El Golpe de Estado

Hola.

Desde hace mucho (podría decir que incluso, desde antes de que comenzara el Gobierno de Andrés Manuel López Obrador), platiqué con gente muy cercana que el principal reto del próximo Presidente de México sería el enfrentar el golpe de Estado que seguramente le tocaría enfrentar más o menos por el segundo año de gobierno, y que debía tener para entonces el control de todas las instituciones, porque de lo contrario no iba a lograr sostenerse.

Sin embargo, esto jamás lo comenté ni en redes sociales ni lo expresé más allá, debido a la delicada naturaleza de lo que ello significa.

¿Qué me hacía pensar eso desde entonces? La experiencia latinoamericana que hemos tenido por décadas, en la cual, cuando la Izquierda asciende al poder (no importa si es por la vía revolucionaria o por la vía electoral), siempre, indiscutiblemente, hay un intento de golpe de Estado.

Al triunfar la Revolución Cubana, pasaron un par de años para que existiera un intento de derrocamiento del régimen de Fidel Castro por parte de la Mafia de Miami, en lo que se denominó la Batalla de Bahía de Cochinos o la Invasión de Playa Girón (según el país de donde se mencione dicha acción militar). La rebelión fue ahogada, y eso derivó en la Crisis de los Misiles un años despues, tras lo cual el Gobierno de Estados Unidos firmó el armisticio con la Unión Soviética, y entre los puntos firmados, destacó el que existía el compromiso de los estadounidenses de no volver a intentar invadir o derrocar al régimen de Castro por la vía militar, lo que motivó el cambio de táctica hacia un bloqueo económico. El armisticio sigue vigente, al igual que el bloqueo contra Cuba.

Al ganar Salvador Allende las elecciones presidenciales en 1971, Pinochet sólo se tardó dos años en conjurar el Golpe de Estado que llevaría a la dictadura militar en Chile, en el cual derrocó y asesinó al presidente Allende, y del cual, si bien es cierto que Pinochet dejó el poder hace ya bastantes años, el régimen político-militar sigue intacto, y los problemas de la implementación del neoliberalismo con las reglas pinochetistas siguen causando estragos en la población chilena.

Lo mismo con Hugo Chávez, en Venezuela. Llegó al poder en 1999, y en 2002 las embajadas de USA, España y Colombia, respaldaron al Presidente de FEDECÁMARAS (el organismo empresarial de dicho país), para encabezar una rebelión contra el chavismo, e intentar derrocarlo por unas horas.

En Bolivia, otro caso más. Evo Morales asumió la Presidencia de la República en 2006, y en 2009 movimientos separatistas amenazaron con balcanizar Bolivia.

Mientras tanto, en Ecuador, Rafael Correa llega al poder en 2007, y en 2010 una protesta de policías se convirtió en un intento de Golpe de Estado, al encerrar al Presidente por algunas horas, y en la cual la condición de liberación era su dimisión al poder. Afortunadamente, Correa contó con el respaldo del Pueblo, quien se movilizó y llegó hasta la Comandancia de Policía para liberarlo de sus captores.

En Brasil, en 2011 Dilma Rousseff asume el poder, y en 2013 comienza a haber una serie de manifestaciones y disturbios para desestabilizar al país, las cuales logra controlar. Sin embargo, hacia 2015, acusaciones de corrupción que nunca fueron comprobadas y en donde hubo un proceso legal sumamente irregular, la llevaron a la destitución hacia 2016, con lo que Michel Temer (el vicepresidente) asume el poder, realiza una regresión acelerada al neoliberalismo, y genera las condiciones para el ascenso del fascista Jair Bolsonaro a la Presidencia de Brasil.

En Venezuela nuevamente, tras el fallecimiento de Chávez y la victoria de Nicolás Maduro en 2013, y un año después, en 2014, comenzó la insurrección de las Guarimbas de la mano de Leopoldo López, con lo cual sectores de la derecha y la ultraderecha querían desestabilizar Venezuela. Más adelante, en 2016 la Asamblea Nacional se declaró en desacato tras la destitución de algunos diputados por irregularidades en su elección, lo que permitió, a su vez, la incubación y el ascenso de Juan Guaidó, primero, como líder opositor, y después, como autonombrado Presidente de Venezuela.

¿Qué tienen en común estos procesos históricos? Dos cosas: que se han presentado en todos los casos en los primeros años de gobiernos progresistas o de Izquierda, y que en todos, indiscutiblemente, ha estado la mano de USA por medio de su brazo desestabilizador, la CIA.

Es precisamente por esto que Evo Morales ha definido estos procesos en una sola frase: “El único país que puede estar seguro que nunca va a tener golpes de estado es Estados Unidos, porque no tiene embajada estadounidense.”

El día de hoy, el Presidente de México Andrés Manuel López Obrador hace una mención, por primera vez, a un probable Golpe de Estado en México, al mencionar que “la transformación que encabezo cuenta con el respaldo de una mayoría libre y consciente, justa y amante de la legalidad y de la paz, que no permitiría otro golpe de Estado en nuestro país. Aquí no hay la más mínima oportunidad para los Huertas, los Francos, los Hitler o los Pinochet. El México de hoy no es tierra fértil para el genocidio ni para canallas que lo imploren“.

Si bien es cierto, diversas figuras de la 4T ya habían comentado con anterioridad la posibilidad de una situación así (Paco Ignacio Taibo, John Ackerman, Pedro Salmerón, entre otros), lo cierto es que el Presidente nunca había hablado de este tema. No al menos de forma pública y abierta.

Debido a los antecedentes que existen en América Latina, no es de descartar una situación así. Eso explicaría también el porqué López Obrador ha optado por tener un control estricto de todas las instituciones conformantes del Estado. No es autoritarismo, como lo ha señalado la derecha, sino es una garantía de estabilidad política.

Si bien es cierto que no puede ignorarse un señalamiento así (porque cuando el río suena, es porque agua lleva), también existe un gran respaldo popular a las acciones que lleva a cabo Andrés Manuel. Así, ese respaldo popular tendrá que convertirse, llegado el momento, en defensa y resistencia ante los embates golpistas que seguramente ya están rondando por nuestro país.

Entonces, tendremos que salir a las calles, y defender a nuestro gobierno y a nuestro derecho a gobernarnos a nosotros mismos, a decidir nuestro propio destino. A defender el nuevo destino que tiene nuestro país, porque el viejo régimen ya no existe, y las cosas jamás podrán volver a ser como antes. Aunque la derecha lo añore.

Saludos. Dejen comentarios.

Tambores de guerra

Al finalizar la Segunda Guerra Mundial y después de la repartición del mundo en tres por los tres presidentes de mayor poder a nivel mundial (Truman, Stalin y Churchill), comenzó ese largo periodo de tensión mundial denominado Guerra Fría que, en teoría, mantuvo una tensa calma entre el bloque capitalista (liderado por Estados Unidos) y el socialista (encabezado por la Unión Soviética).

Y dije “en teoría” porque en la praxis esta tensa calma tuvo momentos bélicos importantes (como la Guerra de Corea y la Guerra de Vietnam), y algunos muy cercanos de desatar una Tercera Guerra Mundial (como la Crisis de los Misiles en 1962), donde la humanidad hubiera ido a su primera y única guerra nuclear, de la cual muy pocos (sino es que nadie) hubiera sobrevivido debido a los efectos inmediatos y posteriores de grandes detonaciones en todo el mundo.

Sin embargo (y también en teoría), la Guerra Fría concluyó tras la caída del Muro de Berlín en 1989, y la disolución de la Unión Soviética en 1991, al ser proclamado “el fin de la Historia” por parte de Francis Fukuyama, con lo que el capitalismo se autoproclamó el vencedor de ese largo periodo de la historia y se propuso venderlo así al resto del mundo en forma de receta neoliberal.

Sin embargo, y al paso de los acontecimientos de los últimos años, podemos apreciar que esos acontecimientos ni marcaron el fin de la Historia, ni mucho menos de la Guerra Fría. Podemos decir, a la distancia, que sólo hubo una tregua no planeada y un reacomodo de fuerzas políticas económicas y militares.

Las tensiones que han ido en aumento en las últimas semanas, debido en gran parte a la irresponsabilidad e irracionalidad con la que Donald Trump se dirige al mundo (y a sus propios ciudadanos), nos han colocado en el punto más cercano a la Tercera Guerra Mundial desde 1962, y a un cercano y peligroso futuro próximo de comenzar una guerra nuclear como nunca antes.

Los ataques recientes de Estados Unidos en Siria, y el desplazamiento de tropas en las inmediaciones de la Península Coreana, son algunos de los motivos que podrían desencadenar este nuevo conflicto armado que pondría en entredicho la supervivencia de la Humanidad.

Los dos grandes bloques militares, encabezados una vez más por Estados Unidos y Rusia, ponen en vilo la relativa paz que había vivido el mundo en los últimos 25 años. Decía Fidel Castro, en un texto titulado “El deber de evitar una guerra en Corea”, firmado el 4 de abril de 2013, que era “para explicar la gravedad de un hecho tan increíble y absurdo como es la situación creada en la península de Corea, en un área geográfica donde se agrupan casi 5 mil de los 7 mil millones de personas que en este momento habitan el planeta. Se trata de uno de los más graves riesgos de guerra nuclear después de la crisis de octubre en 1962 en torno a Cuba, hace 50 años”.

Continuaba Fidel: “Si allí estalla una guerra, los pueblos de ambas partes de la Península serán terriblemente sacrificados, sin beneficio para ninguno de ellos. […] No sería justo olvidar que tal guerra afectaría de modo especial a más del 70 % de la población del planeta.

“Si allí estallara un conflicto de esa índole, el gobierno de Barack Obama en su segundo mandato quedaría sepultado por un diluvio de imágenes que lo presentarían como el más siniestro personaje de la historia de Estados Unidos. El deber de evitarlo es también suyo y del pueblo de Estados Unidos”.

Hemos cambiado de presidente: de Obama a Trump, pero continúan las mismas prácticas e imprudencias.

Existen muchos textos de Fidel, además, escritos desde hace años alertando sobre una paz muy frágil, y sobre la posibilidad real de una guerra nuclear, tal y como si estos textos hubieran sido escritos ayer, y con los mismos actores involucrados: Estados Unidos, Israel, Rusia, Irán, Siria, Corea, Afganistán.

Por su parte, el español Cao de Benós, único representante de Corea en Occidente, ha declarado y asegurado en varios medios de comunicación que el país para el que trabaja, Norcorea, tiene en su poder el arsenal militar y nuclear que han presentado ante los medios de comunicación internacionales, tales como la Bomba H, así como varias bombas termonucleares. Adicionalmente, ha declarado que Corea no está dispuesto a tolerar ningún ataque “preventivo”, es decir, que un misil estadounidense impacte con algún objetivo civil o militar dentro del territorio coreano, y que de lo contrario, contestaría de inmediato con un ataque “fulminante” en contra de Estados Unidos.

En 1962 se resolvió la Crisis de los Misiles gracias a las habilidades diplomáticas y a la voluntad de Kennedy, por parte de Estados Unidos, y de Kruschev, por la URSS, y de la disponibilidad de Castro por Cuba y Gürsel por Turquía. Pero a diferencia de 1962, tenemos como presidente de Estados Unidos a Trump, que es irresponsable, estúpido y bocón; a un presidente ruso, Putin, frío, calculador y firme en sus decisiones; a un Kim Jong-Un impulsivo y visceral, y a un Erdogan radical y sumiso a los intereses estadounidenses.

Días cruciales se avecinan en las próximas semanas. Ojalá quepa la prudencia en alguna de las partes, pues el futuro de la Humanidad dependerá, en gran medida, de la habilidad que tenga un puñado de gente para resolver esta crisis diplomática que afecta con desaparecer de la faz de la Tierra a nuestra especie.

El libre mercado, el libre comercio y el libre albedrío

Aproximadamente en 1986, y derivado de la falla en las medidas correctivas a la crisis económica de 1981-82, el gobierno de Miguel de la Madrid firmó un Convenio de Crédito Contingente con el Fondo Monetario Internacional una carta-intención el 22 de julio de 1986, con la cual el FMI se comprometía a realizar un préstamo de 1,400’000,000 DEG’s (Derechos Especiales de Giro) con duración de 18 meses, que se juntaban a otros préstamos realizados en 1982, 83, 84 y 85.

Con esta carta-intención, el gobierno mexicano se comprometió a implementar un modelo económico de corte neoliberal, para pasar de una economía mixta con un gran control estatal a una economía de libre mercado.

Algunas de las condiciones que se firmaron en esta carta-intención eran (y siguen siendo para cualquier país) indignas e inaceptables, pues tan sólo en política comercial, las exigencias eran, entre otras: realizar políticas estructurales a la oferta; continuar con el proceso de liberalización comercial, eliminando aranceles y derechos aduaneros; y revisión de subsidios y derechos compensatorios, según acuerdos con Estados Unidos [sic] (SER, 1986).

Con el fin de apoyar las políticas de apertura comercial y de reducción (y posteriormente, desaparición) del proteccionismo, que significó un cambio estructural importante antes de la apertura total de nuestra economía a la inversión privada, sobre todo con las privatizaciones en marcha, pero además para garantizar que esta fuera efectiva, en noviembre de 1985 el gobierno mexicano inició las negociaciones para su ingreso al GATT (General Agreement on Tariffs and Trade / Acuerdo General sobre Aranceles Aduaneros y Comercio), siendo admitido el 24 de agosto de 1986, y participando activamente en la ronda de negociaciones comerciales de septiembre de 1986. Posteriormente, el GATT se convertiría en la Organización Mundial de Comercio (OMC), el 1° de enero de 1995.

El 10 de junio de 1990, ya durante el periodo de Salinas, sexenio en el que aceleró y profundizó el neoliberalismo, inician las negociaciones para incluir a México en el Tratado de Libre Comercio de América del Norte (TLCAN o NAFTA, en inglés). Estas concluyen el 17 de diciembre de 1992, y entra en vigencia el 1° de enero de 1994, fecha emblemática para México, pues ese mismo día irrumpe el Ejército Zapatista de Liberación Nacional (EZLN) en la vida pública del país.

¿Qué contiene dicho tratado? Entre otras cosas, la eliminación arancelaria de miles de bienes que cruzan las fronteras en América del Norte; reducciones arancelarias escalonadas – ya terminadas – y reglas especiales para productos de los sectores agropecuario, automotriz y bienes textiles y del vestido; protección a la inversión extranjera y a la propiedad intelectual; acceso a compras del sector público; y compromisos en materias medioambientales y laborales.

En resumen, son las bases de lo que denominaron “libre comercio”. Un libre comercio donde uno sólo es beneficiado (Estados Unidos), y donde otro es perjudicado y explotado (México). Un “libre comercio” donde sólo las empresas y productos estadounidenses tienen ventajas competitivas sobre los mexicanos. Así siempre fue.

Así, a partir de ese momento, el destino de México (que ya de por sí estaba escrito no por el dedo de Dios, sino por el Tío Sam y sus brazos financieros globales), estuvo condenado a la hecatombe. Se murió el campo, se acabó la industria nacional, se establecieron las corporaciones trasnacionales abaratando y pauperizando la mano de obra, y aumentó la inmigración, la violencia, la delincuencia y el narcotráfico.

Los siguientes gobiernos no fueron distintos. Zedillo, Fox y Calderón continuaron el guion escrito previamente sin cambiarle ni una sola coma, y nuestra dependencia del exterior creció considerablemente, al punto de convertirnos en un parásito de las grandes potencias, pero principalmente de Estados Unidos.

Los alimentos que comemos son importados, la gasolina que consumimos es importada, las empresas del sector privado donde trabaja la mayoría son extranjeras, y así podemos mencionar mil ejemplos más.
Con Peña Nieto, se profundizó el neoliberalismo. El impulso y aprobación de las 14 reformas estructurales que consolidó gracias al Pacto por México son fruto de ese proceso de consolidación que el neoliberalismo tenía pendiente desde hace 20 años. Sin embargo, ya cuando habían terminado la receta neoliberal para comenzar a gozar los “beneficios”, Donald Trump.

La tragedia para los oligarcas y neoliberales mexicanos no es que haya llegado Donald Trump, sino que haya ganado la Presidencia de USA y esté cumpliendo todas y cada una de las promesas que mencionó en su campaña. Eso explica, además, la saña con la que los medios de comunicación mexicanos trataron a Donald Trump. Como nunca, las principales cadenas mexicanas (Televisa, Azteca e Imagen) hicieron proselitismo descarado a favor de Hillary, pues aunque no se trataba de un proceso electoral en el país, si estaban en juego los intereses e inversiones de sus principales accionistas, socios y patrocinadores que financian estos medios.

Por esto mismo, durante el posicionamiento de Enrique Peña Nieto en materia de política exterior con el gobierno de Trump realizado el pasado 23 de enero, el Presidente del Consejo Coordinador Empresarial (CCE), Juan Pablo Castañón, fue enfático con Peña al casi exigirle que debe defender, ante Trump, el modelo de libre mercado del que han salido beneficiados por varios años. Es decir, no están dispuestos a cambiar el modelo, a dar su brazo a torcer, aunque es evidente que están equivocados, y que el país está peor con neoliberalismo que sin él.

Más allá de las políticas xenofóbicas y racistas que está implementando Trump en los primeros días de gestión (que merecerían otro artículo aparte), las políticas proteccionistas que están cerrando la economía de Estados Unidos son benéficas para México.

El retiro de Estados Unidos del Tratado TransPacífico (TPP), que en realidad buscaba beneficiar a los grandes corporativos trasnacionales estadounidenses en materia arancelaria, laboral, de propiedad intelectual y de arbitraje inversionistas-Estado, así como el anuncio de renegociación del TLCAN por parte del Gobierno de Donald Trump, es una muy buena noticia para México, aunque no para los oligarcas, beneficiarios directos de dichos tratados.

Que México no esté sujeto a esos alevosos tratados de libre comercio puede permitir que nuestro país tenga libre albedrío por primera vez en mucho tiempo, que pueda decidir sobre su propio destino, que cambie de modelo económico, y que termine esta pesadilla de más de 30 años llamada neoliberalismo. Permitirá reinvertir en el campo y tener soberanía alimentaria, reinvertir en el motor industrial, generar empleos y consolidar la producción de diversos productos en general, a expropiar y recuperar los sectores estratégicos de la economía en beneficio de todos, y a generar un modelo de desarrollo acorde a nuestras propias necesidades, y no a las necesidades de otros.

Así, haciendo una transición del libre mercado y del libre comercio al libre albedrío, es como México puede hacer frente a los retos que enfrenta ante el embargo económico que, tal como en Cuba, nos está imponiendo Donald Trump. De otra forma, solo continuaremos en la caída libre que tenemos actualmente en el despeñadero y del que, entre más caigamos, más nos costará salir.

El golpe

Hola.

Hay ocasiones en las que decir “te lo dije” es gratificante, pero en otras es incómodo, insatisfactorio, doloroso. Y esta es una de ellas.

En los últimos tres años, escribí diversos textos sobre la gran amenaza retrógrada que se cernía sobre América Latina y los gobiernos progresistas que existían en la región (El fantasma, Plan Condor reloaded, El complot y El circo de varias pistas) por parte de la política intervencionista de Washington, que cada vez se ha hecho más evidente en los últimos años.

Había muchas y evidentes muestras de que Estados Unidos se había propuesto recuperar la influencia política y económica que había perdido en la región, mediante un gran plan de financiamiento de Washington y los grandes organismos internacionales, destinado a las diferentes derechas de cada país, las oligarquías locales y los medios de comunicación a su servicio.

Cabe señalar que, Barack Obama, ha sido el presidente más bélico e intervencionista que ha habido en Estados Unidos en mucho tiempo, incluso más que George W. Bush, pues en su haber tiene guerras y/o bombardeos en Afganistán, Libia, Somalia, Pakistán, Yemen, Irak y Siria, además de la desestabilización en Ucrania, el financiamiento de Daesh (ISIS o Estado Islámico), y las más recientes intervenciones políticas en países de América Latina, desde México hasta la Patagonia.

Sin embargo, tras una serie de golpes o intervenciones fallidos (que podemos considerar desde el Golpe de Estado contra Hugo Chávez en 2002 hasta los disturbios de 2014 en Venezuela encabezados por Leopoldo López, y que enumero en El circo de varias pistas), en los últimos seis meses, Washington ha conseguido avanzar en su plan de reconquista de América Latina.

Así, la primera victoria contra los gobiernos progresistas de la región en noviembre de 2015 en Argentina, cuando el empresario neoliberal Mauricio Macri venció al kirchnerismo en una segunda vuelta electoral muy cerrada, con Grupo Clarín apoyando abiertamente al candidato presidencial derechista. El resultado 6 meses después de haber asumido el poder: 45 mil despedidos en el sector estatal, y 85 mil en el sector privado, y una serie de políticas que han ido reestableciendo el neoliberalismo en Argentina.

Un mes después, Washington obtuvo su segunda victoria en contra de los gobiernos progresistas de la región. La derecha venezolana logró el control de la mayoría del congreso, donde el partido gobernante, el PSUV, quedó relegado a una minoría, existiendo una gran campaña de odio y manipulación apoyada en grandes corporativos mediáticos como Globovisión, Venevisión y Televen previo a las elecciones legislativas de diciembre de 2015. Como resultado, Henry Ramos Allup asumió la Presidencia del Congreso, desde donde se ha intentado hasta el momento, sin éxito, destituir a Nicolás Maduro de la Presidencia de la República, así como intentar desmantelar el Estado Social de la Revolución Bolivariana, reprivatizar bienes públicos, y reimplementar el neoliberalismo en Venezuela. Sin embargo, el riesgo sigue latente.

Poco a poco, de forma silenciosa como un cáncer, sigue avanzando el intervencionismo estadounidense en América Latina, utilizando a las instituciones del Estado, así como los marcos jurídicos vigentes, para consolidar su dominio e influencia en la región. En los días pasados, se consumó el golpe parlamentario contra la Presidente Dilma Rousseff en Brasil, país clave y elemental de lo que significó la transición a los gobiernos progresistas de América Latina en la década pasada.

En una de las que resulta una de las ironías más grandes de la Historia, la Presidente Rousseff fue acusada de realizar actos de corrupción no comprobados, y destituida por ello de su cargo (en el cual fue reelecta democráticamente por la mayoría de los brasileños) por diputados de oposición derechistas, muchos de ellos acusados de corrupción comprobada (y con fuero constitucional), acompañados de corporativos mediáticos como O Globo, repitiendo y reescribiendo la historia ya descrita de Argentina y Venezuela.

Así, tras la destitución de Dilma, Michel Temer (el vicepresidente de Brasil) asumió el poder hasta por 180 días de forma interina, tiempo en el que el congreso decidirá si Dilma es destituída definitivamente o no (lo cual, dadas las circunstancias actuales, es muy probable, casi un hecho).

Así, tras asumir el poder, las primeras acciones anunciadas y algunas ya concretadas de Temer han sido encaminadas a restaurar el neoliberalismo en Brasil, y desmantelar el Estado Social construído durante las gestiones de Lula y Dilma.

¿Qué tienen en común estos tres procesos políticos y sociales?

  1. Campañas de desprestigio permanente en los grandes corporativos mediáticos, acentuados antes de elecciones parlamentarias y/o presidenciales;
  2. Financiamiento de las derechas de cada país por parte de las oligarquías locales, los grandes corporativos trasnacionales, los grandes organismos internacionales y/o Washington;
  3. Avance y triunfos importantes de la derecha, obtención de mayorías parlamentarias y/o alternancia política presidencial;
  4. Si el triunfo fue legislativo, boicot y contrarreformas a los procesos progresistas o, si el triunfo es en el ejercicio del poder presidencial, desmantelamiento acelerado del Estado Social, y reimplementación del neoliberalismo; y
  5. Derrocamiento de los gobiernos democráticamente electos por vías legaloides, pero con “legalidad” y “apego a derecho”.

Así, el triunfo de la derecha en Venezuela no es frenar la “carestía” existente (producto del acaparamiento que hacen las grandes empresas), ni en Argentina fue “acabar con la corrupción de los Kirchner”, ni en Brasil “acabar con la corrupción de Dilma”. El fin último, y el transfondo real, es la reimplementación de las políticas económicas neoliberales en la región, ampliar el intervencionismo de Washington en América Latina, y la llegada al poder de gobiernos satélites, con Congresos y/o Presidentes a modo, para evitar cualquier intento por restaurar el Estado Social de los gobiernos progresistas anteriores, pues finalmente estos contravenían y estorbaban a la instauración del Nuevo Orden Mundial que, desde hace algunas décadas, quiere imponer Estados Unidos en todo el planeta.

Así, se complica aún más el panorama para los gobiernos progresistas de la región. Venezuela sigue en vilo, y Ecuador tiene una vulnerabilidad latente tras el terremoto que impactó aquel país hace algunas semanas.

Peor aún, el panorama para México es sumamente complicado, pues si en ya dos ocasiones anteriores impidieron la llegada de Andrés Manuel López Obrador al poder (una Izquierda que no es Izquierda, pero que es una solución temporal alterna al régimen priísta neoliberal mientras llega una opción de verdadera Izquierda al país), y donde según diversas encuestas podría ser el próximo Presidente de México en 2018 (encuestas que desde mi punto de vista están infladas, y con una intencionalidad perversa detrás), es obvio que no lo dejarán ser presidente (por tercera vez), a menos que haya negociado la Presidencia a cambio de mantener el modelo económico neoliberal, o le impongan un Congreso de derecha (escenario cercano a Venezuela o Brasil) para provocar una inactividad, y así seguir el script de Brasil.

Se ha complicado mucho el escenario para la Izquierda latinoamericana, y temo que Brasil no será el último gobierno progresista en ser derrocado por la vía legaloide. Y la experiencia dice (y se ha confirmado) que cuando las barbas de tu vecino veas cortar, pon las tuyas a remojar.

Saludos. Dejen comentarios.

El circo de varias pistas

Hola.

Los circos de varias pistas tienen una característica fundamental: que en un mismo momento, varios espectáculos son presentados para, por una parte, crear un espectáculo integral para los asistentes al circo pero, por otra parte, al distraer al espectador entre los distintas pistas que tiene el circo con el fin de que le resulte difícil concentrarse al espectador y no centre su atención en un sólo punto.

Lo mismo sucede actualmente en América Latina, en el plano político. Los mismos intereses de siempre por controlar a la región y a sus recursos naturales, encabezados por las grandes empresas trasnacionales, Washington y los grandes organismos financieros internacionales: FMI, BM y OCDE, montaron una estrategia desde hace ya algunos años con el fin de detener los grandes avances que ha tenido la región en materia de desarrollo e independencia económica, gracias a una oleada de gobiernos progresistas que comenzaron a gobernar en Latinoamérica apenas comenzado el Siglo XXI, y que lo hicieron con total independencia de USA e ignorando las “recomendaciones” del Fondo Monetario Internacional.

Así, al ver en grave riesgo su control político y económico de la región, USA comenzó a operar esta estrategia con el apoyo incondicional de la derecha latinoamericana, de tal forma de reencausar y reimplementar el neoliberalismo en los países de la región. La primer estrategia adoptada fue la organización de golpes blandos y duros en contra de los gobiernos de Izquierda electos democráticamente por sus ciudadanos. Así, podemos encontrar distintos momentos de la historia reciente de la región donde se han hecho presentes estos acontecimientos:

  • Golpe de estado contra Hugo Chávez, Venezuela, 2002;
  • Fraude electoral contra Andrés Manuel López Obrador, México, 2006;
  • Movimiento separatista contra Evo Morales, Bolivia, 2009;
  • Golpe de estado contra Rafael Correa, Ecuador, 2010;
  • Golpe de estado contra Manuel Zelaya, Honduras, 2010;
  • Fraude electoral contra Andrés Manuel López Obrador, México, 2012;
  • Golpe de estado contra Fernando Lugo, Paraguay, 2012;
  • Movimientos de desestabilización contra Cristina Fernández, Argentina, 2012;
  • Movimientos de desestabilización de Henrique Capriles durante las elecciones presidenciales contra Hugo Chávez, Venezuela, 2012 y 2013;
  • Protestas y disturbios de la derecha contra Dilma Rousseff, Brasil, 2013;
  • Disturbios encabezados por Leopoldo López tras la muerte de Hugo Chávez, Venezuela, 2014;

Al respecto, cabe señalar que ya hace algún tiempo, en abril de 2013, en el texto “El fantasma” (https://www.hglc.org.mx/2013/04/19/el-fantasma/), haciendo un recuento y una reflexión sobre los recientes acontecimientos de desestabilización hacia gobiernos de Izquierda en América Latina, escribí:

Oscuros nubarrones se miran en el horizonte latinoamericano, una vez que la maquinaria en Washington se ha puesto en marcha nuevamente, y tienen como finalidad la reimplantación del neoliberalismo (en aquellos países que ya tienen su propio rumbo) ya sea por la vía democrática o violenta, profundizarlo en aquellos donde tienen gran injerencia (como México), y continuar el saqueo que durante poco más de dos siglos han venido realizando en contra de los latinoamericanos.

Nuevamente, en junio de 2013, en el texto “Plan Condor Reloaded” (https://www.hglc.org.mx/2013/06/23/plan-condor-reloaded/), dentro del contexto de las exageradas protestas contra Dilma Rousseff en Brasil, durante la celebración de la Copa FIFA Confederaciones 2013, volví a advertir:

[…] Estamos ante un escenario más de desestabilización provocada por la derecha en un país progresista, y con un claro intervencionismo desde Washington. La cobertura mediática que han tenido las manifestaciones por parte de las grandes cadenas televisivas privadas (y que responden a esos mismos intereses) dejan al descubierto el intento de USA de recuperar, ya sea por la vía “pacífica” electoral, o por la violencia, el control sobre la región.

En febrero de 2014, volví a escribir sobre el tema en “El complot” (https://www.hglc.org.mx/2014/02/17/el-complot/), durante los disturbios ocurridos en Venezuela, encabezados por Leopoldo López, con el fin de desestabilizar al gobierno de Maduro:

Si bien es cierto que existen problemas en los países antes mencionados, tampoco podemos ser ilusos y no observar que estos brotes “espontáneos” tienen un patrón común y modus operandi de estas manifestaciones: gobiernos emanados de la Izquierda; hechos violentos en la primera de las marchas que desencadenan en muertos, con la participación de mercenarios infiltrados y entrenados, después de lo cual se convocan a manifestaciones más y más numerosas que suelen terminar en disturbios (quema de negocios y automóviles, enfrentamientos muy violentos con la policía), que desencadenan en represión y van haciendo subir más la tensión social y encienden los ánimos, convirtiéndose en un círculo vicioso.

A pesar de todo, esta estrategia de los golpes blandos y duros adoptada por USA por medio de su brazo ejecutor, la CIA, para desestabilizar a los gobiernos progresistas de América Latina en las primeras décadas del siglo XXI, fue completamente fallida, puesto que lejos de generar un clima de animadversión en contra de los gobiernos establecidos, hacia el interior generaron mayor respaldo popular y apoyo sin precedentes, moral y electoralmente. Sin embargo, hacia el exterior de esos países, la maquinaria mediática desinformativa de empresas como CNN, o Televisa y TV Azteca en México, generaron una imagen distorsionada de la realidad a una opinión pública que no conoce los procesos internos de dichos países y que, al conocer únicamente su realidad inmediata, la de su propio país, sobre todo en lugares como el nuestro, donde la derecha oprime en lo económico y reprime a los movimientos que existen, generó una simpatía desinformada hacia estos “movimientos sociales” de la derecha alienada a los intereses estadounidenses.

Pero para cambiar las cosas al interior de los países (que es donde realmente importa), hay que generar simpatías hacia la disidencia, no fomentar su rechazo. Así, hubo un cambio en el diseño y aplicación de la estrategia, y esta fue financiar a los grupos opositores y a la derecha de cada uno de los países con el fin de recuperar por la misma vía por la que perdieron su control, poder y dominio en la región, la vía electoral.

Esta estrategia ya tuvo sus frutos. El pasado 22 de noviembre, en una segunda vuelta muy cerrada entre el candidato oficial (heredero del Kitchnerismo y representante de la Izquierda) Daniel Scioli, y el candidato de una coalición de partidos de derecha (y menemista, además) Mauricio Macri, este último gana la Presidencia de la República por cerca de un punto porcentual.

Desde antes de tomar el poder, la prepotencia y arrogancia de Macri ya se ha hecho sentir, pues ha anunciado la desaparición de varios programas que venía implementando el gobierno argentino hacía algunos años, anunciando reformas económicas que vislumbran un regreso hacia el neoliberalismo en Argentina, y que además ha tratado con un brutal desprecio a la todavía Presidente Cristina Fernández. El último desplante fue apenas ayer, donde el presidente electo ha decidido unilateralmente que el traspaso de poderes sea en la Casa Rosada (la residencia oficial en Argentina), y no en el Congreso, como marca la constitución argentina, lo que representa una violación a la Carta Magna de ese país.

Sin embargo, la misma estrategia (y el contagio natural, además, de los procesos políticos y sociales que existe en los grupos de humanos) ha sido adoptada en Venezuela. Con una campaña sin precedentes, llena de mentiras y odio, la derecha venezolana ganó ayer la mayoría de las curules de la Asamblea Nacional al partido gobernante, el PSUV.

Más allá de la recomposición que muestra la derecha latinoamericana en estos procesos, y de lo peligroso que puede ser para otros países con gobiernos progresistas este gran retroceso hacia el neoliberalismo en algunos países de la región que ya se habían librado de él, lo cierto es que existen grandes indicios de que la mano que mece la cuna, USA, ha tenido una participación relevante en el vuelco latinoamericano repentino hacia la derecha. Y además, ha ganado dos países estratégicos dentro de la conformación del bloque latinoamericano anti-imperialista que se había agrupado en los últimos años.

Este golpe a los gobiernos progresistas de Argentina y Venezuela implica, además, una situación de riesgo por el contagio hacia otros países: Brasil, Ecuador, Bolivia, Nicaragua y Cuba, principalmente. Y pone en riesgo, además, la posibilidad de un cambio de modelo económico en México al fortalecer a los grupos de derecha mexicanos inmersos en el PRI, PAN y PRD.

En este circo de varias pistas que representa América Latina, es necesario estar muy atentos de cada uno de los procesos que acontecen en los países de la región, pues lo que sucede en uno contagia al otro. Y sería lamentable que varios países que han tenido un desarrollo económico y social en la última década, retornen al neoliberalismo por los propios intereses de las oligarquías locales y de unos cuántos y, por la otra, en este contagio que se da entre países de la región, condenen a México a 6 años más de neoliberalismo.

Lo peor que le podría suceder a América Latina es el retorno del neoliberalismo, y el retorno del control geo-político de la región por parte de USA. Porque una vez que retornen el neoliberalismo y la derecha al poder, ni a chingadazos se los quitan. Que América Latina se vea en el reflejo de un espejo llamado México, y al neoliberalismo y la derecha encarnada en el poder, en el PRI. Así de lamentable y trágico puede ser su destino.

Saludos. Dejen comentarios.

Peligrosa provocación

Hola.

No es un secreto que USA tiene una crisis económica desde hace poco más de 5 años, que ha sido acompañada de una gran recesión a escala mundial. Tampoco es un secreto que USA generalmente, para levantar su economía, depende de las guerras y su industria armamentista.

Así, desde hace algún tiempo USA y Occidente están en la búsqueda constante de materias primas y energéticos, así como de motivos constantes y a veces ridículos para hacer guerras, con el fin de imponer el modelo económico que los beneficia, el neoliberalismo. De esta manera, ha generado las guerras necesarias en Afganistán, Irak, y Libia, bajo la ficticia amenaza terrorista o el “amenazante peligro” a la democracia occidental, resultando “dictadores dantescos” derrotados, y en jugosos negocios en petróleo, gas natural, minería y recursos naturales vastos, por mencionar algunos beneficios.

En otros lugares, como México o Colombia, los beneficios a USA y Occidente han llegado gracias al expléndido entreguismo que han mostrado los líderes de estas naciones con los países desarrollados y sus empresas trasnacionales, abriendo sus mercados indiscriminadamente y, en el caso de que la ley local lo impida, realizan las “reformas estructurales” necesarias para el convite del capital privado nacional y extranjero.

Pero la amenaza bélica hacia naciones no alineadas al régimen mundial se ha extendido al menos y para Mali, Siria, Irán, Brasil, Venezuela y Ucrania, convirtiéndose en una política general de desestabilización, invasión e intervencionismo unilateral, inducida y dirigida por USA, y secundada por Europa.

En Mali, la intervención francesa que ahí reside desde 2013 busca el control de las regiones de yacimientos de uranio; en Siria, un régimen democrático dirigido por Bashar Al Assad y mediáticamente manipulado como una gran tiranía, ha generado una guerra civil desde hace poco más de 2 años gracias a la intervención de un grupo de mercenarios financiados por USA y la OTAN conocido como “Ejército Sirio Libre”, y que busca el control del petróleo y el gas natural de la región; en Irán, la inexistente construcción de armas de destrucción masiva ha sido el pretexto para que USA e Israel busquen la invasión a toda costa, sin gran éxito entre la comunidad internacional, pero que la finalidad es el control de los yacimientos de petróleo y gas natural; en Brasil, la “oposición” al Mundial de futbol ha desencadenado en violencia y disturbios en manifestaciones convocadas por la derecha con el fin de desestabilizar política y económicamente al país, fracturando así al BRICS (uno de los grandes polos económicos mundiales, junto a USA, la Unión Europea y China); y en Venezuela, brotes desestabilizadores similares a los de 2002 y con el mismo modus operandi en contra del mismo régimen no alineado a los intereses estadounidenses y europeos (el chavismo) ha sido el pretexto para intentar desestabilizar a una de las economías más sólidas y estables del continente, y obtener el petróleo directamente y sin intermediarios, es decir, sin que el gobierno venezolano intermedie.

Caso similar es el ucraniano. Tal cual ha sido el guión norteamericano de desestabilización y provocación en los países antes mencionados, la derecha ucraniana (como todas las derechas en el mundo: entreguistas, mercenarias y alineadas al interés estadounidense) convocó a una serie de manifestaciones para exigir a su gobierno que echara atrás su intención de salirse de la Unión Europea. La exigencia en la calle pasó a la provocación, de la provocación a la violencia, de la violencia al disturbio, y del disturbio a la desestabilización.

Acompañada de un grupo de mercenarios y provocadores profesionales, la derecha ucraniana centró su plan en derrocar al gobierno en turno, siempre de la mano con los intereses estadounidenses y occidentales. Y tras varias semanas, lograron que el gobierno encabezado por Viktor Yanukóvich dimitiera, acompañado de una gran campaña mediática de desprestigio internacional. Sin embargo, y para sorpresa de propios y extraños, el gobierno de Ucrania fue asumido por un líder neonazi, Oleksandr Turchynov, y respaldado por USA y la Unión Europea.

Sin embargo, con el precedente existente en torno al escudo de misiles de la OTAN anti-ruso por toda Europa, la inminente amenaza que representa la posición pro-europeísta de Turchynov, la amenaza a los rusos residentes en Crimea y el este de Ucrania, y la representatividad estratégica geopolítica de Ucrania para los intereses políticos, económicos y comerciales de Rusia en el Mar Negro y en la región, Rusia ha decidido realizar maniobras y movimientos militares en la región que, actualmente y hora tras hora, van configurando de manera creciente una guerra próxima.

La peligrosa provocación que USA y Occidente han hecho a Rusia gracias a su intervencionismo en Ucrania, ha reavivado las tensiones ya añejas de la Guerra Fría, y han dejado de manifiesto la posibilidad de un conflicto a gran escala que pudiera ser en inicio de la Tercera Guerra Mundial, en la cual USA tendría su anhelada guerra, pero pondría en riesgo la existencia misma de la Humanidad.

En ese sentido, existen dos escenarios posibles: un conflicto local, entre Rusia y Ucrania, el cual sería indeseable pero el mejor escenario; o bien la intervención de USA y Europa, el cual desencadenaría en otros conflictos locales donde actualmente existen distintas tensiones ligadas entre sí (como entre China y Japón, Corea del Norte y Corea del Sur, Irán e Israel, Turquía y Siria, Egipto y Sudán, Chad y Mali, por mencionar algunos) y que, dichas tensiones harían que cada beligerante tomara partido en favor de unos y otros, y detonaría la Tercera (y tal vez última) Guerra Mundial.

La paz en el mundo pende de un hilo, y el destino de la Humanidad también, y las horas próximas serán cruciales. Ya en 1962 estuvimos al borde de una guerra nuclear que hubiera acabado con todo, y que gracias a la responsabilidad y el estadismo de Kennedy y Kruschev la Humanidad pudo seguir adelante. Ojalá Obama y Putin tengan la misma altura, aunque por lo visto, son un par de provocadores peligrosos e irresponsables que ponen en juego y en riesgo a la Humanidad y su destino.

Saludos. Dejen comentarios.