Partido que queremos, Partido que necesitamos

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Ponencia presentada durante el Foro para la Refundación del PRD en Hidalgo, el Sábado 17 de Octubre de 2009, en el Hotel La Joya, Pachuca de Soto, Hidalgo.

El PRD atraviesa hoy una de sus más profundas crisis. Eso no es ninguna sorpresa. La acumulación de sectarismos y actitudes excluyentes por parte de las tribus que lo conforman, ha ocasionado –entre tantas otras cosas- el resultado catastrófico del 12% en la pasada elección del 5 de julio.

Es menester señalar que haberle dado la espalda -como partido- al movimiento de AMLO (que hoy por hoy, es el movimiento social más grande en la historia contemporánea del país), así como a la sociedad en general, es lo que ha dado al traste a la posibilidad de mostrarnos hacia el exterior como una opción viable de gobierno.

No pretendemos hacer mesiánica una parte del partido, y satanizar otra. Todas han cometido errores, unos más graves que los otros. Y es precisamente en ese tenor, que debemos aprender de los errores e, incluso, no volver a repetirlos, siendo necesaria toda acción de nuestra parte para actuar con energía, con ahínco, apegados al juicio de la Historia, y eliminar toda situación nociva –sin prejuicio de nombres o membretes- que permita realizar una verdadera transformación del Partido.

Que no se nos olvide una cosa: nuestro ámbito es Hidalgo. En el Nacional tendrán que reflexionar sobre el propio ejercicio del partido en el país. A nosotros no nos corresponde discutir si López Obrador, si Chucho, si Encinas, si Marcelo, si Amalia. A nosotros nos debe preocupar nuestro estado, y en ésa medida, comenzar a realizar un auto diagnóstico sobre la situación estatal del partido con un análisis real y objetivo, para después tomar las medidas que sean conducentes, en aras de una verdadera refundación del Partido.

Por tal motivo expongo a ustedes –desde mi particular punto de vista- algunas de las situaciones que considero debemos reflexionar para construir el Partido que queremos, el Partido que necesitamos.

Para comenzar, debemos definir qué tipo de izquierda somos. Y en ese sentido, el nombre de la izquierda que adoptemos son los compromisos que asumiremos con la sociedad.

Se ha hablado mucho que nosotros retomamos el Nacionalismo Revolucionario que abandonó el PRI tras la llegada de los tecnócratas neoliberales a la dirección del Partido. Se habla también que actualmente somos una Izquierda Socialdemócrata. En ése sentido, cabe señalar que ser socialdemócrata es jugar a fingir que somos Izquierda, pero no lo somos. Es asumir que hay que modificar ciertas cosas, matices, del Capitalismo salvaje –que Lenin definió como Imperialismo-, pero hay que mantener otras “que no suenan tan mal”, o que “nos convienen”. En pocas palabras, se propone en el discurso y en los hechos un “Capitalismo Light”. Un partido así únicamente puede ser definido como una Izquierda simuladora, al servicio del poder y de los grandes capitales fingiendo estar comprometida con ciertas causas sociales, aunque en el fondo se haga lo posible para no realizar las transformaciones necesarias. En pocas palabras, un partido socialdemócrata no puede decirse “de Izquierda”. Es simplemente un títere del poder, y eso no puede ni debe ser el PRD.

Por otra parte, también se ha hablado que si somos Socialistas o no. Un grave error que se cometió en 1989, durante la conformación del PRD, fue haber renunciado al programa Socialista que traía consigo el PMS, aceptando y adoptando los principios pragmáticos del Frente Democrático Nacional y olvidando la esencia de lo que fue la Izquierda Mexicana durante muchas décadas. La experiencia reciente con el Crack Financiero de 2008 nos demuestra que no es descabellado voltear a ver nuevamente el Socialismo como opción de sistema político, económico, social y cultural para México, puesto que ya está más que demostrado que la Ley de la Oferta y la Demanda no es Universal, que la mano invisible no sirve, que el capital privado adolece de lo mismo que el público, y que no podemos prescindir del Estado como regulador natural de la economía. Incluso, las medidas adoptadas actualmente por muchos países en América Latina y Europa (inclusive en USA) pueden ser catalogadas como Socialistas, y en ése sentido no podemos renunciar y negar nuestro origen: el PRD, sustancialmente, fue y debe ser un Partido Socialista, que busque realizar las grandes transformaciones que necesita el país implantando ésta forma de gobierno, lo cual es posible gracias a la infraestructura existente en el país.

Mucho se ha discutido sobre si el PRD en Hidalgo es o no un Partido de Izquierda. La respuesta es simple: no lo es. Gente que se asumen como dueñas del partido, que cuando tuvieron la oportunidad de responder su informe al Gobernador, lo único que hicieron fue alabarlo, e incluso aprobarle la cuenta pública, demuestra que sólo somos un títere del gobierno, nutrido por un puñado de esquiroles que sirven para simular –hacia afuera- una democracia en el Estado que es falsa en esencia, en forma y en contenido.

Existen peores: aquellos que han sido candidatos por otros partidos, o que han apoyado a otros partidos abiertamente, y que regresan con la mano en la cintura después de la elección, debido a que es muy amigo de su jefe de corriente, o trae ciertos acuerdos, o bien conoce ciertas cuestiones que podrían repercutir en represalias a algún dirigente del Partido, y por eso es intocable.

Así mismo, las imposiciones que realizan los grupos en la cúpula del poder, tanto en la vida interna como en candidaturas, demuestran que sólo somos una marioneta que el gobernador mueve a su voluntad. Candidaturas a modo en diversos municipios, así como contracampañas realizadas por las bien llamadas corrientes –porque son precisamente eso, corrientes- en contra de compañeros que han demostrado tener un compromiso diferente con el Partido y la sociedad, lo demuestran.

No es posible tener siempre los mismos dirigentes o candidatos en el Partido. Y además de todo, siempre terminan negociando con el mejor postor.

Por ningún motivo permiten que haya gente nueva, dispuesta a participar con una dinámica diferente a la que traen. Siempre, o la pervierten, o la obstruyen. Pero nunca puede existir un proyecto diferente fuera de ellos, porque entonces se sienten amenazados y buscan acabarlos a como dé lugar, ya sea por prebendas, chantajes, contracampañas, difamaciones, calumnias, amenazas o cualquier clase de artimañas con tal de evitar que surja algo nuevo en el Partido.

Compañeros: eso no es Izquierda. Eso es la pelea por las migajas. Es lo más ruin que existe en el país. Y eso, ante la sociedad, es el PRD. Por tal motivo, la propuesta es incorporar a nuestro Estatuto la figura de revocación del mandato, del plebiscito interno y del referéndum interno, con carácter de definitorio. Así mismo, se plantea la inclusión en el Estatuto de un asueto político. Es decir, si ya se fue integrante de algún órgano de dirección, se descanse un periodo y, además, no se permita la inscripción a un cargo de elección popular en la siguiente elección inmediata y viceversa, a fin de rotar los cuadros y generar una pluralidad al interior.

Además, se propone que cualquier persona que llegue a ejercer un cargo de elección popular acabe su periodo, puesto que se dan casos que están en un cargo y “saltan” al otro sin concluir el primero. Entonces, el Partido podría negarle el registro a un segundo cargo sin haber terminado el primero, e incluso podría “vetarlo” durante dos periodos más para poder ejercer algún cargo de elección popular nuevamente.

Por otra parte, siempre se nos ha vendido la idea que las “gloriosas adquisiciones” que tenemos de otros partidos nos van a ayudar a levantar la votación. No existe mentira más grande que ésa. Lo peor no es eso, sino que hemos sacrificado (muchas veces) excelentes cuadros o compañeros con una amplia trayectoria –ya sea en el Partido o en la Izquierda, en general- por esa gente que han desechado otros partidos, para obtener un resultado mediocre en las urnas y, encima, dejarles el control del partido, generando un cacicazgo que es muy difícil de romper, y que cuesta mucho tiempo hacerlo.

Los resultados electorales hablan por sí mismos. De hecho, podemos hablar de tres etapas, a lo largo de la historia de la Izquierda partidista en Hidalgo. La primera abarca de la elección a gobernador de 1981, con el PSUM, a la elección a gobernador de 1993, ya con el PRD. En ésta etapa, el Partido obtiene resultados desde el 0.3% en 1984, al 6.04% en 1993, siendo en 1991 la votación máxima del PRD durante éste periodo, con el 8.21% de la votación en la elección a Senador. En ésta etapa, el partido obtiene en promedio 3.63%, con una tendencia de votación a la alza.

Posteriormente, tenemos una segunda etapa del PRD, que abarca de 1994 a 2000, periodo donde el Partido obtiene triunfos electorales importantes en el Estado. Aquí, el Partido obtiene resultados variados, siendo el más bajo de 13.82% en la elección de gobernador en 1999 y el más alto en 1997, con el 26.12% (una elección atípica, puesto que la votación se obtiene por el “efecto Cárdenas”). La votación promedio en éste periodo es de 17.57%, con una tendencia estable.

Una tercera etapa se da con la incorporación de FDH a las filas del PRD, que es de 2002 a la fecha. En éste periodo, la votación más baja obtenida es la de 2009 (la última elección), donde el PRD obtiene el 13.6% de la votación total emitida en el Estado, mientras que el 2006 es la elección donde se obtiene la mayor votación, con el 32.9% (307,405 votos). Sin embargo, cabe señalar que pese al efecto AMLO (lo que le da en el 2006 una votación atípica al PRD), la votación a Senador fue inferior a la de Presidente en 7.9 puntos porcentuales, o 78,345 votos (López Obrador obtuvo 385,750 votos, o el 40.8% de la votación), lo cual quiere decir que en Hidalgo se presentó un voto diferenciado, y que el candidato a Senador no era lo suficientemente atractivo para captar la misma votación que el candidato a Presidente de la República. En éste periodo, tenemos una votación promedio de 22.33% (es decir, poco menos de 5 puntos porcentuales más en promedio que sin Guadarrama en el Partido), con una tendencia a la baja.

Esto es lo que tenemos que analizar, puesto que de seguir con la tendencia actual el partido sucumbirá ante los partidos de la Derecha. Así mismo, la reforma electoral nos pone en Hidalgo ante la coyuntura en la elección a Gobernador y debemos pensar, concienzudamente, si nuestro candidato deberá ser una figura ya desgastada con anterioridad y con muchos procesos electorales encima, o una figura nueva, que muestre una nueva cara del PRD, con nuevas propuestas, nuevas figuras, y con una imagen renovada ante la sociedad. No olvidemos, además, que el PRI seguirá con las prácticas que lo han caracterizado durante años, y el PAN tendrá una candidata que puede desplazar al PRD a una tercera fuerza.

Compañeras y Compañeros:

Amigas y amigos:

Tenemos que retomar el camino perdido. Necesitamos definir qué queremos ser ante la sociedad, para asumir los compromisos que tendremos con ella. De otro modo, la refundación y el Congreso solamente será una simulación.

Tenemos, además, que fincar las reglas para evitar (en la medida de lo posible) las componendas al interior, puesto que la sociedad exige un partido transparente, eficaz, abierto, ciudadanizado.

Finalmente, tenemos también que asumir que no somos la única Izquierda en México. Debemos construir un Partido que genere un gran pacto político, que aglutine a todas las fuerzas de Izquierda en todos los sectores: político, económico, social, cultural e histórico. Para esto, tendremos que convencer generando una propuesta atractiva para los diferentes sectores de la sociedad: mujeres, jóvenes, homosexuales, lesbianas, bisexuales, indígenas, migrantes, personas de la tercera edad, personas con capacidades diferentes, ambientalistas, altermundistas, socialdemócratas, socialistas, comunistas, anarquistas y demás vertientes y matices que existen en ella.

Debemos tener en cuenta una premisa fundamental: no se puede entender hoy día la Izquierda sin lucha social. Para esto es preciso recuperar el cauce perdido debido a la burocratización del Partido, involucrándonos nuevamente con aquellos movimientos sociales a los que se ha abandonado, olvidado e, incluso, traicionado.

Abordemos esto como tarea fundamental del Congreso, y refundemos el Partido, pues, en éste sentido.

Muchas gracias.

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