El límite

Hola.

El pasado 1º de Diciembre, los mexicanos fuimos testigos de la manifestación más violenta en los últimos 30 años, motivada por la toma de posesión de Enrique Peña Nieto en la Presidencia de la República y el regreso del Partido Revolucionario Institucional (PRI) tras 12 años de gobiernos priístas.

En ésta manifestación, la cual fue una gran catarxis colectiva, con un saldo de varias decenas de heridos (algunos de gravedad) para ambos lados, y con un muerto de lado de los manifestantes, se demostró un nivel de violencia como tenía mucho que no había en México en protestas multitudinarias.

Más allá de que haya habido provocadores o no, lo cierto es que las distintas organizaciones que acudieron a la manifestación en sus distintos frentes tenían ganas de hacer lo que hicieron (pues definitivamente, no son niños chiquitos a los que asuraron para radicalizar las manifestaciones): una confrontación frontal y directa contra el Estado, representado ahora por Peña Nieto. Una demostración de lo que son capaces de hacer ante la cerrazón de la élite del poder por realizar un cambio de rumbo, el cual está destruyendo al país.

A diferencia de lo argumentado por Marcelo Ebrard (a nivel local, el cual, afortunadamente, ya se va en dos días) y Manuel Mondragón (a nivel federal), en efecto esperaban manifestaciones violentas. Los gases lacrimógenos, los gases rosas, los rehiletes, las balas de goma, y demás artefactos que utilizaron para dispersar y reprimir a los manifestantes, las vayas cercando los puntos clave, y el número de policías desplazados a las distintas sedes y alrededor de todo el cerco, indica que si lo esperaban, aunque quizá no de la magnitud y de la forma tan agresiva como se presentó.

Sin justificar la violencia, lo cierto es que el carácter y naturaleza de éstas manifestaciones, las cuales han pasado de lo pacífico a la confrontación, demuestran el cada vez mayor hartazgo de la sociedad, debido al desempleo, inseguridad, violencia, hambre, miseria, y falta de democracia que hoy prevalecen en el país. Se han rebasado los límites de la paciencia popular, y se ha hecho patente ya de forma tangible.

Ante la gran mentira teorizada por Weber, en el sentido de que la violencia justificable es la monopolizada por el Estado (y en el caso mexicano, por el narco-poder también), los medios de comunicación han desatado una campaña de odio y miedo criminalizando la protesta social, y a los participantes en ella. Han justificado el uso de la fuerza, la violencia y la represión del Estado, y han criminalizado (jurídica y mediáticamente) a aquellos que no tienen otra forma de demostrar su impotencia, rabia, frustración y desesperación por estar condenados a una vida llena de carencias y miseria, mientras unos pocos (que es la oligarquía de éste país, así como su régimen títere encabezado por Peña Nieto) disfrutan de todos los privilegios, siendo ellos los principales criminales beneficiados de la desfortuna del Pueblo.

Pareciera que se justifica la violencia del narco y del Estado, más no así la del Pueblo, que se encuentra en su legítimo derecho de manifestarse como le venga en gana, pues su trabajo y sus impuestos son los que alimentan a los criminales beneficiados del Estado, así como a los policías que los reprimen. Justifican el terrorismo de Estado realizado por Calderón durante 6 años, y condenan enérgicamente y “con todo el rigor de la ley” (sic Marcelo Ebrard) el derecho a manifestarse por las vías que el Pueblo crea conveniente.

La “violencia dirigida y planeada para atentar contra instituciones nacionales” (como lo describió Mondragón) es una demostración de que el modelo de Estado Mexicano y sus instituciones, en su forma actual, han perdido vigencia, se encuentra hoy por hoy caduco, y está en estado de putrefacción. Indica también que el Pacto Social actual (no se confunda con la tontería llamada ‘Pacto por México’, sino aquel realizado no formalmente entre gobiernantes y gobernados) necesita renovarse, así como incorporar nuevas reglas, para recomponer el tejido y la convivencia social, la cual actualmente se encuentra degradada totalmente.

Sin embargo, ésto no parece importar a Peña Nieto y la oligarquía totalitaria. Seguirán profundizando el modelo económico neoliberal y, por ende, la desazón y frustración del Pueblo, la cual se irá manifestando con una violencia creciente en las manifestaciones, las cuales también serán reprimidas cada vez con mayor fuerza, violencia y magnitud.

Sin embargo, todo llega a un límite, a un punto de quiebre. Y es en ese momento donde se darán las condiciones para cambiar el estado de las cosas y el status quo imperante. No tarda mucho en llegar ese instante. Puede ser pacífico o violento, y eso depende de la forma en la cual el Estado asuma su rol en la sociedad. Mientras tanto, resistiremos los que estamos inmersos en ésta lucha, algunos de los cuales hemos optado por una vía más moderada, en la cual únicamente difiere el método utilizado. Pero ésto no quiere decir que nuestras luchas sean distintas, sino son complementarias.

Exigimos la liberación de los presos políticos del pasado 1º de diciembre, pues para que no haya violencia del Pueblo, debe primero terminar la violencia del Estado hacia sus gobernados. Así, exigimos también el cese a la represión por parte del Estado. Y no me refiero únicamente a los macanazos, las balas de goma y los lacrimógenos. Me refiero también a la represión mediática, psicológica, jurírica, política, económica, social y cultural. A terminar con la máxima utilizada durante la firma del “Pacto por México”, donde “todo aquel que no suscribe ese acuerdo está en contra de México”, que es la misma política de Bush de “están conmigo o en mi contra”.

Sólo así podremos estar como sociedad coexistiendo y en paz.

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Segunda vuelta, doble trampa

Hola.

Antes de que termine su sexenio, Felipe Calderón envía una iniciativa al Congreso de la Unión para que en el sistema electoral mexicano se incorpore la segunda vuelta en las elecciones presidenciales. Ésto se argumenta con el sistema democrático europeo, el cual los candidatos punteros (digamos, en términos futboleros) clasifican a la final para que, una vez ahí, se decida quién es aquel que tome en sus manos el destino de la nación.

Sin embargo, algo que no mencionan es que, en Europa, mientras que el primer lugar asume las funciones de Primer Ministro, Jefe del Ejecutivo, Jefe de Estado, Presidente Constitucional, o la figura con la que se quiera denominar al cargo, el hecho es que el segundo lugar asume las funciones de líder del Congreso, como jefe activo de la oposición, y donde las cámaras alta y baja le dan un contrapeso importante al poder no absoluto del Jefe de Estado, puesto que el sistema adoptado en Europa es una democracia parlamentaria, y no un presidencialismo pluripotenciario omnipotente omnipresente absoluto. Así, si viviéramos en una Democracia Parlamentaria en México, Enrique Peña Nieto sería el Jefe de Estado, y Andrés Manuel López Obrador, el líder del Congreso.

Sin embargo, ni la iniciativa de ley ni el sistema electoral mexicano tienen algo en común con el sistema europeo. En un país como México, donde se compra el voto con despensas, dinero en efectivo, materiales de construcción, tarjetas Soriana, condicionamiento de programas sociales, amenazas de perder el empleo, y un sinfín de formas más de coaccionar y comprar el voto (situación que no se presenta en las democracias europeas, por cierto), una segunda vuelta en las elecciones significaría todos los intereses oligárquicos y facciosos en contra de una opción distinta.

Hagamos un ejercicio: en la última elección presidencial, Peña Nieto quedó dos millones de votos arriba de López Obrador (ignoremos, por el momento, la forma en la que Peña obtuvo su votación). Si se hubieran ido a una segunda vuelta, considerando el poder de los gobernadores panistas y priístas sumados, el que Calderón (se supo públicamente) pactó con Peña Nieto con tal de no dejar pasar a AMLO, con la compra del voto de PAN y PRI a todo lo que dan, y con Televisa, Milenio, y demás medios de comunicación del régimen en contra, y considerando además que las segundas vueltas en México tienen un nivel de participación menor que las primeras vueltas (no se asombre: en San Luis Potosí hicieron ese ejercicio en la elección de Ayuntamientos de 2003, y se registró dicho fenómeno), se obtendría un resultado aproximado de Peña Nieto con 28 millones de votos, contra López Obrador con 17 ó 18 millones de votos (considerando que votaran 6 millones de personas menos, aproximadamente).

Es decir, la farsa democrática oligárquica totalitaria que actualmente vivimos sería legitimada en las urnas, de tal forma que nadie podría cuestionar el resultado de la elección. Sin embargo, también es cierto que el Congreso quedaría en manos de los de siempre, dado que no se está proponiendo que el segundo lugar ocupe la Presidencia del Congreso los próximos 6 años.

La iniciativa de ley que Calderón envió al Congreso no es una reforma política importante, donde traspasemos a esa línea hacia donde se encuentran las democracias europeas, sino una doble trampa para asegurar que la mafia se postergue en el poder eternamente, y el régimen de corrupción, explotación y privilegios también lo haga. Es la implantación de un sistema totatilario dictatorial simulado de farsa democrática. También, al mismo tiempo, es un reconocimiento del avance de la Izquierda en México en los últimos 25 años, y que ven un riesgo inminente en perder sus privilegios por una clase política distinta, y con un proyecto de nación diferente.

Los ciudadanos no se han dado cuenta del riesgo inminente que éstas reformas significan. La pérdida de libertad y garantías cada vez es más manifiesta, y mientras se encuentras alienados con la final del futbol, o el siguiente capítulo de la telenovela, la mano que mece la cuna va creando las condiciones necesarias para que, cuando sea demasiado tarde, no haya nada por hacer.

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La peligrosa y creciente tendencia al unipolismo político

Hola.

Hace dos semanas Julian Assange, creador de Wikileaks, pidió asilo político a Ecuador, debido a un cuestionable cargo de abuso sexual con el cual Gran Bretaña extraditaría a Suecia al periodista que, en una triquiñuela, presumiblemente sería trasladado de inmediato a USA, donde sería enjuiciado por publicar documentos secretos de dicho país e, incluso, ser sentenciado a muerte.

Así, en lo que López Obrador definiría como el mundo al revés, los delincuentes enjuiciarían a las víctimas, dado que el único crimen que ha cometido Assange es muestrar la hipocresía de las relaciones internacionales de países como USA y la OTAN, así como desnudar las mentiras de los grupos de interés estadounidenses, que en complicidad con el Gobierno de USA cometen atrocidades sin sentido como las invasiones de Afganistán, Irak y Libia.

Ésto no es una novedad. Cada vez, y con mayor frecuencia y peligrosidad, nos encontramos con gobiernos de “Izquierda” y “derecha” que aplican las mismas políticas públicas, defienden el mismo modelo económico, y resultan igual de perniciosos para la sociedad, dificultando en muchas de las ocasiones la diferenciación entre ellos, creando algo que he denominado el unipolismo político.

¿Qué es el unipolismo político? Desde mi perspectiva, es un punto de convergencia en la ideología, o en la política aplicada, donde los gobernantes emanados de “Izquierda”, centro o derecha en las cada vez más decadentes “democracias”, no se diferencían entre sí debido al tipo de políticas y programas aplicados con la sociedad gobernada, y terminan siendo lo mismo. Mencionaré algunos ejemplos, para clarificar ésto.

El unipolismo político es un George Bush, cuyos orígenes tiene a la ultraderecha conservadora de USA, las empresas petroleras estadounidenses, y la industria armamentista detrás, contra un Barack Obama, primer presidente negro de USA, y cuyos orígenes son las minorías raciales y la clase trabajadora de USA. Sin embargo, a la hora de calificar cuestiones como política exterior, belicosidad, trato a los migrantes, y política económica no se diferencían uno del otro. La política exterior de ambos era injerencista (y ampliamente favorable a Israel, por cierto); la belicosidad es idéntica (Bush invadió Irak y Afganistán, y Obama invadió Libia, y amenaza con invadir Siria e Irán); el trato a los inmigrantes, sobre todo a los hispanos, en ambos gobiernos ha sido terrible; y la política económica sigue surgiendo (y cada vez con mayor agresividad) dirigida por Wall Street, las trasnacionales y el FMI. De la misma forma, podemos equiparar un José Luis Rodríguez Zapatero con un Mariano Rajoy, ó en el caso mexicano el neoliberalismo de Marcelo Ebrard con el de Enrique Peña Nieto.

Ya antes, en textos como Los dueños de la Historia (http://blog.hglc.org.mx/?p=1590) ó El neocolonialismo del Siglo XXI (http://blog.hglc.org.mx/?p=1864) he hablado de cómo se manipula la Historia para justificar las atrocidades de las grandes potencias coloniales, y de cómo estamos viviendo un colonialismo equiparable al de las potencias europeas de los siglos XVI y XVII.

¿Cuál es el punto central de éste análisis? Destacar que, salvo casos excepcionales, las ofertas políticas, bajo ciertos matices, vienen representando y terminando en lo mismo; los sistemas políticos “democráticos” son evidenciados cada vez más al mostrar que no son una democracia, sino estados oligárquicos autoritarios (y, en algunos casos, totalitarios) que, bajo la premisa de una democracia inexistente, organizan elecciones para legitimar el encumbramiento al poder de un gobernante (no importando el origen, pero predominantemente surgido de la clase dominante) que seguirá reproduciendo el orden y sistema imperante y predominante; y que el unipolismo político se impone cada vez con mayor peligrosidad, agresividad, fuerza y descaro en un intento de controlar todo (recursos naturales, humanos y materiales) y con ayuda de los medios de comunicación masivos (televisión, radio, periódicos; de ahí el interés de controlar el internet por medio de leyes como el ACTA), ya sea por la vía voluntaria (aceptación de gobernantes impuestos por medio de elecciones manipuladas y controladas), o por la vía forzada (militarizaciones, toques de queda, golpes de estado, invasiones).

Así, la cada vez mayor tendencia al unipolismo político amenaza regímenes que, pese a ser imperfectos, se goza con una mayor cantidad de libertad de expresión, de acción, y de participación, como lo es gobiernos donde la verdadera Izquierda gobierna, como lo es el caso de los gobiernos latinoamericanos, como los casos de Venezuela, Ecuador, Perú, Bolivia, Brasil o Argentina, y es por eso que las grandes potencias amenazan a éstos gobiernos, que de una u otra forma no se ajustan a las políticas unilaterales globales, y que muestran que aún existe esperanza en éste mundo cada vez más uniforme y controlado.

Es por eso, tal vez, que Julian Assange escogió Ecuador para refugiarse ante el embate furioso de los gobiernos estadounidense y británico que, dicho sea de paso, sólo responden al interés supremo del imperialismo político, económico y social que ellos mismos controlan.

Saludos. Dejen comentarios,