ABC de la privatización petrolera

Hola.

Fieles a su tradición, todos los políticos del PRI buscan simular, mediante palabras rebuscadas o conceptos de difícil comprensión para el grueso de la población, sus verdaderas intenciones en cuanto a un tema o postura. No, no es que mientan. Simplemente buscan la forma de decir las cosas de forma elegante, haciendo que una palabra adopte dos o más significados.

Así, cuando se refieren a que PEMEX no se privatizará con la gran reforma energética que Enrique Peña Nieto enviará al Congreso después de las elecciones es totalmente cierto. Y cuando aseguran que los hidrocarburos seguirán siendo de la Nación, también es cierto. Sin embargo, también es cierto que habrá privatización si pasa la contrarreforma energética. Aunque parece que una cosa se contradice con la otra, no es así, pues las tres aseveraciones son ciertas. Explicaré esto.

Primero definiremos qué es el petróleo, la industria petrolera, y PEMEX. El petróleo es una mezcla homogénea de compuestos orgánicos, principalmente hidrocarburos insolubles en agua. Es un recurso natural no renovable y actualmente también es la principal fuente de energía en los países desarrollados. Tiene distintos usos y derivados, entre ellos la gasolina, el plástico, disolventes, fertilizantes, pesticidas y miles de productos de la industria química. Por definición, es el producto base de la industria petrolera, y en el caso mexicano, es propiedad irrenunciable de la Nación. En 2011, México fue el 8º país productor más importante del mundo de éste producto, el petróleo.

La industria petrolera, por su parte, es la industria que procesa el petróleo. Parece pleonasmo, pero no lo es. Ésta industria incluye procesos globales de exploración, perforación, extracción, almacenamiento, refinación, transporte (buques petroleros, camiones, oleoductos), distribución, venta y comercialización del petróleo. La industria petrolera puede ser propiedad pública (a cargo del Estado), privada (con uno o varios dueños, autodenominados socios, y generalmente conocidos como empresarios o, en su forma más moderna, “emprendedores”), o mixta (es decir, se combinan capital privado y pùblico en una empresa, donde el porcentaje depende de la cantidad de acciones que tengan el Estado y sus socios privados).

Finalmente, definiremos qué es PEMEX. PEMEX son las siglas de PEtróleos MEXicanos, una empresa paraestatal creada tras la expropiación petrolera decretada por el General Lázaro Cárdenas del Río, en 1938. PEMEX es un conjunto de trabajadores, bienes, inmuebles, fierros, maquinaria, transportes (marítimos y terrestres), ductos, y demás activos que tiene en su propiedad. También PEMEX es la empresa que, por mandato constitucional, es la única facultada en el país para procesar el petróleo. Es decir, es un monopolio público estatal de la industria petrolera nacional (y no por ser monopolio es malo, pues es una empresa pública; los monopolios dañinos son, de hecho, los monopolios privados). En 2011, fue la 8ª empresa con mayor producción de petróleo en el mundo. Es decir, de todas las empresas petroleras públicas, mixtas y privadas que existen en el mundo, PEMEX fue el 8º productor, procesador y vendedor de petróleo en el mundo. Nada mal para una empresa con tanta corrupción y atraso tecnológico.

Ahora bien, ya definido qué es el petróleo, la industria petrolera, y PEMEX, explicaremos el doble lenguaje utilizado por Enrique Peña Nieto y los priístas cuando realizan aseveraciones con respecto a su contrarreforma energética.

Peña Nieto dice que no habrá cesión de los hidrocarburos, pues éstos seguirán siendo propiedad irresticta e irrenunciable de la Nación. Partiendo del entendido que hace el artículo 27 constitucional, de que el subsuelo y todo lo que existe en él, incluyendo el petróleo y los hidrocarburos es de la Nación, el petróleo es y seguirá siendo parte de la Nación, y en consecuencia la propiedad de los hidrocarburos seguirá siendo Estatal.

Peña Nieto dice que PEMEX no será privatizada. Es cierto. En el esquema planteado por Peña Nieto, no necesitas no ceder la propiedad de los hidrocarburos, ni la propiedad de la empresa PEMEX a manos privadas para privatizar. En ese entendido, la propiedad de PEMEX como empresa seguirá siendo de la Nación.

Sin embargo, en la contrarreforma actual no se está planteando la privatización del petróleo ni de PEMEX, sino de la industria petrolera en su conjunto. Realizando la reforma al artículo 27 constitucional (tal y como se advierte en los puntos 55-60 del Pacto por México) para que los privados puedan tener concesiones en el ramo petrolero, no es necesario vender PEMEX, ni ceder la propiedad estatal, sino simplemente concesionar su exploración, perforación, extracción, almacenamiento, refinación, transporte, distribución, venta y comercialización del petróleo a manos privadas. Dicho de otra forma, se cederá la cadena productiva del petróleo a particulares, algo actualmente prohibido por la constitución. Y de nada nos sirve mantener la propiedad del petróleo en el subsuelo, ni la propiedad de la nación sobre PEMEX, si en realidad lo importante y sustancial de todo, que es la industria petrolera es vendida o regalada a particulares nacionales o extranjeros.

Los tan invocados “contratos de riesgo” que firmaría PEMEX con empresas trasnacionales privadas (como Exxon, Mobil, Shell, Texaco, Chevron, Repsol y British Petroleum), donde éstas empresas “compartirían” el riesgo de realizar la cadena productiva junto a PEMEX, es sólo una máscara simuladora para ceder ganancias que actualmente no reciben dichas empresas porque constitucionalmente están impedidas para participar en el negocio del petróleo en México, y que sólo recibe PEMEX sin repartir a nadie (lo cual no está mal, por cierto).

La “apertura” que estarían realizando de PEMEX no es en PEMEX, sino en la industria petrolera. En la cadena productiva del petróleo. Es dejar que empresas privadas ajenas a PEMEX entren al negocio del petróleo. Es privatización pura y simple. Y la privatización implica que el 100% del dinero que iba a una empresa pública, con lo que se construían hospitales, carreteras, escuelas, alumbrado público, y demás, ahora irán a parar al bolsillo de unos cuantos empresarios que (obviamente) no lo repartirán, sino que sólo amazarán y agrandarán sus fortunas.

La contrarreforma energética planteada por el PRI, Peña Nieto y el Pacto por México (donde además están el PAN y el PRD) propone privatizar (o “abrir”, utilizando el lenguaje peñista) la exploración, perforación, extracción, almacenamiento, refinación, transporte, distribución, venta y comercialización del petróleo. Y que además, el petróleo que se encuentra en las aguas profundas del Golfo de México sea extraído por las grandes empresas petroleras trasnacionales en exclusividad, dado que PEMEX no cuenta con la tecnología necesaria para realizar extracción en aguas profundas y, además, resulta más barato cederle a otros el 100% de las ganancias por la extracción de éste petróleo, que en comprar la tecnología necesaria para hacerlo, y que ese 100% de ganancias vaya al Pueblo de México.

Y para simular éste gran atraco, dejarán a PEMEX con exclusividad de extracción en los yacimientos terrestres (los cuales se están acabando) y los de plataforma marina continental baja (que igual, ya se están acabando).

Sin embargo, existe un remanente que, derivado de la privatización de la industria petrolera, ya no se generaría para gasto público social, sino que habría un faltante, pues actualmente PEMEX aporta 40 centavos de cada peso del presupuesto federal que descenderían si la industria petrolera ya no es exclusividad de la Nación. Éste faltante se cubriría con una gran reforma hacendaria que subiría el IVA del 16 al 21%, y además se homologarían (es decir, pagarían parejo) productos que actualmente no pagan IVA, como los alimentos, medicinas, libros y educación, que están exentos de IVA.

Así, la privatización de la industria petrolera mexicana no nos conviene a nadie. Solamente beneficiaría a unos cuantos políticos que seguramente ya son socios de alguna empresa petrolera trasnacional, a los empresarios dueños de esas empresas trasnacionales, y a los países industrializados que actualmente tienen problemas para conseguir petróleo (y que sólo a base de invasiones lo consiguen). Europa y USA se salvarían de su crisis (inevitablemente), pero a costa nuestra.

Sin embargo, la industria petrolera mexicana sólo podrá defenderse y mantenerse cmo propiedad de la Nación si existe la movilización y acciones suficientes como para detener éste gran robo que se pretende hacer a México después de las elecciones del próximo 7 de julio. Y de no defenderse, no habrá tarjeta Soriana suficiente que saque del atraso, la pobreza y la miseria a éste país después de que nos hayan despojado de todo, pues las industrias petrolera y eléctrica es lo único que nos queda como Patrimonio Nacional.

Si no lo defendemos, seremos en definitiva una colonia simulada, esclavos en nuestra propia tierra, y estaremos a merced de los designios de un pequeño grupo de gente oligarca viviendo en otra parte, pero con el poder suficiente para hacer, en el momento que quieran, de México S.A. una franquicia transferible y desechable.

Saludos. Dejen comentarios.

Economía básica de la transportación

Hola.

Karl Marx, en su memorable obra ‘El Capital’, mencionó que el Capital se conformaba por tres elementos orgánicos: el Capital Constante (es decir, los bienes e inmuebles materiales de toda empresa, fábrica, etc.); el Capital Variable (es decir, la fuerza de trabajo) y la Plusvalía. Ésta plusvalía es el trabajo no remunerado que el obrero realiza al burgués y del cual (en gran medida) proviene la ganancia del último.

En éste entendido, el burgués, empresario, o como se le quiera llamar al explotador, da al obrero un salario de subsistencia, es decir, lo necesario para que “sobreviva” (obviamente, aquí habría qué revisar qué significa la sobrevivencia del obrero para los Capitalistas, pues muchos de ellos ni siquiera quisieran que los trabajadores tuvieran familia, necesidades o hambre, sino que trabajaran gratis para obtener el máximo de ganancia. Fin de la ironía), pero que no corresponde al trabajo real realizado por el trabajor. Sin embargo, actualmente tenemos de por sí unos salarios en México que ni siquiera son de sobrevivencia, pues gastas tu dinero en lo mínimamente indispensable, y aún así tienes que pedir prestado porque simplemente no te alcanza.

Pues bien, no obstante ésto último que acabo de mencionar, una parte básica de las necesidades de los trabajadores para poder ir a trabajar es el transporte. Sin embargo, valiéndole un reverendo sorbete que los salarios son magros en México, que el aumento a éstos se determina con base en la inflación imaginaria del Banco de México (que cada año es de 4%), y que al contrario de lo que dicen las cifras oficiales, los precios suben día con día (de hecho, no sé qué contemplen en la canasta básica con la que determinan la inflación, yo creo que le van sacando productos cada año para que se mantenga igual); recapitulando: valiéndole un reverendo sorbete lo anteriormente dicho, todavía nos suben el transporte, bajo el argumento de que no pueden sostener el precio.

Sin embargo, éste asunto del aumento del transporte es un tanto engañoso ¿Porqué? Porque en realidad, el aumento en el precio del transporte siempre es al doble, a diferencia de otros productos. Explicaré ésto detalladamente.

Supongamos que la tortilla aumenta de precio, de $10.00 a $12.00 el kilo. Supongamos también que tu familia y tú comen 1 kilo diario de tortilla. En éste entendido, $12.00=1 kilo de tortilla=1 día de alimentación. O sea, aunque te aumentaron el precio, ése aumento se reflejo 1 sóla vez en un día de subsistencia (si no entendiste ésto tan simple, vuélvelo a leer, porque vas a necesitar entenderlo para entender la siguiente parte).

Ahora bien, en el caso del transporte es distinto. Ya mencioné con anterioridad que el aumento es al doble. Ahora lo explicaré. Utilizaré un escenario hipotético. Puede ser que coincida con la realidad.

Supongamos que el precio mínimo del transporte en el Estado de México durante el 2009 era de $5.50. Su flamante gobernador, Enrique Peña Nieto, decide acomodarse el copete y aumentar a $7.00 el mínimo. Así mismo, tenemos a un individuo H (de Héctor) que tiene que desplazarse a un punto S (que puede ser S de Suburbano) y entonces tiene que pagar el mínimo de pasaje (es decir, antes pagaba $5.50 y ahora paga $7.00).

A simple vista, parecería que el pasaje aumentó en $1.50. Sin embargo, el aumento real fue de $3.00 (es decir, más de la mitad del costo del trasporte anterior). ¿Porqué? Pues porque si el individuo H va a un punto, cualquiera que sea: 1. Parte de su casa, y 2. Tiene que regresar a su casa, ni modo que se regrese caminando.

En éste entendido, cualquier aumento al transporte siempre será el doble de lo que indican oficialmente ¿Porqué? Porque uno siempre va a regresar al punto de inicio, necesariamente. En éste entendido, son $30 menos de déficit a la quincena, $60 al mes (tomando en cuenta que no trabaja sábados y/o domingos). Tal vez dirán ¿qué son $60 al mes? Tal vez sea la comida de dos días comiendo en la calle, pues tal vez el individuo H no lleve comida a su trabajo, y tenga que gastar para recobrar energía.

Pero ahora resulta que el individuo H tiene que tomar 3 transportes para llegar a su trabajo. 1, que es la combi del Edomex, cuyo aumento en el transporte fue de $1.50 (es decir, $3.00); 2. el del Tren Suburbano, que además de cobrar una barbaridad, subió su costo el día de ayer $1.00 (es decir, $2.00 diarios); y 3. el metro, que le aumentó el costo en $1.00 (es decir, $2.00 diarios).

En éste entendido, tenemos que el aumento real del transporte fue de $30/$60 en el primer caso, $20/$40 en el segundo, y $20/$40 el tercero. En total, tenemos que aumentó el transporte (para el caso de éste individuo) en $70 a la quincena, $140 al mes. Ésto, en términos reales, es un aumento del 14.58% en precio unitario, 25.45% en términos reales.

Sin embargo, los salarios aumentaron (en promedio, y si aumentaron, 4%). Es decir, ya de entrada (y utilizando la forma tramposa y amañada de explicar los aumentos en el transporte) hay un déficit real de entre el 10 y 20% del salario del trabajador de un año al otro. Ésto, sin tomar en consideración los aumentos a alimentos, medicinas, y demás insumos de subsistencia.

Y aún así, los empresarios promueven una contrarreforma laboral presentada por Javier Lozano (el secretario del trabajo, que yo rebautizaría como secretario del desempleo), en la cual se quieren suprimir muchas garantías y derechos laborales, pues a los señores capitalistas no les basta con servirse con la cuchara grande, sino que se quieren llevar la olla completa.

Así termina nuestra lección de economía básica de la transportación. Saludos, y dejen comentarios.