La Resistencia Cristera o el Neo-Sinarquismo del Siglo XXI

Hola.

A finales de julio de 1926, el conflicto entre el gobierno de Plutarco Elías Calles y la Iglesia Católica estalla, debido a modificaciones al Código Penal que convierten en delitos del fuero común las infracciones en materia de cultos. El 31 de julio de dicho año, los obispos suspenden los cultos, y el gobierno prohíbe el culto privado.

Ante esto, la Liga Nacional de la Defensa de la Libertad Religiosa, que aglutinaba a más de un millón de personas, convocan en un primer momento a la resistencia pasiva, y posteriormente, a una insurrección abierta a partir del 1° de enero de 1927, en el episodio llamado Guerra Cristera, donde participan organizaciones como la Acción Católica de la Juventud Mexicana, la Liga, la Unión Popular, y las Brigadas Femeninas, principalmente en los estados del Bajío: Jalisco, Guanajuato, Colima, Michoacán, así como en Coahuila y San Luis Potosí, extendiéndose el conflicto hasta 1930.

Así mismo, durante la etapa final de la Cristíada, se llevó a cabo la elección de 1929 (debido al asesinato de Álvaro Obregón un año antes), donde José Vasconcelos participó como candidato del Partido Nacional Antirreleccionista (PNAR), al que estaba muy cercano Manuel Gómez Morín, fundador del PAN años después. Cabe señalar que años despues, Vasconcelos se declaró abierto seguidor de Hitler. Muestra de ello, son sus palabras publicadas en la revista Timor del 1° de junio de 1940, donde afirmó que Hitler ha salvado a Alemania, ha salvado a un sector imprescindible, de la obra del progreso del mundo… Hitler no es guerrero, es, ante todo, un hombre de Estado, el más completo que hayan producido los siglos, como bien lo dijo Ribbertropp.

Estos dos antecedentes históricos (la Guerra Cristera y la elección de 1929) se pueden ligar con otro posterior, el nacimiento de una organización de carácter fascista: la Unión Nacional Sinarquista en la ciudad de León, Guanajuato, el 28 de mayo de 1937, definiéndose como una organización anticomunista, nacionalista y antiagrarista, como oposición al gobierno de Lázaro Cárdenas (de la misma forma en la que Manuel Gómez Morín fundó el PAN en 1939 con el mismo objeto).

El origen de la palabra Sinarquismo se compone de dos raíces griegas: Sin– Con, y Archis– Gobierno, “con gobierno”, en oposición al Anarquismo. Así mismo, el nombre fue pensado de esa forma debido a que sus siglas UNS coincidía con la palabra alemana Nosotros, aunado al hecho de que las primeras proclamas sinarquistas terminaban con la frase Dios está con nosotros.

Según Gill, la palabra Sinarquismo fue creada por Hellmuth Oscar Schreiter, lingüista, profesor de idiomas, experto en raíces griegas y latinas, llegado a Guanajuato después de la Primera Guerra Mundial, y creador del fracasado Centro Anticomunista en 1936.

Los sinarquistas hacían grandes desfiles militares al estilo fascista en ciudades como Morelia y Guadalajara, pues adoptaron métodos de trabajo y propaganda del Partido Nacional Socialista Alemán (Nazi), aunque siempre se presentaron como un movimiento político pero no electoral, teniendo en Salvador Abascal Infante (padre de Carlos Abascal Carranza, quien fuera Secretario de Trabajo y Secretario de Gobernación con el presidente Vicente Fox) una de sus figuras más predominantes del sinarquismo. A la derrota del fascismo, los sinarquistas se ligaron a organizaciones católicas de Estados Unidos.

Electoralmente, el Sinarquismo participó en dos frentes: primero, con el Partido Acción Nacional (PAN), a quienes apoyaron abiertamente en la elección de 1952 apoyando a Efraín González Luna, candidato netamente católico, pero que siempre caminaron de la mano con ellos desde su propia fundación, en 1939, y posteriormente fundando su propio partido político, el Partido Demócrata Mexicano (PDM), en 1975. Así mismo, en 1955, la organización secreta que controlaba la UNS y el PAN fue reconstituída como la Organización Nacional del Yunque, quienes tenían relación con grupos radicales de mexicanos de derecha en USA, con la Mafia de Miami (los exiliados de la oligarquía cubana tras la Revolución), así como la Falange y Fuerza Nueva de España.

Tras años de participación electoral, el Movimiento Nacional Sinarquista se divide después de la elección de 1994: una facción, pierde el registro del PDM en 1997, y lo vuelve a obtener ahora como Partido Alianza Social (PAS), que apoyaría la candidatura de Cuauhtémoc Cárdenas en 2000; otra facción migra hacia el PAN y el PRD; y otra más como una Asociación Política Nacional con registro desde el 9 de abril de 1999 y con presencia en estados como Guanuajuato, Querétaro, Guerrero, Morelos, Oaxaca, Jalisco y Veracruz.

Toda esta breve historia de la ultraderecha mexicana es necesaria para explicar uno de los actuales fenómenos que estamos viviendo a partir de la llegada de Andrés Manuel López Obrador a la Presidencia de la República: la aparición de FRENAA (Frente Nacional Anti AMLO) como oposición al actual gobierno.

Mediáticamente, Gilberto Lozano ha sido el dirigente que ha sido más visible por parte de FRENAA: ex-directivo de FEMSA, ex-Presidente del Club de Fútbol Monterrey, y gente muy cercana a Carlos Salinas de Gortari. Sin embargo, en la misma página de FRENAA aparecen tres nombres más que llaman la atención: Pedro Ferriz de Con (hijo de Pedro Ferriz Santa Cruz, conductor de televisión muy ligado al Partido del Frente Cardenista de Rafael Aguilar Talamantes); Rafael Loret de Mola (periodista, padre del comunicador Carlos Loret de Mola, quien se ha convertido en un ariete mediático visible junto a Brozo en el pasquín digital Latinus), y Juan Bosco Abascal Carranza. Si, adivinaron: uno de los 11 hijos de Salvador Abascal Infante (que como ya mencionamos, fue de los fundadores de la Unión Nacional Sinarquista), y hermano de Carlos Abascal Carranza.

Por eso, no es de extrañarse que los planteamientos que actualmente tienen (renuncia de AMLO a la Presidencia de la República, oposición al comunismo de López Obrador), así como su catolicismo radical enalteciendo “¡Viva Cristo Rey!” (una de las consignas más conocidas de los cristeros), así como su veneración extrema a la Virgen de Guadalupe (a la cual le hicieron una capilla en el plantón que mantienen en el Zócalo de la Ciudad de México desde el pasado 23 de septiembre), muestran esos rasgos que demuestran que estamos ante un resurgimiento del Sinarquismo.

Cabe señalar, además, que FRENAA incorpora métodos de la derecha contrarrevolucionaria que han aparecido en los diferentes gobiernos progresistas que han aparecido en América Latina a lo largo del Siglo XXI, en países como Venezuela, Brasil, Ecuador, Argentina, Bolivia: organización política pero no electoral, discurso neofascista y confesional, propaganda desmedida a su favor en los medios convencionales de comunicación (alineados totalmente con las oligarquías locales), campañas de mentiras y desinformación en redes sociales y en sus planteamientos políticos, financiamiento oscuro y de orígenes desconocidos para la realización de sus actividades, y presuntamente (esto todavía sin confirmarse) conexión con la ultraderecha estadounidense y con algunas de América Latina.

Lo mejor será mantener cautela respecto a las acciones que lleve a cabo FRENAA, pues quienes lo encabezan, representan lo más peligroso de la ultraderecha mexicana del Siglo XX. Y hay que tener claro que Gilberto Lozano es un alfil importante, pero la presencia de Juan Bosco Abascal es la fundamental, pues es el poder real detrás del trono, sobre todo considerando los elementos antes mencionados.

Bien decía Karl Marx que la Historia se repite dos veces, primero como drama, y luego como comedia. Y aunque de pronto resulte inverosímil las acciones que pueda realizar FRENAA, algo importante qué aprender en política es que nunca debe subestimarse a nadie. El campamento de la Resistencia Cristera, o el Neo-Sinarquismo del Siglo XXI no debe minimizarse, ni tampoco pensar que será un movimiento fugaz. Será un movimiento permanente a lo largo del período presidencial de López Obrador, con posibilidades de crecimiento, y que pueda ser incluso un ariete del injerencismo estadounidense, tal y como lo fueron los extremismos cristiano-evangélicos en Brasil, con Jair Bolsonaro, o Jeanine Áñez, en Bolivia.

Quien no conoce la Historia, está condenado a repetirla. Ya hemos tenido malas experiencias en Chile en 1973, en Venezuela en 2002, en Brasil en 2015, en Argentina en 2016, en Ecuador en 2017, y en Bolivia en 2019. No cometamos el mismo error que se cometió en aquellos países donde gobernaba la Izquierda, y la derecha no sólo arrebató el poder, sino destruyó el legado que se dejó por parte de los gobiernos progresistas en pocos meses.

Garanticemos pues, que el legado del gobierno de Andrés Manuel López Obrador trascienda, y pongamos atención a lo importante: continuar con la profundización de la Cuarta Transformación, sin dejar de poner atención a los grupos como FRENAA, que representan a lo más oscuro de la ultraderecha de nuestro país, y que buscan reestablecer no sólo el modelo neoliberal, sino el régimen de corrupción y privilegios que gobernó por 90 años nuestro país.

No bajemos la guardia.

Saludos. Dejen comentarios.

El peligroso fantasma golpista

Hola.

El pasado viernes 29 de agosto, el Presidente de México, Andrés Manuel López Obrador, sorpresivamente presentó durante la conferencia mañanera una lista de ONG’s “ambientalistas”, “indígenas” y de “protección de derechos humanos”, así como medios de comunicación que se oponen a la construcción del Tren Maya, y reciben financiamiento extranjero para realizar sus actividades políticas.

Curiosamente, la noticia pasó desaparcibida. Nadie le tomó importancia. Eso sí, de inmediato, actores políticos e intelectuales orgánicos de la derecha se lanzaron contra el Presidente muy a su clásico estilo de victimizarse, acusando “una nueva embestida en contra de las OSC”. Y no es para menos: López Obrador exhibió a los titiriteros, al poder detrás del trono de estas “Organizaciones de la Sociedad Civil”, que de civil solo tienen el nombre, pues es gracias al apoyo y financiamiento recibido, que han podido elaborar una estrategia de acciones legales y campañas en medios y redes sociales.

Entre las organizaciones y medios exhibidos, destacan:

  • Consejo Regional Indígena y Popular Xpujil (CRIPX), encabezada por Alfredo López Díaz;
  • Diálogo y Movimiento (DIMO), de Artemia Fabre Zarandona (Doctora en Ciencias Antropológicas por la UNAM);
  • Indignación, Promoción y Defensa de los Derechos Humanos, A.C., encabezada por Raúl Lugo Rodríguez (Licenciado por el Pontificio Instituto Bíblico de Roma y sacerdote de la Arquidiócesis de Yucatán desde 1982);
  • Centro Civil Mexicano para la Silvicultura Sostenible (CCMSS), presidida por Sergio Madrid (Ingeniero Agrónomo por la UAM);
  • Centro Mexicano de Derecho Ambiental (CEMDA), encabezada por Maria Eugenia De la Fuente (Maestra en Derecho de los Negocios con acentuación ambiental en The London School of Economics and Political Science, UK), destacando en su Consejo Directivo, además, Carlos Ortiz Mena (empleado en Servicios Administrativos Fresnillo, S.A. de C.V. de la Empresa Industria Peñoles, integrante de Grupo BAL, de Alberto Baillères, y familiar de Antonio Ortiz Mena, Secretario de Hacienda de 1958 a 1970, quien fuera líder moral de los tecnócratas neoliberales de los 80’s);
  • Mexicanos contra la Corrupción y la Impunidad (MCCI), de María Amparo Casar (Doctora en Ciencias Políticas y Sociales por la University of Cambridge, King’s College, además de ser miembro del Comité Editorial de la Revista NEXOS, y fungió como Coordinadora de Asesores del Secretario de Gobernación de diciembre de 2001 a junio de 2005, durante el sexenio de Vicente Fox);
  • México Evalúa, presidida por Luis Rubio (Doctor en Ciencia Política en la Brandeis University, entre su currículum destaca la publicación de una columna semanal en Reforma,  asegurando que “sus opiniones aparecen con frecuencia en The Washington Post, The Wall Street Journal y The Financial Times”, es miembro del consejo de dos familias de fondos de inversión y de Coca Cola FEMSA, en los años 70 fue director de planeación de Citibank y fue asesor del Secretario de Hacienda, y aquí viene lo más interesante: es miembro de la Comisión Trilateral (del Grupo Bildelberg);
  • Animal Político, encabezado por Gerardo Márquez Camacho (dueño de Editorial Criterio y de constructoras en Hidalgo, y cercano a Miguel Ángel Osorio Chong, ex-Secretario de Gobiernación durante el sexenio de Enrique Peña Nieto); y
  • Fundación Debido Proceso (DPLF), una organización con sede en Washington y presidida por la mexicana Fernanda Hopenhaym, Maestra en Estudios Latinoamericanos por la UNAM.

Por su parte, entre la lista de los entusiastas aportadores económicos de estas organizaciones se encuentra:

  • Fundación Kellogg’s, fundada por Will Keith Kellogg, de la empresa Kellogg’s, que en palabras de Jesús Ramírez, vocero de la Presidencia de la República, vende Corn Flakes y algunos tipos de alimentos de la mañana, Frutti Lupis y demás;
  • Fundación Ford, fundada por Edsel Bryant Ford y Henry Ford, de la empresa Ford Motor Company, segundo mayor fabricante de automóviles de Estados Unidos;
  • Climate Works Foundation, una organización que se define como sin fines de lucro, que el New York Times definió como “una fundación de mil millones de dólares que busca frenar el cambio climático” presidida por Hal Harvey, que entre su currículum destaca ser miembro de la Junta Directiva de Fifth Third Bank, y Presidente de la junta directiva de MB Financial Corporation;
  • National Endowment for Democracy (NED), en español: Fundación Nacional para la Democracia, organización estadounidense fundada en 1983 por el Presidente Ronald Reagan, para contribuir a la lucha anticomunista durante la Guerra Fría, financiada principalmente por la Central Intelligence Agency (CIA), y dependiente del Departamento de Estado de Estados Unidos; y
  • Rockefeller Brothers Fund, fundada por David Rockefeller, Nelson Rockefeller, Laurance Rockefeller, John D. Rockefeller III, y Winthrop Rockefeller, banqueros y petroleros estadounidenses, con una de las mayores fortunas en todo el mundo, cuya misión declarada es “promover el cambio social que contribuya a un mundo más justo, sostenible y pacífico”, y donde colaboró (o probablemente continúa colaborando) Henry Kissinger, quien fuera uno de los principales operadores de los grandes golpes de Estado en América Latina en contra de gobiernos progresistas.

De acuerdo al documento presentado por López Obrador, el financiamiento fue distribuido de la siguiente forma:

El documento íntegro presentado por López Obrador es el siguiente:

A diferencia de lo asegurado por la derecha mexicana, los implicados tanto en financiar como en recibir dinero, no son blancas palomas, sino todo lo contrario: representan a la parte más oscura y siniestra de la derecha mexicana y, por otra parte, los subvencionistas representan a aquellos actores que se han caracterizado por impulsar, financiar y operar golpes de Estado en contra de gobiernos progresistas. Y, además, con el mismo modus operandi.

En la década de los 70’s y parte de los 80’s, Estados Unidos financió el Plan Cóndor por medio de la CIA, entre otras situaciones, consumar el golpe de Estado contra Salvador Allende en Chile, en 1973, financiando medios de comunicación opositores como “El Mercurio”, , imponiendo además un régimen militar encabezado por Augusto Pinochet, que sirvió además para implementar y profundizar el modelo neoliberal. Al respecto, el 16 de septiembre de 1973, después de que Pinochet había tomado el poder, ocurrió la siguiente conversación entre Henry Kissinger (consejero de Seguridad Nacional y si: el mismo de la Fundación Rockefeller que ahora financia ‘Mexicanos contra la Corrupción’) y el presidente Richard Nixon:

Nixon: ¿Nada nuevo de importancia o sí?

Kissinger: Nada de mucha consecuencia. El asunto chileno se está consolidando y por supuesto, los periódicos sangran porque han derrocado un gobierno procomunista.

Nixon: No es algo. No es algo

Kissinger: Quiero decir, en vez de celebrar: en el período Eisenhower seríamos héroes.

Nixon: Bien, no lo hicimos ―como usted sabe― nuestra mano no aparece en esto.

Kissinger: No lo hicimos. Quiero decir, les ayudamos. [confuso] Creamos las condiciones tan grandes como fueran posibles.

Nixon: Es correcto. Y es el modo en que esto se va a jugar.

Pero no fue la única dictadura militar que impulsó Estados Unidos: fue aplicada la misma receta en Argentina, Brasil, Paraguay, Uruguay, Bolivia y, esporádicamente, en Perú, Colombia, Venezuela, y Ecuador.

Así mismo, la CIA participó en la creación de guerrillas paramilitares en los 80’s en Centroamérica. Y más recientemente, apoyó en la realización de la guerra asimétrica en contra de la Revolución Bolivariana y el régimen chavista en Venezuela, financiando las Guarimbas, y a títeres como Leopoldo López o Juan Guaidó; operar el golpe de Estado contra Evo, imponiendo a Añez en Bolivia en 2019; maniobrar el 2010 en el intento de golpe de Estado contra Correa en Ecuador en 2010; y tantos y tantos ejemplos que podemos mencionar, que bien podría hacerse un manual o un catálogo respecto a la injerencia imperialista estadounidense en América Latina durante el Siglo XX y lo que llevamos del XXI.

Hay que mantener cautela respecto al financiamiento del extranjero que están recibiendo ONG’s, medios de comunicación, periodistas opositores, actores políticos de derecha, e intelectuales orgánicos en el país, pues esta lista que dio a conocer López Obrador únicamente comprende el financiamiento de acciones en contra del Tren Maya, pero seguramente, habrá más financiamiento para otros rubros y por parte de entes más oscuros aún.

Sin embargo, a pesar del injerencismo estadounidense existente, sería mejor para el gobierno encabezado por López Obrador la reelección de Trump que el triunfo de los Demócratas, pues estos últimos, los Demócratas, tiene muchos nexos con la derecha mexicana y con el panismo en general, y no dudarán en financiar acciones desestabilizadoras y subversivas contra el actual gobierno de forma más abierta y generosa.

El fantasma del golpismo contra gobiernos progresistas vuelve a asomarse de forma peligrosa. Sin embargo, el Presidente Andrés Manuel se ha encargado de develar sus intenciones. Falta ver si esto disiparán o profundizarán los planes abiertamente subversivos de la derecha contra nuestro Gobierno. Y del Pueblo dependerá defenderlo llegado el momento.

Saludos. Dejen comentarios.

Lecciones desde Bolivia

Hola.

Recién el día de ayer, mencionaba que actualmente tenemos un campo de batalla en América Latina. Hoy lo confirmamos.

La renuncia de Evo Morales no se da por voluntad propia. No se ha debido tampoco a un proceso revolucionario del pueblo boliviano contra una tiranía. Por el contrario: se debe a una acción militar y policial concertada, en la cual el Presidente Morales fue obligado a abandonar el cargo tras la presión constante de la derecha boliviana, a la cual no le interesó nunca el proceso el proceso electoral que culminó el pasado 20 de octubre, sino de tomar por asalto el poder en Bolivia a costa de lo que sea.

Cabe señalar que Evo, en todo momento, intentó salvaguardar el proceso democrático: aceptó la auditoría de la OEA (organismo supranacional títere de los estadounidenses), convocó a nuevas elecciones, y dimitió obligado para que no hubiera más derramamiento de sangre. La oposición fue, quien en todo momento, se opuso a todas las medidas antes mencionadas.

Como sucedió a lo largo del Siglo XX en América Latina, los golpes de Estado no vienen solos. Siempre van de la mano de la CIA y de USA. No en balde el propio Morales dijo en varias ocasiones que «el único país que puede estar seguro que nunca va a tener golpes de estado es Estados Unidos, porque no tiene embajada estadounidense».

Por supuesto, siempre acompañan este tipo de acciones las derechas entreguistas, las oligarquías locales, y toda una embestida mediática por parte de los grandes corporativos informativos que se convierten en cómplices, los cuales tienen una línea editorial única, impuesta desde Washington, y buscan desacreditar cualquier voz disidente en este proceso.

Desde hace años llevo escribiendo sobre la puesta en marcha de un Plan Cóndor 2 (al que denominé Plan Condor reloaded, https://www.hglc.org.mx/blog/2013/06/23/plan-condor-reloaded/), que tiene como finalidad última acabar con todos los movimientos sociales y gobiernos progresistas de la región.

Las lecciones que nos llegan desde Bolivia para el caso mexicano (y no sólo desde ahí, sino que es un modus operandi en general que ha sido aplicado en varios países), son varias:

  1. Los gringos nunca serán amigos. No importa cuándo leas esto;
  2. Cualquier gobierno de Izquierda que apoye a los pobres y someta a la oligarquía siempre será susceptible de sufrir un golpe de Estado;
  3. No importa el tiempo que se tarden en configurar el golpe de Estado, ya sea blando o tradicional. Siempre lo intentarán, indiscutiblemente;
  4. Cualquier proceso electoral en un gobierno de Izquierda siempre podrá ser ocupado por la derecha para cuestionar la legitimidad del sistema democrático de cualquier país;
  5. No importa el respaldo popular que se tenga: Evo Morales ganó su última reelección con el 47.08%, y sin embargo, esto no fue obstáculo para que la derecha continuara con su golpe de Estado que había fraguado semanas antes;
  6. Cualquier proceso golpista debe contar siempre con el respaldo irrestricto de los corporativos mediáticos, quienes utilizan sus herramientas favoritas (desinformación y manipulación) para cambiar la perspectiva de la población. Hacen amar al opresor sobre el oprimido; y
  7. Siempre habrá infiltrados en todos los procesos revolucionarios (nos lo demostró Brasil, nos lo confirmó Ecuador, y lo estamos viviendo en México), que a nombre de la Revolución trabajan con los poderes fácticos, y se vuelven colaboracionistas con los intereses de estos poderes, debido a su propia ambición personal.

Es importante aprender bien estas lecciones, pues en México muchas compañeras y compañeros no han entendido ni dimensionado nuestro papel en la Historia, y el papel importantísimo que tienen en este proceso de transformación que estamos viviendo.

Por el momento, el Gobierno de México si lo ha hecho, y se ha pronunciado en contra del golpe de Estado en Bolivia, y ha ofrecido asilo político al ex-Presidente Evo Morales. Sin embargo, desde Bolivia han alertado que la policía quiere encarcelar a Evo, y más que otra cosa, en este momento la prioridad debe ser salvaguardar la integridad de Morales y de muchos dirigentes del Movimiento al Socialismo.

El fascismo extiende sus fauces hacia Bolivia, la derecha en América Latina está de manteles largos, los neoliberales se frotan ya las manos,  y en Washington festejan una gran victoria (para ellos). Se recrudecerá el campo de batalla que actualmente es Latinoamérica, donde efectivamente, los dos proyectos (el imprerialista y el autogestivo) se están enfrentando cara a cara y de forma brutal, y donde está en juego no solo las soberanías nacionales, sino los recursos naturales, geopolíticos y estratégicos.

El Siglo XXI latinoamericano se está configurando como una lucha entre la independencia real de los Pueblos, y el sometimiento ante los intereses trasnacionales imperialistas. Esas son las lecciones que nos deja, desde Bolivia, el Otoño Latinoamericano para la reflexión y el aprendizaje.

De nosotros depende repetir o no, en México, la Historia en forma de tragedia o de farsa.

Saludos. Dejen comentarios.

El campo de batalla

Hola.

En estos días, en América Latina estamos viviendo un fenómeno sumamente peculiar, pero de una gran trascendencia hacia el futuro. Estamos siendo testigos de cómo se están disputando, en elecciones, en los Congresos, en medios de comunicación, en las calles, dos proyectos completamente distintos y contrapuestos.

Por una parte, la visión de siempre, caracterizada por el intervencionismo estadounidense, que se ha manifestado implícitamente a lo largo de décadas a través de las políticas neoliberales en nuestros países, y por la otra, los proyectos nacionales de autodeterminación y autogestión que el Pueblo ha impulsado a través de los gobiernos progresistas a lo largo del continente.

Al día de hoy, existen varios frentes abiertos, en distintos países, donde se está presentando esta dinámica.

Si bien es cierto que en Ecuador llegó una calma relativa tras la derogación del decreto 883, la persecusión judicial de la que está siendo objeto el ex-Presidente Rafael Correa puede generar reactivar el movimiento latente en contra del Presidente Lenin Moreno.

En Chile, los ánimos no se han tranquilizado y por el contrario, a pesar de que el Presidente Sebastián Piñera pidió la renuncia de su gabinete, la gente no ha dejado de salir a las calles exigiendo su renuncia. Las manifestaciones y los enfrentamientos son cotidianos, y no se le ve otra salida a la crisis que no sea la renuncia del pinochetista y neoliberal Piñera.

En Brasil, un juez determinó la liberación de los presos políticos, y Lula Da Silva quedó libre, tras el injusto encierro que tuvo debido a la persecusión política que llevó a cabo el ex-Presidente Michel Temer en contra de todo el Partido de los Trabajadores (PT), donde miles de personas acudieron para recibirlo en libertad. En ese entendido, la liberación de Lula ha encendido una luz al final del túnel, contra el fascismo del ultraderechista Jair Bolsonaro, que no ha tenido contemplaciones en limitar derechos, profundizar el neoliberalismo y acabar con el Amazonas.

En Bolivia, los aires golpistas se asomaron desde el 20 de octubre, fecha en la que se llevó a cabo la elección presidencial en dicho país, debido a que la oposición no aceptó los resultados (tampoco aceptó la auditoría de la OEA, órgano servil a USA, cabe señalar), y ha iniciado un golpe de Estado en contra de Evo Morales, Presidente electo en dicho país, con el apoyo de los sectores más reaccionarios, y de los separatistas que estuvieron pasivos durante mucho tiempo.

En Argentina, el triunfo de Alberto Fernández el 27 de octubre frente al fracaso del gobierno neoliberal de Macri, de la mano de la ex-Presidente Cristina Fernández (ahora vicepresidente), hablan precisamente de un nuevo giro en la región hacia la Izquierda.

¿Qué tienen en común estos procesos?

  1. Un gran respaldo popular a los candidatos y/o gobiernos de Izquierda;
  2. Una insurrección popular en contra de los gobiernos neoliberales;
  3. Una peculiar línea editorial uniforme por parte de los corporativos mediáticos, dependiendo el caso:
    1. En el caso de los gobiernos derechistas, un apoyo irrestricto a dichos gobiernos, así como satanización de los movimientos sociales existentes en las calles y/o de las candidaturas progresistas;
    2. En el caso de los gobiernos de Izquierda, un bombardeo constante en contra del Gobierno, posicionando el discurso hegemónico.
  4. Apoyo irrestricto de las oligarquías locales a los gobiernos de derecha, y a las acciones contra gobiernos de Izquierda.

En México, en las últimas semanas se ha incrementado notablemente la ofensiva mediática en contra del gobierno de Andrés Manuel López Obrador. No es la única vía.

Operaciones tácticas de dudoso origen, como el operativo en Culiacán, o el asesinato de miembros de la familia Le Barón, bien podrían ser clasificadas como acciones de guerrilla asimétrica con el fin de desestabilizar al gobierno de López Obrador, debido a las características que han tenido, además de que hubo eventos previos donde hubo presencia de funcionarios estadounidenses, pese a las posteriores negativas y desmentidos.

De cualquier forma, el último evento reveló la amenaza de invasión a nuestro país por parte del ejército de Estados Unidos, y ha estado latente desde la semana pasada, la cual ha sido matizada diplomáticamente por el Presidente Donald Trump, pero finalmente lo ha dejado claro.

Adicionalmente, la infiltración de sectores opuestos al gobierno en diferentes estructuras, o bien, la coacción de algunos dirigentes por parte de los poderes fácticos que buscan mantener el status quo, ha sido constante en las últimas semanas. De forma cada vez más descarada, se busca desacreditar al actual gobierno y la aplicación de sus políticas públicas bajo la máscara de “defender al proyecto” e “impedir que se siga haciendo lo mismo de siempre”. Nada más falso que eso.

A base de mentiras, manipulación, y con el apoyo mediático que les pueden dar los poderes fácticos, lobos con piel de oveja buscan meter al descrédito público y al escarnio popular a servidores públicos que están realizando su labor y sus tareas en el ejercicio público de forma distinta a lo que los intereses de siempre quieren, que están realizando un cambio en la forma de hacer política, que están llevando a cabo la transformación que prometió nuestro Presidente.

Estos lobos con piel de oveja son los más peligrosos, pues en realidad engañan con banderas falsas a sus seguidores, trabajan para fines no muy claros (o más bien dicho, bastante claros), y realizan sus actos con dos fines: el protagonismo banal e inmediato, y el buscar el poder por el poder para que, ellos si, sigan reproduciendo los mismos vicios de la política de siempre.

Sin embargo, sirven a los intereses que buscan impedir la consolidación de la Cuarta Transformación, y lo que ello representa. Sirven a los intereses de la derecha, de la oligarquía, de la embestida mediática, de los poderes fácticos, de la dominación imperial, de los intereses que buscan la desestabilización del actual Gobierno de México. Son arietes voluntarios o involuntarios de tales fines.

Hoy, América Latina es un campo de batalla. Pero al final, solo existe un juicio: el de la Historia. Y a todos la Historia nos juzgará, o nos absolverá. Cada cosa cae por su propio peso, y el tiempo pone todas las cosas en su lugar. Y estoy seguro que, pase lo que pase, estamos del lado correcto de la Historia.

Saludos. Dejen comentarios.

El Golpe de Estado

Hola.

Desde hace mucho (podría decir que incluso, desde antes de que comenzara el Gobierno de Andrés Manuel López Obrador), platiqué con gente muy cercana que el principal reto del próximo Presidente de México sería el enfrentar el golpe de Estado que seguramente le tocaría enfrentar más o menos por el segundo año de gobierno, y que debía tener para entonces el control de todas las instituciones, porque de lo contrario no iba a lograr sostenerse.

Sin embargo, esto jamás lo comenté ni en redes sociales ni lo expresé más allá, debido a la delicada naturaleza de lo que ello significa.

¿Qué me hacía pensar eso desde entonces? La experiencia latinoamericana que hemos tenido por décadas, en la cual, cuando la Izquierda asciende al poder (no importa si es por la vía revolucionaria o por la vía electoral), siempre, indiscutiblemente, hay un intento de golpe de Estado.

Al triunfar la Revolución Cubana, pasaron un par de años para que existiera un intento de derrocamiento del régimen de Fidel Castro por parte de la Mafia de Miami, en lo que se denominó la Batalla de Bahía de Cochinos o la Invasión de Playa Girón (según el país de donde se mencione dicha acción militar). La rebelión fue ahogada, y eso derivó en la Crisis de los Misiles un años despues, tras lo cual el Gobierno de Estados Unidos firmó el armisticio con la Unión Soviética, y entre los puntos firmados, destacó el que existía el compromiso de los estadounidenses de no volver a intentar invadir o derrocar al régimen de Castro por la vía militar, lo que motivó el cambio de táctica hacia un bloqueo económico. El armisticio sigue vigente, al igual que el bloqueo contra Cuba.

Al ganar Salvador Allende las elecciones presidenciales en 1971, Pinochet sólo se tardó dos años en conjurar el Golpe de Estado que llevaría a la dictadura militar en Chile, en el cual derrocó y asesinó al presidente Allende, y del cual, si bien es cierto que Pinochet dejó el poder hace ya bastantes años, el régimen político-militar sigue intacto, y los problemas de la implementación del neoliberalismo con las reglas pinochetistas siguen causando estragos en la población chilena.

Lo mismo con Hugo Chávez, en Venezuela. Llegó al poder en 1999, y en 2002 las embajadas de USA, España y Colombia, respaldaron al Presidente de FEDECÁMARAS (el organismo empresarial de dicho país), para encabezar una rebelión contra el chavismo, e intentar derrocarlo por unas horas.

En Bolivia, otro caso más. Evo Morales asumió la Presidencia de la República en 2006, y en 2009 movimientos separatistas amenazaron con balcanizar Bolivia.

Mientras tanto, en Ecuador, Rafael Correa llega al poder en 2007, y en 2010 una protesta de policías se convirtió en un intento de Golpe de Estado, al encerrar al Presidente por algunas horas, y en la cual la condición de liberación era su dimisión al poder. Afortunadamente, Correa contó con el respaldo del Pueblo, quien se movilizó y llegó hasta la Comandancia de Policía para liberarlo de sus captores.

En Brasil, en 2011 Dilma Rousseff asume el poder, y en 2013 comienza a haber una serie de manifestaciones y disturbios para desestabilizar al país, las cuales logra controlar. Sin embargo, hacia 2015, acusaciones de corrupción que nunca fueron comprobadas y en donde hubo un proceso legal sumamente irregular, la llevaron a la destitución hacia 2016, con lo que Michel Temer (el vicepresidente) asume el poder, realiza una regresión acelerada al neoliberalismo, y genera las condiciones para el ascenso del fascista Jair Bolsonaro a la Presidencia de Brasil.

En Venezuela nuevamente, tras el fallecimiento de Chávez y la victoria de Nicolás Maduro en 2013, y un año después, en 2014, comenzó la insurrección de las Guarimbas de la mano de Leopoldo López, con lo cual sectores de la derecha y la ultraderecha querían desestabilizar Venezuela. Más adelante, en 2016 la Asamblea Nacional se declaró en desacato tras la destitución de algunos diputados por irregularidades en su elección, lo que permitió, a su vez, la incubación y el ascenso de Juan Guaidó, primero, como líder opositor, y después, como autonombrado Presidente de Venezuela.

¿Qué tienen en común estos procesos históricos? Dos cosas: que se han presentado en todos los casos en los primeros años de gobiernos progresistas o de Izquierda, y que en todos, indiscutiblemente, ha estado la mano de USA por medio de su brazo desestabilizador, la CIA.

Es precisamente por esto que Evo Morales ha definido estos procesos en una sola frase: “El único país que puede estar seguro que nunca va a tener golpes de estado es Estados Unidos, porque no tiene embajada estadounidense.”

El día de hoy, el Presidente de México Andrés Manuel López Obrador hace una mención, por primera vez, a un probable Golpe de Estado en México, al mencionar que “la transformación que encabezo cuenta con el respaldo de una mayoría libre y consciente, justa y amante de la legalidad y de la paz, que no permitiría otro golpe de Estado en nuestro país. Aquí no hay la más mínima oportunidad para los Huertas, los Francos, los Hitler o los Pinochet. El México de hoy no es tierra fértil para el genocidio ni para canallas que lo imploren“.

Si bien es cierto, diversas figuras de la 4T ya habían comentado con anterioridad la posibilidad de una situación así (Paco Ignacio Taibo, John Ackerman, Pedro Salmerón, entre otros), lo cierto es que el Presidente nunca había hablado de este tema. No al menos de forma pública y abierta.

Debido a los antecedentes que existen en América Latina, no es de descartar una situación así. Eso explicaría también el porqué López Obrador ha optado por tener un control estricto de todas las instituciones conformantes del Estado. No es autoritarismo, como lo ha señalado la derecha, sino es una garantía de estabilidad política.

Si bien es cierto que no puede ignorarse un señalamiento así (porque cuando el río suena, es porque agua lleva), también existe un gran respaldo popular a las acciones que lleva a cabo Andrés Manuel. Así, ese respaldo popular tendrá que convertirse, llegado el momento, en defensa y resistencia ante los embates golpistas que seguramente ya están rondando por nuestro país.

Entonces, tendremos que salir a las calles, y defender a nuestro gobierno y a nuestro derecho a gobernarnos a nosotros mismos, a decidir nuestro propio destino. A defender el nuevo destino que tiene nuestro país, porque el viejo régimen ya no existe, y las cosas jamás podrán volver a ser como antes. Aunque la derecha lo añore.

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El Otoño Latinoamericano

Hola.

Hacia los primeros meses de 2011, en Medio Oriente se presentaron manifestaciones y conflictos armados inducidos en distintos países árabes que tenían, como objetivo principal, el derrocamiento de diferentes gobiernos.

Pero no de cualquier gobierno: solamente fueron desestabilizados países que no estaban bajo el predominio estadounidense. Así, del derrocamiento de Hosni Mubarak en Egipto en febrero de 2010, pasamos a la invasión franco-británico-estadounidense a Libia en 2011, y a la guerra civil provocada en Siria que aún continúa por los intereses gringos, principalmente de petróleo y gas natural. Así, este fenómeno político-social-militar fue denominado Primavera Árabe.

Sin embargo, actualmente en América Latina estamos teniendo un fenómeno distinto, que bien podríamos denominar como el Otoño Latinoamericano. Si bien es cierto que la terminología que estoy utilizando es únicamente para denominar una serie de movimientos que se están dando en América Latina actualmente utilizando el paralelismo que existe con lo que pasó en Medio Oriente hace 8 años, lo cierto es que es diametralmente opuesto el fenómeno que estamos apreciando actualmente.

A diferencia de la Primavera Árabe, los movimientos sociales y ciudadanos de los que hoy estamos siendo testigo no son inducidos por parte de Estados Unidos o su organismo creado para infiltrar y desestabilizar gobiernos, la CIA, el Otoño Latinoamericano surge a partir de la necesidad de los propios pueblos latinoamericanos por frenar el injerencismo político y económico que durante años han tenido, donde la imposición del neoliberalismo como política económica cuasi doctrina sectario-religiosa ha sido ley en todos y cada uno de los países de nuestro continente.

Si bien aún no podemos establecer ciertos eventos como precedente con la firmeza que quisiéramos, dado que el espacio histórico de análisis es aún corto, reciente y en desarrollo, recordemos que en términos sociales e históricos todo es un proceso: nada surge de la generación espontánea, y lo cierto es que el primer antecedente directo que tenemos de este despertar antineoliberal en los países de América Latina, es la elección de Andrés Manuel López Obrador como Presidente de México.

De acuerdo al propio análisis que han hecho diferentes académicos y columnistas, existía un cansancio y un agotamiento popular en México tras 36 años de neoliberalismo. Esa es la principal razón por la que López Obrador gana la elección presidencial con más del 53% de los sufragios. Y no solo eso: la aplicación de la denominada Economía Moral, definida así por el propio Andrés Manuel, y que está en proceso de consolidación, le ha mantenido una creciente popularidad que al día de hoy es superior al 70%. Es decir, 7 de cada 10 mexicanos respaldan las políticas implementadas por el Presidente.

En Ecuador, aunque ya era creciente el descontento del Presidente Lenin Moreno por la traición a la Revolución Ciudadana (movimiento por el cual llegó al poder) y su entrega al poder de los organismos internacionales con la reimplementación del neoliberalismo en aquella nación, la crisis política de principios de octubre fue desatada por la publicación del decreto 883, que establecía el aumento de la gasolina y el diésel, y el aumento al IVA al 12%. Tras una semana y media de movilizaciones, el pueblo ecuatoriano logró que el gobierno de Moreno echara atrás el decreto antes mencionado.

En Chile, sucedió lo mismo. Tras la publicación del decreto que aumentaba por quinta vez el precio del metro en menos de un año, estudiantes salieron a protestar y a brincarse los torniquetes. El derechista gobierno chileno, fiel a su tradición pinochetista, en vez de permitir el libre ejercicio de la libertad de expresión y garantizar la protesta, la reprimió.

¿En qué cabeza cabe enviar a carabineros a reprimir al pueblo indignado por el alza del pasaje y por el cinismo del Ministro de Economía de decir que “si se levantaban más temprano podrían gozar de una tarifa preferencial”? Si, en la dictatorial cabeza de Piñera.

Lejos de contener los ánimos, la represión ocasionó que el Pueblo chileno se volcara a las calles, y entre más crecía la represión, más se incendiaban los ánimos populares, y más gente salió a las calles. El descontento fue tal, que la población salió de forma masiva a protestar a las calles como nunca (ni durante el movimiento estudiantil de 2010 se vio algo así), y en un acontecimiento inusitado, el 25 de octubre de 2019, más de un millón de chilenos (algunos medios publicaron que fueron al menos 2 millones) salieron a las calles a protestar, y a exigir la renuncia de Sebastián Piñera de la Presidencia de la República, convirtiéndose en la mayor marcha que dicho país tenga memoria, únicamente comparable con la que hubo cuando Pinochet abandonó el poder en 1990.

Aún continúa el movimiento chileno. Y aunque el Presidente ya pidió la renuncia de todos sus ministros, quieren a Piñera fuera de la Presidencia de la República.

Y si ves al vecino sus barbas cortar, pon las tuyas a remojar. El día de mañana habrá elecciones en Argentina, donde la fórmula Alberto Fernández-Cristina Fernández podría arrebatarle la Presidencia de la República a Mauricio Macri, otro neoliberal a sueldo. Evo Morales logró su cuarta reelección en Bolivia, por lo que la Izquierda continuará gobernando en dicho país por algunos años más. Y han comenzado a generarse algunas protestas en otros países neoliberales latinoamericanos como Perú y Colombia, donde una torpeza del gobernante puede ocasionar una respuesta similar a lo que hemos apreciado en Ecuador y Chile.

Sin embargo, la resistencia no implica sólo implica oponerse a gobiernos neoliberales, sino además librar las batallas contra el intervencionismo estadounidense y los intentos de derrocamiento de los gobiernos progresistas, como los de Venezuela y Cuba.

Así, aunque aún es temprano para hablar del Otoño Latinoamericano, lo cierto es que la multiplicación de los movimientos sociales antineoliberales en América Latina está ahí, latente. Y es muy probable que estemos en la antesala de una segunda oleada de gobiernos progresistas en Latinoamérica.

Claro que, a diferencia de la primera década del Siglo XXI, ya existe un gobierno progresista en México, que ha defendido el derecho de autodeterminación de los pueblos en los organismos internacionales, los principios de no intervención, que ha defendido la soberanía frente a Trump dentro de lo posible, y que puede encabezar la unidad latinoamericana como tenía años que no lo hacía.

Así, el otoño de 2019 no sólo comenzó con la caída de hojas, sino con la caída de políticas neoliberales ante el cansancio y hastío que han tenido los pueblos latinoamericanos de estas políticas, y es probable que estemos vislumbrando el principio del fin del modelo neoliberal en América Latina, que podría ser el legado del Otoño Latinoamericano.

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