Todo cae por su propio peso

Hola.

Cuando apareció el #YoSoy132, hubo una especie de histeria colectiva, sobre todo en la Izquierda, pero también fuera de ella, quienes se dejaron llevar por esa ola que, más que cualquier otra cosa, era una moda. Así, los menos jóvenes vieron con gran expectativa lo que pudiera generar el #YoSoy132, incluso, mucha gente de la vieja Izquierda que, llevando a cuestas sus frustraciones por no haber hecho en su momento lo que tenían que hacer, se sintieron identificados con esos jóvenes que irrumpieron abruptamente en la sociedad. Los más jóvenes, se incorporaron por el instinto natural de imitación que surge en los jóvenes, otros más por moda, por curiosidad, otros por sentirse revolucionarios, y muy pocos por la verdadera convicción de, a partir de ahí, cambiar la sociedad hacia un rumbo distinto.

Hubo otros (los menos) que hemos militado mucho tiempo en la Izquierda (y que incluso fuimos acusados de ser insensatos y/o traidores, por no apoyar un movimiento “real, genuino y auténtico”), y que no nos dejamos llevar por esa ola llamada #YoSoy132, pues al ser un movimiento burgués (recordemos que el #YoSoy132 nació en la Universidad Iberoamericana, cuna de los principales tecnócratas y derechistas de éste país), en algún momento no sobreviviría a su propia contradicción de clase. Eso explica por qué Antonio Attolini aceptó incorporarse a Televisa y ser una estrella más del Canal de las Estrellas. Por naturaleza y por ley casi natural, la burguesía no puede atacar a la propia burguesía, pues los intereses de clase (que finalmente, es el motor de la Historia) son los mismos. En consecuencia, al no ser antagónicos, en algún momento coinciden, y se dan fenómenos como el antes descrito. Por tal motivo, aquellos que se quejan de una “traición” de Attolini deberían apreciar que no existe tal.

El #YoSoy132 (sociológicamente hablando) nunca fue un movimiento social. Si acaso llegó a ser una muchedumbre mal organizada, carente de objetivos, dirigencia, disciplina e identidad. Eso le aseguraba ser algo efímero, desde su propio inicio. Y los dos objetivos que perseguían (y que se conocieron) eran objetivos burgueses, en esencia. La no-imposición de Enrique Peña Nieto en la Presidencia de la República no sólo la perseguían los que apoyaban a López Obrador, sino también los panistas (eso explica la infiltración de personajes como Diana Vega, hija de Xóchitl Gálvez, en el #YoSoy132 en Hidalgo), partido que surge debido a las políticas públicas del Presidente Lázaro Cárdenas. El otro objetivo, la democratización de los medios de comunicación, es un objetivo más relacionado con las clases medias y altas que con las clases más desprotegidas. Cuando se quedaron sin bandera y sin objetivo, entonces oportunistamente agarraron la bandera de la reforma laboral para mantenerse vigentes.

Jamás fueron objetivos del #YoSoy132 el combate a la pobreza, a la corrupción, la reforma energética, la reforma fiscal, el cambio del modelo económico, por mencionar algunos temas. Jamás hubo un programa definido. Jamás, tampoco, hubo una definición política para mandar a votar por López Obrador a la sociedad, pese a que casi todos los integrantes del #YoSoy132 simpatizaban con las ideas del tabasqueño.

Los métodos de lucha por supuesto que también fueron cuestionables. Mantener una táctica de lucha sharpiana, planteada desde la CIA, donde lo importante es gritar, mentar madres y caminar por las calles (o marchar, para los quisquillosos) sin tener alguna otra forma de oponerse al sistema, su “apartidismo” funcional al sistema que querían “combatir”, así como no tener ninguna propuesta ideológica como alternativa al sistema imperante (así como rehuir de toda ideología para “no estigmatizarse”) dejaban de lado el triunfo de su “revolución” gatopardista.

Deslinde tras deslinde, el #YoSoy132 ha cavado su propia tumba al no tener una dirigencia definida, electa democráticamente, la cual fuera visible para evitar lo que ahora se ha presentado, primero con Aleph Jiménez, en su cobarde huída por situaciones paranoicas, y posteriormente con Attolini, en su claro protagonismo a ultranza. Esos deslindes (más allá de lo efectivos o no que sean) llegan tarde, una vez que se han consumado los actos, y cuando la reputación ya se encuentra por los suelos.

Así, hubo algunos que tuvimos que autocensurarnos y no decir públicamente lo que pensábamos, debido al escarnio y linchamiento sobre todo aquel que estuviera en contra de dicho movimiento, y no pudimos más que tener una posición manteniéndonos al margen y soportando injurias y cuestionamientos (incluso) de muchos compañeros que al final decidieron irse a caminar y gritar al lado de ellos. Sin embargo, es Ley Natural y Universal: todo cae por su propio peso. Y agregaría Marx: todo lo sólido se desvanece en el aire.

Así, mientras el “glorioso” #Yosoy132 se incorpora a las filas de Televisa, y se vuelve parte de la corrupción del sistema, nosotros continuamos aquí (y que, por cierto, estuvimos despiertos mucho tiempo antes), luchando por una mejor Patria. La forma y el método sobran mencionarlos nuevamente. Y el objetivo final es el mismo: la transformación de la vida pública de México.

Al final, a cada uno de nosotros, nos juzgará o absolverá la Historia.

Saludos. Dejen comentarios.

Ensayo marxista sobre un twitt fallido

Hola.

Toda la historia de la sociedad humana, hasta la actualidad , es una historia de luchas de clases. Libres y esclavos, patricios y plebeyos, barones y siervos de la gleba, maestros y oficiales; en una palabra, opresores y oprimidos, frente a frente siempre, empeñados en una lucha ininterrumpida, velada unas veces, y otras franca y abierta, en una lucha que conduce en cada etapa a la transformación revolucionaria de todo el régimen social o al exterminio de ambas clases beligerantes […] Hoy, toda la sociedad tiende a separarse, cada vez más abiertamente, en dos grandes campos enemigos, en dos grandes clases antagónicas: la burguesía y el proletariado 1.

Este era, en síntesis, el planteamiento que Karl Marx realizaba en torno a la lucha de clases (que daría origen a lo que más tarde se convertiría en el materialismo histórico y materialismo dialéctico). Aunque nunca ha desaparecido la relación opresor-oprimido, esta relación aparece evidenciada más que nunca en ciertos pasajes de la Historia, mientras que en otros pasa más o menos desapercibida. Sin embargo, hoy, más que nunca, resulta evidentemente vigente, sobre todo en el contexto actual mexicano.

El traspié de Enrique Peña Nieto, candidato presidencial del PRI a la Presidencia de la República el sábado pasado, fue objeto de mofas, burlas y Trending Topics en Twitter, así como el tema más comentado del fin de semana en Facebook, debido a su incapacidad (en todos los sentidos) de nombrar tres libros que lo hayan marcado en su vida.

Sin embargo, cuando piensas que todo se ha terminado, siempre termina la vida por sorprenderte. Pasadas 24 horas de la carrilla acostubrada en Twitter cuando algún personaje público (sobre todo, políticos) twittean alguna barrabasada, que en ésta ocasión fue Peña Nieto, su yerno, José Luis Torre, twitteó el mensaje …un saludo a toda la bola de pendejos, que forman parte de la prole y solo critican a quien envidian!… y que, a su vez, fue retwitteado por la hija de Peña, Paulina Peña Pretelini.

Más allá de la furia que desató en twitteros y no twitteros el mensaje retwitteado por la hija incómoda (así como las represalias por difundir ésto, como el hackeo al blog Homozapping, de Jenaro Villamil, o la cuenta en Twitter de la Red Nacional de Jóvenes con AMLO, @jovenesamlo), así como del propio impacto negativo que ésto tendrá en la campaña de Peña, lo cierto es que ésto reabre un debate que durante mucho tiempo los ideólogos y pseudo-intelectuales de la derecha han declarado como muerto: el debate sobre la lucha de clases, planteado por Marx hace 153 años, en 1848.

El twitt, por sí mismo, tiene una gran carga de verdad explícita, definiendo una diferencia entre el nosotros y el ellos (o el ego y el alter, en términos freudianos): deja de facto el entendido de que los otros, los que no soy yo, es la prole, el proletariado, en términos marxistas; por su parte, queda sobreentendido que al momento que los otros son la prole, yo (en términos del twitt) soy la burguesía, la clase diametralmente opuesta. En términos generales, ésto es algo que ya se sabía de antemano, sin embargo queda confirmada la diferenciación que realiza la clase opresora sobre la oprimida (además, cargada de desprecio de los primeros hacia los segundos, al utilizar la palabra pendejo de forma peyorativa e insultante).

Así mismo, Marx define en su Miseria de la Filosofía los denominados intereses de clase:

En principio, las condiciones económicas habían transformado la masa del país en trabajadores. La dominación del capital ha creado en esta masa una situación común, intereses comunes. Así, esta masa viene a ser ya una clase frente al capital, pero todavía no para sí misma. En la lucha, de la cual hemos señalado algunas fases, esta masa se reúne, constituyéndose en clase para sí misma. Los intereses que defienden llegan a ser intereses de clase2.

En éste entendido, tenemos también en el retwitt de Paulina Peña, de forma implícita, los intereses de clase de ella, su familia, y su entorno: mientras que Enrique Peña Nieto representa a los míos, los burgueses, su contraparte sería Andrés Manuel López Obrador, el que representa a los otros, los proles, el proletariado (pues sería ilógico y estúpido plantear que Josefina Vázquez Mota representa al proletariado).

Lo mejor de todo es que, después de todo, Paulina Peña tiene razón, puesto que los burgueses son los dueños de los medios de producción (y en México, la oligarquía es dueña de esos medios de producción, clase a la que Peña Nieto pertenece y representa), mientras que el proletariado sólo es la fuerza de trabajo (denominada también ejército industrial).

Así, podemos concluir, de forma simple, pero con los elementos teóricos presentes, que estamos ante un escenario donde existen Nosotros los Proles, Ustedes los Peñas (que, obviamente, no son sólo los Peñas, sino también los Salinas, los Azcárragas, y cuanto oligarca pase por la mente) o, lo que es lo mismo, la lucha de clases acentuada, aceptada y masificada gracias a las redes sociales que hoy, ponen en su lugar a cada quien, y desenmascaran a los personajes que la televisión, el teleprompter, y los discursos preelaborados hacen parecer como salvadores de la Humanidad.

Saludos. Dejen comentarios.


1 Marx, Karl y Engels, Friedrich. Manifiesto del Partido Comunista. México: Partido del Trabajo, Mayo de 2005, pp. 32

2 Marx, Karl; Miseria de la Filosofía, pág. 257. Ed. Júcar