Fidel con AMLO, Televisa con Marcelo

Hola.

Hace una semana apareció una de las famosas Reflexiones de Fidel Castro, divida en dos partes (las cuales reproduje  íntegramente), donde el Comandante respaldaba completamente el proyecto de López Obrador, donde coincidía plenamente con él en que existía una mafia en que se apropiado del país, donde reconocía que hubo fraude en contra de AMLO en el 2006, donde desmenuzaba el complot en contra de López Obrador por parte de la oligarquía, y donde lo colocaba como la persona de más autoridad moral y política de México cuando el sistema se derrumbe.

La derecha, como siempre (y además, como era de esperarse) no tardó en reaccionar: por medio de sus editorialistas, columnistas, pseudointelectuales y voceros, descalificaron el apoyo de Fidel a López Obrador, algunos diciendo que el Comandante había utilizado a AMLO como pretexto para golpear al gobierno de Calderón, otros mencionando que ahí estaba la prueba de que Andrés Manuel es como Chávez o Castro, y que de llegar al poder sería igual, y algunos más ignorando de plano, como lo hizo Televisa y TV Azteca, quienes no hicieron mención alguna de las Reflexiones, pero ensalsando la celebración del cumpleaños de Castro.

Ahora, tras la resolución de la Suprema Corte de Justicia acerca de los matrimonios del mismo sexo, así como de la adopción de éstos mismos, el duopolio Televisa-Azteca ha aprovechado muy bien dicha coyuntura, catapultando a Marcelo Ebrard e, incluso, sorprendiendo con su actitud “crítica” hacia la Iglesia, cosa que no ha hecho por lo menos, durante el gobierno de Calderón (recordemos que abiertamente le estaban dando grandes espacios en ambas televisoras a la Iglesia, bien con un espacio en Hechos de la Tarde, bien con apariciones de sacerdotes en programas de entretenimiento, melodramas o telenovelas, bien fomentando su fe católica con programas como Cada quien su santo o La Rosa de Guadalupe [imágen de la cual, por cierto, tiene Televisa un contrato de exclusividad para la explotación de su imágen con la Iglesia Católica] o bien apoyando símbolos religiosos en las telenovelas como la Virgen de Guadalupe, devoción de los protagonistas a diferentes santos, o bodas religiosas).

La campaña que ha venido encabezando Televisa en favor del Estado Laico Mexicano, ha sorprendido a propios y extraños: la única razón visible en el horizonte es posicionar a Marcelo frente a López Obrador con miras a la definición del candidato de la Izquierda para la elección presidencial de 2012.

Obviamente, la estrategia sería apuntalando a Marcelo en dos escenarios: en el primero, Televisa apoyando a Marcelo para ganarle la candidatura de la Izquierda a López Obrador, y entonces tener un candidato a modo al que Peña Nieto pudiera derrotar fácilmente; en el segundo, apoyar a Marcelo en la interna y después hacerlo su candidato, pues es claramente visible que Marcelo Ebrard puede ser cualquier cosa, incluso una estrella más del Canal de las Estrellas, menos una persona de Izquierda.

En cualquiera de los dos escenarios, la apuesta de Televisa es ganarle a López Obrador, pues es claramente visible que AMLO sería un candidato más fuerte contra Peña Nieto que Marcelo, además de que el único proyecto realmente opuesto a los intereses de la oligarquía es, precisamente, el de López Obrador.

En resumen: López Obrador es visto ya como un referente importante de la Izquierda de América Latina, dicho por los propios actores de la Historia, mientras que Marcelo es visto como un personaje el cual puede simular ser de Izquierda, pero en realidad estar alineado a los intereses de los que se creen dueños y amos de éste país.

En dicho sentido, la candidatura de la Izquierda está amenazada por la derecha que quiere apropiarse de ella. Veremos qué pasa.

Saludos. Dejen comentarios.

Reforma o muerte

Hola.

El pasado Viernes 16 de abril, estaba formado en la fila del Ticketmaster de la estación Lechería del tran suburbano desde las 6:20 (por cierto, fui el primero en llegar), esperando a que abrieran el local para adquirir mis boletos para Paul McCartney que, horas más tarde, me informarían que sólo se venderían por internet y teléfono. Independientemente del abuso que significó ésto por parte de OCESA y Ticketmaster, lo cierto es que mientras esperaba tenía que entrenerme en algo, pues serían 6 largas horas esperar a que abrieran el local. Adquirí el Reforma, y tras revisar las notas principales, llegué a la parte de las columnas políticas.

Gran (y grata) sorpresa me llevé cuando, después de leer la columna de Miguel Ángel Granados Chapa, me encontré una carta abierta que el teólogo Hans Küng hizo a los obispos católicos del mundo, siendo los medios de comunicación la única forma de hacerla llegar a sus destinatarios a lo largo y ancho del mundo. Cito a continuación la carta completa:

Estimados obispos,

Joseph Ratzinger, ahora Benedicto XVI, y yo fuimos entre 1962 1965 los dos teólogos más jóvenes del concilio. Ahora, ambos somos los más ancianos y los únicos que siguen plenamente en activo. Yo siempre he entendido también mi labor teológica como un servicio a la Iglesia. Por eso, preocupado por esta nuestra Iglesia, sumida en la crisis de confianza más profunda desde la Reforma, os dirijo una carta abierta en el quinto aniversario del acceso al pontificado de Benedicto XVI. No tengo otra posibilidad de llegar a vosotros.

Aprecié mucho que el papa Benedicto, al poco de su elección, me invitara a mí, su crítico, a una conversación de cuatro horas, que discurrió amistosamente. En aquel momento, eso me hizo concebir la esperanza de que Joseph Ratzinger, mi antiguo colega en la Universidad de Tubinga, encontrara a pesar de todo el camino hacia una mayor renovación de la Iglesia y el entendimiento ecuménico en el espíritu del Concilio Vaticano II.

Mis esperanzas, y las de tantos católicos y católicas comprometidos, desgraciadamente no se han cumplido, cosa que he hecho saber al papa Benedicto de diversas formas en nuestra correspondencia. Sin duda, ha cumplido concienzudamente sus cotidianas obligaciones papales y nos ha obsequiado con tres útiles encíclicas sobre la fe, la esperanza y el amor. Pero en lo tocante a los grandes desafíos de nuestro tiempo, su pontificado se presenta cada vez más como el de las oportunidades desperdiciadas, no como el de las ocasiones aprovechadas:

  • Se ha desperdiciado la oportunidad de un entendimiento perdurable con los judíos: el Papa reintroduce la plegaria preconciliar en la que se pide por la iluminación de los judíos y readmite en la Iglesia a obispos cismáticos notoriamente antisemitas, impulsa la beatificación de Pío XII y sólo se toma en serio al judaísmo como raíz histórica del cristianismo, no como una comunidad de fe que perdura y que tiene un camino propio hacia la salvación. Los judíos de todo el mundo se han indignado con el predicador pontificio en la liturgia papal del Viernes Santo, en la que comparó las críticas al Papa con la persecución antisemita.
  • Se ha desperdiciado la oportunidad de un diálogo en confianza con los musulmanes; es sintomático el discurso de Benedicto en Ratisbona, en el que, mal aconsejado, caricaturizó al islam como la religión de la violencia y la inhumanidad, atrayéndose así la duradera desconfianza de los musulmanes.
  • Se ha desperdiciado la oportunidad de la reconciliación con los pueblos nativos colonizados de Latinoamérica: el Papa afirma con toda seriedad que estos “anhelaban” la religión de sus conquistadores europeos.
  • Se ha desperdiciado la oportunidad de ayudar a los pueblos africanos en la lucha contra la superpoblación, aprobando los métodos anticonceptivos, y en la lucha contra el sida, admitiendo el uso de preservativos.
  • Se ha desperdiciado la oportunidad de concluir la paz con las ciencias modernas: reconociendo inequívocamente la teoría de la evolución y aprobando de forma diferenciada nuevos ámbitos de investigación, como el de las células madre.
  • Se ha desperdiciado la oportunidad de que también el Vaticano haga, finalmente, del espíritu del Concilio Vaticano II la brújula de la Iglesia católica, impulsando sus reformas.

Este último punto, estimados obispos, es especialmente grave. Una y otra vez, este Papa relativiza los textos conciliares y los interpreta de forma retrógrada contra el espíritu de los padres del concilio. Incluso se sitúa expresamente contra el concilio ecuménico, que según el derecho canónico representa la autoridad suprema de la Iglesia católica:

  • Ha readmitido sin condiciones en la Iglesia a los obispos de la Hermandad Sacerdotal San Pío X, ordenados ilegalmente fuera de la Iglesia católica y que rechazan el concilio en aspectos centrales.
  • Apoya con todos los medios la misa medieval tridentina y él mismo celebra ocasionalmente la eucaristía en latín y de espaldas a los fieles.
  • No lleva a efecto el entendimiento con la Iglesia anglicana, firmado en documentos ecuménicos oficiales (ARCIC), sino que intenta atraer a la Iglesia católico-romana a sacerdotes anglicanos casados renunciando a aplicarles el voto de celibato.
  • Ha reforzado los poderes eclesiales contrarios al concilio con el nombramiento de altos cargos anticonciliares (en la Secretaría de Estado y en la Congregación para la Liturgia, entre otros) y obispos reaccionarios en todo el mundo.

El Papa Benedicto XVI parece alejarse cada vez más de la gran mayoría del pueblo de la Iglesia, que de todas formas se ocupa cada vez menos de Roma y que, en el mejor de los casos, aún se identifica con su parroquia y sus obispos locales.

Sé que algunos de vosotros padecéis por el hecho de que el Papa se vea plenamente respaldado por la curia romana en su política anticonciliar. Esta intenta sofocar la crítica en el episcopado y en la Iglesia y desacreditar por todos los medios a los críticos. Con una renovada exhibición de pompa barroca y manifestaciones efectistas cara a los medios de comunicación, Roma trata de exhibir una Iglesia fuerte con un “representante de Cristo” absolutista, que reúne en su mano los poderes legislativo, ejecutivo y judicial. Sin embargo, la política de restauración de Benedicto ha fracasado. Todas sus apariciones públicas, viajes y documentos no son capaces de modificar en el sentido de la doctrina romana la postura de la mayoría de los católicos en cuestiones controvertidas, especialmente en materia de moral sexual. Ni siquiera los encuentros papales con la juventud, a los que asisten sobre todo agrupaciones conservadoras carismáticas, pueden frenar los abandonos de la Iglesia ni despertar más vocaciones sacerdotales.

Precisamente vosotros, como obispos, lo lamentaréis en lo más profundo: desde el concilio, decenas de miles de obispos han abandonado su vocación, sobre todo debido a la ley del celibato. La renovación sacerdotal, aunque también la de miembros de las órdenes, de hermanas y hermanos laicos, ha caído tanto cuantitativa como cualitativamente. La resignación y la frustración se extienden en el clero, precisamente entre los miembros más activos de la Iglesia. Muchos se sienten abandonados en sus necesidades y sufren por la Iglesia. Puede que ese sea el caso en muchas de vuestras diócesis: cada vez más iglesias, seminarios y parroquias vacíos. En algunos países, debido a la carencia de sacerdotes, se finge una reforma eclesial y las parroquias se refunden, a menudo en contra de su voluntad, constituyendo gigantescas “unidades pastorales” en las que los escasos sacerdotes están completamente desbordados.

Y ahora, a las muchas tendencias de crisis todavía se añaden escándalos que claman al cielo: sobre todo el abuso de miles de niños y jóvenes por clérigos -en Estados Unidos, Irlanda, Alemania y otros países- ligado todo ello a una crisis de liderazgo y confianza sin precedentes. No puede silenciarse que el sistema de ocultamiento puesto en vigor en todo el mundo ante los delitos sexuales de los clérigos fue dirigido por la Congregación para la Fe romana del cardenal Ratzinger (1981-2005), en la que ya bajo Juan Pablo II se recopilaron los casos bajo el más estricto secreto. Todavía el 18 de mayo de 2001, Ratzinger enviaba un escrito solemne sobre los delitos más graves (Epistula de delitos gravioribus) a todos los obispos. En ella, los casos de abusos se situaban bajo elsecretum pontificium, cuya vulneración puede atraer severas penas canónicas. Con razón, pues, son muchos los que exigen al entonces prefecto y ahora Papa un mea culpa personal. Sin embargo, en Semana Santa ha perdido la ocasión de hacerlo. En vez de ello, el Domingo de Ramos movió al decano del colegio cardenalicio a levantar urbi et orbe testimonio de su inocencia.

Las consecuencias de todos estos escándalos para la reputación de la Iglesia católica son devastadoras. Esto es algo que también confirman ya dignatarios de alto rango. Innumerables curas y educadores de jóvenes sin tacha y sumamente comprometidos padecen bajo una sospecha general. Vosotros, estimados obispos, debéis plantearos la pregunta de cómo habrán de ser en el futuro las cosas en nuestra Iglesia y en vuestras diócesis. Sin embargo, no querría bosquejaros un programa de reforma; eso ya lo he hecho en repetidas ocasiones, antes y después del concilio. Sólo querría plantearos seis propuestas que, es mi convicción, serán respaldadas por millones de católicos que carecen de voz.

  1.  No callar: en vista de tantas y tan graves irregularidades, el silencio os hace cómplices. Allí donde consideréis que determinadas leyes, disposiciones y medidas son contraproducentes, deberíais, por el contrario, expresarlo con la mayor franqueza. ¡No enviéis a Roma declaraciones de sumisión, sino demandas de reforma!
  2.  Acometer reformas: en la Iglesia y en el episcopado son muchos los que se quejan de Roma, sin que ellos mismos hagan algo. Pero hoy, cuando en una diócesis o parroquia no se acude a misa, la labor pastoral es ineficaz, la apertura a las necesidades del mundo limitada, o la cooperación mínima, la culpa no puede descargarse sin más sobre Roma. Obispo, sacerdote o laico, todos y cada uno han de hacer algo para la renovación de la Iglesia en su ámbito vital, sea mayor o menor. Muchas grandes cosas en las parroquias y en la Iglesia entera se han puesto en marcha gracias a la iniciativa de individuos o de grupos pequeños. Como obispos, debéis apoyar y alentar tales iniciativas y atender, ahora mismo, las quejas justificadas de los fieles.
  3. Actuar colegiadamente: tras un vivo debate y contra la sostenida oposición de la curia, el concilio decretó la colegialidad del Papa y los obispos en el sentido de los Hechos de los Apóstoles,donde Pedro tampoco actuaba sin el colegio apostólico. Sin embargo, en la época posconciliar los papas y la curia han ignorado esta decisión central del concilio. Desde que el papa Pablo VI, ya a los dos años del concilio, publicara una encíclica para la defensa de la discutida ley del celibato, volvió a ejercerse la doctrina y la política papal al antiguo estilo, no colegiado. Incluso hasta en la liturgia se presenta el Papa como autócrata, frente al que los obispos, de los que gusta rodearse, aparecen como comparsas sin voz ni voto. Por tanto, no deberíais, estimados obispos, actuar solo como individuos, sino en comunidad con los demás obispos, con los sacerdotes y con el pueblo de la Iglesia, hombres y mujeres.
  4. La obediencia ilimitada sólo se debe a Dios: todos vosotros, en la solemne consagración episcopal, habéis prestado ante el Papa un voto de obediencia ilimitada. Pero sabéis igualmente que jamás se debe obediencia ilimitada a una autoridad humana, solo a Dios. Por tanto, vuestro voto no os impide decir la verdad sobre la actual crisis de la Iglesia, de vuestra diócesis y de vuestros países. ¡Siguiendo en todo el ejemplo del apóstol Pablo, que se enfrentó a Pedro y tuvo que “decirle en la cara que actuaba de forma condenable” (Gal 2, 11)! Una presión sobre las autoridades romanas en el espíritu de la hermandad cristiana puede ser legítima cuando estas no concuerden con el espíritu del Evangelio y su mensaje. La utilización del lenguaje vernáculo en la liturgia, la modificación de las disposiciones sobre los matrimonios mixtos, la afirmación de la tolerancia, la democracia, los derechos humanos, el entendimiento ecuménico y tantas otras cosas sólo se han alcanzado por la tenaz presión desde abajo.
  5. Aspirar a soluciones regionales: es frecuente que el Vaticano haga oídos sordos a demandas justificadas del episcopado, de los sacerdotes y de los laicos. Con tanta mayor razón se debe aspirar a conseguir de forma inteligente soluciones regionales. Un problema especialmente espinoso, como sabéis, es la ley del celibato, proveniente de la Edad Media y que se está cuestionando con razón en todo el mundo precisamente en el contexto de los escándalos por abusos sexuales. Una modificación en contra de la voluntad de Roma parece prácticamente imposible. Sin embargo, esto no nos condena a la pasividad: un sacerdote que tras madura reflexión piense en casarse no tiene que renunciar automáticamente a su estado si el obispo y la comunidad le apoyan. Algunas conferencias episcopales podrían proceder con una solución regional, aunque sería mejor aspirar a una solución para la Iglesia en su conjunto. Por tanto:
  6. Exigir un concilio: así como se requirió un concilio ecuménico para la realización de la reforma litúrgica, la libertad de religión, el ecumenismo y el diálogo interreligioso, lo mismo ocurre en cuanto a solucionar el problema de la reforma, que ha irrumpido ahora de forma dramática. El concilio reformista de Constanza en el siglo previo a la Reforma acordó la celebración de concilios cada cinco años, disposición que, sin embargo, burló la curia romana. Sin duda, esta hará ahora cuanto pueda para impedir un concilio del que debe temer una limitación de su poder. En todos vosotros está la responsabilidad de imponer un concilio o al menos un sínodo episcopal representativo.

La apelación que os dirijo en vista de esta Iglesia en crisis, estimados obispos, es que pongáis en la balanza la autoridad episcopal, revalorizada por el concilio. En esta situación de necesidad, los ojos del mundo están puestos en vosotros. Innúmeras personas han perdido la confianza en la Iglesia católica. Para recuperarla sólo valdrá abordar de forma franca y honrada los problemas y las reformas consecuentes. Os pido, con todo el respeto, que contribuyáis con lo que os corresponda, cuando sea posible en cooperación con el resto de los obispos; pero, si es necesario, también en solitario, con “valentía” apostólica (Hechos 4, 29-31). Dad a vuestros fieles signos de esperanza y aliento y a nuestra iglesia una perspectiva.

Os saluda, en la comunión de la fe cristiana, Hans Küng.

Lo sorprendente de ésta carta, que ha causado revuelo en México y el mundo, son varias cosas:

  1. La carta proviene de un obiospo participante en el Concilio Vaticano II;
  2. El reconocimiento general de todos los errores que ha cometido la Iglesia en los últimos tiempos, y que ha ocasionado un gran cisma en la misma;
  3. El llamado de atención sobre la ocupación de los puestos claves en la Iglesia por parte de conservadores y oscurantistas;
  4. La cada vez menor congregación en los templos por parte de los fieles, quienes no ven en la Iglesia Católica una representación legítima de su fe.
  5. La condena al proteccionismo por parte de Ratzinger a curas envueltos en escándalos sexuales y/o de pederastía, y la más importante de todas:
  6. La convocatoria a una gran insurrección dentro de la propia Iglesia, que obligue a convocar a otro concilio ecuménico que reforme a la Iglesia, en temas como:
    • El celibato (un gran debate sobre si es obsoleto o no);
    • El papel de Roma y el Papa y su incidencia en las parroquias;
    • Debate sobre la lealtad al Papa o a Dios;
    • Un cambio en el lenguaje y discurso de la propia Iglesia hacia sus fieles, realizar soluciones regionales (es decir, que haya una especie de federalismo religioso. Si bien es sumamente bizarro el concepto que planteo, creo que encierra la idea), y

Desde mi perspectiva, creo que Hans Küng es sensato. Su propuesta puede salvar a la Iglesia Católica y la puede sacar desde la más grande crisis que tiene ésta institución desde la Reforma Protestante. Sin embargo, hay que ver si los intereses (de todo tipo, incluyendo los económicos) permiten ésta gran reforma que para el Catolicismo suena necesario y (como dirían los diputados) de urgente resolución. De otra forma, la crisis dentro de la Iglesia se profundizará y correrán (en términos reales) de convertirse en una religión minoritaria, o de plano desaparecer de la faz de la Tierra.

Es decir, la Iglesia sólo tiene dos sopas: Reforma, o muerte.

Saludos. dejen comentarios.

El regreso de la (no tan Santa) Inquisición

Hola.

Antes que nada, les deseo un Feliz Año 2010. Año, por cierto, del Centenario y Bicentenario, que muchas cosas habremos de reflexionar en éste blog al respecto, pero de las que habrá tiempo para comentar. Así mismo, les pido una disculpa por no enviar mi ya tradicional correo de año nuevo, pero me ganó la decidia y… bueno, al final uno termina por no hacer nada.

El comentario que hago el día de hoy es a título personal. Y quiero que así se tome.

Cuando comencé en la precampaña de Victor Romo, luego en la campaña, y cuando me invitó a colaborar como parte de su equipo de trabajo, me prometí a mí mismo que no comentaría absolutamente nada sobre la Asamblea Legislativa, sobre lo que estamos haciendo allí, o bien sobre Victor y su gestión, debido a la estrecha relación que tengo con él desde hace casi 10 años.

Sin embargo, y debido a los últimos acontecimientos, he decidido publicar éste comentario que me parece es necesario, tomando en cuenta la gran influencia que tienen Televisa y TV Azteca sobre la población en general. Y lo he decidido por dos razones: la primera, por la amistad que tengo con Romo, y la segunda, porque fuera Victor o no mi amigo, lo que estamos viviendo hoy, la intolerancia de la Iglesia Católica en contra de una de las instituciones formales del Estado Mexicano, no es válida por ningún motivo ni contra nadie. Lo que comentaré aquí no será nuevo para muchos. Sin embargo, vale la pena recordarlo.

Y en virtud de la magnitud en la que han estado atacando a Victor por una equivocación de su parte (la cual, por cierto, ya fue aceptada por el propio Romo), es el tono de mi comentario. Así que advierto: éste post no es apto para católicos fanáticos. Los que se den golpes de pecho todos los domingos, mejor dejen de leer aquí. Voy a crear ámpula, así que luego no quiero mentadas de madre. He dicho.

Pues bien, ya que siguen aquí, comencemos.

La Iglesia Católica es una de las instituciones más viejas en el mundo. Tiene toda la experiencia del mundo. 2000 años la respaldan. Dicen los Evangelios que Jesús quizo que sobre Pedro se fundara la Iglesia. Sin embargo, dudo que el Catolicismo sea la Iglesia a la que Jesús aspiraba para el mundo, puesto que la Iglesia ha utilizado su nombre e imágen para cometer toda clase de tropelías a lo largo y ancho del mundo, y a través de los últimos dos milenios.

Así pues, la Iglesia se autoproclamó el monopolio cristiano, y lo asumió como verdad. Y comenzó a enfrentar al Imperio Romano para consolidarse como un contrapoder en la Tierra, “guiado desde el Cielo”. Tal fue el embate al Imperio Romano (que, por cierto, ya estaba en decadencia debido a los excesos que ellos mismos se propiciaron) que tuvieron que negociar. Una negociación Iglesia-Roma. Ésto no está muy claro históricamente hablando. Sin embargo, el hecho de que Constantino haya permitidoel libre culto a los cristianos y luego convocado al Concilio de Nicea en el 325, así como la instauración del Cristianismo como religión oficial en el Imperio Romano para el 380, por medio del Edicto de Tesalónica decretado por Teodosio I El Grande, dejan entrever que ésta teoría que formulo puede ser cierta (no se si alguien más la haya planteado, yo no lo he leído de alguien).

Así pues, cuando cayó el Imperio Romano (al que Atila no devastó por petición del Papa), la Iglesia asumió la vanguardia en la nueva estructura política naciente de la balcanización del Imperio Romano, y asentó su poder en Europa por los siguientes 1000 años. Prueba de ésto es el celibato, el cual fue implantado al interior de la Iglesia en el Siglo XIII, puesto que, como los Reyes y los nobles en general le heredaban sus bienes y propiedades a la Iglesia, y los sacerdotes se los heredaban a sus hijos, para evitar ésta pérdida de bienes y tierras, la Iglesia impuso el celibato con el pretexto de la “santidad de Jesucristo”. Así, para el Siglo XV, la Iglesia era dueña de más de la mitad de Europa.

En éste sentido, también cabe recordar el papel que jugó el catolicismo en las Cruzadas. Ese cuento de la Tierra Santa no era otra cosa que arrebatarle a los judíos y musulmanes la ciudad de Jerusalem, en la cual pusieron todo de su parte para intentar arrebatarla, pero no pudieron. Fue una guerra muy cruenta, de la cual la Historia oficial no habla sino tonterías.

Así pues, con el descubrimiento de América, la Iglesia financió gran parte de los viajes de Conquista (entre ellos la de México). Es por eso que había tanto misionero acompañando a Cortés. Parte del botín era para el Reino del España, otra parte para los conquistadores, y otra para la Iglesia.

Viene el mal llamado “Renacimiento” (hay que leer la Escuela de Frankfürt para entender ésto) y la Iglesia se opone a todo progreso de la Ciencia y la Racionalidad. Fueron tachados de herejes todos aquellos que pensaran diferente a la visión egocentrista de la Iglesia, y que se salieran de lo dicho por la Biblia. Afortunadamente, llegó una cosa llamada “Reforma”, la cual fue apoyada por todos aquellos reinos que ya estaban hartos del dominio político, económico y social de la Iglesia, como fue en Alemania o en Inglaterra.

Mientras tanto, en México tenían dificultades para evangelizar a los indios conquistados. Entonces, a Juan de Zumárraga se le ocurrió una genial idea: vestir a la Diosa Tonantzin como una virgen española, ponerle simbolismos españoles y europeos, inventar a un indio que fuera testigo de apariciones inexistentes, y “vender” la idea que una virgen con las características mexicanas se había aparecido, y que quería ser la patrona de México (si quieren, luego podemos hablar más del asunto, ahorita no es motivo del post).

Y si dudan de lo que aseguro, resulta que después (cuando vieron que les resultó el numerito) se pusieron a inventar vírgenes por toda América, para sojuzgar de la misma forma a todos los pueblos indios en resistencia, puesto que la identidad cultural que existía era mucho más fuerte que la europea).

Sin embargo, con la Revolución Francesa, puesto que la Iglesia siempre había estado emparentada con la nobleza europea, comenzaron a aparecer los ideales del Estado Laico: separar la Iglesia del Estado, aunque ésto ya había sido tratado en la teoría con Rousseau años antes.

México, influído por los ideales de la Revolución Francesa, quiso adoptar el Estado Laico desde la misma consumación de su Independencia. Prueba de ello son las Reformas de 1833 de Valentín Gómez Farías (quien fue Presidente 4 veces que Santa Ana dejó el poder), que 30 años antes de las reformas de Juárez, promulgó la separación de la Iglesia y el Estado. Sin embargo, para su mala suerte, se vino una epidemia de Cólera, y la Iglesia utilizó ésto argumentando que dicha epidemia era un “castigo de Dios” debido al gobierno sacrílego de Gómez Farías y su demoníaca ley. Santa Ana, al ver el problema que hubo, derogó dichas leyes. Y mantuvo a la Iglesia tranquila hasta que Lerdo de Tejada promulgó (valga la rebundancia) la Ley Lerdo, que era la separación de la Iglesia y el Estado, y que generaron un año después las Leyes de Reforma de Juárez. Y éstas leyes, por cierto, desataron una guerra.

En Europa, Marx comenzaba a idealizar el Socialismo, y la Iglesia lo satanizó. Obviamente, lo menos que quiere la Iglesia es repartir su riqueza entre todos. Y si no, vayan a la Iglesia, pidan dinero de las limosnas (que se supone, son para los pobres), y van a ver a dónde los mandan.

Y desde entonces, la Iglesia ha buscado recuperar su poder. Organizaron la Guerra Cristera en los 20’s para intentar obtener el poder por la vía violenta y derogar las Leyes de Reforma. Y han intentado continuar esa línea desde entonces. La Unión Nacional Sinarquista nació con ese propósito. Luego, crearon el Partido Acción Nacional (PAN) con el apoyo de los sinarquistas y de varios de los expropiados por Cárdenas.

Y desde entonces, han apoyado ciertos gobiernos con la idea de detener el avance progresista de la sociedad mexicana y de derogar (principalmente) las Leyes de Reforma, puesto que aspiran nuevamente al poder terrenal, aunque sin mucho éxito. Han apoyado con esa consigna a Manuel Ávila Camacho, a Miguel Alemán, a Carlos Salinas de Gortari, a Vicente Fox, a Felipe Calderón, y ahora a Enrique Peña Nieto, aunque no han podido.

Sin embargo, han tenido avances importantes. Son lentos, pero seguros. Con Salinas de Gortari lograron que se les reconociera la facultad de poder tener propiedades, e incluso lograron que se modificara el artículo 27 para tal efecto. Por eso vino tantas veces el Papa durante ese sexenio. Con Fox, lograron el acceso a los medios de comunicación. Ahora, con Calderón, han impulsado leyes retrógradas en los estados, como la criminalización a las mujeres por practicar un aborto. Y el acuerdo del Papa con Peña Nieto fue que, el Papa le daba el divorcio religioso, a cambio de comprometerse a crear leyes anti-aborto en todos los estados si él llega a la Presidencia (lo cual es probable, dado que la oligarquía lo va a imponer como sea).

Por todo lo anterior, no extraña la forma en la que han satanizado al PRD y a los Asambleístas del Distrito Federal. Y con el error de Romo, tuvieron el pretexto ideal para criminalizar aún más el matrimonio entre personas del mismo sexo.

Dicen que los homosexuales son pederastas. Falso. Hay más heterosexuales pederastas que homosexuales.

Que los homosexuales son antinatura. Falso también. Todos los animales tienen un grado de bisexualidad.

Que los homosexuales no son dignos de Dios. Falso totalmente. Y que yo recuerde, Jesucristo se rodeaba de prostitutas, lisiados y enfermos. Y no lo dice la Biblia, pero les aseguro que entre tanta prostituta que convivió con Jesucristo hubo, al menos, un trasvesti y un homosexual.

Y que no se le olvide a la Iglesia que existen padres homosexuales y padres pederastas. Y eso está más que comprobado. Y si no, ahí está Marcial Maciel: pederasta, homosexual y (además) tuvo hijos biológicos, comprobados por testimonios y por pruebas de ADN.

Dicen también que eso no es matrimonio. Que el matrimonio se hizo por costumbre, que era la unión entre un hombre y una mujer, y que se hizo en Roma. Falso también.

El matrimonio nace porque, en los tiempos prehistóricos, el parentesco se definía de forma matrilineal. Ésto es, por la mujer. Y además, la sociedad era matriarcal, es decir, la mujer mandaba. Surge en algún momento la duda del varón sobre la paternidad de los hijos, puesto que como la organización social era por horda, la mujer y el hombre eran polígamos, es decir, tenían muchas parejas a lo largo de su vida. Entonces, con ésta duda, hay una apropiación de la mujer. La mujer se convierte en propiedad privada. Y a su vez, el hombre obtiene el poder, convirtiendo a la sociedad en patriarcal. Ése es el verdadero origen del matrimonio.

Entonces, en realidad no existe un argumento sólido para deslegitimar lo aprobado por los Asambleístas. Simplemente es, como lo ha hecho la Iglesia en México durante los últimos 150 años, la búsqueda del poder terrenal. La dominación política total como lo fue hasta las Leyes de Reforma. Y si la Iglesia gana ésta batalla, querrán consumar su sueño: derogar las Leyes de Reforma. Ése es su objetivo y fin único. No las hipocresías de las que hablan.

Aguas con la Iglesia, Televisa, TV Azteca, el PRI y el PAN. No se dejen manipular. Están inyectando muchísimo dinero en los medios para ganar ésta batalla. Ahi les dejo éste “pequeño” post de tarea. Si quieren dejar comentarios, déjenlos, pero con respeto. Si quieren debate, nomás me dan chance que tenga tiempo, pero debatimos.

Y saludos. Feliz año 2010!