El traidor

Hola.

Mucho he escrito sobre Ecuador en este blog. Podría asegurar que, junto al caso mexicano y venezolano, es uno de los países a los que les he dado un seguimiento preciso desde el surgimiento de los gobiernos progresistas de la década pasada.

Rafael Correa llegó al poder en 2007, y podríamos decir que es el único presidente ecuatoriano que ha concluído su mandato en 30 años de álgidas revueltas sociales. El triunfo de Correa fue oxígeno, si, para América Latina, pero también para Ecuador tras años de políticas neoliberales “recomendadas” desde los grandes organismos internacionales: FMI, BM, OCDE.

A partir de entonces, comenzó a implementar un modelo distinto, el Socialismo del Siglo XXI desde las particularidades ecuatorianas, el de la Revolución Ciudadana, que se sumó a otros movimientos que habían llegado al poder como el de Hugo Chávez en Venezuela, Evo Morales en Bolivia, Lula Da Silva en Brasil, Nestor Kirchner y Cristina Fernández en Argentina, rompiendo de facto con el FMI y las políticas neoliberales.

Como en toda la historia de los gobiernos progresistas de América Latina (Bahía de Cochinos en 1961, el 11S de Chile en 1973, el Golpe de Estado en Venezuela en 2002, por mencionar algunos), la CIA orquestó un intento de Golpe de Estado en 2010 con el apoyo de la policía nacional. Sin embargo, el Pueblo salió a las calles, y defendió a su Presidente.

Así, Correa desafió al Imperio, y no solo con un programa de gobierno distinto, sino con acciones como el asilo político del activista Julian Assange, fundador de Wikileaks, así como una política económica sólida.

Había que romper con este modelo exitoso de una política, una economía, una sociedad distinta ¿Y cómo había que hacerlo? Pues coptando al nuevo Presidente. Y así fue.

Lenin Moreno, desde el primer momento en que asumió la Presidencia de Ecuador, se comportó como un traidor, como un ariete de la derecha. Bajo el pretexto de romper con el estilo de Correa (a pesar de haber sido su vicepresidente), Lenin comenzó a alejarse más y más de los principios de la Revolución Ciudadana, y a mostrar su verdadera cara.

El primer acto de traición fue haber acusado a Jorge Glas, vicepresidente de Ecuador y gente leal a Correa, de asociación ilícita en un cuestionado caso de sobornos de la constructora Odebrecht y condenado a seis años de prisión. Cuestionado, ya que se ha denunciado por parte de juristas y especialistas que hubo irregularidades en el proceso judicial contra Glas, y donde además hubo “justicia” selectiva por parte de la corte.

Posteriormente, el siguiente acto de traición se dio cuando Lenin Moreno (después del proceso contra Glas) rompe con Rafael Correa, y usurpa la dirección de ‘Alianza País’, partido que lleva al poder a Correa en 2007 y Moreno en 2016.

La tercer traición de Lenin Moreno llega cuando es retirado el asilo político a Julian Assange y es entregado a las autoridades suecas para ser entregado a USA para ser juzgado por las filtraciones que hizo a través de su portal de internet.

La cuarta traición de Lenin se da en octubre de 2019, cuando decide implementar un paquete de medidas económicas neoliberales, entre ellas el aumento del diésel y la gasolina y el aumento del IVA al 12%.

La quinta traición se da casi al mismo tiempo que la cuarta, al momento que comienza la represión contra los ecuatorianos que se manifiestan contra las medidas neoliberales de Lenin, las cuales han costado varios muertos y cientos de heridos por la brutal ofensiva represiva del Gobierno, la militarización de las principales ciudades, y el estado de excepción que ha llevado a un toque de queda en Quito.

El grado de la represión es tan grande y tan grave, que el Gobierno de México ya ha recibido solicitudes de asilo político, como el caso de Gabriela Rivadeneira, asambleísta nacional de dicho país por el Movimiento Político Revolución Ciudadana.

Es indiscutible que en el proceso que llevó a cabo la Revolución Ciudadana en Ecuador fue desarticulado por el entreguista gobierno de Moreno, sobre el cual apenas se escucha en los medios de comunicación mexicanos, y ha llegado en forma de “disturbios”, “saqueos” y “pequeñas protestas” gracias a los corporativos mediáticos que las oligarquías mantienen bajo su poder y dominio en todo el mundo.

En este caso, para los medios de comunicación, Ecuador no ha pasado a ser una dictadura (como es el discurso, por ejemplo, con Venezuela), a pesar de que las violaciones a las garantías constitucionales de los ciudadanos son constantes, sino que además ha acallado las voces disidentes, como el retiro de señal de Telesur en el país andino.

La renuncia de Lenin Moreno debe darse, y no debe entenderse como una intromisión a la política interior de Ecuador, sino como una necesidad por salvaguardar el derecho del Pueblo ecuatoriano a decidir su propio destino, el cual ha sido manifestado en las calles de Quito y de las principales ciudades en dicho país.

La traición de Lenin Moreno no sería tan importante, de no ser porque en el Cono Sur se ha asentado la ultra derecha con el fascismo brasileño, encarnado por Jair Bolsonaro, o el neoliberalismo ortodoxo argentino, de Mauricio Macri, como para ahora inaugurar la dictadura ecuatoriana de Lenin Moreno.

Es preciso detener el avance de la derecha latinoamericana antes de que permeé, como en los 70’s y 80’s, a todo el continente, con los devastadores efectos que va a tener sobre nuestras sociedades.

Saludos. Dejen comentarios.

El golpe

Hola.

Hay ocasiones en las que decir “te lo dije” es gratificante, pero en otras es incómodo, insatisfactorio, doloroso. Y esta es una de ellas.

En los últimos tres años, escribí diversos textos sobre la gran amenaza retrógrada que se cernía sobre América Latina y los gobiernos progresistas que existían en la región (El fantasma, Plan Condor reloaded, El complot y El circo de varias pistas) por parte de la política intervencionista de Washington, que cada vez se ha hecho más evidente en los últimos años.

Había muchas y evidentes muestras de que Estados Unidos se había propuesto recuperar la influencia política y económica que había perdido en la región, mediante un gran plan de financiamiento de Washington y los grandes organismos internacionales, destinado a las diferentes derechas de cada país, las oligarquías locales y los medios de comunicación a su servicio.

Cabe señalar que, Barack Obama, ha sido el presidente más bélico e intervencionista que ha habido en Estados Unidos en mucho tiempo, incluso más que George W. Bush, pues en su haber tiene guerras y/o bombardeos en Afganistán, Libia, Somalia, Pakistán, Yemen, Irak y Siria, además de la desestabilización en Ucrania, el financiamiento de Daesh (ISIS o Estado Islámico), y las más recientes intervenciones políticas en países de América Latina, desde México hasta la Patagonia.

Sin embargo, tras una serie de golpes o intervenciones fallidos (que podemos considerar desde el Golpe de Estado contra Hugo Chávez en 2002 hasta los disturbios de 2014 en Venezuela encabezados por Leopoldo López, y que enumero en El circo de varias pistas), en los últimos seis meses, Washington ha conseguido avanzar en su plan de reconquista de América Latina.

Así, la primera victoria contra los gobiernos progresistas de la región en noviembre de 2015 en Argentina, cuando el empresario neoliberal Mauricio Macri venció al kirchnerismo en una segunda vuelta electoral muy cerrada, con Grupo Clarín apoyando abiertamente al candidato presidencial derechista. El resultado 6 meses después de haber asumido el poder: 45 mil despedidos en el sector estatal, y 85 mil en el sector privado, y una serie de políticas que han ido reestableciendo el neoliberalismo en Argentina.

Un mes después, Washington obtuvo su segunda victoria en contra de los gobiernos progresistas de la región. La derecha venezolana logró el control de la mayoría del congreso, donde el partido gobernante, el PSUV, quedó relegado a una minoría, existiendo una gran campaña de odio y manipulación apoyada en grandes corporativos mediáticos como Globovisión, Venevisión y Televen previo a las elecciones legislativas de diciembre de 2015. Como resultado, Henry Ramos Allup asumió la Presidencia del Congreso, desde donde se ha intentado hasta el momento, sin éxito, destituir a Nicolás Maduro de la Presidencia de la República, así como intentar desmantelar el Estado Social de la Revolución Bolivariana, reprivatizar bienes públicos, y reimplementar el neoliberalismo en Venezuela. Sin embargo, el riesgo sigue latente.

Poco a poco, de forma silenciosa como un cáncer, sigue avanzando el intervencionismo estadounidense en América Latina, utilizando a las instituciones del Estado, así como los marcos jurídicos vigentes, para consolidar su dominio e influencia en la región. En los días pasados, se consumó el golpe parlamentario contra la Presidente Dilma Rousseff en Brasil, país clave y elemental de lo que significó la transición a los gobiernos progresistas de América Latina en la década pasada.

En una de las que resulta una de las ironías más grandes de la Historia, la Presidente Rousseff fue acusada de realizar actos de corrupción no comprobados, y destituida por ello de su cargo (en el cual fue reelecta democráticamente por la mayoría de los brasileños) por diputados de oposición derechistas, muchos de ellos acusados de corrupción comprobada (y con fuero constitucional), acompañados de corporativos mediáticos como O Globo, repitiendo y reescribiendo la historia ya descrita de Argentina y Venezuela.

Así, tras la destitución de Dilma, Michel Temer (el vicepresidente de Brasil) asumió el poder hasta por 180 días de forma interina, tiempo en el que el congreso decidirá si Dilma es destituída definitivamente o no (lo cual, dadas las circunstancias actuales, es muy probable, casi un hecho).

Así, tras asumir el poder, las primeras acciones anunciadas y algunas ya concretadas de Temer han sido encaminadas a restaurar el neoliberalismo en Brasil, y desmantelar el Estado Social construído durante las gestiones de Lula y Dilma.

¿Qué tienen en común estos tres procesos políticos y sociales?

  1. Campañas de desprestigio permanente en los grandes corporativos mediáticos, acentuados antes de elecciones parlamentarias y/o presidenciales;
  2. Financiamiento de las derechas de cada país por parte de las oligarquías locales, los grandes corporativos trasnacionales, los grandes organismos internacionales y/o Washington;
  3. Avance y triunfos importantes de la derecha, obtención de mayorías parlamentarias y/o alternancia política presidencial;
  4. Si el triunfo fue legislativo, boicot y contrarreformas a los procesos progresistas o, si el triunfo es en el ejercicio del poder presidencial, desmantelamiento acelerado del Estado Social, y reimplementación del neoliberalismo; y
  5. Derrocamiento de los gobiernos democráticamente electos por vías legaloides, pero con “legalidad” y “apego a derecho”.

Así, el triunfo de la derecha en Venezuela no es frenar la “carestía” existente (producto del acaparamiento que hacen las grandes empresas), ni en Argentina fue “acabar con la corrupción de los Kirchner”, ni en Brasil “acabar con la corrupción de Dilma”. El fin último, y el transfondo real, es la reimplementación de las políticas económicas neoliberales en la región, ampliar el intervencionismo de Washington en América Latina, y la llegada al poder de gobiernos satélites, con Congresos y/o Presidentes a modo, para evitar cualquier intento por restaurar el Estado Social de los gobiernos progresistas anteriores, pues finalmente estos contravenían y estorbaban a la instauración del Nuevo Orden Mundial que, desde hace algunas décadas, quiere imponer Estados Unidos en todo el planeta.

Así, se complica aún más el panorama para los gobiernos progresistas de la región. Venezuela sigue en vilo, y Ecuador tiene una vulnerabilidad latente tras el terremoto que impactó aquel país hace algunas semanas.

Peor aún, el panorama para México es sumamente complicado, pues si en ya dos ocasiones anteriores impidieron la llegada de Andrés Manuel López Obrador al poder (una Izquierda que no es Izquierda, pero que es una solución temporal alterna al régimen priísta neoliberal mientras llega una opción de verdadera Izquierda al país), y donde según diversas encuestas podría ser el próximo Presidente de México en 2018 (encuestas que desde mi punto de vista están infladas, y con una intencionalidad perversa detrás), es obvio que no lo dejarán ser presidente (por tercera vez), a menos que haya negociado la Presidencia a cambio de mantener el modelo económico neoliberal, o le impongan un Congreso de derecha (escenario cercano a Venezuela o Brasil) para provocar una inactividad, y así seguir el script de Brasil.

Se ha complicado mucho el escenario para la Izquierda latinoamericana, y temo que Brasil no será el último gobierno progresista en ser derrocado por la vía legaloide. Y la experiencia dice (y se ha confirmado) que cuando las barbas de tu vecino veas cortar, pon las tuyas a remojar.

Saludos. Dejen comentarios.

El fantasma

Hola.

Desde 1823, año en que Estados Unidos (por medio de la Doctrina Monroe), decidió que América es de los Americanos (no de los que vivimos en el continente de América, sino de los estadounidenses, quienes se denominan a sí mismos Americanos), América Latina ha sido objeto de vejaciones por parte de los que se han denominado a sí mismos Americanos.

En éste sentido, los gringos siempre serán gringos, y en consecuencia serán voraces, ambiciosos, ventajosos, belicosos y oportunistas. No existe un país que mayor cantidad de guerras haya establecido en el mundo, ya sea en la búsqueda de recursos naturales, territorio, materias primas, mercados o todas las anteriores juntas, por supuesto y siempre ineludiblemente, en nombre de la Libertad y la Democracia.

Así, América Latina (que tuvo la desgracia de compartir el continente con ellos) ha sido quien más ha sufrido las ambiciones expansionistas e imperialistas de nuestro vecino del Norte. La primer víctima de la absurda Doctrina Monroe fue nuestro país, quien después de una desigual guerra tuvo que ceder la mitad del territorio nacional a USA en 1848, por medio del Tratado Guadalupe-Hidalgo. Pero no hemos sido los únicos. Entre la lista de vejaciones e intervencionismo que ha habido por parte de USA tenemos la dolosa construcción y administración del Canal de Panamá, la explotación y pillaje del petróleo mexicano hasta la Expropiación Petrolera, o las múltiples dictaduras militares que ha sufrido el continente en distintos países gracias a la mano irrestricta de Estados Unidos por medio de su brazo ejecutor, la CIA.

Victoriano Huerta en México, Leónidas Trujillo en República Dominicana, Anastasio Somosa en Nicaragua, Fulgencio Batista en Cuba, Augusto Pinochet en Chile, Jorge Videla en Argentina, la junta militar brasileña, y muchos casos más son vinculados directamente a grupos contrarrevolucionarios entrenados y apoyados por USA por medio de la CIA, entrenados (los dictadores a partir de la década de los 50’s) en la Escuela de las Américas, así como una influencia militar importante planeada y llevada a cabo por medio del Plan Cóndor. Incluso, hace algunos días, Wikileaks puso en evidencia el papel que tuvo Luis Echeverría Álvarez, ex-presidente de México de 1970 a 1976, en su vínculo con la CIA, y de igual forma se conocen vínculos de, al menos, varios ex-presidentes que tenían ese mismo vínculo, como lo fue Miguel Alemán (1946-1952), Adolfo Ruiz Cortínez (1952-1958) y Gustavo Díaz Ordaz (1964-1970).

Así, tras años de desapariciones forzadas, asesinatos, secuestros, torturas, y diversas formas de represión, las dictaduras militares latinoamericanas fueron cuestionadas por la opinión pública mundial, por lo que abrieron un periodo de simulación de democracia, en la cual, después de las dictaduras militares, la mayor parte de los gobiernos surgidos de esas elecciones fueron de derecha. Sin embargo, el hastío de la población con esas formas y métodos de gobiernos propiciaron que, poco a poco y ya fuera de la clandestinidad, la Izquierda fuera ganando terreno, hasta llegar a tener triunfos importantes como el de Hugo Chávez en Venezuela, Luis Inácio Lula da Silva y Dilma Rouseff en Brasil, Nestor y Christina Kichtner en Argentina, Evo Morales en Bolivia, Rafael Correa en Ecuador, Fernando Lugo en Paraguay, Michelle Bachelet en Chile, Daniel Ortega en Nicaragua, y Ollanta Humala en Perú.

Sin embargo, el fantasma golpista que rondó en América Latina desde la década de los 50’s y hasta entrados los 80’s volvió a aparecer, aunque primero de forma fallida. Primero con Hugo Chávez en 2002, con Evo Morales en 2008, y con Rafael Correa en 2010, sin contar el intervencionismo que hubo en las elecciones presidenciales en México de 2006 y 2012, donde Andrés Manuel López Obrador no tuvo el reconocimiento oficial al haber ganado la elección presidencial en 2006, y posteriormente al enfrentarse a una campaña multimillonaria y cuestionable que el actual presidente no ha podido (ni le interesa) esclarecer.

Pese a esto, el fantasma sigue presente, y no se ha ido. El Plan Colombia y la Guerra contra el Narco desatada en México desde hace 6 años es prueba de ello. El Golpe de Estado consumado contra Fernando Lugo en Paraguay hace 10 meses es prueba de ello. La actitud golpista de Henrique Capriles en Venezuela (aprovechando el descontrol político que existe actualmente en dicho país debido al fallecimiento de Hugo Chávez) quien, habiendo desconocido el resultado de una segunda elección donde fue derrotado, envió a sus seguidores a las calles a generar violencia y confusión, los cuales tuvieron un saldo de 7 muertos para el partido gobernante (el PSUV), y abriendo el paso para un Golpe de Estado, o una intervención militar norteamericana, también es prueba de ello.

Oscuros nubarrones se miran en el horizonte latinoamericano, una vez que la maquinaria en Washington se ha puesto en marcha nuevamente, y tienen como finalidad la reimplantación del neoliberalismo (en aquellos países que ya tienen su propio rumbo) ya sea por la vía democrática o violenta, profundizarlo en aquellos donde tienen gran injerencia (como México), y continuar el saqueo que durante poco más de dos siglos han venido realizando en contra de los latinoamericanos.

Sin embargo, a pesar de los pesares, siempre hay alternativas, pues aún somos muchos que creemos que otro mundo es posible, más humano, más igualitario y más justo, donde se privilegie lo social a lo económico, lo espiritual a lo material, y lo moral al éxito a toda costa. Todo depende de qué tan dispuestos estamos a defender lo nuestro y lo que nos corresponde por derecho. Sólo así podremos realizar una transformación real de México, y no simulaciones, como lo realiza el gobierno en turno, por supuesto, siempre apoyado desde lo alto por Washington, los organismos multinacionales, las trasnacionales y la oligarquía, que no está dispuesta a dar nada, y que está decidida a continuar con su característico entreguismo de siempre.

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Ecuador, centro del mundo

Hola.

De acuerdo a lo que recuerdo que me enseñaron en la primaria, que luego fue reforzado por mis clases de Geografía en la secundaria, Ecuador es una línea imaginaria que atraviesa transversalmente la Tierra por su centro. Ésta línea, así mismo, define dos de los extremos del mundo: el hemisferio norte y el sur, y define los 0º de los paralelos.

Ecuador no sólo es una línea imaginaria. Es también un país independiente desde 1830, que se encuentra ubicado en Sudamérica. Gobernado por la Izquierda, encabezada por Rafael Correa, Presidente Constitucional desde 2007. Y también, víctima de las oligarquías locales, las cuales perpetraron un intento fallido de Golpe de Estado, tras la reforma laboral de Correa.

¿Qué contiene esa reforma? Pago de tiempo extra reglamentario, prestaciones… todo lo que la Ley Lozano (antes Ley Abascal) quiere derogar en México. Y esa reforma, la cual afectaba a muchos sectores de la derecha, hizo que el sector empresarial, con gran apoyo del ex-presidente Lucio Gutiérrez, quien por cierto, ya había encabezado un golpe de estado antes, en el año 2000, en contra de Jamil Mahuad, utilizaran a la policía mintiéndoles para concretar sus objetivos.

A diferencia de lo expresado por el duopolio Televisa-Azteca, así comode las grandes televisoras extranjeras como CNN, y a diferencia de muchos golpes de Estado anteriores en Ecuador, la gente salió a las calles, el Vicepresidente, el Congreso, y las Fuerzas Armadas le declararon su lealtad al Presidente, lo cual se convirtió en un gran aliciente para sofocarlo. Fue impresionante cómo la gente se reunió y se movilizó para rescatar a su Presidente, el cual estuvo 10 horas secuestrado en un hospital, debido a una lesión hecha por los policías en su rodillas, por lo cual tuvo que ser operado de inmediato. También fue impresionante ver cómo las fuerzas armadas de Ecuador eran atacadas por la policía, pues mientras el Ejército traía “salvas”, la policía arremetía por igual a disparos en contra de ejército y sociedad.

Sin embargo, el golpe de estado no se concretó. Pero la lección que nos deja es que éstos ejercicios por parte de la derecha no acabarán aquí. Tenemos una gran cantidad de experiencias en América Latina en éste sentido, la misma historia de siempre, siendo los más recordados el de Pinochet a Salvador Allende en 1971; el realizado por las cámaras empresariales, las televisoras y los partidos de derecha en contra de Hugo Chávez; los intentos desestabilizadores en Bolivia, de igual forma, por las cámaras empresariales en contra de Evo Morales; o el último anterior al de Correa, el realizado en Honduras por Micheletti en contra de Manuel Zelaya.

Pese a que se está reestableciendo el orden en Ecuador, no debe uno confiarse. Los intentos desestabilizadores en contra de gobiernos de Izquierda en América Latina ha sido una constante. Y si no es Ecuador, mañana será Brasil, o Argentina, o cualquier país donde haya fuerzas progresistas empujando una alternativa real a las imperantes.

Saludos. Dejen comentarios.