El campo de batalla

Hola.

En estos días, en América Latina estamos viviendo un fenómeno sumamente peculiar, pero de una gran trascendencia hacia el futuro. Estamos siendo testigos de cómo se están disputando, en elecciones, en los Congresos, en medios de comunicación, en las calles, dos proyectos completamente distintos y contrapuestos.

Por una parte, la visión de siempre, caracterizada por el intervencionismo estadounidense, que se ha manifestado implícitamente a lo largo de décadas a través de las políticas neoliberales en nuestros países, y por la otra, los proyectos nacionales de autodeterminación y autogestión que el Pueblo ha impulsado a través de los gobiernos progresistas a lo largo del continente.

Al día de hoy, existen varios frentes abiertos, en distintos países, donde se está presentando esta dinámica.

Si bien es cierto que en Ecuador llegó una calma relativa tras la derogación del decreto 883, la persecusión judicial de la que está siendo objeto el ex-Presidente Rafael Correa puede generar reactivar el movimiento latente en contra del Presidente Lenin Moreno.

En Chile, los ánimos no se han tranquilizado y por el contrario, a pesar de que el Presidente Sebastián Piñera pidió la renuncia de su gabinete, la gente no ha dejado de salir a las calles exigiendo su renuncia. Las manifestaciones y los enfrentamientos son cotidianos, y no se le ve otra salida a la crisis que no sea la renuncia del pinochetista y neoliberal Piñera.

En Brasil, un juez determinó la liberación de los presos políticos, y Lula Da Silva quedó libre, tras el injusto encierro que tuvo debido a la persecusión política que llevó a cabo el ex-Presidente Michel Temer en contra de todo el Partido de los Trabajadores (PT), donde miles de personas acudieron para recibirlo en libertad. En ese entendido, la liberación de Lula ha encendido una luz al final del túnel, contra el fascismo del ultraderechista Jair Bolsonaro, que no ha tenido contemplaciones en limitar derechos, profundizar el neoliberalismo y acabar con el Amazonas.

En Bolivia, los aires golpistas se asomaron desde el 20 de octubre, fecha en la que se llevó a cabo la elección presidencial en dicho país, debido a que la oposición no aceptó los resultados (tampoco aceptó la auditoría de la OEA, órgano servil a USA, cabe señalar), y ha iniciado un golpe de Estado en contra de Evo Morales, Presidente electo en dicho país, con el apoyo de los sectores más reaccionarios, y de los separatistas que estuvieron pasivos durante mucho tiempo.

En Argentina, el triunfo de Alberto Fernández el 27 de octubre frente al fracaso del gobierno neoliberal de Macri, de la mano de la ex-Presidente Cristina Fernández (ahora vicepresidente), hablan precisamente de un nuevo giro en la región hacia la Izquierda.

¿Qué tienen en común estos procesos?

  1. Un gran respaldo popular a los candidatos y/o gobiernos de Izquierda;
  2. Una insurrección popular en contra de los gobiernos neoliberales;
  3. Una peculiar línea editorial uniforme por parte de los corporativos mediáticos, dependiendo el caso:
    1. En el caso de los gobiernos derechistas, un apoyo irrestricto a dichos gobiernos, así como satanización de los movimientos sociales existentes en las calles y/o de las candidaturas progresistas;
    2. En el caso de los gobiernos de Izquierda, un bombardeo constante en contra del Gobierno, posicionando el discurso hegemónico.
  4. Apoyo irrestricto de las oligarquías locales a los gobiernos de derecha, y a las acciones contra gobiernos de Izquierda.

En México, en las últimas semanas se ha incrementado notablemente la ofensiva mediática en contra del gobierno de Andrés Manuel López Obrador. No es la única vía.

Operaciones tácticas de dudoso origen, como el operativo en Culiacán, o el asesinato de miembros de la familia Le Barón, bien podrían ser clasificadas como acciones de guerrilla asimétrica con el fin de desestabilizar al gobierno de López Obrador, debido a las características que han tenido, además de que hubo eventos previos donde hubo presencia de funcionarios estadounidenses, pese a las posteriores negativas y desmentidos.

De cualquier forma, el último evento reveló la amenaza de invasión a nuestro país por parte del ejército de Estados Unidos, y ha estado latente desde la semana pasada, la cual ha sido matizada diplomáticamente por el Presidente Donald Trump, pero finalmente lo ha dejado claro.

Adicionalmente, la infiltración de sectores opuestos al gobierno en diferentes estructuras, o bien, la coacción de algunos dirigentes por parte de los poderes fácticos que buscan mantener el status quo, ha sido constante en las últimas semanas. De forma cada vez más descarada, se busca desacreditar al actual gobierno y la aplicación de sus políticas públicas bajo la máscara de “defender al proyecto” e “impedir que se siga haciendo lo mismo de siempre”. Nada más falso que eso.

A base de mentiras, manipulación, y con el apoyo mediático que les pueden dar los poderes fácticos, lobos con piel de oveja buscan meter al descrédito público y al escarnio popular a servidores públicos que están realizando su labor y sus tareas en el ejercicio público de forma distinta a lo que los intereses de siempre quieren, que están realizando un cambio en la forma de hacer política, que están llevando a cabo la transformación que prometió nuestro Presidente.

Estos lobos con piel de oveja son los más peligrosos, pues en realidad engañan con banderas falsas a sus seguidores, trabajan para fines no muy claros (o más bien dicho, bastante claros), y realizan sus actos con dos fines: el protagonismo banal e inmediato, y el buscar el poder por el poder para que, ellos si, sigan reproduciendo los mismos vicios de la política de siempre.

Sin embargo, sirven a los intereses que buscan impedir la consolidación de la Cuarta Transformación, y lo que ello representa. Sirven a los intereses de la derecha, de la oligarquía, de la embestida mediática, de los poderes fácticos, de la dominación imperial, de los intereses que buscan la desestabilización del actual Gobierno de México. Son arietes voluntarios o involuntarios de tales fines.

Hoy, América Latina es un campo de batalla. Pero al final, solo existe un juicio: el de la Historia. Y a todos la Historia nos juzgará, o nos absolverá. Cada cosa cae por su propio peso, y el tiempo pone todas las cosas en su lugar. Y estoy seguro que, pase lo que pase, estamos del lado correcto de la Historia.

Saludos. Dejen comentarios.

El Golpe de Estado

Hola.

Desde hace mucho (podría decir que incluso, desde antes de que comenzara el Gobierno de Andrés Manuel López Obrador), platiqué con gente muy cercana que el principal reto del próximo Presidente de México sería el enfrentar el golpe de Estado que seguramente le tocaría enfrentar más o menos por el segundo año de gobierno, y que debía tener para entonces el control de todas las instituciones, porque de lo contrario no iba a lograr sostenerse.

Sin embargo, esto jamás lo comenté ni en redes sociales ni lo expresé más allá, debido a la delicada naturaleza de lo que ello significa.

¿Qué me hacía pensar eso desde entonces? La experiencia latinoamericana que hemos tenido por décadas, en la cual, cuando la Izquierda asciende al poder (no importa si es por la vía revolucionaria o por la vía electoral), siempre, indiscutiblemente, hay un intento de golpe de Estado.

Al triunfar la Revolución Cubana, pasaron un par de años para que existiera un intento de derrocamiento del régimen de Fidel Castro por parte de la Mafia de Miami, en lo que se denominó la Batalla de Bahía de Cochinos o la Invasión de Playa Girón (según el país de donde se mencione dicha acción militar). La rebelión fue ahogada, y eso derivó en la Crisis de los Misiles un años despues, tras lo cual el Gobierno de Estados Unidos firmó el armisticio con la Unión Soviética, y entre los puntos firmados, destacó el que existía el compromiso de los estadounidenses de no volver a intentar invadir o derrocar al régimen de Castro por la vía militar, lo que motivó el cambio de táctica hacia un bloqueo económico. El armisticio sigue vigente, al igual que el bloqueo contra Cuba.

Al ganar Salvador Allende las elecciones presidenciales en 1971, Pinochet sólo se tardó dos años en conjurar el Golpe de Estado que llevaría a la dictadura militar en Chile, en el cual derrocó y asesinó al presidente Allende, y del cual, si bien es cierto que Pinochet dejó el poder hace ya bastantes años, el régimen político-militar sigue intacto, y los problemas de la implementación del neoliberalismo con las reglas pinochetistas siguen causando estragos en la población chilena.

Lo mismo con Hugo Chávez, en Venezuela. Llegó al poder en 1999, y en 2002 las embajadas de USA, España y Colombia, respaldaron al Presidente de FEDECÁMARAS (el organismo empresarial de dicho país), para encabezar una rebelión contra el chavismo, e intentar derrocarlo por unas horas.

En Bolivia, otro caso más. Evo Morales asumió la Presidencia de la República en 2006, y en 2009 movimientos separatistas amenazaron con balcanizar Bolivia.

Mientras tanto, en Ecuador, Rafael Correa llega al poder en 2007, y en 2010 una protesta de policías se convirtió en un intento de Golpe de Estado, al encerrar al Presidente por algunas horas, y en la cual la condición de liberación era su dimisión al poder. Afortunadamente, Correa contó con el respaldo del Pueblo, quien se movilizó y llegó hasta la Comandancia de Policía para liberarlo de sus captores.

En Brasil, en 2011 Dilma Rousseff asume el poder, y en 2013 comienza a haber una serie de manifestaciones y disturbios para desestabilizar al país, las cuales logra controlar. Sin embargo, hacia 2015, acusaciones de corrupción que nunca fueron comprobadas y en donde hubo un proceso legal sumamente irregular, la llevaron a la destitución hacia 2016, con lo que Michel Temer (el vicepresidente) asume el poder, realiza una regresión acelerada al neoliberalismo, y genera las condiciones para el ascenso del fascista Jair Bolsonaro a la Presidencia de Brasil.

En Venezuela nuevamente, tras el fallecimiento de Chávez y la victoria de Nicolás Maduro en 2013, y un año después, en 2014, comenzó la insurrección de las Guarimbas de la mano de Leopoldo López, con lo cual sectores de la derecha y la ultraderecha querían desestabilizar Venezuela. Más adelante, en 2016 la Asamblea Nacional se declaró en desacato tras la destitución de algunos diputados por irregularidades en su elección, lo que permitió, a su vez, la incubación y el ascenso de Juan Guaidó, primero, como líder opositor, y después, como autonombrado Presidente de Venezuela.

¿Qué tienen en común estos procesos históricos? Dos cosas: que se han presentado en todos los casos en los primeros años de gobiernos progresistas o de Izquierda, y que en todos, indiscutiblemente, ha estado la mano de USA por medio de su brazo desestabilizador, la CIA.

Es precisamente por esto que Evo Morales ha definido estos procesos en una sola frase: “El único país que puede estar seguro que nunca va a tener golpes de estado es Estados Unidos, porque no tiene embajada estadounidense.”

El día de hoy, el Presidente de México Andrés Manuel López Obrador hace una mención, por primera vez, a un probable Golpe de Estado en México, al mencionar que “la transformación que encabezo cuenta con el respaldo de una mayoría libre y consciente, justa y amante de la legalidad y de la paz, que no permitiría otro golpe de Estado en nuestro país. Aquí no hay la más mínima oportunidad para los Huertas, los Francos, los Hitler o los Pinochet. El México de hoy no es tierra fértil para el genocidio ni para canallas que lo imploren“.

Si bien es cierto, diversas figuras de la 4T ya habían comentado con anterioridad la posibilidad de una situación así (Paco Ignacio Taibo, John Ackerman, Pedro Salmerón, entre otros), lo cierto es que el Presidente nunca había hablado de este tema. No al menos de forma pública y abierta.

Debido a los antecedentes que existen en América Latina, no es de descartar una situación así. Eso explicaría también el porqué López Obrador ha optado por tener un control estricto de todas las instituciones conformantes del Estado. No es autoritarismo, como lo ha señalado la derecha, sino es una garantía de estabilidad política.

Si bien es cierto que no puede ignorarse un señalamiento así (porque cuando el río suena, es porque agua lleva), también existe un gran respaldo popular a las acciones que lleva a cabo Andrés Manuel. Así, ese respaldo popular tendrá que convertirse, llegado el momento, en defensa y resistencia ante los embates golpistas que seguramente ya están rondando por nuestro país.

Entonces, tendremos que salir a las calles, y defender a nuestro gobierno y a nuestro derecho a gobernarnos a nosotros mismos, a decidir nuestro propio destino. A defender el nuevo destino que tiene nuestro país, porque el viejo régimen ya no existe, y las cosas jamás podrán volver a ser como antes. Aunque la derecha lo añore.

Saludos. Dejen comentarios.

El Otoño Latinoamericano

Hola.

Hacia los primeros meses de 2011, en Medio Oriente se presentaron manifestaciones y conflictos armados inducidos en distintos países árabes que tenían, como objetivo principal, el derrocamiento de diferentes gobiernos.

Pero no de cualquier gobierno: solamente fueron desestabilizados países que no estaban bajo el predominio estadounidense. Así, del derrocamiento de Hosni Mubarak en Egipto en febrero de 2010, pasamos a la invasión franco-británico-estadounidense a Libia en 2011, y a la guerra civil provocada en Siria que aún continúa por los intereses gringos, principalmente de petróleo y gas natural. Así, este fenómeno político-social-militar fue denominado Primavera Árabe.

Sin embargo, actualmente en América Latina estamos teniendo un fenómeno distinto, que bien podríamos denominar como el Otoño Latinoamericano. Si bien es cierto que la terminología que estoy utilizando es únicamente para denominar una serie de movimientos que se están dando en América Latina actualmente utilizando el paralelismo que existe con lo que pasó en Medio Oriente hace 8 años, lo cierto es que es diametralmente opuesto el fenómeno que estamos apreciando actualmente.

A diferencia de la Primavera Árabe, los movimientos sociales y ciudadanos de los que hoy estamos siendo testigo no son inducidos por parte de Estados Unidos o su organismo creado para infiltrar y desestabilizar gobiernos, la CIA, el Otoño Latinoamericano surge a partir de la necesidad de los propios pueblos latinoamericanos por frenar el injerencismo político y económico que durante años han tenido, donde la imposición del neoliberalismo como política económica cuasi doctrina sectario-religiosa ha sido ley en todos y cada uno de los países de nuestro continente.

Si bien aún no podemos establecer ciertos eventos como precedente con la firmeza que quisiéramos, dado que el espacio histórico de análisis es aún corto, reciente y en desarrollo, recordemos que en términos sociales e históricos todo es un proceso: nada surge de la generación espontánea, y lo cierto es que el primer antecedente directo que tenemos de este despertar antineoliberal en los países de América Latina, es la elección de Andrés Manuel López Obrador como Presidente de México.

De acuerdo al propio análisis que han hecho diferentes académicos y columnistas, existía un cansancio y un agotamiento popular en México tras 36 años de neoliberalismo. Esa es la principal razón por la que López Obrador gana la elección presidencial con más del 53% de los sufragios. Y no solo eso: la aplicación de la denominada Economía Moral, definida así por el propio Andrés Manuel, y que está en proceso de consolidación, le ha mantenido una creciente popularidad que al día de hoy es superior al 70%. Es decir, 7 de cada 10 mexicanos respaldan las políticas implementadas por el Presidente.

En Ecuador, aunque ya era creciente el descontento del Presidente Lenin Moreno por la traición a la Revolución Ciudadana (movimiento por el cual llegó al poder) y su entrega al poder de los organismos internacionales con la reimplementación del neoliberalismo en aquella nación, la crisis política de principios de octubre fue desatada por la publicación del decreto 883, que establecía el aumento de la gasolina y el diésel, y el aumento al IVA al 12%. Tras una semana y media de movilizaciones, el pueblo ecuatoriano logró que el gobierno de Moreno echara atrás el decreto antes mencionado.

En Chile, sucedió lo mismo. Tras la publicación del decreto que aumentaba por quinta vez el precio del metro en menos de un año, estudiantes salieron a protestar y a brincarse los torniquetes. El derechista gobierno chileno, fiel a su tradición pinochetista, en vez de permitir el libre ejercicio de la libertad de expresión y garantizar la protesta, la reprimió.

¿En qué cabeza cabe enviar a carabineros a reprimir al pueblo indignado por el alza del pasaje y por el cinismo del Ministro de Economía de decir que “si se levantaban más temprano podrían gozar de una tarifa preferencial”? Si, en la dictatorial cabeza de Piñera.

Lejos de contener los ánimos, la represión ocasionó que el Pueblo chileno se volcara a las calles, y entre más crecía la represión, más se incendiaban los ánimos populares, y más gente salió a las calles. El descontento fue tal, que la población salió de forma masiva a protestar a las calles como nunca (ni durante el movimiento estudiantil de 2010 se vio algo así), y en un acontecimiento inusitado, el 25 de octubre de 2019, más de un millón de chilenos (algunos medios publicaron que fueron al menos 2 millones) salieron a las calles a protestar, y a exigir la renuncia de Sebastián Piñera de la Presidencia de la República, convirtiéndose en la mayor marcha que dicho país tenga memoria, únicamente comparable con la que hubo cuando Pinochet abandonó el poder en 1990.

Aún continúa el movimiento chileno. Y aunque el Presidente ya pidió la renuncia de todos sus ministros, quieren a Piñera fuera de la Presidencia de la República.

Y si ves al vecino sus barbas cortar, pon las tuyas a remojar. El día de mañana habrá elecciones en Argentina, donde la fórmula Alberto Fernández-Cristina Fernández podría arrebatarle la Presidencia de la República a Mauricio Macri, otro neoliberal a sueldo. Evo Morales logró su cuarta reelección en Bolivia, por lo que la Izquierda continuará gobernando en dicho país por algunos años más. Y han comenzado a generarse algunas protestas en otros países neoliberales latinoamericanos como Perú y Colombia, donde una torpeza del gobernante puede ocasionar una respuesta similar a lo que hemos apreciado en Ecuador y Chile.

Sin embargo, la resistencia no implica sólo implica oponerse a gobiernos neoliberales, sino además librar las batallas contra el intervencionismo estadounidense y los intentos de derrocamiento de los gobiernos progresistas, como los de Venezuela y Cuba.

Así, aunque aún es temprano para hablar del Otoño Latinoamericano, lo cierto es que la multiplicación de los movimientos sociales antineoliberales en América Latina está ahí, latente. Y es muy probable que estemos en la antesala de una segunda oleada de gobiernos progresistas en Latinoamérica.

Claro que, a diferencia de la primera década del Siglo XXI, ya existe un gobierno progresista en México, que ha defendido el derecho de autodeterminación de los pueblos en los organismos internacionales, los principios de no intervención, que ha defendido la soberanía frente a Trump dentro de lo posible, y que puede encabezar la unidad latinoamericana como tenía años que no lo hacía.

Así, el otoño de 2019 no sólo comenzó con la caída de hojas, sino con la caída de políticas neoliberales ante el cansancio y hastío que han tenido los pueblos latinoamericanos de estas políticas, y es probable que estemos vislumbrando el principio del fin del modelo neoliberal en América Latina, que podría ser el legado del Otoño Latinoamericano.

Saludos. Dejen comentarios.

El complot

Hola.

En 2002 en Venezuela, donde un grupo de la oligarquía venezolana conformado por FEDECÁMARAS, Empresas Polar, Radio Caracas Televisión (RCTV), Venevisión, Globovisión, y funcionarios de las embajadas de USA y España en dicho país, impulsaron un gran golpe de Estado en contra del presidente Hugo Chávez, acompañado de una gran manipulación mediática internacional encabezada por CNN, y replicada por distintos medios de comunicación afines a lo largo y ancho del mundo. El golpe fracasó, pero no así la intencionalidad.

Después de esto, Hugo Chávez se enfocó en profundizar el Socialismo del Siglo XXI, obteniendo un gran apoyo y respaldo popular (que ya tenía cuando fue conspirado el golpe de Estado), y que le permitió reelegirse como presidente en 2007 y 2013, marcando un gran precedente de respaldo a la Revolución Bolivariana. En 2013, víctima de un cáncer muy agresivo, Hugo Chávez falleció, no sin antes indicar que su sucesor debía ser Nicolás Maduro, entonces vicepresidente de Venezuela. Con todo el respaldo del PSUV, Maduro ganó la elección presidencial por un estrecho margen. Henrique Capriles, candidato opositor de la derecha, desde la campaña y después, existía el interés por parte de la derecha venezolana de desestabilizar al gobierno en turno.

El pasado 12 de febrero, manifestaciones en contra de la inseguridad en distintos estados de Venezuela terminaron con un saldo de tres muertos. Desde entonces, existe una gran campaña mediática impulsada por CNN (televisora estadounidense) y NTN 24 (televisora colombiana) generando un ambiente de agitación encabezado por Leopoldo López, acompañado de bots en redes sociales impulsando un “gran movimiento” en contra del régimen “dictatorial” y “autoritario” de Nicolás Maduro.

Sin embargo, fotografías de supuestos estudiantes aprehendidos en las calles de Caracas vislumbran la posibilidad de halcones infiltrados desde la primera manifestación y no sería descartable que estos mismos halcones hayan sido los autores de los asesinatos a estudiantes. Más aún, después de que fue revelado por parte del gobierno venezolano que estos halcones fueron entrenados en México, en un plan llamado Fiesta Mexicana, a lo cual el gobierno mexicano ha guardado silencio. No es descartable esta hipótesis, ya que existen precedentes de injerencismo (sobre todo de USA) mediante el Plan Cóndor en América del Sur en la década de los 60’s, 70’s y 80’s, y cuyos desestabilizadores eran entrenados en la llamada Escuela de las Américas, que en ese momento tenía sede en las cercanías del Canal de Panamá, en la cual la CIA (Central de Inteligencia Americana) era la encargada de reclutar, entrenar y fijar objetivos, y que distintos personajes latinoamericanos fueron partícipes (incluídos presidentes surgidos de golpes de Estado militares).

En este sentido, cabe señalar que Venezuela no es el único país que se ha visto sujeto a desestabilización política por parte de intereses ajenos, que apuntan directamente a USA por medio de su brazo ejecutor tradicional: la CIA. Aunque pareciera que son hechos e incidentes aislados y locales, Ucrania y Brasil han compartido (junto con Venezuela) manifestaciones en contra del gobierno en turno exigiendo cosas distintas.

Si bien es cierto que existen problemas en los países antes mencionados, tampoco podemos ser ilusos y no observar que estos brotes “espontáneos” tienen un patrón común y modus operandi de estas manifestaciones: gobiernos emanados de la Izquierda; hechos violentos en la primera de las marchas que desencadenan en muertos, con la participación de mercenarios infiltrados y entrenados, después de lo cual se convocan a manifestaciones más y más numerosas que suelen terminar en disturbios (quema de negocios y automóviles, enfrentamientos muy violentos con la policía), que desencadenan en represión y van haciendo subir más la tensión social y encienden los ánimos, convirtiéndose en un círculo vicioso.

En Ucrania el pretexto fue la negativa a incorporarse a la Unión Europea (contraviniendo los intereses de los propios europeos y USA, quienes ven un riesgo en la conformación de la Unión Euroasiática como un bloque económico antagonista); en Brasil el pretexto fue un tanto ridículo: la celebración de la Copa Mundial de Futbol de la FIFA en 2014; y en Venezuela la inseguridad. Y si observamos la primavera árabe de 2011, encontraremos un factor en común: la desestabilización de gobiernos no afines a los intereses estadounidenses y europeos.

Así, en Libia (a partir de “manifestaciones estudiantiles pacíficas”) se gestó una invasión que terminó con el régimen de Muammar Al Gaddafi (que también socavó uno de los mayores índices de bienestar que existía en el mundo) por el petróleo. En Siria, la lucha entre el gobierno de Bashar Al Assad y los mercenarios de la CIA ha cumplido ya dos años, y es también por petróleo y gas natural. En Ucrania, es por la incorporación a la Unión Europea, de la cual muchos saldrían beneficiados (menos los ucranianos, por supuesto). En Brasil, el trasfondo real es desmoronar el BRICS (bloque económico que hace un contrapeso real a la Unión Europea y a USA). Y en Venezuela, es el petróleo y la influencia política actual en la región.

La situación estratégica actual que tienen Brasil y Venezuela respecto a América Latina y su injerencia en el actual cambio de paradigma en el continente es crucial. Y para esto, USA le ha apostado a gobiernos títeres como el de Enrique Peña Nieto en México, Santos en Colombia, o Piñera en Chile (régimen a punto de terminar), que más allá de realizar reformas estructurales a modo de los intereses estadounidenses y europeos, representan un ariete en su contraofensiva contra los gobiernos de Izquierda y que ya no se sujetan a los designios y mandatos del Fondo Monetario Internacional y del Banco Mundial.

Así, el golpe de Estado denunciado por Nicolás Maduro en Venezuela no es otra cosa que un complot orquestado desde USA y la operación de la CIA para cambiar al régimen, y someter nuevamente a la región a sus propios intereses. Así, solo queda esperar que el Pueblo, al igual que con Chávez, responda y respalde a su presidente y a su gobierno. De lo contrario, Venezuela y América Latina volverán al letargo y atraso en el que tantos años tuvo USA a la región, tal cual lo está haciendo hoy con México.

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Plan Condor reloaded

Hola.

En la década de los 70’s y parte de los 80’s,el gobierno de USA por medio de su brazo operativo la CIA llevó a cabo el denominado Plan Condor (cuyo antecedente podemos remontarlo a la Escuela de las Américas), cuyo fin era dar seguimiento, vigilancia, detención, interrogatorios con tortura, traslados entre países y desaparición o muerte de personas consideradas por dichos regímenes como ‘subversivas del orden instaurado o contrarias al pensamiento político o ideológico opuesto, o no compatible con las dictaduras militares de la región’.

Parte de éste Plan Condor fue el Golpe de Estado en contra de Salvador Allende en Chile en 1971 (por mencinar un ejemplo). Además, se creó una red de dictaduras a lo largo y ancho del Cono Sur para crear un terrorismo de Estado en contra de los habitantes de la región, con una plena coordinación entre ellas para sus fines. En México jamás hubo necesidad de algo así, pues los Presidentes emanados del PRI servían, a su vez, como agentes operadores de la CIA en el país.

Tras las dictaduras que asolaron América Latica durante mucho tiempo, y tras el paso a una democracia de transición que colocó durante un tiempo en el poder, la Izquierda latinoamericana fue ganando espacios y el mando en distintas regiones de latinoamérica. Venezuela, por medio del Comandante Hugo Chávez fue de las primeras en dar éste giro, y entonces distintos pueblos empezaron a seguir el mismo camino.

Así, países como Brasil, Chile, Argentina, Ecuador, Boliva, Uruguay, Paraguay, Nicaragua y más recientemente Perú comenzaron a tener gobiernos que ya no acataban las disposiciones y órdenes de Washington, ni las fallidas “recomendaciones” que realizan los grandes organismos mundiales como el Fondo Monetario Internacinal (FMI), el Banco Mundial (BM) ó la Organización para la Cooperación y el Desarrollo Económico (OCDE), y comenzaron a generar instituciones distintas la supeditada (a Estados Unidos, por supuesto) OEA, tales como el Mercosur y el ALBA en un intento por recuperar el control de su destino, y su legítimo derecho a decidirlo.

América Latina comenzó a resurgir ya no por la “ayuda” de los países poderosos, ya no por la voraz entrega de recursos naturales a las grandes naciones industrializadas, ni tampoco por la tan cuestionable “inversión extranjera” (que trae más perjuicios que beneficios), sino por políticas locales y regionales enfocadas a recuperar el camino perdido por más de 500 años en el continente.

Así, los beneficios comenzaron a socializarze, a dejar de estar acaparadas en las pocas manos de las oligarquías locales, para ser destinadas al grueso de la población. El Programa Hambre Cero de Brasil impulsado por Luiz Inácio Lula Da Silva (por cierto, muy mal copiado y emulado por el gobierno de Enrique Peña Nieto), las Misiones de Venezuela creadas por Hugo Chávez, sociales emprendidos por la Revolución Ciudadana de Rafael Correa en Ecuador son parte de esta nueva política encaminada a ayudar a los segmentos más desprotegidos de la población, como parte de una estrategia de desarrollo general encaminada a una distribución más equitativa de la riqueza en cada uno de éstos países.

Sin embargo, la hegemonía política y económica de USA en el continente se fue perdiendo al nivel que tenía durante las dictaduras militares, y entonces ha habido diversos intentos por recuperarla, mediante acciones de desestabilización hechas de forma aislada, pero con el mismo modus operandi, que es utilizando a la derecha en la región, y que por cierto han fracasado gracias al gran respaldo popular que tienen los mandatarios de esas naciones.

Entre las primeras acciones de éste que yo he denominado Plan Cóndor Reloaded podemos mencionar el Golpe de Estado en contra de Hugo Chávez en 2002, el fraude electoral en 2006 contra López Obrador y la compra de la Presidencia de la República en 2012 por el PRI el intento separatista en diversas regiones de Bolivia en 2009, el Golpe de Estado en Ecuador en contra de Rafael Correa en 2010, el Golpe de Estado en contra de Zelaya en Honduras en 2012, el Golpe de Estado en contra de Fernando Lugo en Paraguay en 2012, las movilizaciones contra Cristina Fernández en 2012, y el alfil derechosta Henrique Capriles en las elecciones presidenciales de Venezuela de 2012 y 2013. Salvo los golpes de Estado contra Zelaya y Lugo, así como el escenario mexicano, todos los demás intentos han sido fallidos.

En los días pasados, movilizaciones en Brasil dentro del marco de la Copa Confederaciones han acaparado la atención del mundo. El alza al pasaje en el transporte público llevó a miles de brasileños a las calles a manifestar su rechazo a tal medida. Sin embargo, esto sucede en un país en el que ha tenido una política enfocada a las clases trabajadoras y desprotegidas, y que una de sus acciones más recientes fue el eliminar el IVA en alimentos y medicinas (política instaurada en los gobiernos de derecha en el país).

Las manifestaciones (cabe señalar) se dieron en un marco de violencia extrema, donde la policía brasileña tuvo que emplear la fuerza para contener los disturbios que realizaban provocadores profesionales en las calles de Brasil. Tras el anuncio del gobierno de Dilma Rousseff de no sólo bajar nuevamente el precio del transporte público, sino además de realizar algunas reformas que la sociedad pidió durante las protestas, éstas no han cesado. Incluso, el colectivo de jóvenes que convocó a las manifestaciones acusó a la derecha brasileña de utilizar las manifestaciones para otros fines distintos a los que fueron convocados.

Así, estamos ante un escenario más de desestabilización provocada por la derecha en un país proesista, y con un claro intervencionismo desde Washington. La cobertura mediática que han tenido las manifestaciones por parte de las grandes cadenas televisivas privadas (y que responden a esos mismos intereses) dejan al descubierto el intento de USA de recuperar, ya sea por la vía “pacífica” electoral, o por la violencia, el control sobre la región.

Como en Venezuela o Ecuador, el Plan Cóndor Reloaded fracasará ahora en Brasil, pues los brasileños sabrán respaldar un gobierno que se ha preocupado por atender aquello que no quiso ser antendido durante mucho tiempo, ya sea por señores virreinales, o por gobernantes y militares que se sentían señores virreinales. Y eso es algo a lo que no están dispuestos a regresar otra vez.

Saludos. Dejen comentarios.

El fantasma

Hola.

Desde 1823, año en que Estados Unidos (por medio de la Doctrina Monroe), decidió que América es de los Americanos (no de los que vivimos en el continente de América, sino de los estadounidenses, quienes se denominan a sí mismos Americanos), América Latina ha sido objeto de vejaciones por parte de los que se han denominado a sí mismos Americanos.

En éste sentido, los gringos siempre serán gringos, y en consecuencia serán voraces, ambiciosos, ventajosos, belicosos y oportunistas. No existe un país que mayor cantidad de guerras haya establecido en el mundo, ya sea en la búsqueda de recursos naturales, territorio, materias primas, mercados o todas las anteriores juntas, por supuesto y siempre ineludiblemente, en nombre de la Libertad y la Democracia.

Así, América Latina (que tuvo la desgracia de compartir el continente con ellos) ha sido quien más ha sufrido las ambiciones expansionistas e imperialistas de nuestro vecino del Norte. La primer víctima de la absurda Doctrina Monroe fue nuestro país, quien después de una desigual guerra tuvo que ceder la mitad del territorio nacional a USA en 1848, por medio del Tratado Guadalupe-Hidalgo. Pero no hemos sido los únicos. Entre la lista de vejaciones e intervencionismo que ha habido por parte de USA tenemos la dolosa construcción y administración del Canal de Panamá, la explotación y pillaje del petróleo mexicano hasta la Expropiación Petrolera, o las múltiples dictaduras militares que ha sufrido el continente en distintos países gracias a la mano irrestricta de Estados Unidos por medio de su brazo ejecutor, la CIA.

Victoriano Huerta en México, Leónidas Trujillo en República Dominicana, Anastasio Somosa en Nicaragua, Fulgencio Batista en Cuba, Augusto Pinochet en Chile, Jorge Videla en Argentina, la junta militar brasileña, y muchos casos más son vinculados directamente a grupos contrarrevolucionarios entrenados y apoyados por USA por medio de la CIA, entrenados (los dictadores a partir de la década de los 50’s) en la Escuela de las Américas, así como una influencia militar importante planeada y llevada a cabo por medio del Plan Cóndor. Incluso, hace algunos días, Wikileaks puso en evidencia el papel que tuvo Luis Echeverría Álvarez, ex-presidente de México de 1970 a 1976, en su vínculo con la CIA, y de igual forma se conocen vínculos de, al menos, varios ex-presidentes que tenían ese mismo vínculo, como lo fue Miguel Alemán (1946-1952), Adolfo Ruiz Cortínez (1952-1958) y Gustavo Díaz Ordaz (1964-1970).

Así, tras años de desapariciones forzadas, asesinatos, secuestros, torturas, y diversas formas de represión, las dictaduras militares latinoamericanas fueron cuestionadas por la opinión pública mundial, por lo que abrieron un periodo de simulación de democracia, en la cual, después de las dictaduras militares, la mayor parte de los gobiernos surgidos de esas elecciones fueron de derecha. Sin embargo, el hastío de la población con esas formas y métodos de gobiernos propiciaron que, poco a poco y ya fuera de la clandestinidad, la Izquierda fuera ganando terreno, hasta llegar a tener triunfos importantes como el de Hugo Chávez en Venezuela, Luis Inácio Lula da Silva y Dilma Rouseff en Brasil, Nestor y Christina Kichtner en Argentina, Evo Morales en Bolivia, Rafael Correa en Ecuador, Fernando Lugo en Paraguay, Michelle Bachelet en Chile, Daniel Ortega en Nicaragua, y Ollanta Humala en Perú.

Sin embargo, el fantasma golpista que rondó en América Latina desde la década de los 50’s y hasta entrados los 80’s volvió a aparecer, aunque primero de forma fallida. Primero con Hugo Chávez en 2002, con Evo Morales en 2008, y con Rafael Correa en 2010, sin contar el intervencionismo que hubo en las elecciones presidenciales en México de 2006 y 2012, donde Andrés Manuel López Obrador no tuvo el reconocimiento oficial al haber ganado la elección presidencial en 2006, y posteriormente al enfrentarse a una campaña multimillonaria y cuestionable que el actual presidente no ha podido (ni le interesa) esclarecer.

Pese a esto, el fantasma sigue presente, y no se ha ido. El Plan Colombia y la Guerra contra el Narco desatada en México desde hace 6 años es prueba de ello. El Golpe de Estado consumado contra Fernando Lugo en Paraguay hace 10 meses es prueba de ello. La actitud golpista de Henrique Capriles en Venezuela (aprovechando el descontrol político que existe actualmente en dicho país debido al fallecimiento de Hugo Chávez) quien, habiendo desconocido el resultado de una segunda elección donde fue derrotado, envió a sus seguidores a las calles a generar violencia y confusión, los cuales tuvieron un saldo de 7 muertos para el partido gobernante (el PSUV), y abriendo el paso para un Golpe de Estado, o una intervención militar norteamericana, también es prueba de ello.

Oscuros nubarrones se miran en el horizonte latinoamericano, una vez que la maquinaria en Washington se ha puesto en marcha nuevamente, y tienen como finalidad la reimplantación del neoliberalismo (en aquellos países que ya tienen su propio rumbo) ya sea por la vía democrática o violenta, profundizarlo en aquellos donde tienen gran injerencia (como México), y continuar el saqueo que durante poco más de dos siglos han venido realizando en contra de los latinoamericanos.

Sin embargo, a pesar de los pesares, siempre hay alternativas, pues aún somos muchos que creemos que otro mundo es posible, más humano, más igualitario y más justo, donde se privilegie lo social a lo económico, lo espiritual a lo material, y lo moral al éxito a toda costa. Todo depende de qué tan dispuestos estamos a defender lo nuestro y lo que nos corresponde por derecho. Sólo así podremos realizar una transformación real de México, y no simulaciones, como lo realiza el gobierno en turno, por supuesto, siempre apoyado desde lo alto por Washington, los organismos multinacionales, las trasnacionales y la oligarquía, que no está dispuesta a dar nada, y que está decidida a continuar con su característico entreguismo de siempre.

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