Crónica de un desastre anunciado

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Hola.

Desde que comenzó el hexagonal clasificatorio a Brasil 2014, las cosas no pintaban bien para la selección nacional de futbol. Los primeros cinco partidos en la eliminatoria fueron empatados (0-0 contra Jamaica en el Azteca, 2-2 contra Honduras en San Pedro Sula, 0-0 contra USA en el Estadio Azteca, 0-0 contra Panamá en Panamá, y 0-0 contra Costa Rica en el Azteca) y sólo una victoria (0-1 contra Jamaica en Kingston), sumando sólo 8 puntos de 18 posibles (es decir, menos de la mitad) en 6 partidos.

La crisis se profundizó durante la Copa Confederaciones en Brasil, donde México obtuvo 2 derrotas (1-2 contra Italia, y 2-0 contra Brasil) y una victoria (1-2 contra Japón), quedando eliminado de la segunda ronda, y quedando en 7º lugar de 8 participantes, quedando únicamente por encima de la superpotencia Tahití.

La Copa de Oro no fue distinta: México ganó 2 de 3 partidos de la fase de grupos (1-3 contra Martinica, y 2-0 con Canadá) y una derrota (1-2 contra Panamá), ganó los cuartos de final (1-0 contra Trinidad y Tobago) y perdió en la semifinal (2-1 contra Panamá).

Sin embargo, más allá de realizar un relevo en la dirección técnica en la selección Nacional encabezada por ‘Chepo’ de la Torre, la FEMEXFUT decidió mantenerlo. Incluso, después de la primer derrota en el hexagonal 1-2 con Honduras en el Azteca (siendo, incluso, la primer derrota en la historia de la selección como local), Chepo no decidió renunciar. Pero los directivos tampoco decidieron correrlo: mantuvieron a Luis Fernando Tena en la dirección (con Chepo atrás, pero fuera de cámaras) y aseguraron la siguiente derrota de la eliminatoria, al perder 2-0 con USA en Columbus.

Fue hasta entonces que los directivos decidieron (tras 5 empates, 1 victoria y 2 derrotas, sumando los mismos 8 puntos, pero ahora en 8 partidos y de 24 puntos posibles) remover al Chepo y de todo lo que oliera a él de la selección nacional. Sin embargo, ya era muy tarde, pues la selección de futbol ya estaba prácticamente en el repechaje, sólo quedaban dos partidos por jugarse, y sólo 6 puntos por disputarse.

Así, Victor Manuel Vucetich asumió la dirección de la selección con sólo un mes de trabajo. Sus resultados son decorosos: una victoria contra Panamá (2-1 en el Azteca) y una derrota contra Costa Rica (2-1 en San José). Sin embargo, esta última derrota dejaba fuera al equipo mexicano de Brasil 2014. Solamente una gran voltereta que hizo USA a Panamá al anotar 2 goles en tan sólo 2 minutos y en tiempo de reposición (y de ir perdiendo 2-1 a ganar 2-3) es como México clasifica “de panzaso” al repechaje contra New Zeland, equipo clasificado por Oceanía.

Sin embargo, la debacle y desastre que vive actualmente el futbol mexicano no fue de este año. No fue algo repentino ni súbito. Es un cáncer que se ha desarrollado durante años y que ha hecho metástasis con distintas aristas y matices.

El gran secuestro que ha hecho el duopolio televisivo (Televisa-Azteca) del futbol mexicano (desde el mismo control, nombramiento de directivos clave en la FEMEXFUT, acaparamiento de derechos de transmisión de clubes y selección, etc.), así como el gran lastre en que se han convertido los principales y más poderosos directivos de este deporte (Emilio Azcárraga Jean, Ricardo Salinas Pliego, Jesús Martínez, Jorge Vergara) es lo que ha colocado al futbol allí.

Gente inexperta e incompetente en el ámbito deportivo (Justino Compeán, Decio de María, Héctor González Iñárritu); el tráfico de influencias generado por promotores, directivos y técnicos, quienes obtienen un porcentaje del salario de cada jugador (o reciben pagos de los jugadores para debutarlos o jugar periódicamente, dejando fuera a miles de muy buenos jugadores que por carecer de un ‘padrino’ o del poder económico suficiente, renuncian a su sueño); un régimen de transferencias (draft) que trafica con los jugadores como una mera mercancía, pasando por encima de la dignidad del jugador como ser humano; la incapacidad de los jugadores para organizarse en torno a un sindicato para defender sus derechos y prerrogativas, desalentados por los directivos con sanciones o, incluso, el retiro; la creación de jugadores u equipos “estrella” inflados sólo con fines comerciales y publicitarios (como el Club América o el ‘Chicharito’ Hernández); la multipropiedad de equipos de futbol -prohibida por la FIFA- y que acaparan una gran cantidad de la oferta pambolera (Emilio Azcárraga, de Televisa, es dueño del Club América, Club Necaxa; Ricardo Salinas Pliego, de TV Azteca, es dueño del Club Monarcas Morelia y Club Jaguares de Chiapas; Carlos Slim, de Grupo Carso, es dueño de Estudiantes de la UAG y junto a Jesùs Martínez, de Grupo Pachuca, co-propietario del Club León y del Club Pachuca); y la doble contabilidad que existe por arte de los clubes y los sueldos de los jugadores es parte de los males que todo mundo conocemos del futbol mexicano.

Así, en toda esa maraña de contratos comerciales, derechos televisivos, dádivas de promotores a directivos y técnicos, y corrupción que existe en el futbol mexicano es que la Selección Nacional ha dejado de ser un equipo deportivo para convertirse en un producto de márketing, mercantilizado y explotado a más no poder. Una estrella más de El Canal de las Estrellas. Un negocio en toda la extensión de la palabra. Sin embargo, la torpeza de los actuales directivos ha llevado a tener un producto poco rentable, y más ajustado a la propaganda comercial (que lo ha inflado gracias a sus promotores, el duopolio) que a cuidar la calidad de ese producto.

Llama la atención, además, el porqué la FEMEXFUT es la única federación de todos los deportes donde la CONADE no tiene ingerencia alguna, cuando al ser por ley la entidad rectora de la promoción y el fomento del deporte, tendría que tener participación en el futbol y en su estructuración. En este sentido, convendría una gradual intervención gubernamental en este deporte (práctica común en muchos países), ya que ha quedado más que demostrada la ineficiencia de la Iniciativa Privada en el futbol, considerado deporte nacional en México.

La semi-eliminación de México de Brasil 2014 no se debe, así, tomada como algo ocurrido dos o tres partidos atrás. Debe ser tomada como una parte de un todo corrupto, podrido y desprestigiado. Así, la solución no es correr al técnico actual, y dejar de convocar a jugadores. Solamente una gran reforma a esa federación (pasando por encima de los intereses privados y creados de las grandes televisoras) tanto en su estructura orgánica como en sus procedimientos internos podrá generar una dinámica distinta que nos permita generar las expectativas (bien o mal, con métodos por supuesto cuestionables) que han sido depositadas en este deporte. De lo contrario, seguiremos siendo los mismos ratones verdes de siempre, esos que juegan como nunca, y pierden como siempre.

Saludos. Dejen comentarios.

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