El PRI de siempre, en Hidalgo, pintado de guinda

Hola.

Dice Marx que la Historia siempre se repite dos veces: primero en forma de drama, y luego en forma de comedia. Y para ejemplo, basta un botón.
En 1976, todo era alegría, diversión y felicidad. Al menos, eso pensaba el Partido Oficial, el PRI, que se había consolidado en el poder tras 36 años de gobiernos civiles.

Para la elección presidencial de ese año, el Partido Oficial presentó a José López Portillo como candidato, y fue tanta la soberbia y prepotencia existente entonces, que fue candidato único a la Presidencia. Todos los partidos con registro lo apoyaron: el PPS y el PARM, que eran partidos satélites del régimen, mientras que el PAN no presentó candidato.

Sin embargo, el Partido Comunista Mexicano, partido de Izquierda que existía desde 1919 de forma clandestina (solo Lázaro Cárdenas había reconocido su registro oficialmente), presentó un candidato presidencial, como alternativa a la opción oficial: Valentín Campa Salazar, líder sindicalista ferrocarrilero, y quien tenía un gran apoyo del Pueblo.

Así, mientras el candidato oficialista derrochaba los recursos públicos en campaña, el candidato de izquierda visitaba los pueblos y comunidades del país con recursos sumamente limitados, y dicha campaña puso sostenerse gracias al apoyo político, económico y moral de miles de personas por todo el país. Mientras López Portillo llenaba las plazas con acarreados, Campa Salazar las llenaba con voluntades y apoyo real del Pueblo.

Llegó la elección, y pese al férreo control y resistencia de la Comisión Nacional Electoral, entonces controlada por la Secretaría de Gobernación, no hubo otra opción que reconocer un millón de votos que obtuvo Valentín Campa y el Partido Comunista, dejando un precedente fundamental para las elecciones futuras.

El día de ayer, como en el priísmo más rancio de la década de los 60’s y 70’s, el Instituto Estatal Electoral del Estado de Hidalgo (IEEH), negó el registro a Eduardo Durán Laguna, propuesta a candidato a Presidente Municipal de Tula por el Partido del Trabajo, bajo el argumento de cambio de género, algo que el Instituto no tiene las facultades legales para hacer, pero que es una decisión política, ante la imposición e impopularidad del candidato impuesto en MORENA, por parte de las más altas cúpulas políticas estatales.

Luis Eduardo Durán Laguna es un candidato sumamente incómodo para los intereses existentes en Pachuca. Fue Director Regional de Programas para el Desarrollo justamente en esa región, en Tula, por parte de la Secretaría de Bienestar federal durante los 6 años del sexenio de Andrés Manuel López Obrador, fundador de MORENA en aquel municipio, y es un joven honesto y comprometido totalmente con los ideales que representan la Izquierda y la Cuarta Transformación.

Luis Eduardo Durán fue despojado del legítimo derecho constitucional de poder votar, y ser votado, por intereses políticos ajenos al municipio. Y esos intereses políticos, no entienden que no entienden.

En 2018, el Pueblo decidió poner un alto al régimen de corrupción y privilegios que representó, por mucho tiempo, el PRIAN. Decidió dejar atrás un régimen caduco, antidemocrático y autoritario, para encumbrar uno que verdaderamente representara a los intereses del Pueblo.

Sin embargo, en un giro dramático de la Historia, en Hidalgo se infiltró el viejo régimen al partido de la Izquierda, de Andrés Manuel, de la Cuarta Transformación, que fue construido sobre los compañeros muertos en 1968 y 1971, durante la Guerra Sucia, sobre los asesinados en el régimen de Salinas y gobiernos posteriores, y sobre todos aquellos compañeros que murieron a manos de los caciques locales en nuestro estado. Es el PRI de siempre, ahora pintado de guinda.

Ahora, esos chapulines PRIANistas infiltrados, no solo tomaron por asalto el partido y las candidaturas del mismo, viendo a MORENA como su patrimonio personal y político, sino que, además, están utilizando a las instituciones del Estado contra sus opositores, ya sea amenazándolos, coptándolos, o como en el caso de Luis Eduardo Durán, quitándole su derecho a participar en un proceso electoral como candidato a Presidente Municipal.

Ese viejo régimen autoritario y caduco, de opresión y privilegios, que el Pueblo decidió sacarlo del poder hace 6 años, hoy se asoma a la puerta, ha mostrado el garrote, y demuestra que hoy, más que nunca, es necesario hacerle frente, en las calles, en las plazas, y en las urnas. De nada servirá la lucha realizada por nuestros abuelos, nuestros padres y nosotros mismos, si permitimos que regresen aquellos que, sí deberían regresar, pero lo que se robaron.

Claudia si, autoritarismo no. Es preciso que las autoridades electorales devuelvan la candidatura a Presidente Municipal por el PT a Luis Eduardo Durán, pues es su derecho legítimo a votar y ser votado.

Y que al final, el Pueblo decida. Lo que no es válido es que una sola persona tenga la arrogancia de sentirse con el derecho de elegir por los demás, por mucho poder político que tenga.

Prohibido rendirse.

La farsa de Xóchitl

Hola.

Conocí a Xóchitl Gálvez a principios de 2010. No puedo decir que la conozco bien, porque afortunadamente eso no pasó, pero la conozco lo suficiente para escribir este texto.

La primera vez que platicamos con ella, fue en Ixmiquilpan, en una oficina frente al Balneario El Tephé. Acudimos los integrantes del entonces Colectivo de Izquierda Hidalguense, que era conformado por una gran parte de compañeros de la Izquierda más radical en el estado, y que a su vez, conformábamos la primera línea del Gobierno Legítimo encabezado por AMLO, y la Resistencia Civil Pacífica en Hidalgo.

Xóchitl llegó 10 minutos despues de la hora. Comenzamos a platicar sobre sus aspiraciones a ser gobernadora de Hidalgo por parte de un frente opositor al PRI, que aglutinara a todos los partidos opositores, y que pudiera ser contrapeso para lograr la alternancia en el Estado. Como paréntesis, esto ya se había intentado en 1999 con la candidatura de Miguel Ángel Granados Chapa, pero la traición del PAN al salirse de la alianza y registrar a Francisco Xavier Berganza como candidato a Gobernador impidió que desde entonces se consiguiera dicha alternancia política. Fin del paréntesis. Prosigamos.

Después de exponer sus motivos para encabezar la alianza (cosa que nos parecía más decente que apoyar la 2ª candidatura del impresentable José Guadarrama, o al otro impresentable Francisco Xavier), le empezamos a cuestionar ciertas cuestiones elementales, sobre todo para saber dónde estábamos parados, y de qué trataba el asunto. Entonces, le preguntamos de su militancia panista, y dijo que ella “era una ciudadana sin partido, que había visto al PAN como el partido de oposición al PRI, pero que no comulgaba con sus ideales”. Reverenda mentira.

Luego, agregó que ella “realmente era más de izquierda, porque había formado parte de los maoístas durante mi juventud”, por lo que se identificaba totalmente con nuestra visión política de izquierda. Más patrañas y más mentiras, que nos comimos una a una, cabe señalar, porque con ese discurso del maoísmo, nos convenció para apoyarla.

En el camino, fuimos descubriendo la farsa que representa Xóchitl Gálvez: una mujer que ni es indígena, ni es del Pueblo, ni es ciudadana, ni siquiera es legítima. Y explicaré porqué.

Xóchitl Gálvez no es indígena, porque no tiene raíces indígenas. Xóchitl Gálvez nació en Tepatepec, actualmente municipio de Francisco I. Madero, en Hidalgo. Por su parte, Francisco I. Madero es un municipio con 36,248 habitantes, en el cual solo el 1.68% de la población (es decir, 609 personas) habla algún idioma indígena, de las cuales, el 86.6% (527 habitantes) hablan Hñähñu, mientras que el 9.5% (58 personas) hablan náhuatl.

De acuerdo con el INEGI, una persona es o se reconoce indígena cuando desciende de poblaciones nativas o ancestrales, conserva las tradiciones o costumbres de un pueblo indígena, y habla alguna lengua indígena.

Desde el punto de vista antropológico, Ricardo Pozas Arciniega, en su obra “Los indios en las clases sociales de México”, señala que se denomina indios o indígenas a los descendientes de los habitantes nativos de América —a quienes los descubridores españoles, por creer que habían llegado a las Indias, llamaron indios— que conservan algunas características de sus antepasados en virtud de las cuales se hallan situados económica y socialmente en un plano de inferioridad frente al resto de la población, y que, ordinariamente, se distinguen por hablar las lenguas de sus antepasados, hecho que determina el que éstas también sean llamadas lenguas indígenas, y concluye: fundamentalmente, la calidad de indio la da el hecho de que el sujeto así denominado es el hombre de más fácil explotación dentro del sistema; lo demás, aunque también distintivo y retardador, es secundario (Pozas Arciniega, Ricardo. Los indios en las clases sociales de México. Siglo XXI, México, 1971).

Ambas definiciones se unen, y en el caso de Xóchitl, sabemos que no habla hñähñu ni nahuatl (los dos idiomas indígenas predominantes en Hidalgo), e incluso, tampoco conserva las tradiciones o costumbres de un pueblo indígena, y sobre todo, tampoco cumple con la condición que menciona Ricardo Pozas de que la calidad de indio es adquirida por que es el hombre (o mujer) de más fácil explotación dentro del sistema, pues al emigrar Xóchitl de su pueblo natal, y haber sufrido un proceso de aculturación y aburguesamiento (tal, que actualmente vive en Las Lomas, una de las colonias más ricas de México), se desprendió completamente de lo que implica ser indígena (en caso de que lo fuera realmente). No tiene nada de malo vivir en Las Lomas, sino que hubo un proceso de desclasamiento que es evidente, y que contradice el sentido de pertenencia indígena de Gálvez.

En sentido estricto, Xóchitl Gálvez no es indígena, aunque ella diga lo contrario.

Así, al haber sufrido un proceso de aburguesamiento, Xóchitl Gálvez tampoco puede ser “del Pueblo”, como Claudio X. González y la oligarquía la quieren presentar como alternativa a la opción surgida de la Cuarta Transformación. Tampoco es “ciudadana”, porque existe una militancia y una identificación ideológica clara con el panismo y su plataforma ideológica, claramente alineada a la derecha política.

Y no es legítima, primero, porque dice lo que el público al que se dirige quiere escuchar. Es decir, puede ir en la mañana a visitar tranquilamente una colonia popular, y proclamar un discurso en torno a la problemática de la gente y sus necesidades, y en la tarde, acudir con los empresarios, y proclamar un discurso totalmente contrario a lo dicho antes. En conclusión, sufre el Síndrome de la Chimoltrufia: como dice una cosa, dice otra.

Precisamente por eso, es tan detestada en Hidalgo. Los habitantes de nuestra entidad, se dieron cuenta de cómo era Xóchitl, y por eso, cuando se presentó en 2012 a ser Senadora de la República (tan solo 2 años después de haber sido candidata a Gobernadora), la gente la mandó a tercer lugar. A la gente se le puede engañar una o dos veces, pero no se le puede engañar toda la vida. Y bastó una sola ocasión para que la gente de su propio estado la repudiara. Por eso se fue a realizar carrera política a la Ciudad de México, porque sabe bien que en Hidalgo no volverá nunca a ser competitiva.

¿Porqué la oligarquía y la derecha quiere presentar a Xóchitl como su candidata? Porque saben que un candidato del perfil de Peña Nieto, de Enrique de la Madrid, de Ricardo Anaya, solo llevaría a la oposición a una hecatombre y a una derrota de proporciones bíblicas, y en cambio, la presentación de una simuladora como Xóchitl Gálvez, que se viste como indígena (sin ser indígena), que finge ser representante del Pueblo (cuando responde a los intereses de la oligarquía) y que puede ser camaleónica, es el perfil ideal para ser presentada como propuesta de la oposición para intentar engañar, una vez más, al Pueblo.

Xóchitl es una farsa, porque aunque se presente como indígena, no lo es. Y lo que si es, es ser el conducto de la oligarquía para intentar recuperar sus privilegios en 2024. Afortunadamente, Xóchitl es tan pero tan torpe, que permitirá que sus impulsos y arrebatos la dominen (como en la campaña de 2010: https://www.hglc.org.mx/blog/2010/07/07/apuntes-de-campana-mi-experiencia-en-la-campana-de-xochitl/), logrando la consolidación de la Cuarta Transformación de México.

Sin embargo, habrá que esperar, porque la oligarquía cuenta con el apoyo y financiamiento desde el Gobierno de Estados Unidos (quienes mantienen su embestida permanente contra los gobiernos progresistas de América Latina), y es claro que contarán con su apoyo para recuperar el poder y el gobierno.

Así, en 2024, más que nunca, tendremos una confrontación frontal entre ambos proyectos: el de la oligarquía rapaz, y el del Pueblo encabezado por la 4T. Como periódicamente recuerda Andrés Manuel López Obrador, la frase de Benito Juárez: “el triunfo de la reacción es moralmente imposible”, y no puede serlo de la mano de una farsante y simuladora como lo es Xóchitl Gálvez.

La Hora de la Verdad

En La Revolución Interrumpida, Adolfo Gilly plantea que, desde el punto de vista marxista, la Revolución Mexicana es una revolución interrumpida en su curso hacia su conclusión socialista. Es la aplicación de la teoría de la revolución permanente a todo el ciclo revolucionario de México desde 1910, como parte del ciclo mundial de la revolución proletaria abierto definitivamente con la victoria de la revolución rusa y el establecimiento del Estado obrero soviético. Gilly asegura que la base teórica de esta concepción esta en la teoría marxista de la revolución permanente (Gilly, 1971).

¿Porqué Gilly considera que la Revolución Mexicana fue interrumpida? Porque no alcanzo la plenitud de los objetivos socialistas potencialmente en ella contenidos, pero tampoco fue derrotada; que no pudo continuar avanzando, pero sus fuerzas no fueron quebradas ni dispersadas ni sus conquistas esenciales perdidas o abandonadas. Dejó el poder en manos de la burguesía, pero le impidió asentarlo en bases sociales propias; le permiti6 un desarrollo económico, pero le impidió un desarrollo social. Dejó en cambio en las manos y en la cabeza de las masas una seguridad histórica inextinguible en sus propias fuerzas, en sus propios métodos, en sus propios hombres, en sus propios sentimientos profundos de solidaridad y fraternidad desarrollados, probados y afirmados en la lucha, en el trabajo y en la vida cotidiana. Entonces se mantuvieron vivas, en la conciencia de las masas y en sus conquistas esenciales, la revolución y la posibilidad de continuarla. Eso fue después el periodo de Cárdenas (Gilly, 1971).

Gilly asegura que la pequeñaburguesía antimperialista (técnicos, maestros, profesionistas, intelectuales, estudiantes, militares, oficinistas, etc.), continuadora de la que contribuyo en primera línea con sus hombres e ideas a la revolución, cuyo nacionalismo se orienta bacia las ideas socialistas –como ya sucedió en el cardenismo–y que tiene en las empresas estatizadas una base material que la sostiene y la genera incesantemente: es toda la población trabajadora de México la que comparte, de uno u otro modo, la idea verdaderamente nacional de que no hay que hacer una nueva revolución, sino continuar y completar la que fue interrumpida al final del periodo de Cárdenas (Gilly, 1971).

Desde ese punto de vista, podríamos teorizar que la llegada de Andrés Manuel López Obrador a la Presidencia de la República, implica la continuación de esa Revolución Interrumpida en dos ocasiones (como el mismo Gilly lo menciona), pero con varias salvedades. La Revolución Interrumpida, en principio, tardó 78 años en continuar, y en condiciones totalmente distintas a las existentes previas a su interrupción: un Estado fallido, instituciones destruidas por el régimen anterior, un modelo económico elitista y excluyente como fue el neoliberalismo, una crisis de gobernabilidad generada por la violencia heredada de los dos sexenios anteriores, el deterioro profundizado del tejido social, y con la base industrial estatal creada durante el Desarrollo Estabilizador totalmente privatizada o saqueada (como en los casos de PEMEX y CFE), entre otros factores.

Por si fuera poco, cuando comenzó a implementarse el Plan Nacional de Desarrollo de López Obrador, la aparición de la peor pandemia de los últimos 100 años, ocasionó que todos los planes existentes cambiaran, cuando se cerró la economía y se obligó a reorientar una gran parte del presupuesto en la adquisición de equipo médico y vacunas para combatir esta enfermedad que no ha terminado de irse.

Sin embargo, hoy se presenta uno de los retos más importantes que ha tenido nuestro movimiento: la renovación de la estructura interna de MORENA, el partido que logró la continuación de la Revolución Interrumpida, y que fue la plataforma programática con la cual López Obrador llegó a la Presidencia de la República.

A diferencia de los dos procesos anteriores (2012 y 2015), en esta ocasión se juega el control de la estructura formal del partido, de cara a las próximas elecciones de 2024, donde se elegirá Presidente de México, Senadores y Diputados Federales, sin olvidar los procesos locales en varias entidades del país.

En ese entendido, existen diferentes bloques que, conforme a sus intereses, buscarán tener el control de la nueva estructura de MORENA: por una parte, los ex-militantes del viejo régimen, de los viejos partidos, advenedizos, arribistas y oportunistas, que buscarán apropiarse de la estructura de MORENA para intentar recuperar sus privilegios perdidos en estos 4 años; por otra, representantes de elección popular activos o anteriores (Diputados Federales y Locales, Senadores, Presidentes Municipales, Alcaldes, Síndicos, Regidores), y funcionarios públicos o parte de equipos de transición, que buscan acaparar más poder del que ya tienen, cuyos fines son personales pero no colectivos, que traen a López Obrador en la boca pero no en sus acciones, y totalmente ajenos al ideario obradorista, quien les pidió renunciar a los cargos que actualmente tienen para poder estar dentro de la estructura partidista, llamado al que hicieron caso omiso; y finalmente, con los verdaderos militantes, los militantes de a pie, denominados fundadores, que fueron quienes construyeron el partido en 2012 desde abajo, ensuciándose los zapatos, tocando puertas, invitando a gente a participar y, sobre todo, quienes creyeron en un principio en el proyecto obradorista, y que se contaban con la palma de la mano.

Sin embargo, paradojas de la vida, estos últimos son los más proclives a ser excluidos en este proceso electoral: al no tener con la capacidad de movilización corporativa ni el capital utilizado en ello que los dos primeros bloques, ni tampoco coincidir con las prácticas que tienen muchos personeros del viejo régimen (compra del voto, coacción, engaños), así como su incapacidad para ponerse de acuerdo en propuestas que combatan a los neomorenistas (no en balde, tan solo en Hidalgo hubo 1,387 candidatos a Consejeros Estatales), por lo cual es muy probable que el partido sea arrebatado a sus militantes originales y quienes mantienen el espíritu genuino del obradorismo, por personajes que solo ven a MORENA como un trampolín para sus intereses políticos personales, totalmente ajenos a la ideología obradorista y a la Cuarta Transformación.

A diferencia de muchos procesos políticos y sociales, si existe un responsable de la actual crisis y debacle que se presenta en MORENA: John Ackerman. Durante todo el 2022, Ackerman se dedicó, por medio de la Convención Nacional Morenista, a azuzar a las bases para generar “una renovación de las estructuras políticas de MORENA”, que desde su punto de vista, se habían aletargado indebidamente. Su movimiento logró presionar a tal punto, que los órganos formales de MORENA que fueron conformados en 2015 generaran la convocatoria de renovación de los órganos internos del partido, algo totalmente innecesario, sobre todo, porque se había logrado contener la entrada de personajes políticos nefastos a la estructura partidaria (que no fue el caso de muchas candidaturas locales).

Paradójicamente, la Convención Nacional Morenista, que buscaba devolver el Partido a las bases, terminará arrebatándoselo a ellas, resultando más caro el caldo que las albóndigas, pues la verdadera base pocos espacios lograrán en este proceso de renovación estructural partidista. Era preferible una estructura aletargada, pero con compañeros que construyeron el movimiento, a una estructura secuestrada por intereses ajenos a nuestro partido.

Así, se cumplirá una de las máximas sociológicas, que indican que todos los partidos tienden a la burocratización, oligarquización y sectarización. Y MORENA no es ajeno a este proceso indeseable, pero natural.

Estamos ante un parteaguas histórico en la lucha por nuestro país. El futuro del Proyecto Alternativo de Nación, de MORENA, y de una nueva interrupción de la Revolución Interrumpida, están en juego ante el embate que buscarán, sin duda, la apropiación de la estructura y del aparato de la única opción existente contra la oligarquía y la derecha para decidir el destino y las decisiones importantes: el 2024.

Llegó la hora de la verdad. Sin duda, la disyuntiva es apostar a la continuidad del obradorismo, o un retroceso hacia el neoliberalismo. Lo demás es mera simulación. Y de simuladores está lleno el proceso actual.

La liebre y la tortuga

Hola.

El presente texto está plagado de conjeturas. Pero es gracias a las conjeturas, que las Ciencias Sociales han conseguido explicar fenómenos sociales. Y la elección del próximo 1° de julio es eso: un fenómeno social digno de ser estudiado y analizado desde todos los ángulos posibles. Cualquier parecido con la realidad es mera coincidencia.

En la fábula de Esopo, hay una carrera entre la tortuga y la liebre. Todos dan por ganadora a la liebre, por su velocidad. Pero el exceso de confianza hace que la liebre duerma una siesta pensando en que cuando despierte podrá ganar a la tortuga con su velocidad.

En exactamente una semana, tendremos una idea de quién será el próximo Presidente de la República. Digo una idea, porque aunque formalmente los cómputos de la elección comienzan hasta el miércoles 4 de julio, el Programa de Resultados Preeliminares (PREP) a cargo del Instituto Nacional Electoral tendrá un informe sobre los resultados de las elecciones con base en lo capturado directamente de las actas de casilla.

Desde hace algunos meses, Andrés Manuel López Obrador (la liebre) ha lidereado casi todas las encuestas con un amplio margen. En las últimas, aparece con preferencias electorales cercanas al 50% de los votos, y con 20 puntos de diferencia en promedio respecto a su más cercano competidor, que ha cambiado según la casa encuestadora: José Antonio Meade, o Ricardo Anaya (ambos podrían personificar a la tortuga).

Sin embargo y a pesar de la amplia ventaja que aparentemente tiene el puntero, veo tres grandes riesgos que, conjuntamente, pueden significar, o bien un resultado distinto electoralmente hablando, o bien la operación de un fraude con base en los siguientes supuestos:

  1. Según los datos que proporciona el Instituto Nacional Electoral en su página, la lista nominal de electores (es decir, los ciudadanos que tienen credencial de elector y podrán ejercer su derecho al voto el próximo 1° de julio) es, al 30 de abril, de 89’393,959 electores.

En una elección donde aproximadamente el 70% de los ciudadanos votarán, estamos hablando que acudirán a las urnas, aproximadamente, 62’575,771 ciudadanos.

  1. En este escenario, y considerando los datos promedio que proporciona Oraculus al día de hoy, AMLO tiene una preferencia de voto promedio de 46.8%; Ricardo Anaya 27.6%; José Antonio Meade 22.4%; y el Bronco 3%.

En todas las encuestas hay un 20% de personas que no contestan su preferencia electoral, o bien no sabe aún o no manifiestan por quién votarán en la elección del próximo domingo.

Es decir, que del 70% de ciudadanos que acudirán a las urnas (los 62 millones y medio de electores aproximadamente), el 80% ya tiene definido su voto (es decir, 50’060,616), y 20% no sabe aún por quién va a votar (es decir, 12’515,154 aproximadamente).

Considerando los datos anteriores, estamos hablando que, en este momento, López Obrador tendría aproximadamente 23’428,368 personas que votarían por él; Ricardo Anaya 13’816,730 votos; José Antonio Meade 11’213,577 votos; y el Bronco 1,501,818 votos.

  1. Hay un dato más que no sabemos: cómo se van a comportar los indecisos. Sin embargo, lo que sí sabemos es que son más que la diferencia entre el primer lugar (AMLO) y el segundo (Anaya) que es de aproximadamente 9’611,638 votos de diferencia (19.2%). Es decir, hay casi 3 millones más de indecisos (2’903,516 personas) que lo que representa la diferencia entre el primero y segundo lugar.

Estos son determinantes para determinar el rumbo de la elección, ya que, si consideramos que estos regularmente votan de forma inversamente proporcional a las preferencias electorales, ya que se comportan de forma distinta al voto duro y al voto definido. Así, estaríamos hablando que, de los indecisos, aproximadamente 2’928,546 votarían por AMLO; 4,543,000 por Anaya; 4,292,697 por Meade; y 750,909 por el Bronco.

De esta forma, Andrés Manuel llegaría aproximadamente a 26’356,914; Ricardo Anaya a 18’359,730; José Antonio Meade a 15’506,274 y el Bronco 2’252,727 votos. Así, la diferencia entre el primer y segundo lugar se reduciría a casi 8 millones de votos (7,997,184), es decir, 12.8%.

  1. Hay que considerar, además, que el pasado 14 de junio, el dirigente de la CNOP, Arturo Zamora, declaró que el PRI necesita 6 millones y medio de votos para ganar la elección presidencial.

Aquí la pregunta sería ¿Esos 6 millones y medio de votos serían conseguidos en forma de convencimiento a la población? Evidentemente no.

Al respecto, quiero mencionar que, en diciembre y con los datos que tenía en ese momento, mencioné que el PRI necesitaba comprar de 5 a 7 millones de votos para ganar la elección. La cifra que da Arturo Zamora es parecida: 6 millones y medio de votos que, evidentemente, ya están operando desde ahorita para comprarlos y conseguirlos.

Aunque no sepamos con certeza de dónde va a comprar el PRI los votos (es decir, si de la gente de López Obrador, de Anaya, del Bronco o de los indecisos), es determinante ese dato, ya que Meade llegaría 21 millones de votos, una diferencia menor a 5 millones de votos.

¿Por qué hago todos estos números, que seguramente ya tienen estresado al lector? Porque lo que quiero hacer patente es que, tanto Meade como Anaya, estarían ejecutando una estrategia en estos días para reducir la diferencia de López Obrador con ellos (la guerra sucia que hemos visto en redes sociales y spots es parte de ello, pero también hay una operación de campo en marcha), y poder revertir el resultado mediante las siguientes estrategias:

  1. Intentar impedir que se coloquen más del 20% de las casillas a nivel nacional, pues de acuerdo a la ley, si no se instalan el 20% o más de las casillas de una elección, esta se anula y tendría que repetirse todo el proceso;
  2. Si fracasa esta primera estrategia, intentar realizar sus prácticas marrulleras de siempre como la siembra de boletas, carruseles, ratones locos, etc. en las casillas, o bien generar irregularidades en las casillas;
  3. Alterar las actas con el fin de poder manipular los paquetes electorales mientras estos se encuentran resguardados entre el día de la elección y los cómputos distritales, para de esta forma también utilizar el ya choteado algoritmo de cruce de votos durante los cómputos;
  4. Impugnar ante el Tribunal las casillas donde hubo mayor votación a favor de López Obrador para ser anuladas, ya sea para reducir aún más la diferencia (o incluso revertirla), o bien anularlas para completar el 20% que pide la ley para anular la elección.

¿A qué es a lo que voy? A que, pese a lo que ha habido estos 90 días de campaña, estamos ante varios hechos:

  1. La elección no está definida aún. Las plazas llenas y las encuestas exorbitantes no garantizan nada a nadie; y
  2. Existe una estrategia en curso para disminuir lo más posible la diferencia del puntero con los candidatos del PRI y del PAN, con el fin de poderla revertir posteriormente mediante diferentes estrategias legales y no legales.

El próximo 1° de julio veremos si al final, la liebre se vuelve a confiar y pierde ante la ventaja holgada que llevaba a la tortuga por dormirse debido a la confianza y la soberbia, que son muy malas consejeras.

Y sabemos que Andrés Manuel es de lo que principalmente adolece.

Saludos. Dejen comentarios

Entrega fatal

Hola.

En los últimos días se dio a conocer la lista de candidatos a diputados federales y locales de MORENA en Hidalgo. Gran sorpresa causó el hecho de que, a nivel federal, aparecieran dos personas vinculadas al Grupo Universidad de Gerardo Sosa (además de Cipriano Chárrez y una propuesta de Moisés Jiménez), y a nivel local, al menos 10 posiciones vinculadas a este grupo y personaje.

Así, una de las preguntas que ha realizado la opinión pública hidalguense es cómo y de qué manera llegó el Grupo Universidad a colarse a MORENA y logró hacerse de la mayoría de las candidaturas.

Para responder a esta pregunta tenemos que remontarnos al Consejo Nacional de MORENA, organizado el 9 de julio en la Ciudad de México. Ese día, MORENA definió los criterios para elegir a sus candidatos (aparecen sólo aquellos que son materia de este análisis, por lo que algunos se omiten), los cuales iré explicando y comentando uno por uno, pues sólo así se entenderá por qué ninguno de los que comenzaron el proceso para ser candidatos lo terminaron:

  1. Se descentralizarán las decisiones para nombrar a los representantes o coordinadores de organización ponderando el consenso en el menor tiempo posible.

Este punto indicaba que cada Comité Estatal sería el encargado de realizar dichos consensos, que no es otra cosa que una guerra de fuercitas en la que todos intentan cansar al de enfrente hasta que el más resistente queda como candidato. En el caso de Hidalgo, esto se llevó a cabo durante julio y agosto, de acuerdo al punto siguiente.

  1. Durante los meses de julio y agosto se realizarán Consejos Estatales para elegir, por consenso, representantes o coordinadores de organización por unanimidad.

Este punto indicaba que, una vez realizados los consensos mencionados en el punto anterior, el Consejo Estatal validaría las propuestas de representantes o coordinadores estatales/distritales/municipales, según el caso (que era la figura para que los candidatos evadieran la ley y pudieran hacer campaña fuera de los tiempos permitidos). Eso, siempre y cuando, fueran de unanimidad. Donde no hubo consenso (es decir, donde no lograron cansarse unos a otros) aplicaba el siguiente punto.

  1. En los casos en donde no haya consenso, se realizarán encuestas para que quede el mejor calificado por la ciudadanía. Tener muy presente que la encuesta es un procedimiento estatutario.

Pero surge la pregunta: ¿cómo se va integrar la encuesta? A continuación viene la respuesta.

  1. Si no existe consenso en algún distrito local, federal o municipio, el Consejo Estatal deberá hacer hasta tres propuestas para la encuesta; si el CEN lo considera necesario podrá proponer 2 más. Habrá máximo 5 en la encuesta.

Este es uno de los puntos más importantes, junto con el 7, al ser una de las claves para entender qué pasó. Ya quedamos que se buscaría consenso, y donde no lo hubiera, se aplicarí una encuesta. Y lo que dice este punto es que el Consejo Estatal es quien determina quién va a la encuesta. Bueno, sí y no.

Sí, porque el Consejo Estatal define a los integrantes de la terna que serán incluidos en la encuesta por la Comisión Nacional de Elecciones. Pero no, porque aunque el Consejo Estatal aprobó una terna para entrar a la encuesta, el Comité Nacional de MORENA puede proponer dos más, ya sea de los que no lograron entrar en la encuesta vía el Consejo Estatal, o incluso pueden ser incluidas personas que no participaron en los consensos, que no fueron votados en el Consejo Estatal, y que desde el Comité Nacional podrían ser incorporados a la encuesta.

Letras chiquitas que muchos no leyeron. Continuemos.

  1. Este procedimiento aplica para municipios, distritos locales y federales.

O sea, para todo. ¿Qué quiere decir esto? Que dejaron las posibilidades lo más abiertas posible para incorporar a más gente a cualquier altura del proceso. Prosigamos.

  1. En donde no haya consenso estatal, la definición la realizará el Comité Ejecutivo Nacional y será ratificada por el Consejo Nacional.

Esta es la clave de todo. Lo desmenuzo. Es decir, lleguen a consensos, pero si no lo hacen, el Comité Nacional define todo (que es donde está Andrés Manuel y la Comisión Nacional de Elecciones), y el Consejo Nacional (que sólo levanta el dedo y aprueba todo lo que Andrés Manuel presenta e indica) ratifica estas definiciones.

Letra chiquita nuevamente. Pero esta fue clave, ya que permitió a ya saben quién poner, mover y quitar candidatos a discreción a nivel nacional.

  1. La fórmula de senadores en 16 estados será encabezada por mujeres, y en los otros 16 por hombres, quedando de la siguiente manera:

En Hidalgo encabezó una mujer. Por eso, Angélica García Arrieta va al frente en la fórmula de senadores, y no Julio Menchaca.

  1. Se aprobó la conformación de una comisión del Comité Ejecutivo Nacional (CEN), integrada por Yeidckol Polevnsky, Gabriel García y Mauricio Hernandez, secretaria general y secretarios de organización y de formación política, respectivamente, para acompañar el proceso de selección de representantes o coordinadores de organización. También serán responsables de la conformación de la Comisión de Candidaturas.

Esta es la comisión de candidaturas. La Nomenklatura, como dijo Monreal. La que decidió todo el proceso, obviamente consultando a ya saben quién, ¿o de verdad creen que Andrés Manuel los dejó decidir todo absolutamente?

  1. Los acuerdos derivados de los Consejos Estatales se enviarán a la Comisión del CEN.

Todo lo que se acuerde a nivel estatal se lo hacen llegar a la Nomenklatura. Pero estos acuerdos no son definitivos ni vinculantes, pues como vimos antes, pueden ser modificados en cualquier momento.

  1. La Comisión del CEN enviará las propuestas para las encuestas a la Comisión Nacional de Encuestas. El resolutivo de las encuestas tendrá carácter de inapelable, como lo marca nuestro estatuto.

En muchos lugares se denunció que no hubo encuestas, o bien, hubo otros (como la encuesta para elegir candidato a jefe de Gobierno de la Ciudad de México) que no fue transparente, y que nadie quedó convencido del resultado final.

Pues bien, estas reglas fueron las que se implementaron a nivel nacional para elegir candidatos en todo el país. Y como vimos, en realidad el Comité Nacional de MORENA tuvo, en todo momento, el control del proceso en sus manos. El Comité Estatal sólo actuó como oficialía de partes, pero en ningún momento tuvo el poder de acordar y/o decidir sobre candidaturas.

Cabe señalar, además, que estas reglas fueron aprobadas por los consejeros nacionales de MORENA, los cuales son, en Hidalgo: Abraham Mendoza Zenteno (presidente del partido), Angélica García Arrieta (secretaria general), Marco Antonio Priego Saavedra (exsecretario de Organización, expulsado en 2017), José Antonio Vargas Olmedo, Martín Sandoval Soto, Luis Ángel Tenorio Cruz, Martha Elena Arias González, Carlos Alejandro Mendoza Álvarez y Marco Antonio Martínez Hernández.

Es decir, si el Grupo Universidad accedió a candidaturas (y Chárrez, y varios más) no es por la acción del Comité Estatal y de sus integrantes, sino por los acuerdos y decisiones en la cúpula de MORENA a nivel nacional. Incluso, en casi todas las ocasiones, los acuerdos se establecieron a nivel nacional, y se indicaba acatarlos a nivel estatal, sin margen de maniobra ni posibilidad de omisión.

En concreto: si alguien le entregó MORENA Hidalgo a Gerardo Sosa, no fue Abraham Mendoza, sino Andrés Manuel López Obrador y la Nomenklatura. Esta entrega puede significar, al final, una ganancia para Sosa y una pérdida para MORENA y Andrés Manuel, pues más allá del resultado electoral y de la Presidencia, lo cierto es que el Grupo Universidad llegó para quedarse con la franquicia de MORENA en Hidalgo y hacer, en 2022, a Gerardo Sosa candidato a gobernador por MORENA.

Si Abraham Mendoza es responsable de algo, es por omisión, por no haberlo señalado en su momento y no haber renunciado. Por eso, resulta de pronto irrisorio que haya una insurrección contra Abraham Mendoza, presidente de MORENA en Hidalgo, y más de risa aún es que circule un documento donde se pide a Andrés Manuel López Obrador la renuncia del dirigente, firmada por varios militantes y algunos consejeros nacionales, porque en el propio Consejo Nacional se aprobaron estas reglas y se le permitió, a la Nomenklatura y a ya saben quién, hacer y deshacer en el asunto de las candidaturas. Aquí caben sólo dos opciones: o no entendieron lo que aprobaron, o no se acuerdan de lo que aprobaron.

En resumen, hay varios tipos de militantes inconformes que piden la renuncia de Abraham Mendoza: los excluídos de las candidaturas, los que tienen un interés particular o grupal deliberado (como los firmantes de dicho documento), y los militantes malinformados o manipulados.

El mismo escenario que hay en Hidalgo se reproduce a nivel nacional, con distintos actores pero las mismas mañas y circunstancias, realizando alianzas que, al final, restan más de lo que suman. Pero finalmente, gran parte de la culpa recae en la feligresía, que ha sido permisiva con todo y con todos, ya sea por un amor ciego cuasi religioso a la figura de López Obrador, o bien por un interés político o laboral.

Para el militante de izquierda, es indigno e insultante compartir la misma trinchera con la gente contra la que se ha enfrentado toda su vida. Por tal motivo, la militancia de MORENA tiene sólo dos opciones: o manda al carajo las imposiciones y prácticas desleales a las que fue sometida desde el Comité Nacional boicoteando estas candidaturas o, incluso, renunciando a su militancia, o se somete y termina apoyando alegremente a su domador cual foca aplaudidora, renunciando a su dignidad e integridad.

George Orwell termina una de sus dos grandes obras, la “Rebelión en la Granja” (la otra es “1984”), con el siguiente párrafo:

Doce voces gritaban enfurecidas, y eran todas iguales. No había duda de la transformación ocurrida en las caras de los cerdos. Los animales asombrados, pasaron su mirada del cerdo al hombre, y del hombre al cerdo; y, nuevamente, del cerdo al hombre; pero ya era imposible distinguir quién era uno y quién era otro.

Tristemente, es la historia de MORENA. Se esmeró en diferenciarse en aquello que tanto combatió, que terminó convirtiéndose en lo que prometió no convertirse jamás.

Saludos. Dejen comentarios.

Gatopardismo electoral neoliberal

Hola.

Estas líneas son mi primer análisis de la jornada electoral del pasado domingo. Más que un diagnóstico y análisis elaborado y apoyado en datos duros, cuantitativos, numéricos, es un análisis político de la situación del estado y del país después del domingo.

El PAN logra ganar 6 de las 12 gubernaturas en juego (Aguascalientes, Chihuahua, Durango, Puebla, Tamaulipas y Veracruz), 1 el PRD (Quintana Roo), y sólo 5 el PRI (Hidalgo, Oaxaca, Sinaloa, Tlaxcala y Zacatecas).

En el Estado de Hidalgo, el resultado es aparentemente catastrófico para el PRI, pues este partido obtiene sólo 30 de los 84 ayuntamientos del estado (15 en coalición y 15 en solitario); el PAN obtiene 16 presidencias; el PRD 12; el PES 7; el PVEM 6; el PT 4; MC 3; y MORENA y los candidatos independientes 1 cada uno.

2016

Así, realizando el comparativo con respecto a la última elección de Presidentes Municipales (2011), nos encontramos con lo siguiente:

El PRI y el PT son los únicos partidos que, de 2011 a 2016, pierden Presidencias Municipales, con 21 y 1, respectivamente. Por su parte, el resto de los partidos ganan alcaldías: el PES es el partido que más Presidencias Municipales gana, con 7; el PAN obtiene 6; el PVEM 4; el PRD 2; y MC, MORENA y los candidatos independientes 1 cada uno.

Sin embargo, al revisar el comparativo de votos por partido de la elección de diputados federales de 2015 con la elección de Presidentes Municipales de 2016, nos encontramos con lo siguiente:

El PRI es el partido que más votos pierde en esta jornada electoral, con 87,742, seguido del Partido Verde Ecologista de México, con 15,703 votos, y de los votos nulos, con 8,006. Esto implica, en la práctica, que un porcentaje menor de la población anuló su voto nulo.

Por otra parte, el PAN es el partido que más votos gana en esta elección, con 117,367 votos; seguido del
PT, con 85,523; MC, con 63,894; PANAL, con 35,665; PRD, con 34,795; los candidatos independientes, con 28,444; PES, con 15,559; MORENA, con 2,205; y los candidatos no registrados, con 591 votos.

Por su parte, y dado la afinidad ideológica del Partido Humanista, así como la votación obtenida por el PAN, es muy probable que los 16,940 votos que obtuvo el PH en la elección de 2015, se hayan trasladado al PAN.

Con base en lo anterior, y sin hacer un análisis más profundo (que realizaré con posterioridad), encontramos lo siguiente a nivel nacional:

  1. Todo mundo lo ha dicho ha: el gran perdedor de la jornada electoral del domingo fue el PRI;
  2. Sin duda, considero que el gran ganador del pasado 5 de junio fue la derecha, el PAN;
  3. Aunque MORENA obtiene la mayor votación para la elección del Constituyente de la Ciudad de México, lo cierto es que no consigue las gubernaturas de Veracruz, Zacatecas y Oaxaca (como se anticipaba) y más allá de las especulaciones mediáticas y propagandísticas, lo cierto es que MORENA fue el partido que, pese a tener un gran avance electoral, quedó únicamente como la gran promesa;
  4. Este resultado habla mucho de lo que ha sido la gestión de Enrique Peña Nieto, pues el electorado hace un voto de castigo efectivo efectivo contra el PRI;
  5. El resultado en la Ciudad de México convierte al Jefe de Gobierno, Miguel Ángel Mancera, el gran perdedor (junto con el PRI) de la jornada electoral. Sin embargo, el resultado no termina por consolidar a MORENA, sino que pone al PRI dentro del escenario de la pelea por la Jefatura de Gobierno para el 2018; y
  6. A diferencia de lo que se esperaba, el electorado no vota hacia la Izquierda, sino hacia la derecha empresarial recalcitrante, mostrando esta un gran avance a nivel nacional y estatal.

A nivel estatal, podemos hacer las siguientes observaciones:

  1. El PRI pierde gran parte del terreno que tenía en el Estado. Si bien es cierto que gana la gubernatura, pierde 54 ayuntamientos y 6 diputados locales, resultado histórico para la oposición;
  2. Lo cierto es que, actualmente, el PRI tiene un proceso de balcanización y dispersión que continuará debilitando a este partido, pues si consideramos y sumamos la votación del PRI, del Verde, de Nueva Alianza y de Encuentro Social, esta es igual a la votación histórica del PRI avasallante y predominante. Sin embargo, este proceso de balcanización del PRI se explica por las dinámicas del poder regionales y locales;
  3. Hubo un importante voto de castigo en contra del PRI en las principales ciudades, pero más en Pachuca y en la Zona Metropolitana. Los parquímetros, la destrucción de la Plaza Independencia, el Tuzobus, la represión contra los vecinos, la cerrazón de Olvera, las tonterías de Eleazar y la ineficiencia de Filiberto ocasionaron la victoria del PAN en la capital del Estado;
  4. Hay destellos de alternancia en el Estado. Sin embargo, la alternancia se está dando hacia la derecha y no hacia la Izquierda, como esperábamos, pues el PAN es el partido que más avanza electoralmente, y considerando las características económicas, sociales, culturales e históricas que tiene el Estado, es inconcebible esto;
  5. El PRD continúa siendo la tercera fuerza electoral en el Estado, y llega a su piso electoral de 10% (lo que lo convierte en su voto duro después de la desbandada que hubo hacia MORENA del 2012 al 2015); y no bajará de esa posición en mucho tiempo;
  6. MORENA no logra crecer. Obtiene 2,500 votos más a nivel estatal, pero en términos relativos, obtiene el mismo 7% de la elección pasada. No baja, pero tampoco sube. Esto implica que MORENA no está convenciendo a nadie más de votar por su partido, sino que votaron práctica y exactamente los mismos electores que hace un año. Esto, en términos reales, representa una crisis como institución, pues la principal meta de un partido es el acceso al poder, y si MORENA no logra convencer a nadie más que a sus propios afiliados y militantes, no podrá acceder a él nunca.

Así, el 2018 se enfila hacia un crecimiento de la derecha panista, y un incierto panorama para la Izquierda electoral, MORENA, para Andrés Manuel López Obrador, y sus aspiraciones presidenciales, puesto que el gran ganador de esta jornada electoral, y quienes salen fortalecidos, son las candidaturas de Acción Nacional: Ricardo Anaya y Margarita Zavala, mientras que la candidatura de Andrés Manuel López Obrador (MORENA) queda en suspenso, dado que con la votación obtenida no alcanza a ganar, en un escenario hipotético, la Presidencia de la República en dos años más.

Llama la atención, además, el fortalecimiento que tuvo el PAN en este año, partido neoliberal por excelencia, por tradición y por ideología, y que es coincidente con el regreso del neoliberalismo a América Latina en los últimos meses, por las buenas y por las malas, en Argentina, Venezuela, y Brasil. Es decir, rumbo a 2018, sólo hay un gatopardismo electoral neoliberal entre el PRI y el PAN.

De no suceder nada extraordinario en la elección del Estado de México del año que entra, es probable que hacia fines del 2017 y principios de 2018 se complique el panorama de la Izquierda para la renovación del poder ejecutivo de este país, y entremos a un complicado escenario de bipardismo entre dos fuerzas de derecha y neoliberales (PRI y PAN disputando la Presidencia), mientras la Izquierda se encuentre atomizada y dividida, sin aspiraciones reales de ganar y gobernar este país, y con un emplazamiento por 6 años más del proyecto neoliberal para este país que, estoy seguro, no lo podría aguantar ni Obama.

Saludos. Dejen comentarios.