La importancia de la defensa de la educación pública contra la privatización

Hola.

Era marzo de 1999. Francisco Barnés de Castro era Rector de la UNAM, y había mandado el día 15 una reforma al Reglamento General de Pagos, el cual aumentaba la cuota semestral de 20¢ a 2,000 pesos semestrales. Independientemente de que hubieran familias (como la mía) que no pudieran pagar semejante cantidad de dinero al semestre, lo cierto es que ésto era la antesala a la privatización de la UNAM.

Nos organizamos en Asambleas Generales en las escuelas (generalmente, eran entre turnos, a la 1 de la tarde, para no perder clases) e hicimos paros, marchas, y finalmente se organizó una consulta entre la comunidad universitaria, la cual votó por convocar al cierre de las escuelas e iniciar una huelga indefinida el 20 de abril (fecha que inició), la cual tenía como fin último 6 simples puntos de un pliego petitorio elaborado por la comunidad universitaria:

  1. Abrogación del Reglamento General de Pagos y anulación de todo tipo de cobros por inscripción, trámites, servicios, equipo y materiales.
  2. Derogación de las reformas aprobadas por el Consejo Universitario en junio de 1997. Esto significa recuperar el pase automático, eliminar los nuevos límites de permanencia a los estudiantes de la UNAM y respetar la elección de carrera dando prioridad al bachillerato de la UNAM. Cabe señalar que también participé en éste fallido movimiento. Y fue fallido, porque las preparatorias no tuvieron el valor para irse a huelga, lo cual no tuvo la fuerza suficiente al estar cerrados sólo los CCH’s, razón por la cual se levantó la huelga a los 2 meses de iniciada.
  3. Congreso democrático y resolutivo en el que toda la comunidad discuta y decida sobre los problemas que enfrenta nuestra universidad y cuyas decisiones tengan carácter de mandato para toda la comunidad universitaria y sean acatadas por las autoridades. Congreso que, por cierto, no se ha organizado a 12 años de su petición.
  4. Desmantelamiento del aparato represivo y de espionaje montado por las autoridades y anulación de todo tipo de actas y sanciones en contra de maestros estudiantes y trabajadores que participamos en el movimiento.
  5. Corrimiento del calendario escolar tantos días como los días efectivos de clase suspendidos por el actual conflicto, con la correspondiente anulación de las clases extramuros.
  6. Rompimiento total y definitivo de los vínculos de la UNAM con el Centro Nacional de Evaluación para la Educación Superior A.C. (CENEVAL) y, en consecuencia, la anulación del examen único de ingreso al bachillerato de las universidades y escuelas públicas, así como del Examen Único de Egreso. (El sexto punto fue agregado el 3 de mayo de 1999 en Asamblea del CGH en el auditorio Ernesto “Che” Guevara).

Los medios (como siempre) no tardaron en desprestigiarnos y en etiquetarnos como porros. El argumento de Barnés de Castro, risible: decía que la UNAM incrementaría significativamente su presupuesto: del 1.5% que se recaudaba con 20¢ semestrales, se incrementaría al 3% con 2,000 pesos mensuales, es decir, el subsidio gubernamental bajaría del 98.5% al 97%.

Yo me fui 4 días antes de cerrar la escuela debido a que me contagié de varicela, y cuando regresé a la escuela, 40 días después, el movimiento que había dejado ya no existía: había muchas caras desconocidas y (después nos enteraríamos) pseudolíderes y esquiroles pagados por Gobernación habían tomado las riendas del movimiento, y su finalidad ya no era mantener la escuela cerrada hasta la renuncia de Barnés, sino hasta la extinción de la propia UNAM.

Barnés se fue, llegó Juan Ramón de la Fuente (y con él, la PFP), y no se resolvieron todos los puntos del pliego petitorio. Sin embargo, el más importante si: se mantuvo a la UNAM con cuotas bajas, y siendo una Universidad, Autónoma, Libre, Laica y casi gratuita. Sin embargo, no fue suficiente el empuje de la huelga para derogar las modificaciones de 1997 al Reglamento de Inscripciones. Las consecuencias las tenemos hoy en día, donde preparatorianos y ceceacheros no tienen derecho a pase automático, y su matrícula está condicionada a permanecer no más de 4 años en la escuela, so salvedad de perder la inscripción.

Así, alejamos el fantasma de la privatización en la educación pública superior, pero éste sigue rondando. Federico Döring aseguró, en un debate en 2006 en Proyecto 40, que el PAN buscaría privatizar la UNAM para dejarla en beneficio del Libre Mercado, y su hermano, Edgar Döring, aseguró que le gustaría tener un Manhattan en el área que ocupa Ciudad Universitaria. Por otra parte, la educación básica está semi-privatizada, puesto que el yugo de Elba Esther Gordillo con el SNTE hace imposible cualquier reforma que se quiera hacer al sector (y obviamente, con un gobierno de derecha, menos).

Éste fantasma, sin embargo, no es sino un alma en pena, que tiene mucho qué ver con las cartas intención firmadas al Banco Mundial y al Fondo Monetario Internacional tras las crisis en América Latina.

Aparte de la instauración del neoliberalismo en éstos países (con sus fatales consecuencias), éstos acuerdos firmados so pena de no recibir los préstamos para capitalizar las economías en tiempos de crisis por parte de los organismos financieros internacionales, se les pidió exigió a los paísesen vías de desarrollo crear paquetes para vender empresas estatales a la iniciativa privada, bajo el argumento de que el Estado el mal administrador. Así mismo, se les pidió reducir al Estado a su mínimo posible, para que el Libre Mercado pudiera explayarse a sus anchas sin un Estado fuerte que lo limitase. Algunos fueron forzados y obligados, mientras que otros con tecnócratas como Miguel de la Madrid (y séquito), Carlos Salinas de Gortari (y séquito), Ernesto Zedillo (y séquito) y Vicente Fox (y séquito) siguieron sin chistar éstas medidas. Eso explica el porqué el fraude en contra de López Obrador en 2006, así como la imposición de Felipe Calderón en la presidencia, y del porqué Calderón (y séquito) continúan las políticas neoliberales, con la catástrofe que ésto implica.

Éstas recomendaciones no sólo fueron para México (como dije anteriormente), sino fue reproducido en el resto de América Latina, África, Asia e, incluso, fueron requisito para ingresar a la Unión Europea para varios países de (adivinaron) Europa.

Los movimientos estudiantiles contra la privatización de la educación que vemos en Chile u Honduras (ambos con gobiernos de derecha, curiosamente) no son sino una respuesta a esas políticas neoliberales de privatización de la educación pública, así como lo hicimos en México en 1999-2000.

Son, además, batallas injustas (con todo el poder del Estado en contra), ingratas (puesto que la mayoría de los medios están al servicio del poder), pero que de lograrse, consiguen que las generaciones venideras disfruten de las luchas que hoy hacemos. Por eso es tan importante apoyar a nuestros jóvenes en Chile, Honduras, y donde el fantasma de la educación pública se aparezca. Porque de ello depende la educación no sólo de nuestros hijos, sino de las generaciones futuras.

Pero no cantemos victoria: el fantasma de la privatización sigue rondando en México y, de no conseguirse la transformación de México en 2012, tendremos que regresar a las calles y a las aulas para defender casi lo último de que nos queda: Nuestra Universidad, pues de ella depende, en gran medida, el México que exista generaciones más adelante: un México sumido en el atraso y la pobreza o, bien, un México con justicia social, equidad y progreso.

Solidaridad con nuestros compañeros en Chile y Honduras.

Saludos. Dejen comentarios.

La Mafia que se adueñó del Zócalo, el Grito, los Símbolos Patrios, el Bicentenario fallido… y el 2010

Ponencia presentada durante las Jornadas Sociológicas organizadas por alumnos y académicos del Programa de Sociología de la Facultad de Estudios Superiores Acatlán, Universidad Nacional Autónoma de México (UNAM), el Miércoles 10 de Noviembre de 2010, en el Aula 901 de la FES Acatlán, Naucalpan, Estado de México.

Y cuando desperté, la mafia seguía ahí (en Palacio Nacional)

Estuve preparando durante mucho tiempo éste texto. Originalmente, iba a titularle “¡Pinche Bicentenario!”, pero iba a haber más de uno que se iba a ofender. Por eso opté por ponerle un título moderado, sin dejar de pensar que éste Bicentenario es pinche.

¿Y porqué pinche Bicentenario? Porque no existe absolutamente nada qué celebrar. Muertos, desapariciones, decapitados, violencia, balaceras, inseguridad, un cúmulo de cosas que a mí, en lo particular, me entristecen. Sin embargo, ha sido montada toda una campaña mercadológica para distraer esto. Y en esa campaña mercadológica, se ha mercantilizado a la Patria. Ya no se conmemora la búsqueda de un ideal, ya no se reflexiona sobre el papel que México ha tenido en los últimos dos siglos hacia dentro y hacia afuera.

El mercado ahora domina nuestros festejos: el partido del Bicentenario, la Miss Universo del Bicentenario, la telenovela del Bicentenario, el Shalalalala de la canción horrenda del Bicentenario, la ridiculización de los Héroes de la Patria en una película tipo Disney del Bicentenario, la parafernalia tipo show del Bicentenario, suvenires, tonos de celular, y un sinfín de cosas más que podría enumerar, y que no terminaría. Ahora, la Patria es un producto sujeto a la Ley de la Oferta y la Demanda: todo mundo puede comprar y vender algo de Patria, cuando ésta es intangible, intransferible, inmutable…

Y también muestra, por otra parte, la ineficacia del gobierno espurio: no hubo ni un sólo monumento, uno sólo, terminado. Y lo que se hizo es como para dar pena. Porfirio Díaz, con todo lo que le podemos condenar, achacar y juzgar, pero tuvo dos monumentos magistrales el día del Centenario: el Ángel de la Independencia, y el Reloj Monumental de Pachuca. Pero un siglo después, nada que demuestre la grandeza de nuestro pueblo, y nada terminado de lo mediocremente hecho: el Viaducto Bicentenario todavía tiene grúas encima, la línea 12 del Metro (la línea del Bicentenario) sin concluir, la torre del Bicentenario sin concluir… Todo ha sido un reverendo fracaso.

Estamos ante los festejos de un Bicentenario fallido del estado espurio fallido mexicano. Sin embargo, existe una gran carga de hipocresía con respecto a ésta conmemoración, pues por una parte se festeja con cuestiones superfluas y superficiales, y por la otra se continúa entregando el país a la gente de la oligarquía y a las naciones extranjeras.
Y curiosa y contradictoriamente, existe una oscura tendencia a entregar el país, precisamente, a aquellos de quienes nos “independizamos” el 27 de septiembre de 1821: los españoles (o bueno, por lo menos eso dice el Acta de Independencia). En éste sentido, actualmente se está dando una reconquista matizada y amañada (aquí, cabe destacar que no ha sido el único intento registrado en la Historia de nuestro país).

A partir del 13 de agosto de 1521, fecha en que cae la Ciudad de Méxihco-Tenochtitlan, es precisamente el comienzo de una larga maldición sobre los mexicanos. Primero, soportando 300 años de dominación y sometimiento español, el cual no sólo le limitó a lo político, administrativo y territorial, sino que además tomó matices culturales como la imposición de una religión extraña y ajena, el intento de desaparecer la mexicaneidad y todas las cuestiones que conlleva: culinaria, tradiciones, fiestas, etc. Sublevaciones hubo muchas y muy diversas. Indígenas asesinados, también. Más del 90% de la población originaria fue exterminada por los españoles.

Sin embargo, encontraron una forma que fue muy efectiva para dominar a los pobladores mexicanos: mimetizaron una diosa indígena (la diosa Tonantzin) con una virgen católica, y crearon el mito de la Virgen de Guadalupe. Sin embargo, éste mismo símbolo fue utilizado por Miguel Hidalgo contra sus creadores, los españoles, para aglutinar a la gente en torno a su causa, la lucha de Independencia, la cual fue cruenta. Y realmente adopta el matiz independentista hasta el movimiento de Morelos, con su declaración en los Sentimientos de la Nación. Y más allá de las luchas que se dieron, aquí es donde realmente comienzan las dos visiones de Nación que subsisten hasta la actualidad: la independencia en todos los sentidos, y la sumisión en todos los sentidos. A éso se reducen ésas dos visiones.

Guerrero e Iturbide, efectivamente pactaron para que el Virrey firmara el acta de independencia, pero en la realidad el Virrey, su séquito y su corte mantuvieron sus mismos privilegios, y fueron quienes impulsaron a Agustín de Iturbide como I Emperador de México, brincándose el acuerdo de que el Congreso discutiera, en primera instancia, si seríamos una república o una monarquía, y en segunda instancia, si fuera república, centralista o federalista.

Obviamente, los insurgentes (con quienes Guerrero simpatizaba) querían una república, mientras que los realistas querían una monarquía. Los Insurgentes, al final, ganaron el debate.

Sin embargo, el grupo realista, que después se unirían al Partido Conservador, siempre fueron y han sido entreguistas. Piensan que los mexicanos somos imbéciles, y por tanto hay que traer recetas del extranjero. Éstos son los tatarabuelos de los panistas, que siguen con su misma doctrina.

Los Conservadores fueron quienes propusieron que tantas veces regresara al poder Antonio López de Santa Anna; fueron quienes combatieron junto a la Iglesia Católica contra la Ley Lerdo en la Guerra de Reforma; fueron quienes trajeron a Maximiliano de Habsburgo, y balcanizaron al país; fueron quienes se aliaron a Porfirio Díaz y mantuvieron éste país en la opresión, el hambre y la miseria, mientras unos cuantos se beneficiaban de sus políticas (las empresas extranjeras de petróleo, minas y trenes, los hacendados-latifundistas, etc.); fueron quienes se levantaron en el Bajío en contra de los Revolucionarios; fueron quienes participaron en la Decena Trágica en contra de Madero (el bisabuelo de Santiago Creel ahi andaba); fueron quienes no querían que se aprobaran las grandes reformas sociales plasmadas en la Constitución del 17; fueron quienes se levantaron en contra del Gobierno Revolucionario y se aliaron (otra vez) a la Iglesia en la Guerra Cristera; fueron quienes se opusieron a las reformas cardenistas y quienes fundaron el Partido Acción Nacional (PAN); fueron quienes aplaudieron las políticas entreguistas de Manuel Ávila Camacho y Miguel Alemán Valdéz; y fueron quienes se hicieron tecnócratas, y siendo gobierno con el PRI-AN, vendieron las empresas del Estado y los recursos naturales beneficiando, principalmente, a un sector que a la postre se ha convertido en una oligarquía nacional y a las empresas trasnacionales, principalmente estadounidenses, canadienses y españolas.

España no es para nada lo maravilloso que dicen, y al contrario, es de lo más nocivo para México tanto como lo es Estados Unidos. Los españoles, muy socialistas hacia dentro, y muy imperialistas hacia afuera. Nuestra gran complicación con Estados Unidos es que lo tenemos de vecino. Sin embargo, la influencia nefasta es igual de uno u otro.

La reconquista, en particular española, no podría ser posible si no fuera por la complacencia del Estado Mexicano. La concesión que Vicente Fox le dió a los españoles (en particular, a Repsol) para explotar y extraer el gas natural de la Cuenca de Burgos, que representan 50,000 kilómetros cuadrados, en los Estados de Nuevo León, Coahuila y Tamaulipas, sin que eso beneficie en nada al país.

O también la concesión del Tren Suburbano, en el Área Metropolitana de la Ciudad de México, a la empresa española CAF (Construcciones y Auxiliares de Ferrocarriles) por un periodo de 30 años, entregando lo que eso implica: vías, la estación histórica del ferrocarril de Buenavista, cuando pudo haberse creado una empresa del Estado que administrara dicho ferrocarril, y con un costo en el pasaje subsidiado (14 pesos por un viaje es una mentada de madre). Y decidieron dársela, pese a las constantes quejas en España sobre el desempeño de ésta empresa, sin contar los choques y descarrilamientos que ha tenido ésta empresa en su país nativo. Incluso, pese a haber tenido un choque ya en México, el Gobierno Federal y el Gobierno del Estado de México le concesionó, nuevamente, el Sistema 2 (que irá de Martín Carrera a Jardines de Morelos) y el 3 (que irá de La Paz a Chalco), sin modificar el tiempode la concesión: 30 años.

En éste entregar recursos se ha entregado las vías de comunicación. Basta mencionar el trato preferencial que ha tenido el gobierno espurio de Calderón y el Gobierno del Estado de México encabezado por Enrique Peña Nieto hacia la empresa OHL, empresa española que actualmente tiene concesionados el Circuiro Mexiquense (que rodea gran parte del Estado de México), el Viaducto Bicentenario (2º Piso de Periférico del lado del Estado de México, Toreo a Perinorte), o las consesiones que racientemente acaba de adjudicar Marcelo Ebrard, Jefe de Gobierno del Distrito Federal, a la misma empresa (una por la vía de la licitación, y la otra por adjudicación directa) para la construcción del 2º Piso del Periférico del lado del Distrito Federal (San Antonio-Toreo) y de la mal llamada Supervía Sur-Poniente (en Magdalena Contreras), ambas vías que serán de cuota durante 30 años.

Así mismo, encontramos empresas españolas que participan en la generación de electricidad que luego le venden a CFE, lo cual, además, representa un acto de inconstitucionalidad. Y qué decir de las empresas trasnacionales norteamericanas que nos invaden como plaga. O de las canadienses que tienen en su mano la minería. O los coreanos y japoneses, que son casi dueños de Tepito.

Todos éstos elementos no hacen más que hacer ver lo evidente: que el Bicentenario y sus festejos es una simulación, una farsa. Lo peor es que existe gente que se lo cree.

Así mismo, existe otra cara de la moneda, ya que no puede ser ocultado lo evidente. Existe un poder detrás del trono, y se asomó por fin. Y se asomó cínicamente para no ocultarse más. El 15 de septiembre hizo su aparición Carlos Salinas de Gortari como invitado de honor en Palacio Nacional, en el marco de los festejos del Bicentenario que, por cierto, fue secuestrado y privatizado por esa oligarquía que aspiran a perpetuar su poder para siempre.

Fue algo lamentable y estúpido. Se gastó mucho (en forma suntuosa y ostentosa) en un espectáculo que no le gustó a nadie. Según los reportes que oportunamente daban desde el Zócalo a través de Twitter, la gente estaba muy enojada y/o decepcionada por la mala calidad del espectáculo ofrecido en el Zócalo.

Trifulcas dentro y fuera del Zócalo (algunos que querían entrar y se enfrentaron con los granaderos, otros a los que mezclaron con los reporteros, y se pelearon con ellos), un abucheo generalizado al Shalalalala de Aleks Syntek, la negativa a participar en la coreografía México Unido, y el repudio a los artistas que ahí se encontraban, fue parte de lo ocultado por las cámaras de televisión, pero parte de los hechos que las redes sociales, una vez más, dejaron al descubierto.

Pero el descontento no sólo fue enfocado hacia el espectáculo. Calderón fue abucheado, y coreado al grito de “¡Culero!” en la pantalla del Ángel de la Independencia (el único reporte con el que cuento, por cierto), y también en el Grito de Dolores Hidalgo. Cuando Calderón terminó su grito, el público comenzó a exclamar “¡Muera el mal gobierno!”, al estilo de Miguel Hidalgo en 1810.

Éste mal gobierno, que utilizó un espectáculo horrendo para mantener estupidizada a la gente, y que según mi propia conjetura, mientras la gente estaba entretenida viendo en el Zócalo y en las pantallas de televisión un espectáculo que costó miles de dólares, y que no estuvo a la altura de las espectativas, dentro de Palacio Nacional la mafia discutía y acordaba el traspaso del poder en 2012, en una reunión entre Fox, Calderón y Salinas (vuelvo a repetir: es mi propia conjetura. No implica que haya sucedido tal acontecimiento).

Vivimos una era lamentable. Salinas ha vuelto, y regresó para no irse más. Calderón demostró el 15 de septiembre que sólo es un empleado de él, y de los intereses que lo rodean. Tenemos una muy difícil tarea rumbo a 2012. Si Peña Nieto es electo Presidente, nunca más tendremos libertad en México. Votar por el PRI, o por el PAN, da lo mismo. Son sólo dos caras de la misma moneda. No podemos permitir que la oligarquía consolide su poder. Es ahora o nunca. Demos el cambio en 2012, o nos condenamos para siempre.

De acuerdo a la concepción de Federico Reyes Heroles padre, quien sostenía que “no puede existir independencia política sin independencia económica”, estamos muy lejos de poder celebrar un Bicentenario de la Independencia puesto que, ahora más que nunca, estamos sometidos a los intereses extranjeros. Tal vez ya sin ejércitos extranjeros; tal vez sin un funcionario público visible extranjero, como era el virrey; pero seguimos sujetos a las decisiones del extranjero y, lo más importante, sigue existiendo la misma opresión y pobreza que existían hace 200 años. O quizá no. Ahora hay más, porque tenemos a 80 millones de pobres en México, que representan cerca del 80% de la población.

Es tiempo de reflexionar y actuar. No podemos seguir así siempre. Dicen que no hay mal que dure 100 años, pero nosotros ya llevamos 500 años así.

Y me voy citando a mi teórico favorito, el brillante Karl Marx, quien decía que “aquel que no conoce la Historia, está condenado a repetirla”. No nos equivoquemos una vez más, y generemos el cambio para la Nación que nos merecemos.

¡Oh, Universidad!

Hola.

Por una causa o por otra, pero no pude escribir ésta entrada antes. Sin embargo, aún se encuentra presente el centenario de la Universidad Nacional, mi alma mater, y es por eso por lo que escribo el día de hoy.

La Universidad Nacional tiene un antecedente, algunos mencionan que directo (dentro de la UNAM así se considera), mientras que otros dicen que no tiene nada qué ver: la Real y Pontificia Universidad de México. Fue la primer Universidad que existió en el continente americano, fundada por el Virreynato de la Nueva España mediante la gestión de Fray Juan de Zumárraga y el Virrey Antonio de Mendoza, y por edicto de Carlos I. Fue extinguida en 1865 por decreto de Valentín Gómez Farías, liberal mexicano, quien la consideraba ejemplo de retroceso al estar bajo la tutoría de la Iglesia Católica.

En 1910, en el marco de los festejos del Centenario de la Independencia, fue reabierta mediante decreto de Porfirio Díaz y la intermediación de Justo Sierra, bajo la denominación Universidad Nacional de México. Uno de los principales objetivos, a partir de entonces, fue la autonomía universitaria, misma que fue obtenida en 1933, atribuída equívocamente a Manuel Gómez Morín, siendo éste último el primer rector de la naciente UNAM, y quien renunció sólo un año después de haber asumido la rectoría.

De huelgas de la UNAM, podemos hablar de muchas: desde la primera que se gestó en 1929, antes de que la Universidad fuera autónoma, la de 1933-34, poco después de haber adquirido su carácter de autónoma, la del 68, la del 87 y la del 99. Sin embargo, éstas huelgas siempre han sido motivadas por los abusos que han querido ejercer las autoridades universitarias sobre un conjunto de la comunidad, teniendo diversa índole.

La Huelga de 1929, que representa el antecedente inmediato a la autonomía universitaria, fue estallada el 6 de mayo de 1929, con Alejandro Gómez Arias (vasconcelista) al frente del Comité Central Ejecutivo de Huelga. Ésta huelga fue estallada, en un inicio, por la suspensión del exámen oral anual que fue sustituído por tres exámenes escritos; por el proyecto de aumentar un año más a la Escuela Nacional Preparatoria; y modificar el carácter de la participación estudiantil en el Consejo Universitario, pasando de ser observadores a tomar decisiones. El movimiento culminó con la promulgación de la primera Ley Orgánica de la Universidad Nacional Autónoma de México, el 11 de de julio de 1929, por parte del rector Ignacio García Téllez (Moctezuma Barragán, Pablo. Los orígenes del PAN. Ehecatl Ediciones, 1997. pp. 63, 64).

Posteriormente, tenemos la huelga de 1933, que abogó por la Libertad de Cátedra; la de 1968, que culminó con el Movimiento Estudiantil de 1968; y la de 1987 y 1999, que han sido los intentos por quitarle su carácter de pública y gratuita a la Universidad.

En éste sentido, intereses de privatización de la Universidad ha habido muchos, y en distintos momentos de la Historia de México. Y éste ha sido una de las principales oposiciones que ha tenido la UNAM como institución. Encontramos, por ejemplo, el primer intento privatizador en 1914, con el rector Valentín Gama, quien por cierto fue fundador del PAN. Así mismo, otro de los grandes intentos privatizadores de la UNAM fue con Manuel Gómez Morín, precisamente, pues cuando fue rector, cuando se envió una modificación a la Ley Orgánica de la UNAM, donde se especificaba que la UNAM tendría acceso a un subsidio único de 10 millones de pesos para el año siguiente, y después no más. Ésto, en la idea de Gómez Morín que consideraba que un conjunto de alumnos habituados a no pagar colegiaturas (Gómez Mont, 1996: 195), no apreciarían su enseñanza (Gómez Mont, 1996: 200) [Moctezuma Barragán, Pablo. Los orígenes del PAN. Ehecatl Ediciones, 1997. pp. 72).

Sin embargo, pése a éstos embates privatizadores de la UNAM, el fantasma nos rodea. Basta con ver a Jorge Carpizo, en 1987, o a Francisco Barnés de Castro, en 1999, quienes querían aumentar las cuotas en la UNAM, una gran intentona de convertir a la UNAM en una Universidad de élite. O bien, declaraciones absurdas (por no decir pendejas) como las de Federico Döring, quien aseguró que la UNAM es un gran lastre para México, y que es necesario privatizarla.

La UNAM, así, cumple 100 años, siendo la máxima institución de educación superior en México y América Latina, pero con los mismos fantasmas rondándola, principalmente aquellos que la quieren sujetar a las leyes de la oferta y la demanda. Esos fantasmas e inercias que quieren acabar con uno de los últimos reductos del pensamiento libre y crítico, donde la universalidad y discusión de las ideas predomina sobre la cerrazón y la pobredumbre que nos rodea en el México actual.

Así, pues, emancipar a la UNAM en éstos 100 años de vida como Universidad Nacional de México es defender su caracter de pública, laica, gratuita, y de la mejor calidad. Otra forma de emanciparla no existe.

Saludos. Dejen comentarios.

Convoca a foro sobre el conflicto chiapaneco

Señora directora: Convocamos a toda la sociedad que reinvindica la causa zapatista para conocer la opinión de los actores políticos en el conflicto en Chiapas.

Foro 2: La óptica de los partidos políticos y la sociedad civil organizada.

Ponentes: José Narro, Gilberto López y Rivas, Manuel Camacho Solís, Rutilio Escandón, Tomás Mojarro, Cándido Cueto, Carlos Montemayor y Enrique Semo. Moderadora: Ana Colchero.

Sede: Auditorio Barssol de la Facultad de Economía, miércoles 31 de enero del 2001 a las 12 horas.

Asimismo, convocamos a defender los tres puntos que Fox se niega a defender.

Comité Democrático Universitario: Georgina Sánchez, Laura Duarte, Thalía Abarca, Arturo Vázquez, José Abarca, Víctor Rosales, Víctor H. Romo, Luis Arias, Frida Gaytán, Mariano García, Alberto Ruiz, Alonso Arrioja, Ericka Aguilar, Jessica Aguilar, Yair Figueroa y Héctor Legorreta

Publicado en el Correo Ilustrado de La Jornada

Organizarán posible visita del candidato de la Alianza por México

Señora directora: Los abajo firmantes agradeceremos la publicación de la presente en el diario a tu digno cargo.

Estudiantes de la Universidad Nacional Autónoma de México invitamos a todos los interesados a la reunión amplia que se celebrará con motivo de la organización de la posible visita del ingeniero Cuauhtémoc Cárdenas Solórzano.

Los abajo firmantes creemos que, dadas las condiciones que vive la universidad, es importante escuchar las propuestas de Cárdenas respecto al proyecto de país que propone, y en especial las referidas a la educación.

Pese a los comentarios de algunas personas sobre la participación de la Universidad Nacional en la vida pública del país, creemos que la máxima casa de estudios debe mantener el lugar que le corresponde y ser depositaria del debate nacional sobre el futuro de México. Han sido, son y deben seguir siendo los universitarios quienes enriquezcan en mayor medida este debate.

La cita, para todos los universitarios interesados en sumarse al trabajo, es en el aula 1-P de la Facultad de Arquitectura de la UNAM, en Ciudad Universitaria, a las 17:00 horas del jueves 15 de junio de 2000.

Universitarios por Cárdenas:

Eugenio Montalvo, Fernando Armada, Héctor Legorreta, Carlos Castillo, Irving Espinoza, Benjamín Ayala, Marco Velázquez, Joel Simbrón, Alonso Arrioja, Ruth Orozco, Emiliano Monge, Camilo Saavedra, Sergio Hernández, Emilio Rivaud, Rafael López Giral, Rodian Rangel y Ariadna Montiel.

Publicado en el Correo Ilustrado de La Jornada