La Hora de la Verdad

En La Revolución Interrumpida, Adolfo Gilly plantea que, desde el punto de vista marxista, la Revolución Mexicana es una revolución interrumpida en su curso hacia su conclusión socialista. Es la aplicación de la teoría de la revolución permanente a todo el ciclo revolucionario de México desde 1910, como parte del ciclo mundial de la revolución proletaria abierto definitivamente con la victoria de la revolución rusa y el establecimiento del Estado obrero soviético. Gilly asegura que la base teórica de esta concepción esta en la teoría marxista de la revolución permanente (Gilly, 1971).

¿Porqué Gilly considera que la Revolución Mexicana fue interrumpida? Porque no alcanzo la plenitud de los objetivos socialistas potencialmente en ella contenidos, pero tampoco fue derrotada; que no pudo continuar avanzando, pero sus fuerzas no fueron quebradas ni dispersadas ni sus conquistas esenciales perdidas o abandonadas. Dejó el poder en manos de la burguesía, pero le impidió asentarlo en bases sociales propias; le permiti6 un desarrollo económico, pero le impidió un desarrollo social. Dejó en cambio en las manos y en la cabeza de las masas una seguridad histórica inextinguible en sus propias fuerzas, en sus propios métodos, en sus propios hombres, en sus propios sentimientos profundos de solidaridad y fraternidad desarrollados, probados y afirmados en la lucha, en el trabajo y en la vida cotidiana. Entonces se mantuvieron vivas, en la conciencia de las masas y en sus conquistas esenciales, la revolución y la posibilidad de continuarla. Eso fue después el periodo de Cárdenas (Gilly, 1971).

Gilly asegura que la pequeñaburguesía antimperialista (técnicos, maestros, profesionistas, intelectuales, estudiantes, militares, oficinistas, etc.), continuadora de la que contribuyo en primera línea con sus hombres e ideas a la revolución, cuyo nacionalismo se orienta bacia las ideas socialistas –como ya sucedió en el cardenismo–y que tiene en las empresas estatizadas una base material que la sostiene y la genera incesantemente: es toda la población trabajadora de México la que comparte, de uno u otro modo, la idea verdaderamente nacional de que no hay que hacer una nueva revolución, sino continuar y completar la que fue interrumpida al final del periodo de Cárdenas (Gilly, 1971).

Desde ese punto de vista, podríamos teorizar que la llegada de Andrés Manuel López Obrador a la Presidencia de la República, implica la continuación de esa Revolución Interrumpida en dos ocasiones (como el mismo Gilly lo menciona), pero con varias salvedades. La Revolución Interrumpida, en principio, tardó 78 años en continuar, y en condiciones totalmente distintas a las existentes previas a su interrupción: un Estado fallido, instituciones destruidas por el régimen anterior, un modelo económico elitista y excluyente como fue el neoliberalismo, una crisis de gobernabilidad generada por la violencia heredada de los dos sexenios anteriores, el deterioro profundizado del tejido social, y con la base industrial estatal creada durante el Desarrollo Estabilizador totalmente privatizada o saqueada (como en los casos de PEMEX y CFE), entre otros factores.

Por si fuera poco, cuando comenzó a implementarse el Plan Nacional de Desarrollo de López Obrador, la aparición de la peor pandemia de los últimos 100 años, ocasionó que todos los planes existentes cambiaran, cuando se cerró la economía y se obligó a reorientar una gran parte del presupuesto en la adquisición de equipo médico y vacunas para combatir esta enfermedad que no ha terminado de irse.

Sin embargo, hoy se presenta uno de los retos más importantes que ha tenido nuestro movimiento: la renovación de la estructura interna de MORENA, el partido que logró la continuación de la Revolución Interrumpida, y que fue la plataforma programática con la cual López Obrador llegó a la Presidencia de la República.

A diferencia de los dos procesos anteriores (2012 y 2015), en esta ocasión se juega el control de la estructura formal del partido, de cara a las próximas elecciones de 2024, donde se elegirá Presidente de México, Senadores y Diputados Federales, sin olvidar los procesos locales en varias entidades del país.

En ese entendido, existen diferentes bloques que, conforme a sus intereses, buscarán tener el control de la nueva estructura de MORENA: por una parte, los ex-militantes del viejo régimen, de los viejos partidos, advenedizos, arribistas y oportunistas, que buscarán apropiarse de la estructura de MORENA para intentar recuperar sus privilegios perdidos en estos 4 años; por otra, representantes de elección popular activos o anteriores (Diputados Federales y Locales, Senadores, Presidentes Municipales, Alcaldes, Síndicos, Regidores), y funcionarios públicos o parte de equipos de transición, que buscan acaparar más poder del que ya tienen, cuyos fines son personales pero no colectivos, que traen a López Obrador en la boca pero no en sus acciones, y totalmente ajenos al ideario obradorista, quien les pidió renunciar a los cargos que actualmente tienen para poder estar dentro de la estructura partidista, llamado al que hicieron caso omiso; y finalmente, con los verdaderos militantes, los militantes de a pie, denominados fundadores, que fueron quienes construyeron el partido en 2012 desde abajo, ensuciándose los zapatos, tocando puertas, invitando a gente a participar y, sobre todo, quienes creyeron en un principio en el proyecto obradorista, y que se contaban con la palma de la mano.

Sin embargo, paradojas de la vida, estos últimos son los más proclives a ser excluidos en este proceso electoral: al no tener con la capacidad de movilización corporativa ni el capital utilizado en ello que los dos primeros bloques, ni tampoco coincidir con las prácticas que tienen muchos personeros del viejo régimen (compra del voto, coacción, engaños), así como su incapacidad para ponerse de acuerdo en propuestas que combatan a los neomorenistas (no en balde, tan solo en Hidalgo hubo 1,387 candidatos a Consejeros Estatales), por lo cual es muy probable que el partido sea arrebatado a sus militantes originales y quienes mantienen el espíritu genuino del obradorismo, por personajes que solo ven a MORENA como un trampolín para sus intereses políticos personales, totalmente ajenos a la ideología obradorista y a la Cuarta Transformación.

A diferencia de muchos procesos políticos y sociales, si existe un responsable de la actual crisis y debacle que se presenta en MORENA: John Ackerman. Durante todo el 2022, Ackerman se dedicó, por medio de la Convención Nacional Morenista, a azuzar a las bases para generar “una renovación de las estructuras políticas de MORENA”, que desde su punto de vista, se habían aletargado indebidamente. Su movimiento logró presionar a tal punto, que los órganos formales de MORENA que fueron conformados en 2015 generaran la convocatoria de renovación de los órganos internos del partido, algo totalmente innecesario, sobre todo, porque se había logrado contener la entrada de personajes políticos nefastos a la estructura partidaria (que no fue el caso de muchas candidaturas locales).

Paradójicamente, la Convención Nacional Morenista, que buscaba devolver el Partido a las bases, terminará arrebatándoselo a ellas, resultando más caro el caldo que las albóndigas, pues la verdadera base pocos espacios lograrán en este proceso de renovación estructural partidista. Era preferible una estructura aletargada, pero con compañeros que construyeron el movimiento, a una estructura secuestrada por intereses ajenos a nuestro partido.

Así, se cumplirá una de las máximas sociológicas, que indican que todos los partidos tienden a la burocratización, oligarquización y sectarización. Y MORENA no es ajeno a este proceso indeseable, pero natural.

Estamos ante un parteaguas histórico en la lucha por nuestro país. El futuro del Proyecto Alternativo de Nación, de MORENA, y de una nueva interrupción de la Revolución Interrumpida, están en juego ante el embate que buscarán, sin duda, la apropiación de la estructura y del aparato de la única opción existente contra la oligarquía y la derecha para decidir el destino y las decisiones importantes: el 2024.

Llegó la hora de la verdad. Sin duda, la disyuntiva es apostar a la continuidad del obradorismo, o un retroceso hacia el neoliberalismo. Lo demás es mera simulación. Y de simuladores está lleno el proceso actual.

El punto de no retorno

Hola.

Han pasado muchísimas cosas desde que escribí por última vez en este blog. Mi ausencia no es en vano: ando escribiendo mi tesis, relacionada con la pobreza en México durante el neoliberalismo. Así, por causas de fuerza mayor, he tenido que alejarme de este espacio.

Sin embargo, han llegado esos momentos imprescindibles en la vida del país. Dentro de la farsa democrática en la que vivimos, hay momentos de luz que nos permiten cambiar nuestro destino como nación, darnos una oportunidad de que, mediante el cada vez más desprestigiado voto, demostrar nuestra inconformidad con el estado actual de las cosas e, incluso, aportar lo suficiente para realizar esa transformación que tanto necesitamos.

Si bien es cierto (y como es público) mi decepción hacia las prácticas internas en MORENA y, en general, del movimiento de López Obrador hecho partido se han hecho patentes, lo cierto es que tampoco podemos desperdiciar estos valiosos momentos que, como sociedad, tenemos. Algo también es cierto: López Obrador no es MORENA, y pese a las grandes incongruencias que ha mostrado en los últimos meses, existen candidatos (pocos, pero los hay) que valen la pena apoyar para que lleguen al Congreso de la Unión. Uno de ellos es Armando Azpeitia, en Hidalgo. Otro es Amílcar Sandoval, candidato a gobernador en Guerrero. Y así hay muchos por todo el país.

Es muy importante aclarar esto, porque estamos en un punto de quiebre para el país, en un punto de no retorno, un punto inflexible. Es importante no olvidar la privatización del petróleo, la reforma en telecomunicaciones (que permite la entrada del capital extranjero al negocio), la reforma laboral, la reforma hacendaria (que generó más impuestos), la reforma fiscal (que creo más ventajas para los bancos), la legalización de que agentes extranjeros porten armas en el país, y la iniciativa aún pendiente que pretende privatizar el agua.

No podemos olvidar tampoco a Cuauhtémoc Gutiérrez de la Torre, la represión del 1° de diciembre (y otras más), Ayotzinapa, Tlatlaya, y no podemos olvidar que, aunque el PRI ha sido artífice de todos estos agravios en contra de nosotros, el PAN, el PRD, el PANAL y el Verde han servido de comparsa e, incluso, han apoyado y ayudado al PRI a cometer todos estos hechos vergonzosos.

Ahora, más que nunca, y pese a lo cuestionable que hay en todos los partidos, es importante ir a votar. Es importante generar otra dinámica en el Congreso de la Unión. Es importante quitarle poder al PRI.

Así, como siempre (y ahora más que nunca) no votar no es una solución. Anular el voto solamente beneficia al PRI, pues su voto duro si saldrá a sufragar por ellos y, aunque cada vez es menor ese voto duro, aún puede decidir elecciones.

Participemos, analicemos perfiles y candidatos, y votemos contra el PRI. Que se vaya Peña. Y que comencemos revertir el gran daño que le ha hecho a nuestro país desde el Congreso.

Y para los que piensan que me han perdido, no es así. Estoy más que nunca convencido que la salida es por la Izquierda. Pero no por la que se asume a sí misma como Izquierda sin serlo, sino por la de verdad. Por la verdadera Izquierda.

Saludos. Dejen comentarios.

Un mito llamado Colosio

Hola.

La sociología y la antropología dicen que del mito surge el rito, del rito la tradición, y de la tradición la costumbre.

Hoy se cumplen 20 años del asesinato de Luis Donaldo Colosio Murrieta, candidato del Partido Revolucionario Institucional (PRI) a la Presidencia de la República en 1994. Mucho se ha hablado de los móviles, de los autores intelectuales, del número de balas con las que lo asesinaron, de si fue uno, dos o 20 asesinos, o de si el Aburto que lo asesinó está muerto, fue suplantado o existen 10 “Aburtos”. Pero nadie ha cuestionado otras cosas de sumo interés.

Entre la conspiranoia a la que son adictos muchos mexicanos, el idealismo que se ha generado en torno a esta figura política, y la cosmovisión católica del mundo que ha sido interiorizada por gran mayoría de la población, muchos aseguran que Colosio era el Mesías esperado por el Pueblo Mexicano, quien fuera asesinado por los poderosos porque no les convenían las “grandes reformas” que proponía Luis Donaldo, al estilo de Jesucristo. ¿Su motivo para creer esto? Dos cosas: la desconfianza en el gobierno (ganada a pulso), y una frase del discurso del 6 de marzo de 1994: “Veo un México con hambre y sed de justicia“.

Este discurso, difundido y repetido año con año por los medios de comunicación tradicionales (Televisa, sobre todo), los voceros del poder (si, los mismos que distorcionan la información y están al servicio del poder), y hasta el mismo PRI, han convertido a este simple mortal en el Presidente utópico modelo, en un mártir el cual murió por nuestros pecados y nuestro mal gobierno. Un ejemplo a seguir. Y así, han construído un mito llamado Colosio.

Colosio no representaba nada de ello. Era un operador del poder, uno de los principales impulsores del neoliberalismo en México y un candidato continuista de las políticas de Salinas. Colosio fue el autor intelectual del PRONASOL (Programa Nacional Solidaridad), mecanismo con el que Salinas aplastó a la oposición electoralmente, siendo el brazo organizado del PRI.

Colosio no hubiera sido el mejor Presidente de México. Hubiera sido un presidente neoliberal más. Y como las palabras pronunciadas por alguien describen a cabalidad a ese hombre, a continuación (y a falta de la Plataforma Electoral 1994-2000 de Colosio, llamada irónicamente Compromiso con México [sic, http://www.ife.org.mx/documentos/Radiodifusion/Programas/indice.php?orden=Fecha&ordenar=ASC&pagInicio=0&accion=buscar&busqueda=COLOSIO], a continuación analizaremos algunos discursos del mismo Colosio publicados por la Fundación Colosio (fuente: http://fundacioncolosio.mx/content/colosiovive/colosioviveprimeraedicion.pdf):

Debate respecto del proyecto de la Ley Federal de Entidades Paraestatales como Diputado Federal LIII Legislatura  (México, D.F., 22 de abril de 1986)

La pregunta que debe guiar nuestro debate y que está en el espíritu de esta iniciativa es si queremos o no queremos tener empresas paraestatales eficientes, capaces de aportar sustento al desarrollo regional, ser pivote para otros sectores de la economía, pero todo esto dentro del objetivo
superior de cumplir con el fin social para el cual fueron creadas.

Lo que esta ley busca es que los costos sociales de la operación de las empresas del Estado, no sean mayores que los beneficios que producen a la nación.

[…] Se han cuestionado también las restricciones o las facilidades que la ley otorga al Ejecutivo Federal para incorporar o desincorporar entidades paraestatales, función que ya a causa de un vicio legislativo se ejercía con discrecionalidad y que en algunos casos se daba al margen del interés general.

Con esta ley se establece con claridad que la incorporación y desincorporación de las entidades paraestatales debe obedecer a razones sustantivas para la nación y que se deben establecer los procedimientos que tienen que cumplirse y exponer ante la opinión pública. No debemos olvidar que el Ejecutivo se obliga a precisar los objetivos de una nueva entidad, el origen de los recursos con los que se forman y la manera en que su operación pretende cumplirlos.

Hoy son tiempos de transformar y reforzar lo que heredamos de generaciones anteriores. Los tiempos y las necesidades no son las mismas, la empresa pública es un ejemplo de los cambios que hoy requiere el país. Tenemos que encontrar el equilibrio entre su función social que no negamos, y la eficacia en su manejo y de su operación. No es un problema de cantidad, es un problema de la calidad del aparato paraestatal para servir a la nación.

Nosotros, los diputados del Partido Revolucionario Institucional atendemos que con esta ley se da un avance cualitativo, no a la rectoría, no en la participación del Estado en la economía, cuestiones que han quedado esclarecidas. De lo que se trata es de un avance cualitativo en la gestión de la empresa pública.

En lo económico las empresas públicas deben convertirse en un agente más eficaz para depurar estructuras, renovar los instrumentos de conducción de las actividades productivas, enfrentar lo urgente inmediato, pero sin perder de vista la necesidad de iniciar transformaciones profundas. Todo ello ¿para qué? Para fortalecer la capacidad de gestión estatal, impulsar el crecimiento económico y generar empleos estables.

Compañeros diputados: la ley que ahora discutimos no plantea, como algunos partidos de oposición lo han querido presentar, no plantea la desaparición de la empresa pública como tampoco plantea la anulación de la economía mixta.

Lo que la iniciativa busca es crear las condiciones para un sector paraestatal más racional, más productivo, que verdaderamente cumpla con sus responsabilidades sociales. Si no entendemos esto, dejaremos pasar una oportunidad más para estar a la altura de las obligaciones que hoy nos toca cumplir. Y no lo estaremos si nos aferramos al ánimo de buscar convencer de la certeza de posiciones absolutas, dejando escapar los elementos particulares que son los que finalmente permiten avanzar una idea, un proyecto, y que son la sustancia de gobernar.

 Como podemos apreciar en este discurso de Colosio, siendo diputado durante el sexenio de Miguel de la Madrid apoyó e impulsó la privatización de las empresas propiedad del Estado, inicio de facto del neoliberalismo en México.

Discurso durante el V Congreso Nacional de Estudiantes de Economía ITESM como Secretario de Desarrollo Social, Monterrey, N.L., 30 septiembre 1992

En México, durante 20 años, ensayamos respuestas diversas a esas grandes preguntas que nos hacíamos y se puede hablar, amigas y amigos estudiantes, de que hicimos tres grandes apuestas que luego, con base en nuestra realidad, tuvimos que modificar.

Primero, la de un Estado casi omnipresente, que más adelante habríamos de descubrir que era inviable social y financieramente. Segundo, la de un rápido endeudamiento como fórmula para responder a las demandas sociales y mantener el crecimiento, lo cual y luego de restringirse los créditos y elevarse los intereses, paralizó nuestra economía; y tercero, la promesa de los recursos del petróleo, descalificada por el cambio tecnológico y la caída de los precios.

[…] El pragmatismo de los ochenta y la recuperación del liberalismo económico, pusieron el énfasis en el mercado y predicaron el Estado mínimo. Galda, el clásico, seguía defendiendo el post keynesianismo; la teoría de las decisiones sociales, en cambio, ponía el énfasis en las decisiones individuales; la suma de experiencias y su contrastación daban pistas a las teorías de las políticas públicas, que se recomendaban en un nuevo arreglo entre gobiernos y sociedades en una economía cada vez más globalizada.

[…] El primer gran desafío lo constituía la recuperación del crecimiento; recuperación del crecimiento económico por arriba de lo observado por el índice demográfico, pero con bases sanas y con permanencia. Porque sin una economía en crecimiento, se perpetúan desigualdades; sin una economía en crecimiento se cancelan expectativas y ningún arreglo político social es viable.

Ante nosotros están las evidencias, como lo mencionaba hace un momento el Presidente de la República; ahí están la ex Unión Soviética, los países del Este y los lamentables conflictos de algunos países de nuestra América Latina.

Sin una participación decidida y abierta en el mercado mundial, México tendería a profundizar la crisis de una estrategia y a convertir en permanente la propia crisis interna.

Ahora bien, en los años ochenta se marcó –podemos decir- la terminación de un tipo de Estado. Sin aplicarle sus responsabilidades estratégicas ni claudicar en su defensa de la nación, tenía que cambiar sus métodos de trabajo el Estado mexicano. Pero, sobre todo, tenía que cambiar para sostener una nueva relación con la sociedad, de corresponsabilidad de participación y de aliento a la iniciativa privada, a la iniciativa local y a la individual.

En otras palabras, gobernar más para el desarrollo y menos para la regulación y el control; no un Estado mínimo como proponían los neoliberales, sino un Estado con la máxima capacidad de respuesta a las demandas sociales; sin burocracias paternalistas y consumidoras de los recursos necesarios para la obra social.

[…] Estos fueron desafíos a los que puntualmente respondió desde sus inicios la propuesta reformadora de Carlos Salinas de Gortari, y durante ese tiempo, a casi cuatro años de su gobierno, se han sentado las bases sólidas para el perfil del nuevo país que queremos y exigen las generaciones actuales de las que ustedes forman parte activa. El perfil de un nuevo país que no puede volver ya a las prácticas del pasado.

Los cambios que se han emprendido cuentan, definitivamente con el consenso social y la demanda actual es por la profundización y no el retorno a esquemas del pasado.

[…] Sobre estas expectativas de progreso y bienestar se funda, de hecho, un nuevo pacto social; el comportamiento económico ha permitido en nuestro país, durante estos años, combatir eficientemente inflación, fenómeno – como lo describía el Presidente Salinas de Gortari en su mensaje a ustedes- que se había convertido ya en parte de nuestra cultura económica.

[…] Por eso, ante los desequilibrios actuales de la economía mundial, estamos en condiciones radicalmente diferentes a las de hace apenas cuatro años. Ante economías debilitadas en el ámbito internacional, nuestra posición es continuar en el ánimo de la reforma económica que hemos escogido los mexicanos: competitividad, baja inflación, salud fiscal, solvencia financiera y una amplia política social para construir un nuevo piso de bienestar que sustente el crecimiento económico.

[…] En estos últimos tres años se ha incrementado el gasto social en términos reales, en aproximadamente un 60 por ciento. Esta es la expresión de una economía que se ha reformado no para encerrarse en sí misma, sino para ser la base de un nuevo desarrollo con bienestar social. Esta es la economía del liberalismo social; es la economía para la sociedad; es la economía para el servicio del hombre, del mexicano, de su familia y de su entorno en el que cotidianamente vive.

Como apreciamos, en este discurso defiende el neoliberalismo recién implementado, y defiende las políticas económicas de Salinas. Continuemos.

Discurso en el seminario “Un Gobierno para el Desarrollo Humano” como Secretario de Desarrollo Social (Valparaíso, Chile, diciembre 3 de 1992)

Con la crisis de los ochenta terminó la viabilidad de un tipo de Estado. Los mexicanos nos enfrentamos a varios dilemas: ¿Cómo tener finanzas sanas, cumplir con los compromisos de un alto endeudamiento, crecer y liberar recursos para satisfacer las urgencias sociales? ¿Cómo combatir rezagos acumulados sobre todo en la última década y, a la vez, ofrecer nuevas posibilidades a las generaciones venideras?, y ¿Cómo hacer todo esto a tiempo?

Por eso la reforma en México no podía ser superficial, parcial ni lenta; tenía que ser contundente, integral, con resultados en el corto plazo y generadora de nuevas posibilidades para el futuro. Con la reforma, la energía y los recursos del Estado tuvieron un cambio de destinatario; ya no se trataría de una economía subsidiada, protegida e ineficiente; ahora el Estado promovería la competitividad y una nueva política social.

Por eso es que se desincorporaron las empresas que no son estratégicas, de acuerdo con la Constitución mexicana. Se liberaron recursos que se orientaron, por un lado, a la disminución de la deuda interna; se renegoció la deuda externa y se modificó estructuralmente la composición del gasto público; se llamó a la corresponsabilidad de la sociedad. Así, el crecimiento económico dejaba de ser sólo efecto de la inversión pública y pasaba a ser consecuencia de la actividad de la propia sociedad.

[…] Así, deseo compartir con ustedes esta experiencia de nuestro país, consistente en que para avanzar en la reforma social, en la libertad – como la definimos en México – era necesaria una nueva estructura económica y financiera. Pero algo nos ha quedado claro: que la economía, aún con sus nuevas bases y con su desarrollo en beneficio de la sociedad mexicana en general, por sí sola no era garantía para el desarrollo social. Se necesitaba una política social deliberada por parte del Estado; se requería una reforma capaz de hacer de cada individuo un participante competitivo en la economía. Se precisaba, en síntesis, de una reforma social cuyo objetivo ulterior fuera hacer de cada ciudadano un hombre libre, que no someta su voluntad ni esté atado ni limitado por carencias excesivas.

En un país que avanza en su modernización, era menester una mayor vinculación entre libertades y justicia, tal como se formuló en los orígenes del México moderno, en la Revolución Mexicana. Y por eso, el Presidente Salinas ha llamado a este aliento reformador el liberalismo social. Se trata de una promoción de libertades para la justicia y de mayor justicia para ampliar libertades.

[…] Concebimos al Estado como el producto de un contrato social que expresa la voluntad de los ciudadanos; consideramos que la soberanía emana del pueblo y que se expresa a través de las formas de representación de la voluntad popular. En la economía, consideramos que el hombre produce riqueza, que la intercambia por medio del mercado, que así se distribuye el ingreso y que éste es la base principal para la satisfacción de las necesidades.

[…] Permítanme concluir señalando que la nueva política social a la que nos estamos avocando debe surgir, sin duda alguna, a partir de la reforma del Estado y de su concurrencia con la reforma económica y política; se trata de una reforma social en la libertad.

Ese es, en nuestro país, el liberalismo social que postula el gobierno del Presidente Salinas de Gortari. Sin populismo ni paternalismo y también sin actitudes patrimonialistas.

Debemos avanzar en una política social que exija trabajo, imaginación y dedicación de todos; que tenga por objetivo superior el ampliar libertades; que aprenda de la experiencia y que, frente a la magnitud de los retos, podamos, día por día, perfeccionar. Nos falta un buen trecho por avanzar, pero estamos en el camino correcto.

Nuevamente defendiendo la política económica neoliberal de Salinas. Prosigamos.

Discurso durante la VIII Convención Nacional Ordinaria del PRI, al rendir protesta como Candidato a la Presidencia de la República (México, D.F., 8 de diciembre de 1993)

El gobierno con el que México cerrará el siglo habrá de iniciar su gestión con una economía más fuerte, con un estado más vigoroso, una sociedad más participativa, segura de sí misma. Se han realizado las acciones de cambio, tanto en estructuras económicas, como de prácticas sociales. Y éstas han sido las más importantes de nuestra historia moderna.

Entonces, tenemos las herramientas para enfrentar el futuro.

[…] Mi reconocimiento al Presidente de la modernización de México, el de la nueva mentalidad, el que construyó la nueva presencia de México en el mundo. Mucho me enorgullece haber servido al lado del Presidente Carlos Salinas de Gortari.

[…] Hoy el intercambio comercial abierto contribuye a que nuestras decisiones económicas se definan en una perspectiva de más largo plazo. Los Tratados de Libre Comercio con los países de América del Norte y de Latinoamérica, así como los arreglos comerciales que se perfilan con otras regiones del mundo, lo que hacen es brindar certeza, brindar claridad a nuestras relaciones comerciales.

Hay condiciones favorables para elevar la competitividad. Estamos frente a nuevas oportunidades, queremos beneficios concretos para México en la globalización económica.

Los ganaremos compitiendo.

[…] Tengo también un firme compromiso con la estabilidad y la modernización económicas. Son éstas, la estabilidad y la modernización económicas, son las condiciones para generar más empleos y mejor remunerados.

Me comprometo con una economía de la certidumbre. La economía sana y el equilibrio financiero son ya un patrimonio de los mexicanos y son también motivo de esperanza para las nuevas generaciones.

No derrocharemos el esfuerzo que ha realizado la sociedad para erradicar la inflación, para mantener la disciplina en las finanzas públicas y para transformar la estructura económica de México. Promoveremos el incremento en el ahorro de los mexicanos para elevar nuestra capacidad para invertir, para crecer, para generar empleos.

Alentaremos una mayor eficiencia en cada empresa y de cada esfuerzo productivo. Trabajaremos para generalizar las oportunidades de inversión y de desarrollo a lo largo y a lo ancho del país. Así es como vamos a arraigar y a crear más empleos. La pequeña y la mediana industria, la pequeña y la mediana empresa contará con el apoyo del gobierno en sus esfuerzos de modernización.

En la apertura económica no puede haber marcha atrás. Es un proceso vigente en el mundo que norma la participación de los diferentes países. Nos corresponde ahora aprovechar las oportunidades.

El gobierno habrá de actuar sin paternalismos, pero lejos de la indiferencia. Será un verdadero promotor de la eficiencia económica y del empleo productivo.

Estabilidad con crecimiento económico, son las condiciones para cumplir nuestro gran propósito, que es: empleo y bienestar para los mexicanos. Eso demandan los trabajadores de México y a eso me comprometo.

Colosio nuevamente defiende el neoliberalismo, y no sólo eso: plantea continuar con la misma política económica. Ahora revisemos un pequeño fragmento del muy alabado discurso del “veo un México con hambre y sed de justicia”:

Discurso durante la Celebración del LXV Aniversario del PRI (México, D.F., 6 de marzo de 1994)

Es la hora de un nuevo impulso económico; es la hora de crecer sin perder la estabilidad financiera ni la estabilidad de precios.

[…] Que no nos quepa la menor duda: México cerrará este siglo con una economía mucho más fuerte. Existen las condiciones para hacerlo, la sociedad lo demanda. La tarea del crecimiento con estabilidad será de todos los mexicanos.

Cada hombre carga sobre sus hombros la responsabilidad de sus palabras y actos. Y Colosio, queda confirmado por sus palabras y actos, hubiera sido un presidente neoliberal más. No hubiera habido un cambio en lo económico o en lo social. Y eso de “veo un México con hambre y sed de justicia” es meramente una frase discursiva (discurso en el que, por cierto, omitió mencionar a Salinas, según lo confesado hace algunos días por Enrique Krause en el noticiero de Carmen Aristegui a sugerencia de él y no por motus propio de Colosio). Es decir, así como una golondrina no hace verano, una frase no hace a un estadista.

Tenemos que trabajar en quitarnos telarañas de la cabeza. En quitarnos el chip Televisa, el chip católico y, sobre todo, el chip priísta. Y así como el perico donde quiera es verde, el priísta siempre será mentiroso, manipulador y simulador. Y en eso tienen la experiencia. 85 años los respaldan.

Que descanse en paz Colosio, y que se le recuerde como lo que era, y no como lo que el Pueblo quiere ver de y en él.

Saludos. Dejen comentarios.

La última reforma

Hola.

En las próximas horas, Enrique Peña Nieto estará promulgando las reformas constitucionales a los artículos 25, 27 y 28, que entregan nuestros recursos energéticos al extranjero. Era la última reforma neoliberal por aprobar dentro del paquete de privatizaciones firmadas vía cartas-intención en los 80’s y 90’s con el Fondo Monetario Internacional (FMI) y el Banco Mundial.

Esta acción sólo es comparable a varios sucesos históricos mexicanos, pero es únicamente igualitario al saqueo español durante el periodo de la Colonia, al Tratado Guadalupe-Hidalgo, firmado en 1848 por Antonio López de Santa Anna con las tropas estadounidenses, donde cedió más de la mitad de nuestro territorio (recordemos que 12 años antes, en 1836, Santa Anna reconoció la independencia de Texas a cambio de su propia vida), o al Tratado de Libre Comercio de América del Norte, promovido por Carlos Salinas de Gortari, en el cual se cedió gran parte de nuestra soberanía económica y alimentaria. Con la Reforma Energética aprobada en fast track por los Senadores, Diputados Federales y Congresos Locales, se ha consumado de facto la entrega a las grandes empresas y corporativos trasnacionales de uno de los grandes recursos naturales  con que contaba México para su desarrollo: el petróleo.

Así, se ha concretado la última de las reformas neoliberales pendientes. México se ha convertido en una economía sujeta al libre albedrío y capricho del mercado (dolorosamente, para nosotros). Bajo el fantasma de la crisis de 1982 (causada por la corrupción y el despilfarro que hubo en los sexenios de Luis Echeverría y José López Portillo, más no por petrolizar la economía), impusieron, establecieron y profundizaron el neoliberalismo en México, entregando todo lo que tenía el Estado, tanto en su aparato productivo como en el estratégico.

Irresponsablemente, el gobierno en turno ha echado en la espalda de los ciudadanos de éste país la gran carga de sostener los compromisos del Estado con impuestos. Dicho de otra forma, al reducirse el 40% de los ingresos petroleros por la entrega de este recurso a los extranjeros, se tiene que sustituir con otro ingreso al menos igual para mantener nóminas, programas sociales, pago de deuda, etc. que ha contraído el gobierno. No es casualidad que en varios estados, y de forma diversa, haya aumento de impuestos directos o indirectos para tapar el boquete financiero que dejará a las finanzas públicas la privatización del petróleo.

Por ejemplo (y más allá de los intentos que hay por evitar que esto suceda), el aumento al precio del boleto del Metro responde a esta necesidad. El pasado viernes, el precio subió de 3 a 5 pesos por viaje. Según lo declarado por José Alfonso Suárez del Real en La Jornada el pasado lunes, el aumento del precio del boleto del metro corresponde a un plan más amplio de fortalecimiento del Metro como empresa pública, que resista cualquier intento de “privatización, semiprivatización o privatización simulada” (sic). Considerando esta premisa como cierta, y considerando también que el aumento al boleto del metro es de 40% en relación a su precio anterior (subió de 3 a 5 pesos), este aumento corresponde y es idéntico al boquete en las finanzas públicas que dejará la privatización del petróleo. Es decir, el Gobierno de la Ciudad de México, para poder mantener al metro como empresa pública, y además para poder garantizar su funcionamiento (como está), necesita ese 40% que ya no le dará la Federación. Eso quiere decir que, muy probablemente, ni Mancera, ni Joel Ortega, ni Dios Padre quizá, podrán cumplir todas las promesas que hicieron sobre el mejoramiento del metro en la Ciudad. Tal vez por eso se utilizó una encuesta amañada para aumentar el precio del boleto del metro, no tanto por ganas de subirlo, sino por la necesidad de hacerlo.

Lo mismo sucede en el caso hidalguense, donde aumentaron el costo del agua en consumo de 0 a 8 litros de 39.98 a 55.57 pesos. En su momento, mencioné en un boletín dirigido a la prensa que este aumento representa un aumento en términos reales de un 39% en la tarifa de agua. Considerando que el promedio base para negociar el aumento en el salario mínimo será de 3.5 a 3.7% aproximadamente para el 2014, este incremento representa en 10 veces al menos el aumento al salario mínimo. Además, considerando el costo actual del salario mínimo vigente en Hidalgo, que es de 61.38 pesos diarios (por encontrarnos en zona geográfica B), este incremento viene a ser equivalente a un día de salario mínimo nominal, cuando antes el costo del servicio de agua era equivalente a medio día de salario mínimo.

En efecto: el aumento al precio de agua es equivalente al boquete de las finanzas por la privatización del petróleo (y al aumento del boleto del metro). Eso explica también la homologación del IVA de la frontera con el resto del país. Y el gravámen de artículos que antes estaban exentos de IVA. Y el aumento en el ISR. Así, hemos pasado de tener una economía basada en el petróleo a una economía basada en los impuestos. Y las políticas actuales es reflejo de ello.

No sé cuánto tiempo se pueda sostener el remedo de Estado Mexicano que tenemos, y la economía. Obviamente, a mayor volumen y monto de impuestos, mayor evasión. Y esa evasión generará una crisis en las finanzas públicas del país que solucionarán con recortes en la nómina del gobierno (despidos), y algunas otras privatizaciones más (como la del IMSS o la del ISSSTE, y muy posiblemente, intentarán privatizar también la UNAM y el IPN). Sin embargo, eso sólo representará un remedio temporal ante la inminencia de una gran crisis económica similar a la existente en Grecia, España, Italia e Irlanda. El desempleo y altos precios de los productos cotidianos (incluyendo, por supuesto, los energéticos, los cuales serán aún más caros de lo que son actualmente) ocasionarán, sin duda, un crecimiento en la inseguridad, en la pobreza y el hambre.

La última reforma ha concluido el remate de nuestros bienes en beneficio de las trasnacionales, y ha terminado de consolidar el neoliberalismo como el sistema económico predominante en México, dirigiéndonos hacia un imperialismo cruel y rapaz, donde nosotros seremos los saqueados (una vez más). Las consecuencias son inevitables (y a quien lo dude, que revise la historia reciente de América Latina, en casos como Venezuela, Argentina y Brasil, antes de los gobiernos progresistas). Sin embargo, esto permitirá dar un giro diametralmente opuesto al camino que actualmente seguimos, creando un nuevo constituyente y las bases para un nuevo Estado Mexicano y un renovado pacto social. Asumamos pues, nuestro papel y tarea en la Historia.

Saludos. Dejen comentarios.

Te lo dije

Hola.

En nuestra sociedad, es muy común que, de pronto, un hombre casado y ya vivido enamore y seduzca a jovencitas inmaduras e inocentes buscando placeres carnales por la insatisfacción o la monotonía que tiene con su pareja. Así, de pronto esas jovencitas encuentran lo que consideran “un buen partido” y se enamoran del hombre casado. Comienza entonces una relación sentimental, la cual comienza con filtreo, apapachos, besos, caricias, y concluye con la fornicación en varias ocasiones. Durante este tiempo, el hombre casado le comienza a hacer regalos y obsequios que ni siquiera su mujer ha tenido. Poco después, la joven se entera que su “novio” es casado, y comienza a existir la petición de que éste abandone a la esposa, con la eterna promesa del hombre casado de hacerlo en algún momento (y que nunca sucede). La joven comienza a desesperarse, y pide consejo a su madre, la cual le dice que este hombre no le conviene, que jamás dejará a su esposa, y que mejor busque a alguien de su edad y sin compromisos. Sin embargo, el enamoramiento de la joven sigue en aumento, lo que ocasiona que se aferre al hombre casado. Empiezan una serie de dramas que comienzan a fastidiar al hombre casado, al parecerse su aventura cada vez más a su matrimonio, hasta que se harta y confiesa que jamás dejará a su esposa, que sólo la quería para un rato, y que desaparezca de su vida para siempre. Así, mientras el hombre infiel casado regresa con su esposa a seguir disfrutando de su matrimonio, la joven se siente engañada, utilizada, ultrajada y humillada, no quedando más remedio que llorar desconsoladamente su tragedia, resignarse, y escuchar el clásico “te lo dije” de parte de su madre.

Lo mismo sucede hoy con el PRD. Un partido que se decía de Izquierda (la joven inmadura), y que fue seducido por el PRI (el hombre vivido y casado). Así, después de seducirlo y enamorarlo para entrar al Pacto por México, y después de ciertos roces, fornican juntos en varias ocasiones aprobando reformas estructurales antipopulares (reforma educativa, reforma en telecomunicaciones, reforma haciendaria, entre otras). Sin embargo, sabiendo el propio PRD el concubinato que tiene el PRI hace varias décadas con el PAN, piensa que el PRI le será fiel siempre, aferrándose al Pacto por México, y aprobando en Consejo y Congreso Nacional su permanencia en él, sabiendo que existen arreglos en sábanas entre el PRI y el PAN en los que no están incluídos. Tras conocerse la negociación del PRI con el PAN de las reformas política y energética, el PRD se dice engañado, utilizado, ultrajado y humillado, el cual ahora llora su tragedia desconsoladamente, y buscando la compasión del Pueblo y de los semejantes a los que despreció y ninguneó durante su amasiato con el PRI.

Sin embargo, la realidad es dura y cruda para el PRD. El PRI jamás buscó un compromiso de largo plazo, pues ellos mismos sabían que la vida del propio Pacto era hasta la reforma energética (por eso la dejaron al final). Y el PRI buscó al PRD para presentar y sacar adelante la agenda y las reformas estructurales mandatadas desde los grandes organismos internacionales y las empresas trasnacionales engañando a la opinión pública, simulando un consenso inexistente, y generando un totalitarismo disfrazado del que el PRD fue partícipe. Utilizaron, además, al propio PRD para criminalizar la protesta social en el DF, algo que no beneficia en nada al Gobierno de la Ciudad, al echarse encima a sus principales promotores y electores: los activistas sociales, y si beneficia al Federal en sus fines, facilitándoles el uso de la represión como forma de contención ante la inconformidad existente.

Cabe señalar, además, que la salida del PRD del Pacto por México no responde a una convicción por defender a la Nación (de ser este su fin, ni siquiera hubieran entrado al Pacto), ya que todavía 5 días atrás, el PRD aprobó en su Congreso Nacional el mantenerse dentro del Pacto por México, con una votación de 300 votos a favor contra 4 en contra. Así, la salida del Pacto por México es -según lo asegurado por Zambrano ayer- porque no los tomaron en cuenta en sus negociaciones, más no porque estuvieran en desacuerdo. Tan es así, que Zambrano deja abierta la posibilidad de regresar al Pacto por México, al asegurar que no regresaremos a los trabajos del Pacto, si no se corrige estas claras deficiencias, estos claros atropellos, si no se reponen los procedimientos (La Orquesta, http://laorquesta.mx/prd-abandona-el-pacto-por-mexico/). También resulta un intento hipócrita de reconciliarse con el Pueblo de México y simular una inexistente defensa de la Nación, pensando en mejorar su muy cuestionada y deteriorada imagen pública con miras a la elección intermedia del 2015, donde buscan impedir (o frenar) la ya anunciada caída de sus números y su desastroso resultado electoral.

Sin embargo, la salida del PRD del Pacto por México es estéril a estas alturas. Primero, porque el propio Peña Nieto se burló de ellos, al asegurar que pese a la salida del PRD del Pacto por México, cuenta con la mayoría en el Senado (con la unión del PRI, PAN, PVEM y PANAL) para sacar adelante la reforma (es decir, la posición del PRD sólo era legitimadora, pero no necesaria). Y segundo, porque su presencia en las calles no es indispensable ni significativa (ya quedó demostrado que, en su última convocatoria al Zócalo de la Ciudad de México, apenas pudieron llenar la mitad de la plancha). Es decir, se han convertido en un lastre de la derecha, y en un lastre para el Pueblo.

La suma que el PRD haga en la defensa del petróleo es simbólica, pero de ninguna podemos olvidar ni perdonar todas las de cal por una de arena. El PRD debe asumir su responsabilidad histórica en el desastre que se avecina a la Nación por su entreguismo, por su alcahuetería y complacencia a las tropelías del poder. De nada sirve que ahora venga a chillar de que el PRI lo engañó, porque cuando firmaron el Pacto por México, sabían lo que firmaban y, aún así, salieron en la foto con sus caritas sonrientes.

Así, como la madre enojada, sólo nos queda decir una cosa: te lo dije.

Saludos. Dejen comentarios.