contra del gobierno de Nicolás Maduro, y antes de Hugo Chávez, se victimiza con hashtags que se hacen virales gracias al apoyo económico de USA como #PrayForVenezuela o #SOSVenezuela.

Incluso, medios de comunicación “respetables” como CNN (que únicamente le hace el juego a la derecha ultraconservadora estadounidense) e incluso medios mexicanos como Televisa o Azteca difunden y masifican estas acciones. En estas ocasiones, actores de la derecha mexicana y, en general la latinoamericana, le hacen el juego a estas acciones que no tienen otra causa que derrocar al gobierno bolivariano para que la oligarquía de dicho país vuelva a controlar el destino de aquella nación.

Sin embargo, cuando en México suceden acciones de represión donde incluso hay muertos debido a la acción de las fuerzas policíacas como sucedió en Ayotzinapa en 2014, en Nochixtlán en 2016, o recientemente en Ixmiquilpan en los días pasados, la derecha mexicana brilla por su ausencia, y la victimización que se hace respecto a las acciones de un país como Venezuela, se ignoran en México. En estos lamentables acontecimientos, jamás vimos como Trending Topic hashtags como #PrayForAyotzinapa, #PrayForNochixtlan, #PrayForIxmiquilpan, o #SOSMexico.

La situación en Ixmiquilpan es grave. Debido a las acciones de protesta por parte de la población en general contra el gasolinazo, pobladores de diversas comunidades del municipio tomaron la carretera México-Laredo a la altura de la comunidad de Dios Padre desde el 3 de enero. El día de ayer, 5 de enero, llegó la Policía Estatal y Federal queriendo levantar el bloqueo violentamente (como lo hicieron en San Juan Solís, San Agustín Tlaxiaca) y en otras partes del Estado.

Llegó la Policía Federal y hubo diálogo. Llegaron al acuerdo de replegarse ambos contingentes. Sin embargo, tras dos horas de espera (y seguramente, tras una orden) la Policía Federal y Estatal empezó la provocación aventando piedras y palos contra los pobladores. Seguidamente, los habitantes del municipio respondieron la agresión, y entonces se desató la represión.

Sin embargo, las fuerzas policiales no calcularon bien la fuerza del contingente de Ixmiquilpan contra ellos, y tras un zafarrancho que se extendió por más de una hora, se replegaron y se retiraron del lugar.

Lo grave de esta situación es que la Policía Federal disparó con armas de fuego contra los pobladores desarmados e indefensos, dejando un saldo de 2 muertos, y hasta donde se sabe, 25 heridos. Es decir, la policía se replegó, y no pudo levantar el bloqueo de la carretera.

Sin embargo, esto no se queda aquí. Va más allá, y está relacionado con la línea editorial oficialista de los grandes conglomerados mediáticos, y la manipulación gubernamental de la información. El día de ayer, durante el noticiero nocturno de Imagen Televisión, Ciro Gómez Leyva mencionó (y solo fue eso: una mención) que la agresión había sido primero de los pobladores a los policías (falso), que los policías respondieron a la agresión (nuevamente falso) y que habían logrado liberar la carretera del bloqueo (falso otra vez). Y algo parecido pasó en Milenio TV.

A su vez, en medios como Televisa o Azteca no ha merecido mención alguna. Tal vez porque en Ixmiquilpan no ha habido saqueos, y solamente están cubriendo los lugares y hechos donde ha habido este tipo de disturbios. Pero las manifestaciones legítimas no están siendo cubiertas o, bien, se está tergiversando la información respecto a ellas.
Al momento que escribo este artículo de opinión, la carretera sigue tomada. La población de Ixmiquilpan, indignada, organizada y esperando el regreso de las fuerzas policíacas, y la policía concentrada en Progreso de Obregón, esperando la orden para desplazarse e intentar desalojar, por segunda vez, al contingente.

El Presidente Peña Nieto y el Gobernador Omar Fayad deben cesar la represión de inmediato. Más muertos no le conviene a nadir. Deben ser conscientes de que la población no salió a protestar porque hayan hecho bien las cosas. Fayad votó la Reforma Hacendaria y Energética, y Peña la promulgó y liberó el precio de las gasolinas. Las protestas son solo una reacción a sus acciones.

La Historia se escribe todos los días, e Ixmiquilpan está escribiendo una muy importante en estos días. El de la resistencia legítima y combativa contras las acciones impopulares e ineficientes del Gobierno. El de un Pueblo que no se somete, sino que está dispuesto a luchar por sus derechos. El de un municipio que ha antepuesto la dignidad y los principios a ser esclavos en su propia tierra.

Estemos al pendiente de los hechos en Ixmquilpan, y aprendamos de su ejemplo. Y ¿porqué no? Pidamos #PrayForIxmiquilpan, porque Ixmiquilpan prendió la llama de la esperanza en el país.

No más neoliberalismo

Hola.

Tras la crisis económica de 1929, el Presidente Franklin D. Roosevelt implementó la política del New Deal (Nuevo Trato), basado en los postulados de John Maynard Keynes descritos en la Teoría General de la Ocupación, el Interés y el Dinero escrito en 1933.

En ella, Keynes argumentaba, entre otras cosas, que el Estado debía tener un papel central en la determinación del nivel de actividad económica y del empleo de los países, puesto que la instrumentación de la política basada en el libre mercado no garantiza una economía óptima.

Esta política económica se implementó después de la Segunda Guerra Mundial en todos los países del bloque capitalista, así como en Estados Unidos y en algunos países de América Latina. En México, el Modelo de Industrialización por Sustitución de Importaciones (MISI) tenía ciertos matices de keynesianismo, con un Estado intervencionista en la economía. Sin embargo, esto permitió los índices de crecimiento económico más grandes de la Historia, en la etapa conocida como el “Milagro Mexicano”, que abarca del sexenio de Adolfo Ruiz Cortínez (1952-1958) a Gustavo Díaz Ordaz (1964-1970), alcanzando niveles de crecimiento anual 11.91% en 1964 con Adolfo López Mateos, y 9.42% en 1968 con Gustavo Díaz Ordaz (Moreno Brid-Ros Bosch, 2010).

Posteriormente, de 1970 a 1982, se implementó el modelo de Desarrollo Compartido, por parte de los Presidentes Echeverría y López Portillo, con el cual (y pese a las altas tasas de inflación) se obtuvieron niveles de crecimiento promedio de 6.27% (siendo 1979 el año con mayor crecimiento económico, con 9.7% anual).

Sin embargo, y debido a distintos factores que no mencionaré aquí porque sería muy largo de explicar –pero el principal es la crisis económica que atravesó el país en 1982– el Gobierno de Miguel de la Madrid, por ahí de 1986, cambió la política económica hacia una llamada neoliberal, que está basada en los postulados de Milton Friedman, y que defiende una amplia liberalización de la economía, el libre comercio en general y una drástica reducción del gasto público y de la intervención del Estado en la economía en favor del sector privado, que pasaría a desempeñar las competencias tradicionalmente asumidas por el Estado.

El neoliberalismo fue establecido como política económica a nivel mundial por Margaret Thatcher (Primer Ministro inglés, 1979-1990) y Ronald Reagan (Presidente de Estados Unidos, 1981-1989), e impulsada por medio de los organismos financieros internacionales, como el Fondo Monetario Internacional (FMI), el Banco Mundial (BM), la Organización Mundial de Comercio (OMC) y la Organización para la Cooperación y el Desarrollo Económicos (OCDE), forzando a los países a adoptar esta política económica mediante cartas-intención a cambio de préstamos para sortear diferentes crisis económicas que se dieron en varios naciones, principalmente en la década de los 80’s.

En América Latina, muchos presidentes de muy distintas naciones impulsaron el neoliberalismo, ya sea por las buenas o las malas, y en muchas ocasiones profundizaron más las crisis que decían abatir con el establecimiento del modelo económico neoliberal. Carlos Menem en Argentina, Augusto Pinochet en Chile, Alberto Fujimori en Perú, Fernando Color de Mello en Brasil, Carlos Andrés Pérez en Venezuela, y Violeta Chamorro en Nicaragua, son íconos del neoliberalismo en cada uno de sus países. Y aunque en México el ícono neoliberal es Carlos Salinas de Gortari, los últimos 6 presidentes (desde Miguel de la Madrid hasta Enrique Peña Nieto) han sido neoliberales.

Le han dado continuidad al neoliberalismo y, aunque ha habido alternancia política, es decir, ha habido un cambio de partidos en el poder (de 2000 a 2012 gobernó el PAN), en la práctica no ha habido un cambio de modelo económico en el país desde 1986.

Desde entonces muchas reformas que se han venido realizando desde 1986 para implementar el modelo económico neoliberal, que en teoría tendría que sacarnos de la crisis en la que cayó el país en 1982 (es decir, estamos queriendo tapar un hoyo que se abrió hace más de 35 años).

¿Por qué hago esta larga explicación? Porque es necesaria para comprender el porqué de los gasolinazos, y el remedio para esto.

La Reforma Energética es solo una de las tantas reformas neoliberales que ha realizado el país, como en su momento fue la venta y privatización de paraestatales como Telmex, Imevisión, SICARTSA, Ferrocarriles Nacional, Satélites Mexicanos, y un largo etcétera, o como fue el paquete de 11 reformas estructurales que presentó Enrique Peña Nieto en los dos primeros años de su sexenio (entre ellas la Reforma Financiera, Reforma Hacendaria, Reforma de Telecomunicaciones, Reforma en materia de Competencia Económica, Reforma Laboral, Reforma Educativa), y que fue impulsada por el Pacto por México (integrado por el PRI, en PAN y el PRD).

Los gasolinazos es solo un complemento de la Reforma Hacendaria, y la Reforma Energética. De la Reforma Hacendaria, porque Peña Nieto despetrolizó la economía. Pero para poder dejar de depender del petróleo como fuente primordial de la economía, algo tenía que llenar el vacío que dejaba el petróleo a las finanzas públicas del país, y la solución fue hacer una carga tributaria más pesada para los ciudadanos, es decir, subir los impuestos.

La Reforma Energética, por su parte, no fue planteada para “modernizar” o rescatar a PEMEX y CFE, sino para hundirlas y enterrarlas financieramente, pues le quitaron la exclusividad que tenían en una de las ramas estratégicas fundamentales de la economía, el mercado energético, para distribuirlo a la competencia, es decir, a las grandes empresas petroleras y eléctricas trasnacionales.

El problema no es si hay competencia o no, sino el destino de las ganancias. Y es que , mientras PEMEX era un monopolio estatal, todo el dinero producto de la industria del petróleo (desde extraerlo, refinarlo y venderlo procesado como pláticos, gasolinas, fertilizantes, etc.) era para las finanzas públicas del país, es decir, para poder construir escuelas, hospitales, alumbrado público, etc. Al cambiar esto, las ganancias ya no son sólo de PEMEX, sino de los actores económicos que participan en la industria. Es decir, las nuevas empresas particulares que participen en la extracción, distribución, almacenamiento, transportación, procesamiento y venta de los productos de la industria petrolera.

Adicionalmente, el impuesto a la gasolina está incluido dentro del presupuesto de ingresos de este año, y representa un monto aproximado de 200 mil millones de pesos. Las acciones de protesta contra el gasolinazo no funcionarán para otra cosa que para hacer catarsis (es decir, para sacar nuestro coraje), y quien diga lo contrario, solo entra en el campo de la demagogia, pues este dinero ya está considerado dentro del dinero que tiene el gobierno para gastar durante este año.

Esto complica mucho el escenario para echar atrás el gasolinazo del pasado 1° de enero, pues solo hay tres formas de hacerlo: 1. Recortando el gasto corriente, es decir, reducir el tamaño y sueldos de la burocracia (lo cual no están dispuestos a hacer); 2. Recortando el gasto social, es decir, reducir y eliminar programas sociales y/o inversión en infraestructura (puentes, carreteras, infraestructura hidráulica, obra pública en general), lo cual no es nada recomendable; y 3. Cambiando el modelo económico, derogar las reformas estructurales impulsadas y aprobadas por el Pacto por México, y fomentando un modelo de desarrollo distinto. Es decir, no más neoliberalismo.

Es claro que el neoliberalismo fracasó, y no funciona. Ha empobrecido más a la población al ampliarse la brecha entre ricos y pobres; ha habido una mayor concentración de la riqueza en unas cuantas manos; ha habido un crecimiento económico mediocre y sin oportunidades de desarrollo; se han precarizado las condiciones laborales y salariales de la población en aras de mantener la estabilidad de los índices macroeconómicos; y nos han robado a dos generaciones la posibilidad de tener condiciones de movilidad social y de estabilidad económica como la tuvieron nuestros padres y abuelos.

Sin embargo, es evidente que el actual gobierno no está dispuesto a cambiar el modelo, pues muchos de los integrantes de la cúpula actual del poder están sujetos a lo indicado a los grandes organismos internacionales o, incluso, son parte del Consejo de Administración de las empresas involucradas y beneficiadas, tanto de las privatizaciones que hubo años atrás, como de las reformas estructurales impulsadas por el actual gobierno.

Para cambiar el modelo, no sólo es necesario cambiar de partido, sino de clase política y de paradigma, pues ya quedó claro que alternancia no representa cambio en esencia. Sólo así, en la práctica, podremos detener los gasolinazos (entre tantas cosas), recuperar el poder adquisitivo del salario, y fincar las bases para un mejor y armónico desarrollo en lo económico y en lo social.

De lo contrario, seguirá la política de privatizar las ganancias, y socializar las pérdidas. Y han demostrado que lo saben hacer muy bien.

Feliz año 2017, en la medida de lo posible.

Saludos. Dejen comentarios.

Mitos y mentiras de la explosión en Tultepec

Hola.

He leído muchas suposiciones, mitos, mentiras y hasta tonterías, algunas de forma irresponsable, respecto a lo que pasó hoy en Tultepec.

Conozco muy de cerca el asunto de la pirotecnia, pues 2 o 3 años tuve un microchangarro de cohetes cuando apenas había cumplido la mayoría de edad. Y precisamente, iba a abastecerme (en los días buenos, hasta 2 o 3 veces en un mismo día) al mercado de San Pablito, comunidad de Teyahualco, municipio de Tultepec, El cual me quedaba a media hora de mi casa en transporte público.

Entonces, no existían las unidades habitacionales que están alrededor del tianguis actualmente, sino que aquellos eran ejidos llenos de maíz. Yo llegaba (y salía) por la carretera Tultitlán-Prados (Teyahualco se encontraba a la mitad del recorrido) y, tras bajarme de la combi, atravesaba las vías que vienen de Tultitlán y que llegan a Pachuca.
Después, atravesaba las milpas para llegar a la zona del tianguis, el cual estaba rodeado de advertencias de no fumar, no tirar colillas, y no encender fósforos ni encendedores.

En San Pablito se comercializaban (y se seguirá comercializando) toda clase de cohetes, desde un cohete blanco, una inofensiva bruja, o un cerillito, hasta toritos y material para castillo. Yo compraba en el local #40, con un par de viejitos que tenían un hijo, que al paso de los años terminó asumiendo el negocio familiar.

Lo importante aquí es lo que comentaré a continuación: he leído en redes sociales una cantidad de comentarios que, sin conocer el lugar y el oficio, opinan sin tener conocimiento de causa.

    1. Se dice que el negocio de la pirotecnia es clandestino. Falso. La pirotecnia en México está completamente regulada. La Secretaría de la Defensa expide los permisos para la producción, almacenamiento y venta de cohetes a la gente que se dedica al negocio. No sólo eso: la SEDENA también distribuye la pólvora para la producción de cohetes, y esta regula y determina la cantidad de toneladas anuales que cada productor puede adquirir.
      La irresponsabilidad de las autoridades ocasionó el desastre en San Pablito. Falso también. El mercado de San Pablito cuenta con inspecciones periódicas por parte de la SEDENA, Protección Civil, la Secretaría de Gobierno y la Procuraduría General de Justicia del Estado de México, y el Ayuntamiento de Tultepec, además de que, normalmente, siempre hay al menos una ambulancia y, a veces, un carro de bomberos.

      Adicionalmente, todos y cada uno de los puestos cuentan con extintores, y hay barriles de arena y agua comunes para cualquier contingencia.

      El negocio de la pirotecnia es inseguro. Falso también. A pesar de que existe una gran cantidad de riesgo en el manejo de la pirotecnia, esta es segura y estable. La pólvora no reacciona fácilmente ante el movimiento, por ejemplo. Incluso, si la pólvora se moja, se vuelve inservible. Solo es posible que la pólvora reaccione debido a una fuente de calor, o bien que mientras esta se esté manipulando con otras sustancias durante el proceso de elaboración de los cohetes, reaccione de forma imprevista por alguna mezcla indebida (como cualquier sustancia química).
      Deberían prohibir la pirotecnia en el país. Pienso que no, a pesar de que he aprendido que hay animales, como los perros, que se ponen nerviosos ante las explosiones de los cohetes. Porque finalmente, Tultepec es solo uno de muchos municipios donde la pirotecnia genera muchas fuentes de empleo, y si de pronto dejara de existir producción nacional de cohetes, es seguro que la pirotecnia china (que esa si, es más insegura e inestable) llenaría el hueco en el mercado nacional.

      Además, mucha gente perdió gran parte de su patrimonio con esta explosión, pues es la temporada alta para la industria, y muchos de ellos tenían todo su capital invertido en estos puestos que, ahora, son cenizas.

  • ¿Qué podemos deducir entonces del incidente en Tultepec ayer? Que fue un muy terrible y lamentable accidente, o una imprudencia de algún visitante que violó alguna de las reglas del lugar: no fumar, no tirar colillas de cigarro, o no encender cerillos o encendedores.

    Finalizo con un dato: la pirotecnia ha ocasionado menos muertes (mucho menos muertes) de forma anual que el narcotráfico, la inmigración ilegal, los accidentes de tránsito o el neoliberalismo, y es una industria que genera muchos empleos y dinero, pues Tultepec no solo abastece mucho del mercado nacional de pirotecnia, sino que además exporta sus productos a muchas partes del mundo.

    La solución no es acabar con la pirotecnia, sino mejorar las condiciones de trabajo y de seguridad de los trabajadores que se dedican a esta industria, pues la misma pólvora que puede ser utilizada para conmemorar alguna fiesta, puede ser utilizada dentro de una bala para asesinar. La sustancia es la misma, pero en un caso da alegría, y en otro sufrimiento y muerte. De todos depende el uso que se le dé.

    Envío mis condolencias fraternales a los familiares de aquellos que perdieron la vida en este lamentable accidente.

    Saludos. Dejen comentarios.