El golpe

Hola.

Hay ocasiones en las que decir “te lo dije” es gratificante, pero en otras es incómodo, insatisfactorio, doloroso. Y esta es una de ellas.

En los últimos tres años, escribí diversos textos sobre la gran amenaza retrógrada que se cernía sobre América Latina y los gobiernos progresistas que existían en la región (El fantasma, Plan Condor reloaded, El complot y El circo de varias pistas) por parte de la política intervencionista de Washington, que cada vez se ha hecho más evidente en los últimos años.

Había muchas y evidentes muestras de que Estados Unidos se había propuesto recuperar la influencia política y económica que había perdido en la región, mediante un gran plan de financiamiento de Washington y los grandes organismos internacionales, destinado a las diferentes derechas de cada país, las oligarquías locales y los medios de comunicación a su servicio.

Cabe señalar que, Barack Obama, ha sido el presidente más bélico e intervencionista que ha habido en Estados Unidos en mucho tiempo, incluso más que George W. Bush, pues en su haber tiene guerras y/o bombardeos en Afganistán, Libia, Somalia, Pakistán, Yemen, Irak y Siria, además de la desestabilización en Ucrania, el financiamiento de Daesh (ISIS o Estado Islámico), y las más recientes intervenciones políticas en países de América Latina, desde México hasta la Patagonia.

Sin embargo, tras una serie de golpes o intervenciones fallidos (que podemos considerar desde el Golpe de Estado contra Hugo Chávez en 2002 hasta los disturbios de 2014 en Venezuela encabezados por Leopoldo López, y que enumero en El circo de varias pistas), en los últimos seis meses, Washington ha conseguido avanzar en su plan de reconquista de América Latina.

Así, la primera victoria contra los gobiernos progresistas de la región en noviembre de 2015 en Argentina, cuando el empresario neoliberal Mauricio Macri venció al kirchnerismo en una segunda vuelta electoral muy cerrada, con Grupo Clarín apoyando abiertamente al candidato presidencial derechista. El resultado 6 meses después de haber asumido el poder: 45 mil despedidos en el sector estatal, y 85 mil en el sector privado, y una serie de políticas que han ido reestableciendo el neoliberalismo en Argentina.

Un mes después, Washington obtuvo su segunda victoria en contra de los gobiernos progresistas de la región. La derecha venezolana logró el control de la mayoría del congreso, donde el partido gobernante, el PSUV, quedó relegado a una minoría, existiendo una gran campaña de odio y manipulación apoyada en grandes corporativos mediáticos como Globovisión, Venevisión y Televen previo a las elecciones legislativas de diciembre de 2015. Como resultado, Henry Ramos Allup asumió la Presidencia del Congreso, desde donde se ha intentado hasta el momento, sin éxito, destituir a Nicolás Maduro de la Presidencia de la República, así como intentar desmantelar el Estado Social de la Revolución Bolivariana, reprivatizar bienes públicos, y reimplementar el neoliberalismo en Venezuela. Sin embargo, el riesgo sigue latente.

Poco a poco, de forma silenciosa como un cáncer, sigue avanzando el intervencionismo estadounidense en América Latina, utilizando a las instituciones del Estado, así como los marcos jurídicos vigentes, para consolidar su dominio e influencia en la región. En los días pasados, se consumó el golpe parlamentario contra la Presidente Dilma Rousseff en Brasil, país clave y elemental de lo que significó la transición a los gobiernos progresistas de América Latina en la década pasada.

En una de las que resulta una de las ironías más grandes de la Historia, la Presidente Rousseff fue acusada de realizar actos de corrupción no comprobados, y destituida por ello de su cargo (en el cual fue reelecta democráticamente por la mayoría de los brasileños) por diputados de oposición derechistas, muchos de ellos acusados de corrupción comprobada (y con fuero constitucional), acompañados de corporativos mediáticos como O Globo, repitiendo y reescribiendo la historia ya descrita de Argentina y Venezuela.

Así, tras la destitución de Dilma, Michel Temer (el vicepresidente de Brasil) asumió el poder hasta por 180 días de forma interina, tiempo en el que el congreso decidirá si Dilma es destituída definitivamente o no (lo cual, dadas las circunstancias actuales, es muy probable, casi un hecho).

Así, tras asumir el poder, las primeras acciones anunciadas y algunas ya concretadas de Temer han sido encaminadas a restaurar el neoliberalismo en Brasil, y desmantelar el Estado Social construído durante las gestiones de Lula y Dilma.

¿Qué tienen en común estos tres procesos políticos y sociales?

  1. Campañas de desprestigio permanente en los grandes corporativos mediáticos, acentuados antes de elecciones parlamentarias y/o presidenciales;
  2. Financiamiento de las derechas de cada país por parte de las oligarquías locales, los grandes corporativos trasnacionales, los grandes organismos internacionales y/o Washington;
  3. Avance y triunfos importantes de la derecha, obtención de mayorías parlamentarias y/o alternancia política presidencial;
  4. Si el triunfo fue legislativo, boicot y contrarreformas a los procesos progresistas o, si el triunfo es en el ejercicio del poder presidencial, desmantelamiento acelerado del Estado Social, y reimplementación del neoliberalismo; y
  5. Derrocamiento de los gobiernos democráticamente electos por vías legaloides, pero con “legalidad” y “apego a derecho”.

Así, el triunfo de la derecha en Venezuela no es frenar la “carestía” existente (producto del acaparamiento que hacen las grandes empresas), ni en Argentina fue “acabar con la corrupción de los Kirchner”, ni en Brasil “acabar con la corrupción de Dilma”. El fin último, y el transfondo real, es la reimplementación de las políticas económicas neoliberales en la región, ampliar el intervencionismo de Washington en América Latina, y la llegada al poder de gobiernos satélites, con Congresos y/o Presidentes a modo, para evitar cualquier intento por restaurar el Estado Social de los gobiernos progresistas anteriores, pues finalmente estos contravenían y estorbaban a la instauración del Nuevo Orden Mundial que, desde hace algunas décadas, quiere imponer Estados Unidos en todo el planeta.

Así, se complica aún más el panorama para los gobiernos progresistas de la región. Venezuela sigue en vilo, y Ecuador tiene una vulnerabilidad latente tras el terremoto que impactó aquel país hace algunas semanas.

Peor aún, el panorama para México es sumamente complicado, pues si en ya dos ocasiones anteriores impidieron la llegada de Andrés Manuel López Obrador al poder (una Izquierda que no es Izquierda, pero que es una solución temporal alterna al régimen priísta neoliberal mientras llega una opción de verdadera Izquierda al país), y donde según diversas encuestas podría ser el próximo Presidente de México en 2018 (encuestas que desde mi punto de vista están infladas, y con una intencionalidad perversa detrás), es obvio que no lo dejarán ser presidente (por tercera vez), a menos que haya negociado la Presidencia a cambio de mantener el modelo económico neoliberal, o le impongan un Congreso de derecha (escenario cercano a Venezuela o Brasil) para provocar una inactividad, y así seguir el script de Brasil.

Se ha complicado mucho el escenario para la Izquierda latinoamericana, y temo que Brasil no será el último gobierno progresista en ser derrocado por la vía legaloide. Y la experiencia dice (y se ha confirmado) que cuando las barbas de tu vecino veas cortar, pon las tuyas a remojar.

Saludos. Dejen comentarios.

El gran plan

Hola.

Mucho he hablado en este espacio acerca del gradual y grave proceso que ha padecido México en la imposición, profundización y consolidacióndel neoliberalismo en los últimos años, la cual es una agenda generada en el extranjero, en beneficio de ellos y en la instauración final del Nuevo Orden Mundial (esto lo he hablado muy poco, pero alguna referencia hay en el texto ‘Consumatum Est’, 2 de diciembre de 2012. http://blog.hglc.org.mx/?p=2106). Este proceso trae consigo cuatro vórtices fundamentales para conseguir estos objetivos que han trazado las cúpulas de muy arriba (las que verdaderamente mandan en el mundo): uno político, uno económico, uno social y uno cultural.

En cuanto al vórtice político, tenemos la imposición matizada de dirigentes políticos a modo de los intereses perseguidos por la élite mundial, mediante ejercicios democráticos simulados, tal cual los tenemos en México, pues recordemos que en los últimos 30 años ha habido tres fraudes electorales (operados de distinto modo cada uno). Así, la imposición de Peña Nieto en el poder no es un accidente ni es una casualidad, sino un designio consumado. La finalidad es (a largo plazo) la imposición de un Nuevo Orden Mundial, basado en un sistema absoluto, totalitario, único, fascista y militarizado bajo la máscara de democracia simulada, donde la verdadera y pequeña élite (y sus personeros) gobierne a todos bajo un esquema de libertades acotadas (donde ya es una realidad en España, un laboratorio para lo que viene a escala mundial, es decir, vas a tener una libertad limitada de hacer lo que te dejen hacer mientras no te salgas del carril ni cuestiones a la autoridad), y donde sólo consumas y te informes de lo que quieren que te informen, limitando, acotando, terminando o censurando tu acceso a internet libre (por eso la urgencia de poner en marcha los acuerdos TransPacífico y TransAtlántico, refritos del ACTA o SOAP).

En cuanto al vórtice económico, tenemos un modelo económico (neoliberalismo) altamente inequitativo, rechazado e impopular, pero que por sus características beneficia sustancialmente a esa élite que diseñó e impuso el modelo, y que está dispuesta a defenderlo a capa y espada. No sólo eso: la ambición desmedida de esa élite ha ocasionado que más y más cosas se vean afectadas por la constante y creciente privatización de las cosas, mercancías, bienes, servicios y recursos naturales (muchas que eran del Estado, y otras que por mucho tiempo no habían sido mercantilizadas, como el agua o el alumbrado público). La finalidad, por supuesto, es que esa pequeña élite sea la que acapare toda la riqueza, sin importar la pobreza, sufrimiento, destrucción del planeta y el medio ambiente, y demás que como consecuencia traiga, todo mediante las grandes empresas trasnacionales, corporaciones y cárteles existentes a lo largo del globo.

El vórtice social también ha sido afectado por esta agenda encaminada a imponer un régimen totalitario y único. La pobreza cada vez más creciente y polarizada, ha generado mayor inseguridad pública (menos para los que pueden pagarla: un ejemplo de ello es el secuestro, el cual es un delito que por lo general no afecta a los pobres, que no pueden pagar las millonarias cantidades que exigen los delincuentes, y que los dueños del Capital han tipificado con las sentencias más fuertes para evitar la proliferación de este delito); crecimiento en la mano de obra calificada y barata (la cual ha sido fomentada con el crecimiento de escuelas como CETIS, CBTIS, CONALEP y demás, la cual al no encontrar espacios en el mercado laboral para emplearse, emigran al extranjero en busca de las oportunidades aquí negadas); mayor deserción escolar y menor nivel educativo (pues aunque el gobierno diga que fomenta la educación, lo cierto es que -independientemente de la recién aprobada reforma educativa privatizadora de la educación pública- existen muchas trabas para impedir que la población se eduque, como mala infraestructura y contenidos educativos muy por debajo de los parámetros ideales, adicionado a que conforme se va escalando en los niveles educativos, menos oportunidades hay de acceso a una educación pública y de calidad, y prolifera la educación privada en beneficio del libre mercado); y operadores para el correcto funcionamiento de la delincuencia organizada tolerada (como el narcotráfico, la trata y tráfico de personas, etc.).

Finalmente, en el vórtice cultural encontramos un importante proceso de aculturación en beneficio de una cultura imperialista dominante y hegemónica (la occidental), que busca no sólo dominar a los Pueblos mediante esta visión predominante de mundo (individualista, hedonista, utilitaria, egoísta, materialista), sino además borrar los rasgos identitarios de cada colectividad existente, queriendo reducir a una sola visión de mundo y forma de pensar, que de concretarse traería una homogeneización en el pensamiento que haría perder a cada quien su distinta forma de pensar, generando hombres-máquinas no pensantes, irreflexivos e irracionales. Así mismo, al desaparecer las diferencias y crear una sóla visión de mundo, desaparecería la Historia como la conocemos (es decir, que cada Pueblo escribe su propia Historia y, en consecuencia, tiene la capacidad de decidir dobre su futuro y su propio destino), al crearse una sola Historia única y oficial, generando un solo punto de origen común, borrando las diferencias entre individuos y colectividades, y mostrando un solo camino recorrido y por recorrer, por siempre y para siempre. Esa tendencia a despreciar e intentar desaparecer las ciencias sociales, y enaltecer y promover las ciencias exactas (y las matemáticas) es parte de ese proceso. Y todo esto, por supuesto, a través de los medios de comunicación (como el radio, la televisión y el cine), los cuales en forma de propaganda explícita y oculta (noticias, publicidad, música, cine, arte, etc.) promueven y difunden esa nueva forma de pensar.

Así, lo que nos queda para sobrevivir como Nación libre e independiente y (sin exagerar) como especie humana es resistir, oponernos y realizar acciones en consecuencia. Cambiar nuestra forma de pensar y de vivir. Hacer entrar en razón a aquellos que viven adormecids por el sistema actual. El futuro de nuestros hijos (e incluso, de nosotros mismos) depende de cuánto podamos resistir e invertir el actual estado de cosas. De otra forma, una vez que sea impuesta por completo la agenda del Nuevo Orden Mundial no habrá nada por hacer. No pierden el tiempo: van a pasos cada vez más acelerados, y van logrando avanzar posiciones mientras la gran parte de la población vive en un mundo hipnótico de deportes, telenovelas, futbol, espectáculos y trivialidades.

Pues al fin y al cabo, como decía John Lennon en una gran canción, Strawberry Fields Forever, Living is easy when eyes close, misunderstanding all you see (vivir es fácil con los ojos cerrados, sin entender todo lo que ves).

Saludos. Dejen comentarios.