Razones para no hacer alianzas

Hola.

El próximo sábado, MORENA Hidalgo tendrá su primer pleno de Consejo Estatal. Los 60 Consejeros Estatales electos en los 7 distritos federales de Hidalgo, se reunirán por primera vez. Hay temas importantes que éste Consejo deliberará: la elección de las secretarías de Cultura y de la Diversidad Sexual, el plan financiero para el próximo semestre, y el más esperado: si MORENA debe participar o no en Hidalgo en las próximas elecciones locales a diputado local, programadas para julio de 2013.

Éste, sin duda, es el tema más importante que MORENA ha enfrentado en su corta vida, y también es el que tendrá mayor trascendencia en la vida de la organización, pues de que MORENA participe o no en las elecciones locales del año siguiente dependerá, en gran medida, el futuro de la organización en todos los sentidos.

Mi posición personal al respecto, más allá de las diferentes consideraciones que haya al respecto, es que MORENA no debe participar en las elecciones del año siguiente. A continuación menciono cuatro puntos importantes, que son los que considero deben tomarse en cuenta para tomar una decisión tan trascendental:

1. MORENA debe enfocarse a la organización interna.El proceso para que MORENA se convierta en partido comenzará en Enero de 2013, y a partir de ahí, el Instituto Federal Electoral (IFE) deberá determinar, a más tardar en un año (enero de 2014) si MORENA obtiene el registro o no. En éste sentido, considero que si MORENA participa en las elecciones del año siguiente, se distraería de la actividad principal en la cual debe enfocarse, que es en la construcción de los Comités Seccionales y los Comités Municipales en los 84 municipios del Estado.

También, debe enfocarse en la organización y preparación de la Asamblea Estatal Constitutiva, la cual deberá llevarse a cabo el Sábado 29 de Septiembre de 2012, a las 10 de la mañana, en la Plaza Juárez de Pachuca.

Si MORENA participa en las elecciones locales del año siguiente, los compañeros se distraerán, en primer lugar, en la negociación para la obtención de candidaturas, y posteriormente en la campaña electoral.Considerando que la elección será el  7 de Julio, los compañeros comenzarán a preocuparse en la estructuración de MORENA hasta esa fecha, ya con el tiempo encima, y con la posibilidad de que, al igual que en el primer proceso, se caiga en la simulación.

2. El fortalecido políticamente NO será MORENA.Conociendo a los compañeros del PRD y de los otros partidos (recordemos que milité 15 años ahí), en primera instancia, nos tendríamos que sentar a negociar con aquellos que secuestraron al PRD desde hace tiempo, y que ahora son la élite partidista, quienes son dueños de la franquicia, y quienes ahora se ufanan de ser los mandamás del Partido.

Posteriormente, una vez entrados en la negociación, no permitirían que MORENA encabezara candidaturas en las principales ciudades del Estado, o en aquellos lugares donde existirían condiciones de ganar, sino darían aquellas que nadie quiere, y que sabrían de antemano que están perdidas (recordemos que, durante mucho tiempo, los jefes del PRD han puesto “candidatos a modo” en muchos lugares, con el único fin de que el PRI gane).En cuanto a las candidaturas plurinomiales, no estarían en la disposición de ceder nada, y el acuerdo sería algo como que Guadarrama tenga el 1 de la lista, Isidro Pedraza el 2, Luciano Cornejo el 3, y MORENA el 4.

Una vez entrados en campaña, MORENA no participaría con ningún membrete, y tanto con la opinión pública, así como con el electorado en general, el beneficiado de la elección NO sería MORENA, sino el membrete o membretes que resultaron electos. En la práctica, MORENA perdería adeptos por la migración natural que se daría de cuadros hacia los partidos tradicionales. El saldo sería un debilitamiento de MORENA.

3. MORENA es visto como una opción distinta. Ante muchos ciudadanos, MORENA representa una opción distinta, que puede realizar efectivamente la transformación de México y de la vida pública del país, y representa también la última esperanza para millones de mexicanos.

El hecho de que MORENA participe en las elecciones del próximo año tendría un sentimiento de decepción para muchos ciudadanos, así como la constante interrogante “si se iban a volver a juntar con ellos, entonces ¿para qué se separaron?”

4. MORENA NO debe aliarse con aquellos que legitiman el totalitarismo en México. La cuarta, y más importante de todas, es que MORENA no puede ni debe legitimar el muy mal llamado Pacto por México, que no es otra cosa que la legitimación del totalitarismo priísta encabezado por Enrique Peña Nieto por parte de la “oposición”: una derecha entreguista, y una “izquierda moderna” simuladora, mezquina y ruin.

En éste entendido, al realizar MORENA una alianza electoral con el PRD estaría, de facto, legitimando ésta farsa democrática, éste totalitarismo que ha comenzado a instaurarse

Más allá del debate político que pueda existir al respecto, existe también un impedimento legal, plasmado en nuestros documentos básicos aprobados el pasado 19 y 20 de Noviembre en la Ciudad de México. El numeral 9 del artículo 2º del Estatuto menciona que l@s miembros de MORENA no se subordinarán ni buscarán alianzas con representantes del régimen actual y de sus partidos, a partir de la presunta necesidad de llegar a acuerdos o negociaciones políticas pragmáticas, de conveniencia para grupos de interés o de poder.

Algo es cierto: los partidos de “izquierda” y derecha del régimen actual se han alineado al régimen de Enrique Peña Nieto, y la formación de una coalición electoral con alguno de éstos partidos significaría, incluso, una violación grave a nuestros estatutos.

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Éstas son las razones que considero son las más importantes para que MORENA no realice alianzas electorales en Hidalgo para las elecciones locales del año siguiente. Sin embargo, el propio Consejo determinará el rumbo de esa decisión. MORENA Hidalgo tiene enfrente un gran reto. De nosotros depende llevarla a feliz término.

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El pacto

Hola.

Cada vez que nación o individuo alguno hace o quiere hacer alguna atrocidad, siempre lo hace “en nombre de Dios”. Es una práctica que se ha desarrollado durante muchos siglos y que, lejos de disminuir, aumenta la periodicidad con que ésta se justifica. Así también son los priístas (y no sólo ellos, sino en general todos los traidores), quienes en nombre de “México” o de la “Patria”, preparan sus tropelías con los que engañan al Pueblo para después, como es costumbre, traicionarlo.

Así, en los días pasados, tres de los principales partidos políticos firmaron en denominado Pacto por México, el cual regaló una fotografía a Enrique Peña Nieto como cualquiera que hubiera envidiado Calderón durante 6 años.

Sin embargo, más allá de la fotografía, lo cierto es que ese acto selló el triunvirato totalitario PRIANPeRreDista, pues mediante la coptación de la “izquierda moderna”, la “izquierda moderada”, o dicho con todas sus letras: la izquierda entreguista y simuladora, consiguieron la garantía de contar con una fuerza absoluta e inmoderada en el Congreso de la Unión, para que las contrarreformas de Peña Nieto sean aprobadas sin sufrir rasguño alguno.

Así, la agenda de Washington está asegurada. El moribundo neoliberalismo tiene una dosis de oxígeno y electroshocks, el cual resultará en una aprobación segura de las contrarreformas fiscal (la cual aumentará el IVA del 16 al 21%, además de que gravará alimentos, medicinas, educación y libros), la energética (la cual probablemente no privatice a PEMEX como empresa, pero sí el producto que procesa PEMEX, que es el petróleo), la educativa (en la cual está en riesgo los contenidos de la educación a nivel básico, la privatización simulada de la educación pública básica, y la privatización y desmembramiento de los grandes centros de estudio, como el IPN y la UNAM), y la de salud (en la cual se desmantelarán los servicios públicos de salud y se privatizará el IMSS y el ISSSTE).

La resistencia y oposición que había en el Congreso quedará minimizada, aislada y finalmente anulada. Muy poco podrán hacer los pocos legisladores que, haciendo dignidad a su cargo, manifestarán su rechazo a dichas medidas políticas y económicas, y sucumbirán ante el embate mayoritario y aplastante de los muy sonrientes firmantes del Pacto por México.

A los firmantes poco les importó las consecuencias que traerán sus actos. Cristina Díaz, en plena representación del Partido de Estado; Gustavo Madero, queriendo rescatar lo poco que ya queda de su partido, aspirando que ésta fallida alianza le ayude a reconstruir y recomponer al PAN; y Jesús Zambrano, actuando a motu propio, y entregando a la izquierda como lo hizo Talamantes en 1989 en el pacto firmado con Carlos Salinas de Gortari entre PRI, PAN y PFCRN.

Vienen tiempos difíciles, sobre todo porque (como mencioné antes) los atropellos que realizarán al Pueblo serán “en nombre de México”, apoyados por el poder mediático del duopolio televisivo Televisa-Azteca, donde la farsa democrática se ha descubierto de capa y ha destapado cínicamente el totalitarismo que han legitimado las principales fuerzas políticas “opositoras”.

El camino ya ha sido recorrido antes (por Hitler), y también está marcado: después de ésto, seguirá el control sobre los gobernadores, los cuales serán coptados con canonjías o sustituídos conforme a los intereses oficiales; los líderes sindicales, sustituídos y sumisos ante el poder;  posteriormente, los partidos entreguistas comenzarán a fusionarse y/o disolverse, y finalmente vendrá el poder casi absoluto, con sólo una oposición real: MORENA.

De no aprender de los errores del pasado, corremos un grave riesgo de repetirlos en nuestra tierra y con nuestra gente. Claro, todo ésto “por México”, “por el bien de la patria”, y “en nombre de Dios”.

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El límite

Hola.

El pasado 1º de Diciembre, los mexicanos fuimos testigos de la manifestación más violenta en los últimos 30 años, motivada por la toma de posesión de Enrique Peña Nieto en la Presidencia de la República y el regreso del Partido Revolucionario Institucional (PRI) tras 12 años de gobiernos priístas.

En ésta manifestación, la cual fue una gran catarxis colectiva, con un saldo de varias decenas de heridos (algunos de gravedad) para ambos lados, y con un muerto de lado de los manifestantes, se demostró un nivel de violencia como tenía mucho que no había en México en protestas multitudinarias.

Más allá de que haya habido provocadores o no, lo cierto es que las distintas organizaciones que acudieron a la manifestación en sus distintos frentes tenían ganas de hacer lo que hicieron (pues definitivamente, no son niños chiquitos a los que asuraron para radicalizar las manifestaciones): una confrontación frontal y directa contra el Estado, representado ahora por Peña Nieto. Una demostración de lo que son capaces de hacer ante la cerrazón de la élite del poder por realizar un cambio de rumbo, el cual está destruyendo al país.

A diferencia de lo argumentado por Marcelo Ebrard (a nivel local, el cual, afortunadamente, ya se va en dos días) y Manuel Mondragón (a nivel federal), en efecto esperaban manifestaciones violentas. Los gases lacrimógenos, los gases rosas, los rehiletes, las balas de goma, y demás artefactos que utilizaron para dispersar y reprimir a los manifestantes, las vayas cercando los puntos clave, y el número de policías desplazados a las distintas sedes y alrededor de todo el cerco, indica que si lo esperaban, aunque quizá no de la magnitud y de la forma tan agresiva como se presentó.

Sin justificar la violencia, lo cierto es que el carácter y naturaleza de éstas manifestaciones, las cuales han pasado de lo pacífico a la confrontación, demuestran el cada vez mayor hartazgo de la sociedad, debido al desempleo, inseguridad, violencia, hambre, miseria, y falta de democracia que hoy prevalecen en el país. Se han rebasado los límites de la paciencia popular, y se ha hecho patente ya de forma tangible.

Ante la gran mentira teorizada por Weber, en el sentido de que la violencia justificable es la monopolizada por el Estado (y en el caso mexicano, por el narco-poder también), los medios de comunicación han desatado una campaña de odio y miedo criminalizando la protesta social, y a los participantes en ella. Han justificado el uso de la fuerza, la violencia y la represión del Estado, y han criminalizado (jurídica y mediáticamente) a aquellos que no tienen otra forma de demostrar su impotencia, rabia, frustración y desesperación por estar condenados a una vida llena de carencias y miseria, mientras unos pocos (que es la oligarquía de éste país, así como su régimen títere encabezado por Peña Nieto) disfrutan de todos los privilegios, siendo ellos los principales criminales beneficiados de la desfortuna del Pueblo.

Pareciera que se justifica la violencia del narco y del Estado, más no así la del Pueblo, que se encuentra en su legítimo derecho de manifestarse como le venga en gana, pues su trabajo y sus impuestos son los que alimentan a los criminales beneficiados del Estado, así como a los policías que los reprimen. Justifican el terrorismo de Estado realizado por Calderón durante 6 años, y condenan enérgicamente y “con todo el rigor de la ley” (sic Marcelo Ebrard) el derecho a manifestarse por las vías que el Pueblo crea conveniente.

La “violencia dirigida y planeada para atentar contra instituciones nacionales” (como lo describió Mondragón) es una demostración de que el modelo de Estado Mexicano y sus instituciones, en su forma actual, han perdido vigencia, se encuentra hoy por hoy caduco, y está en estado de putrefacción. Indica también que el Pacto Social actual (no se confunda con la tontería llamada ‘Pacto por México’, sino aquel realizado no formalmente entre gobiernantes y gobernados) necesita renovarse, así como incorporar nuevas reglas, para recomponer el tejido y la convivencia social, la cual actualmente se encuentra degradada totalmente.

Sin embargo, ésto no parece importar a Peña Nieto y la oligarquía totalitaria. Seguirán profundizando el modelo económico neoliberal y, por ende, la desazón y frustración del Pueblo, la cual se irá manifestando con una violencia creciente en las manifestaciones, las cuales también serán reprimidas cada vez con mayor fuerza, violencia y magnitud.

Sin embargo, todo llega a un límite, a un punto de quiebre. Y es en ese momento donde se darán las condiciones para cambiar el estado de las cosas y el status quo imperante. No tarda mucho en llegar ese instante. Puede ser pacífico o violento, y eso depende de la forma en la cual el Estado asuma su rol en la sociedad. Mientras tanto, resistiremos los que estamos inmersos en ésta lucha, algunos de los cuales hemos optado por una vía más moderada, en la cual únicamente difiere el método utilizado. Pero ésto no quiere decir que nuestras luchas sean distintas, sino son complementarias.

Exigimos la liberación de los presos políticos del pasado 1º de diciembre, pues para que no haya violencia del Pueblo, debe primero terminar la violencia del Estado hacia sus gobernados. Así, exigimos también el cese a la represión por parte del Estado. Y no me refiero únicamente a los macanazos, las balas de goma y los lacrimógenos. Me refiero también a la represión mediática, psicológica, jurírica, política, económica, social y cultural. A terminar con la máxima utilizada durante la firma del “Pacto por México”, donde “todo aquel que no suscribe ese acuerdo está en contra de México”, que es la misma política de Bush de “están conmigo o en mi contra”.

Sólo así podremos estar como sociedad coexistiendo y en paz.

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Segunda vuelta, doble trampa

Hola.

Antes de que termine su sexenio, Felipe Calderón envía una iniciativa al Congreso de la Unión para que en el sistema electoral mexicano se incorpore la segunda vuelta en las elecciones presidenciales. Ésto se argumenta con el sistema democrático europeo, el cual los candidatos punteros (digamos, en términos futboleros) clasifican a la final para que, una vez ahí, se decida quién es aquel que tome en sus manos el destino de la nación.

Sin embargo, algo que no mencionan es que, en Europa, mientras que el primer lugar asume las funciones de Primer Ministro, Jefe del Ejecutivo, Jefe de Estado, Presidente Constitucional, o la figura con la que se quiera denominar al cargo, el hecho es que el segundo lugar asume las funciones de líder del Congreso, como jefe activo de la oposición, y donde las cámaras alta y baja le dan un contrapeso importante al poder no absoluto del Jefe de Estado, puesto que el sistema adoptado en Europa es una democracia parlamentaria, y no un presidencialismo pluripotenciario omnipotente omnipresente absoluto. Así, si viviéramos en una Democracia Parlamentaria en México, Enrique Peña Nieto sería el Jefe de Estado, y Andrés Manuel López Obrador, el líder del Congreso.

Sin embargo, ni la iniciativa de ley ni el sistema electoral mexicano tienen algo en común con el sistema europeo. En un país como México, donde se compra el voto con despensas, dinero en efectivo, materiales de construcción, tarjetas Soriana, condicionamiento de programas sociales, amenazas de perder el empleo, y un sinfín de formas más de coaccionar y comprar el voto (situación que no se presenta en las democracias europeas, por cierto), una segunda vuelta en las elecciones significaría todos los intereses oligárquicos y facciosos en contra de una opción distinta.

Hagamos un ejercicio: en la última elección presidencial, Peña Nieto quedó dos millones de votos arriba de López Obrador (ignoremos, por el momento, la forma en la que Peña obtuvo su votación). Si se hubieran ido a una segunda vuelta, considerando el poder de los gobernadores panistas y priístas sumados, el que Calderón (se supo públicamente) pactó con Peña Nieto con tal de no dejar pasar a AMLO, con la compra del voto de PAN y PRI a todo lo que dan, y con Televisa, Milenio, y demás medios de comunicación del régimen en contra, y considerando además que las segundas vueltas en México tienen un nivel de participación menor que las primeras vueltas (no se asombre: en San Luis Potosí hicieron ese ejercicio en la elección de Ayuntamientos de 2003, y se registró dicho fenómeno), se obtendría un resultado aproximado de Peña Nieto con 28 millones de votos, contra López Obrador con 17 ó 18 millones de votos (considerando que votaran 6 millones de personas menos, aproximadamente).

Es decir, la farsa democrática oligárquica totalitaria que actualmente vivimos sería legitimada en las urnas, de tal forma que nadie podría cuestionar el resultado de la elección. Sin embargo, también es cierto que el Congreso quedaría en manos de los de siempre, dado que no se está proponiendo que el segundo lugar ocupe la Presidencia del Congreso los próximos 6 años.

La iniciativa de ley que Calderón envió al Congreso no es una reforma política importante, donde traspasemos a esa línea hacia donde se encuentran las democracias europeas, sino una doble trampa para asegurar que la mafia se postergue en el poder eternamente, y el régimen de corrupción, explotación y privilegios también lo haga. Es la implantación de un sistema totatilario dictatorial simulado de farsa democrática. También, al mismo tiempo, es un reconocimiento del avance de la Izquierda en México en los últimos 25 años, y que ven un riesgo inminente en perder sus privilegios por una clase política distinta, y con un proyecto de nación diferente.

Los ciudadanos no se han dado cuenta del riesgo inminente que éstas reformas significan. La pérdida de libertad y garantías cada vez es más manifiesta, y mientras se encuentras alienados con la final del futbol, o el siguiente capítulo de la telenovela, la mano que mece la cuna va creando las condiciones necesarias para que, cuando sea demasiado tarde, no haya nada por hacer.

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El destino final

Hola.

El día de hoy fue aprobada la Reforma Laboral de Calderón en la Cámara de Diputados, con una alianza final del PRIAN (y donde Acción Nacional traicionó al PRD, con quien se había comprometido a frenar las iniciativas retrógradas priístas), y con la cual, dadas las cosas, será también aprobada en el Senado de la República.

Ya lo he dicho en otras ocasiones que éstas reformas no responden ni siquiera a una iniciativa de Peña Nieto al respecto (incluso, dudo que Peña Nieto tenga iniciativa para algo, pero eso es otra cosa), sino que responden a una serie de reformas estructurales redactadas y dictadas desde Washington, consensadas por el G-8, y puestas en práctica por el G-20, cuyo fin último es la profundización del modelo económico neoliberal y del sistema capitalista, no importando las consecuencias de sus imposiciones. Sin embargo, ésta contrarreforma laboral no es la única ley que deberá ser aprobada dentro del paquete de reformas estructurales. Ya se vislumbra en el horizonte por lo menos dos más: la reforma fiscal, y la reforma energética.

La reforma fiscal que Peña Nieto estaría enviando al Congreso durante el próximo periodo de sesiones tiene como fin último gravar todos los productos (incluyendo alimentos, medicinas, libros y educación, que actualmente están exentos) con el IVA (Impuesto al Valor Agregado). En días anteriores, José Ángel Gurría -Secretario General de la Organización para la Cooperación y Desarrollo Económico (OCDE), y que también es ex-Secretario de Hacienda del sexenio de Carlos Salinas de Gortari, o sea, priísta- “recomendó” al gobierno de Peña Nieto homologar el IVA al 19% “general, sin excepciones, sin tasa cero y sin diferencias en las fronteras” (Recomienda OCDE a gobierno de Peña homologar IVA a 19%. Martes 06 de Noviembre de 2012. http://redaccion.xhglc.com.mx/?p=6830).

Sin embargo, existe información de que ésta cifra sería el aumento conservador, por decirlo de alguna forma, porque existen especialistas (y López Obrador) que dicen que la meta es subirlo y homologarlo al 22%. Ésto, aunado a la pérdida anual del poder adquisitivo de los trabajadores en cuanto al salario mínimo, sumado con la reforma laboral recién aprobada, sería un desastre.

Por otra parte, la reforma energética que también estará presentando Peña Nieto ante el Congreso es tramposa y engañosa. Se maneja el doble discurso de no privatizar PEMEX (como empresa), pero se pone a disposición de las trasnacionales el petróleo (es decir, el producto que trabaja PEMEX en sus diferentes formas: exploración, perforación, extracción, procesamiento y distribución) y la renta petrolera (es decir, las ganancias del producto petrolero), en una clara y absoluta privatización.

De nada le sirven a la nación tener una red de gasolineras que están concesionadas y que lo único que pertenece a PEMEX es la imagen corporativa (pues la venta de las gasolinas las obtienen los concesionarios y no PEMEX), así como tampoco servirá de nada tener la rectoría sobre un montón de instalaciones, fierros, líderes sindicales y trabajadores cuando lo que debería generar PEMEX, que (vuelvo a repetir) es la exploración, perforación, extracción, procesamiento y distribución no lo va a hacer, y se quedará parte del producto en manos de Shell, Exxon, Mobil, Chevron, Texaco, British Petroleum, y demás empresas petroleras voraces.

Éstas contrarreformas (desde mi punto de vista) pasarán sin problemas, pues habrá manifestaciones en las calles, pero no contundentes, la sociedad en general no se movilizará, e incluso compartirán la idea de que así tiene que ser. La muestra me la han dado dos situaciones: la venta del voto y la votación a favor de Enrique Peña Nieto (para lo cual la memoria histórica no fue un factor de cambio), y la casi nula movilización de la sociedad civil ante la aprobación de una reforma laboral que afectaba sus intereses directos, y ante la cual no hubo la respuesta que tendría que existir.

Yo no soy de los optimistas que espera en que el Pueblo reaccione en éste momento, dado que si no reaccionó con los dos hechos mencionados anteriormente, no hay razón por la que ahora lo haga.

El destino final, sin duda será el parecido al de Argentina en 2001, donde en ése momento las contrarreformas neoliberales y las recetas dictadas desde el exterior (Washington, en concreto) y que llegaban con recomendaciones vía el Fondo Monetario Internacional y el Banco Mundial se hicieron insostenibles, entonces la economía se cayó, y fue hasta ese momento (cuando los argentinos ya habían perdido todo, y no tenían ni para comer) que entonces reaccionaron, cambiaron el gobierno, la clase política y la política económica, y entonces comenzaron una espiral cuesta arriba. Yo espero que ese sea el mejor escenario para México.

El otro es mucho peor, y es parecido al caso chileno, donde lograron deponer al dictador Pinochet después de muchos muertos, pero jamás cambiaron la política económica, pese al cambio de gobierno y de clase política. Y una nueva generación les ha venido a enseñar a luchar a aquellos adultos que se conformaron con sólo la alternancia en el poder. Sin embargo, la lucha que ha dado ésta nueva generación en Chile no ha conseguido ablandar, en lo más mínimo, al modelo neoliberal enquistado, en gran parte por el origen de Piñera, pero en gran parte también porque esa socialdemocracia que gobernó con Bachelet no hizo los cambios necesarios que necesitaba el país porque no se atrevieron, o porque así les convenía.

De ser el segundo escenario para México, tendrá que pasar mucho tiempo antes de que las cosas verdaderamente cambien. Pero, para entonces, quien sabe si México siga existiendo como país soberano, si seamos un protectorado más, una colonia formalmente reconocida, o bien un estado más de el país de las estrellas.

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Todo cae por su propio peso

Hola.

Cuando apareció el #YoSoy132, hubo una especie de histeria colectiva, sobre todo en la Izquierda, pero también fuera de ella, quienes se dejaron llevar por esa ola que, más que cualquier otra cosa, era una moda. Así, los menos jóvenes vieron con gran expectativa lo que pudiera generar el #YoSoy132, incluso, mucha gente de la vieja Izquierda que, llevando a cuestas sus frustraciones por no haber hecho en su momento lo que tenían que hacer, se sintieron identificados con esos jóvenes que irrumpieron abruptamente en la sociedad. Los más jóvenes, se incorporaron por el instinto natural de imitación que surge en los jóvenes, otros más por moda, por curiosidad, otros por sentirse revolucionarios, y muy pocos por la verdadera convicción de, a partir de ahí, cambiar la sociedad hacia un rumbo distinto.

Hubo otros (los menos) que hemos militado mucho tiempo en la Izquierda (y que incluso fuimos acusados de ser insensatos y/o traidores, por no apoyar un movimiento “real, genuino y auténtico”), y que no nos dejamos llevar por esa ola llamada #YoSoy132, pues al ser un movimiento burgués (recordemos que el #YoSoy132 nació en la Universidad Iberoamericana, cuna de los principales tecnócratas y derechistas de éste país), en algún momento no sobreviviría a su propia contradicción de clase. Eso explica por qué Antonio Attolini aceptó incorporarse a Televisa y ser una estrella más del Canal de las Estrellas. Por naturaleza y por ley casi natural, la burguesía no puede atacar a la propia burguesía, pues los intereses de clase (que finalmente, es el motor de la Historia) son los mismos. En consecuencia, al no ser antagónicos, en algún momento coinciden, y se dan fenómenos como el antes descrito. Por tal motivo, aquellos que se quejan de una “traición” de Attolini deberían apreciar que no existe tal.

El #YoSoy132 (sociológicamente hablando) nunca fue un movimiento social. Si acaso llegó a ser una muchedumbre mal organizada, carente de objetivos, dirigencia, disciplina e identidad. Eso le aseguraba ser algo efímero, desde su propio inicio. Y los dos objetivos que perseguían (y que se conocieron) eran objetivos burgueses, en esencia. La no-imposición de Enrique Peña Nieto en la Presidencia de la República no sólo la perseguían los que apoyaban a López Obrador, sino también los panistas (eso explica la infiltración de personajes como Diana Vega, hija de Xóchitl Gálvez, en el #YoSoy132 en Hidalgo), partido que surge debido a las políticas públicas del Presidente Lázaro Cárdenas. El otro objetivo, la democratización de los medios de comunicación, es un objetivo más relacionado con las clases medias y altas que con las clases más desprotegidas. Cuando se quedaron sin bandera y sin objetivo, entonces oportunistamente agarraron la bandera de la reforma laboral para mantenerse vigentes.

Jamás fueron objetivos del #YoSoy132 el combate a la pobreza, a la corrupción, la reforma energética, la reforma fiscal, el cambio del modelo económico, por mencionar algunos temas. Jamás hubo un programa definido. Jamás, tampoco, hubo una definición política para mandar a votar por López Obrador a la sociedad, pese a que casi todos los integrantes del #YoSoy132 simpatizaban con las ideas del tabasqueño.

Los métodos de lucha por supuesto que también fueron cuestionables. Mantener una táctica de lucha sharpiana, planteada desde la CIA, donde lo importante es gritar, mentar madres y caminar por las calles (o marchar, para los quisquillosos) sin tener alguna otra forma de oponerse al sistema, su “apartidismo” funcional al sistema que querían “combatir”, así como no tener ninguna propuesta ideológica como alternativa al sistema imperante (así como rehuir de toda ideología para “no estigmatizarse”) dejaban de lado el triunfo de su “revolución” gatopardista.

Deslinde tras deslinde, el #YoSoy132 ha cavado su propia tumba al no tener una dirigencia definida, electa democráticamente, la cual fuera visible para evitar lo que ahora se ha presentado, primero con Aleph Jiménez, en su cobarde huída por situaciones paranoicas, y posteriormente con Attolini, en su claro protagonismo a ultranza. Esos deslindes (más allá de lo efectivos o no que sean) llegan tarde, una vez que se han consumado los actos, y cuando la reputación ya se encuentra por los suelos.

Así, hubo algunos que tuvimos que autocensurarnos y no decir públicamente lo que pensábamos, debido al escarnio y linchamiento sobre todo aquel que estuviera en contra de dicho movimiento, y no pudimos más que tener una posición manteniéndonos al margen y soportando injurias y cuestionamientos (incluso) de muchos compañeros que al final decidieron irse a caminar y gritar al lado de ellos. Sin embargo, es Ley Natural y Universal: todo cae por su propio peso. Y agregaría Marx: todo lo sólido se desvanece en el aire.

Así, mientras el “glorioso” #Yosoy132 se incorpora a las filas de Televisa, y se vuelve parte de la corrupción del sistema, nosotros continuamos aquí (y que, por cierto, estuvimos despiertos mucho tiempo antes), luchando por una mejor Patria. La forma y el método sobran mencionarlos nuevamente. Y el objetivo final es el mismo: la transformación de la vida pública de México.

Al final, a cada uno de nosotros, nos juzgará o absolverá la Historia.

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