ABC de la privatización petrolera

Hola.

Fieles a su tradición, todos los políticos del PRI buscan simular, mediante palabras rebuscadas o conceptos de difícil comprensión para el grueso de la población, sus verdaderas intenciones en cuanto a un tema o postura. No, no es que mientan. Simplemente buscan la forma de decir las cosas de forma elegante, haciendo que una palabra adopte dos o más significados.

Así, cuando se refieren a que PEMEX no se privatizará con la gran reforma energética que Enrique Peña Nieto enviará al Congreso después de las elecciones es totalmente cierto. Y cuando aseguran que los hidrocarburos seguirán siendo de la Nación, también es cierto. Sin embargo, también es cierto que habrá privatización si pasa la contrarreforma energética. Aunque parece que una cosa se contradice con la otra, no es así, pues las tres aseveraciones son ciertas. Explicaré esto.

Primero definiremos qué es el petróleo, la industria petrolera, y PEMEX. El petróleo es una mezcla homogénea de compuestos orgánicos, principalmente hidrocarburos insolubles en agua. Es un recurso natural no renovable y actualmente también es la principal fuente de energía en los países desarrollados. Tiene distintos usos y derivados, entre ellos la gasolina, el plástico, disolventes, fertilizantes, pesticidas y miles de productos de la industria química. Por definición, es el producto base de la industria petrolera, y en el caso mexicano, es propiedad irrenunciable de la Nación. En 2011, México fue el 8º país productor más importante del mundo de éste producto, el petróleo.

La industria petrolera, por su parte, es la industria que procesa el petróleo. Parece pleonasmo, pero no lo es. Ésta industria incluye procesos globales de exploración, perforación, extracción, almacenamiento, refinación, transporte (buques petroleros, camiones, oleoductos), distribución, venta y comercialización del petróleo. La industria petrolera puede ser propiedad pública (a cargo del Estado), privada (con uno o varios dueños, autodenominados socios, y generalmente conocidos como empresarios o, en su forma más moderna, “emprendedores”), o mixta (es decir, se combinan capital privado y pùblico en una empresa, donde el porcentaje depende de la cantidad de acciones que tengan el Estado y sus socios privados).

Finalmente, definiremos qué es PEMEX. PEMEX son las siglas de PEtróleos MEXicanos, una empresa paraestatal creada tras la expropiación petrolera decretada por el General Lázaro Cárdenas del Río, en 1938. PEMEX es un conjunto de trabajadores, bienes, inmuebles, fierros, maquinaria, transportes (marítimos y terrestres), ductos, y demás activos que tiene en su propiedad. También PEMEX es la empresa que, por mandato constitucional, es la única facultada en el país para procesar el petróleo. Es decir, es un monopolio público estatal de la industria petrolera nacional (y no por ser monopolio es malo, pues es una empresa pública; los monopolios dañinos son, de hecho, los monopolios privados). En 2011, fue la 8ª empresa con mayor producción de petróleo en el mundo. Es decir, de todas las empresas petroleras públicas, mixtas y privadas que existen en el mundo, PEMEX fue el 8º productor, procesador y vendedor de petróleo en el mundo. Nada mal para una empresa con tanta corrupción y atraso tecnológico.

Ahora bien, ya definido qué es el petróleo, la industria petrolera, y PEMEX, explicaremos el doble lenguaje utilizado por Enrique Peña Nieto y los priístas cuando realizan aseveraciones con respecto a su contrarreforma energética.

Peña Nieto dice que no habrá cesión de los hidrocarburos, pues éstos seguirán siendo propiedad irresticta e irrenunciable de la Nación. Partiendo del entendido que hace el artículo 27 constitucional, de que el subsuelo y todo lo que existe en él, incluyendo el petróleo y los hidrocarburos es de la Nación, el petróleo es y seguirá siendo parte de la Nación, y en consecuencia la propiedad de los hidrocarburos seguirá siendo Estatal.

Peña Nieto dice que PEMEX no será privatizada. Es cierto. En el esquema planteado por Peña Nieto, no necesitas no ceder la propiedad de los hidrocarburos, ni la propiedad de la empresa PEMEX a manos privadas para privatizar. En ese entendido, la propiedad de PEMEX como empresa seguirá siendo de la Nación.

Sin embargo, en la contrarreforma actual no se está planteando la privatización del petróleo ni de PEMEX, sino de la industria petrolera en su conjunto. Realizando la reforma al artículo 27 constitucional (tal y como se advierte en los puntos 55-60 del Pacto por México) para que los privados puedan tener concesiones en el ramo petrolero, no es necesario vender PEMEX, ni ceder la propiedad estatal, sino simplemente concesionar su exploración, perforación, extracción, almacenamiento, refinación, transporte, distribución, venta y comercialización del petróleo a manos privadas. Dicho de otra forma, se cederá la cadena productiva del petróleo a particulares, algo actualmente prohibido por la constitución. Y de nada nos sirve mantener la propiedad del petróleo en el subsuelo, ni la propiedad de la nación sobre PEMEX, si en realidad lo importante y sustancial de todo, que es la industria petrolera es vendida o regalada a particulares nacionales o extranjeros.

Los tan invocados “contratos de riesgo” que firmaría PEMEX con empresas trasnacionales privadas (como Exxon, Mobil, Shell, Texaco, Chevron, Repsol y British Petroleum), donde éstas empresas “compartirían” el riesgo de realizar la cadena productiva junto a PEMEX, es sólo una máscara simuladora para ceder ganancias que actualmente no reciben dichas empresas porque constitucionalmente están impedidas para participar en el negocio del petróleo en México, y que sólo recibe PEMEX sin repartir a nadie (lo cual no está mal, por cierto).

La “apertura” que estarían realizando de PEMEX no es en PEMEX, sino en la industria petrolera. En la cadena productiva del petróleo. Es dejar que empresas privadas ajenas a PEMEX entren al negocio del petróleo. Es privatización pura y simple. Y la privatización implica que el 100% del dinero que iba a una empresa pública, con lo que se construían hospitales, carreteras, escuelas, alumbrado público, y demás, ahora irán a parar al bolsillo de unos cuantos empresarios que (obviamente) no lo repartirán, sino que sólo amazarán y agrandarán sus fortunas.

La contrarreforma energética planteada por el PRI, Peña Nieto y el Pacto por México (donde además están el PAN y el PRD) propone privatizar (o “abrir”, utilizando el lenguaje peñista) la exploración, perforación, extracción, almacenamiento, refinación, transporte, distribución, venta y comercialización del petróleo. Y que además, el petróleo que se encuentra en las aguas profundas del Golfo de México sea extraído por las grandes empresas petroleras trasnacionales en exclusividad, dado que PEMEX no cuenta con la tecnología necesaria para realizar extracción en aguas profundas y, además, resulta más barato cederle a otros el 100% de las ganancias por la extracción de éste petróleo, que en comprar la tecnología necesaria para hacerlo, y que ese 100% de ganancias vaya al Pueblo de México.

Y para simular éste gran atraco, dejarán a PEMEX con exclusividad de extracción en los yacimientos terrestres (los cuales se están acabando) y los de plataforma marina continental baja (que igual, ya se están acabando).

Sin embargo, existe un remanente que, derivado de la privatización de la industria petrolera, ya no se generaría para gasto público social, sino que habría un faltante, pues actualmente PEMEX aporta 40 centavos de cada peso del presupuesto federal que descenderían si la industria petrolera ya no es exclusividad de la Nación. Éste faltante se cubriría con una gran reforma hacendaria que subiría el IVA del 16 al 21%, y además se homologarían (es decir, pagarían parejo) productos que actualmente no pagan IVA, como los alimentos, medicinas, libros y educación, que están exentos de IVA.

Así, la privatización de la industria petrolera mexicana no nos conviene a nadie. Solamente beneficiaría a unos cuantos políticos que seguramente ya son socios de alguna empresa petrolera trasnacional, a los empresarios dueños de esas empresas trasnacionales, y a los países industrializados que actualmente tienen problemas para conseguir petróleo (y que sólo a base de invasiones lo consiguen). Europa y USA se salvarían de su crisis (inevitablemente), pero a costa nuestra.

Sin embargo, la industria petrolera mexicana sólo podrá defenderse y mantenerse cmo propiedad de la Nación si existe la movilización y acciones suficientes como para detener éste gran robo que se pretende hacer a México después de las elecciones del próximo 7 de julio. Y de no defenderse, no habrá tarjeta Soriana suficiente que saque del atraso, la pobreza y la miseria a éste país después de que nos hayan despojado de todo, pues las industrias petrolera y eléctrica es lo único que nos queda como Patrimonio Nacional.

Si no lo defendemos, seremos en definitiva una colonia simulada, esclavos en nuestra propia tierra, y estaremos a merced de los designios de un pequeño grupo de gente oligarca viviendo en otra parte, pero con el poder suficiente para hacer, en el momento que quieran, de México S.A. una franquicia transferible y desechable.

Saludos. Dejen comentarios.

La crisis de la crisis

Hola.

Desde que tengo memoria, siempre he oído de la crisis. Y también, de los remedios para salir de la crisis. No obstante con ello, también he oído a los valientes que aseguran que nos van a sacar de la crisis. Pero la crisis sigue ahí. No se ha ido. Pareciera que llegó para quedarse. Y por si fuera poco, desde hace algunos años comenzó la crisis de la crisis, que amenaza con profundizarse, y que podría traer una crisis aún mayor (por si ésto fuera poco).

Pues aunque parezca un juego de palabras y que quiero confundir al lector, es más claro que el agua lo que menciono. La actual crisis aseguran que comenzó en 2008, con la crisis inmobiliaria en USA. Sin embargo, proviene desde finales de los 70’s y principios de los 80’s, años en que comienzan a aplicarse las doctrinas neoliberales.

Sin embargo, no sólo es la política económica. Es también la élite mundial, la oligarquía que aseguran no existe, pero que está conformada por grandes banqueros, empresas trasnacionales, magnates, medios de comunicación,  monopolios, duopolios, oligopolios, y todo aquello que tiene forma de acumular el capital. Para ésto, tiene a sus títeres (políticos ambiciosos y rapaces), los cuales son utilizados y encumbrados para seguir reproduciendo el sistema, para continuar el mismo régimen de corrupción y privilegios, los cuales están encargados de continuar aplicando la misma política económica, asegurando la sobreviviencia del moribundo modelo económico neoliberal, y perpetuando lo más posible el sistema capitalista, el cual se encuentra en su fase terminal, pero que continúan dándole vida artificial, mediante mecanismos que en algún momento se habrán de acabar.

Así, en los días pasados vivimos la imposición de una contrarreforma laboral que atenta contra los derechos de los trabajadores , los cuales han sido reducidos drásticamente (pago por hora, outsourcing, reducción o eliminación de seguridad social, así como del pago de prestaciones, eliminación de la antigüedad, reducción de salarios caídos por despido injustificado a sólo un año, contrato de prueba, etc.), y que han instaurado una forma moderna de esclavización, pero con una agravante de pauperización del trabajador y de sobrevivencia en la miseria, sin responsabilidad para el patrón.

Recordemos que en el esclavismo (en Roma, particularmente, pero así en otras sociedades) el esclavo vivía bajo la tutela del patrón que, si, lo azotaba y lo trataba mal (ahora el patrón no azota al trabajador, pero igual lo trata mal), pero el patrón tenía la responsabilidad de darle al esclavo casa, vestido y alimentación. En el actual esquema obrero-esclavista, no existe responsabilidad del patrón para mantener al esclavo.

Sin embargo, aunque pareciera que es un fenómeno único en México la contrarreforma laboral, se está aplicando también en otros países. Por ejemplo, en España algunos aspectos que contiene la nueva ley laboral son el impulso a los convenios y los pactos de empresa; limitó a un año la prórroga de los convenios caducados, hasta entonces indefinida; y facilitó los descuelgues salariales para las empresas.

En los días pasados, en Gran Bretaña (cuna del Capitalismo), el político conservador y Ministro de Hacienda George Osborne (descendiente y parte, por cierto, de la vieja aristocracia anglo-irlandesa), hizo un parafraseo de pésimo gusto de Marx, al exclamar ¡Trabajadores del mundo, únanse… y cedan sus derechos! ¡Naciones del mundo, únanse… y cedan su soberanía!. Resulta que éste pillo burgués imperialista está proponiendo una contrarreforma laboral a partir de abril de 2013 que dé a los trabajadores participaciones entre 2,000 y 25,000 libras, a cambio de ceder sus derechos  a la reclamación por despido improcedente, así como olvidarse del finiquito si la empresa quiebra, o a solicitar un horario flexible para ocupar tiempo para entrenamiento.

Así, queda en evidencia que no es realidad única lo que estamos viviendo en México, sino que son realidades simultáneas en diversas partes del mundo. Son políticas dictadas desde Washington, presentadas ante el G-8, avaladas por el G-20, e impuestas (por las buenas o por las malas) a los países del mundo que se dejan vía Fondo Monetario Internacional o Banco Mundial. Y estas políticas son encaminadas para intentar revivir al moribundo monstruo capitalista, eliminando por la vía de la “austeridad” derechos y servicios sociales y públicos, con el único fin de que los beneficiados del sistema puedan seguir obteniendo los mismos márgenes de ganancia sin importarles el sacrificio que hagan los demás.

Eso explica también, en gran medida, las promesas que como agente inmobiliario realiza Enrique Peña Nieto en su gira por Europa para vender el petróleo y que, dicho sea de paso, para ésto fue encumbrado por Televisa y la oligarquía, comprado la elección e impuesto al Pueblo.

La contrarreforma energética que tanto ha anunciado Peña Nieto (y que incluso, desde la misma campaña mencionó en varias ocasiones) busca la privatización no de PEMEX ni de la empresa PEMEX, sino del producto que extrae, industrializa y comercia PEMEX: el petróleo. PEMEX puede y seguirá siendo una empresa mexicana, y con esa trampa venderán (en el mejor de los casos) o regalarán el petróleo a las naciones extranjeras (USA, Canadá, Reino Unido, Francia y España) vía sus empresas trasnacionales: Exxon-Mobil, Shell, Chevron-Texaco, British Petroleum, Repsol, entre otras.

Sin embargo, esa contrarreforma energética es sólo una parte del gran iceberg de éstos países (principalmente, pero no son los únicos) de obtener el mayor botín posible en la obtención de los recursos energéticos, utilizando a políticos inútiles como Peña Nieto que deciden acatar sin chistar la agenda de Washington y al pie de la letra. Sin embargo, para los países opositores, o cuyos intereses no coinciden con los de las grandes potencias, son “liberados del terrible yugo dictatorial antidemocrático de dichos países”(invasiones vía la OTAN, como en el caso Afganistán en 2001, o Irak en 2003), o bien armando guerrillas de mercenarios pagadas desde los grandes centros de poder, y utilizados como pretextos para invadir y “ayudar a la liberación” de dichos países (como Libia en 2011, o próximamente Irán y Siria) ayudados, por supuesto, por las grandes cadenas y consorcios de medios de comunicación privados alrededor del globo (Fox, CNN, Televisa, TV Azteca, Globovisión, Galavisión, Telefé, El Clarín, Grupo PRISA, El País, etc.)

Esa era precisamente la importancia geopolítica de la elección venezolana del pasado domingo 7 de octubre, y su importancia en el futuro de la región: éste ejercicio y el reacomodo en la correlación de fuerzas con respecto a los centros de poder y al dominio de los recursos energéticos del Sur. La victoria de Hugo Chávez permite que ese conjunto de fuerzas que han logrado decidir su propio destino pueda realizar un desarrollo de adentro hacia afuera (y no al revés, como se venía haciendo, o como México lo sigue haciendo).

Así, mientras no exista en México un gobierno que privilegie nuestras prioridades por encima de las de Washington, seguiremos sumidos en la crisis de la crisis, sumiéndonos en ese deterioro social y cultural que cada vez más parece profundizarse, y del que resultará más difícil salir. De ésta forma, apreciamos la crisis en la política, en la economía, en la sociedad, en la cultura, en los medios de comunicación, en la televisión, en la programación de la propia televisión… ¡hasta en el futbol! existe una crisis, un deterioro, una mediocridad y, a la vez, una superficialidad que son transmitidas, y que cada vez más son interiorizadas en el mexicano como algo natural y espontáneo.

Finalmente, mientras la oligarquía y los beneficiados del régimen mantengan apacientadas a los borregos, podrán seguir beneficiándose y obteniendo los privilegios de los que jamás habrán de saciarse. Finalmente, citando a George Orwell, en nuestra democracia tiránica “todos los animales son iguales, pero hay unos animales más iguales que otros”.

Saludos. Dejen comentarios.

La reconquista española, o el Bicentenario fallido

Hola.

Estuve preparando ésta entrada. Originalmente, iba a titularle “¡Pinche Bicentenario!”, pero iba a haber más de unoque se iba a ofender. Por eso opté por ponerle un título moderado, sin dejar de pensar que éste Bicentenario es pinche.

¿Y porqué pinche Bicentenario? Porque no existe absolutamente nada qué celebrar. Muertos, desapariciones, decapitados, violencia, balaceras, inseguridad, un cúmulo de cosas que a mí, en lo particular, me entristecen. Sin embargo, ha sido montada toda una campaña mercadológica para distraer ésto. Y en esa campaña mercadológica, se ha mercantilizado a la Patria. Ya no se conmemora la búsqueda de un ideal, ya no se reflexiona sobre el papel que México ha tenido en los últimos dos sigloshacia dentro y hacia afuera.

El mercado ahora domina nuestros festejos: el partido del Bicentenario, la Miss Universo del Bicentenario, la telenovela del Bicentenario, el Shalalalala de la canción horrenda del Bicentenario, la ridiculización de los Héroes de la Patria en una película tipo Disney del Bicentenario, la parafernalia tipo show del Bicentenario, souvenires, tonos de celular, y un sinfín de cosas más que podría enumerar, y que no terminaría. Ahora, la Patria es un producto sujeto a la Ley de la Oferta y la Demanda: todo mundo puede comprar y vender algo de Patria, cuando ésta es intangible, intransferible, inmutable…

Y también muestra, por otra parte, la ineficacia del gobierno espurio: nu hubo ni un sólo monumento, uno sólo, terminado. Y lo que se hizo es como para dar pena. Porfirio Díaz, con todo lo que le podemos condenar, achacar y juzgar, pero tuvo dos monumentos magistrales el día del Centenario: el Ángel de la Independencia, y el Reloj Monumental de Pachuca. Pero un siglo después, nada que demuestre la grandeza de nuestro pueblo, y nada terminado de lo mediocremente hecho: el Viaducto Bicentenario todavía tiene grúas encima, la línea 12 del Metro (la línea del Bicentenario) sin concluir, la torre del Bicentenario, sin concluir… Todo ha sido un reverendo fracaso.

 Estamos ante los festejos de un Bicentenario fallido del estado espurio fallido mexicano. Sin embargo, existe una gran carga de hipocresía con respecto a ésta conmemoración, pues por una parte se festeja con cuestiones superfluas y superficiales, y por la otra se continúa entregando el país a la gente de la oligarquía y a las naciones extranjeras.

Y curiosa y contradictoriamente, existe una oscura tendencia a entregar el país, precisamente, a aquellos de quienes nos “independizamos” el 27 de septiembre de 1821: los españoles (o bueno, por lo menos eso dice el Acta de Independencia). En éste sentido, actualmente se está dando una reconquista matizada y amañada (aquí, cabe destacar que no ha sido el único intento registrado en la Historia de nuestro país), y daremos las razones y motivos que nos hacen pensar ésto.

Los primeros indicios que tuvo España de México se remontan hacia 1517, cuando Francisco Hernández de Córdoba bordeó la costa del Golfo de México. Un año después, Juan de Grijalva exploró las costas mexicanas, desembarcó en el Río Grijalva (por eso lleva su nombre) y exploró hasta el Río Alvarado. Tras regresar a Cuba y contar su experiencia, el Gobernador de Cuba, Diego Velázquez, le encomendó la tarea de explorar dichas tierras a Hernán Cortés.

Así, Cortés se dirigió a las tierras mexicanas, donde fundó el primer Ayuntamiento de América latina, la Villa Rica de la Vera Cruz. Ahí comenzó, en realidad, la conquista de México. Mediante un plan donde combinaba la conversión al Catolicismo y la muerte, Cortés se fue haciendo de conquistas y aliados, éstos últimos impusados: por el miedo, o por el odio hacia la nación dominante, Mexihco-Tenochtitlan (como Tlaxcala).

Cortés llega finalmente a Tenochtitlan y, mediante la confusión generada por la porfecía del regreso de Quetzalcóatl, logra ocupar sin problemas un lugar privilegiado en las decisiones junto al Tlatoani, Moctezuma Xocoyotzin. Sin embargo, una tontería por parte de Pedro de Alvarado, al ejecutar la matanza del templo de Axayacatl, produjo que la gente de Tenochtitlan (ya inconforme de por sí) se volcara en contra de los españoles. Cortés amagó secuestrando al Tlatoani, y al no dispersar a la multitud, asesinó a Moctezuma atravesándole una espada desde los testículos hacia arriba. Una muerte cruenta y dolorosa. Así, la gente de Tenochtitlan, lidereados por Cuitláhuac, persiguió y capturó a varios soldados y caballos españoles (y mató a otro tanto), a los cuales sacrificaron y formaron parte de su colección en el Xompantli del Templo Mayor.

Cortés huye hacia el norte, en dirección a Cuauhtitlan, bordea la Sierra de Guadalupe, y llega nuevamente a Tlaxcala, donde se recompone, y desde donde planea y dirige el asalto a Méxihco-Tenochtitlan, la cual cae tras 3 meses de asedio (y donde matan, literalmente, de hambre y sed a la Ciudad) el 13 de agosto de 1521.

Ese momento histórico es precisamente el comienzo de una larga maldición sobre los mexicanos. Primero, soportando 300 años de dominación y sometimiento español, el cual no sólo le limitó a lo político, administrativo y territorial, sino que además tomó matices culturales como la imposición de una religión extraña y ajena, el intento de desaparecer la mexicaneidad y todas las cuestiones que colleva: culinaria, tradiciones, fiestas, etc. Sublevaciones hubo muchas y muy diversas. Indígenas asesinados, también. Más del 90% de la población originaria fue exterminada por los españoles.

Sin embargo, encontraron una forma que fue muy efectiva para dominar a los pobladores mexicanos: mimetizaron una diosa indígena (la diosa Tonantzin) con una virgen católica, y crearon el mito de la Virgen de Guadalupe. Sin embargo, éste mismo símbolo fue utilizado por Miguel Hidalgo contra sus creadores, los españoles, para aglutinar a la gente en torno a su causa (la cual no era hacer de México un país independiente, sino la restauración del trono a Fernando VII, usurpado por Pepe Botella, el hermano de Napoleón, quien tomó el poder en España tras la invasión napoleónica en 1808).

La lucha de Independencia fue cruenta. Y realmente adopta el matiz independentista hasta el movimiento de Morelos, con su declaración en los Sentimientos de la Nación. Y más allá de las luchas que se dieron, aquí es donde realmente comienzan las dos visiones de Nación que subsisten hasta la actualidad: la independencia en todos los sentidos, y la sumisión en todos los sentidos. A éso se reducen ésas dos visiones.

Guerrero e Iturbide, efectivamente pactaron para que el Virrey firmara el acta de independencia, pero en la realidad el Virrey, su séquito y su corte mantuvieron sus mismos privilegios, y fueron quienes impulsaron a Agustín de Iturbide como I Emperador de México, brincándose el acuerdo de que el Congreso discutiera, en primera instancia, si seríamos una república o una monarquía, y en segunda instancia, si fuera república, centralista o federalista.

Obviamente, los insurgentes (con quienes Guerrero simpatizaba) querían una república, mientras que los realistas querían una monarquía. Sin embargo, éstos se dividieron en dos facciones: los iturbidistas (quienes apoyaban para que Iturbide fuera monarca) y los borbonistas, que proponían traer un rey extranjero, en particular Borbón. Ganaron los insurgentes el debate, y entonces los realistas apoyaban que fuera una república centralista, es decir, que hubiera un gobierno central, y regiones administrativas nombrados por el titular del ejecutivo, mientras que los insurgentes querían una república federalista, es decir, soberanías para los estados. Los Insurgentes, de nueva cuenta, ganaron el debate.

Sin embargo, el grupo realista, que después se unirían al Partido Conservador, siempre fueron y han sido entreguistas. Piensan que los mexicanos somos imbéciles, y por tanto hay que traer recetas del extranjero. Éstos son los tatarabuelos de los panistas, que siguen con su misma doctrina.

Los Conservadores fueron quienes propusieron que tantas veces regresara al poder Antonio López de Santa Anna; fueron quienes combatieron junto a la Iglesia Católica contra la Ley Lerdo en la Guerra de Reforma; fueron quienes trajeron a Maximiliano de Habsburgo, y balcanizaron al país; fueron quienes se aliaron a Porfirio Díaz y mantuvieron éste país en la opresión, el hambre y la miseria, mientras unos cuantos se beneficiaban de sus políticas (las empresas extranjeras de petróleo, minas y trenes, los hacendados-latifundistas, etc.); fueron quienes se levantaron en el Bajío en contra de los Revolucionarios; fueron quienes participaron en la Decena Trágica en contra de Madero (el bisabuelo de Santiago Creel ahi andaba); fueron quienes no querían que se aprobaran las grandes reformas sociales plasmadas en la Constitución del 17; fueron quienes se levantaron en contra del Gobierno Revolucionario y se aliaron (otra vez) a la Iglesia en la Guerra Cristera; fueron quienes se opusieron a las reformas cardenistas y quienes fundaron el Partido Acción Nacional (PAN); fueron quienes aplaudieron las políticas entreguistas de Manuel Ávila Camacho y Miguel Alemán Valdéz; y fueron quienes se hicieron tecnócratas, y siendo gobierno con el PRI-AN, vendieron las empresas del Estado y los recursos naturales beneficiando, principalmente, a un sector que a la postre se ha convertido en una oligarquía nacional y a las empresas trasnacionales, principalemente estadounidenses, canadienses y españolas.

España no es para nada lo maravilloso que dicen, y al contrario, es de lo más nocivo para México tanto como lo es Estados Unidos. Los españoles, muy socialistas hacia dentro, y muy imperialistas hacia afuera. Nuestra gran complicación con Estados Unidos es que lo tenemos de vecino. Sin embargo, la influencia nefasta es igual de uno u otro. Regresemos a nuestro tema.

La reconquista, en particular española, no podría ser posible si no fuera por la complacencia del Estado Mexicano. La concesión que Vicente Fox le dió a los españoles (en particular, a Repsol) para explotar y extraer el gas natural de la Cuenca de Burgos, que representan 50,000 kilómetros cuadrados, en los Estados de Nuevo León, Coahuila y Tamaulipas, sin que eso beneficie en nada al país.

O también la concesión del Tren Suburbano, en el Área Metropolitana de la Ciudad de México, a la empresa española CAF (Construcciones y Auxiliares de Ferrocarriles) por un periodo de 30 años, entregando lo que eso implica: vías, la estación histórica del ferrocarril de Buenavista, cuando pudo haberse creado una empresa del Estado que administrara dicho ferrocarril, y con un costo en el pasaje subsidiado (14 pesos por un viaje es una mentada de madre). Y decidieron dársela, pese a las constantes quejas en España sobre el desempeño de ésta empresa, sin contar los choques y descarrilamientos que ha tenido ésta empresa en su país nativo. Incluso, pese a haber tenido un choque ya en México, el Gobierno Federal y el Gobierno del Estado de México le concesionó, nuevamente, el Sistema 2 (que irá de Martín Carrera a Jardines de Morelos) y el 3 (que irá de La Paz a Chalco), sin modificar el tiempode la concesión: 30 años.

En éste entregar recursos se ha entregado las vías de comunicación. Basta mencionar el trato preferencial que ha tenido el gobierno espurio de Calderón y el Gobierno del Estado de México encabezado por Enrique Peña Nieto hacia la empresa OHL, empresa española que actualmente tiene concesionados el Circuiro Mexiquense (que rodea gran parte del Estado de México), el Viaducto Bicentenario (2º Piso de Periférico del lado del Estado de México, Toreo a Perinorte), o las consesiones que racientemente acaba de adjudicar Marcelo Ebrard, Jefe de Gobierno del Distrito Federal, a la misma empresa (una por la vía de la licitación, y la otra por adjudicación directa) para la construcción del 2º Piso del Periférico del lado del Distrito Federal (San Antonio-Toreo) y de la mal llamada Supervía Sur-Poniente (en Magdalena Contreras), ambas vías que serán de cuota durante 30 años.

Así mismo, encontramos empresas españolas que participan en la generación de electricidad que luego le venden a CFE, lo cual, además, representa un acto de inconstitucionalidad. Y qué decir de las empresas trasnacionales norteamericanas que nos invaden como plaga. O de las canadienses que tienen en su mano la minería. O los coreanos y japoneses, que son casi dueños de Tepito.

Todos éstos elementos no hacen más que hacer ver lo evidente: que el Bicentenario y sus festejos es una simulación, una farsa. Lo peor es que existe gente que se lo cree.

De acuerdo a la concepción de Federico Reyes Heroles padre, quien sostenía que “no puede existir independencia política sin independencia económica”, estamos muy lejos de poder celebrar un Bicentenario de la Independencia puesto que, ahora más que nunca, estamos sometidos a los intereses extranjeros. Tal vez ya sin ejércitos extranjeros; tal vez sin un funcionario público visible extranjero, como era el virrey; pero seguimos sujetos a las decisiones del extranjero y, lo más importante, sigue existiendo la misma opresión y pobreza que existían hace 200 años. O quizá no. Ahora hay más, porque tenemos a 80 millones de pobres en México, que representan cerca del 80% de la población.

Es tiempo de reflexionar y actuar. No podemos seguir así siempre. Dicen que no hay mal que dure 100 años, pero nosotros ya llevamos 500 años así.

Y me voy citando a mi teórico favorito, el brillante Karl Marx, quien decía que “aquel que no conoce la Historia, está condenado a repetirla“. No nos equivoquemos una vez más, y generemos el cambio para la Nación que nos merecemos.

Saludos. Dejen comentarios.