El regreso del Cóndor

Hola.

Los procesos de independencia de los diferentes países de América Latina que comenzaron hace dos siglos, en un principio no fueron iniciados como una forma de independizarse del yugo español. Hidalgo, San Martín, Miranda, no preveían la formación de Estados Nacionales, tal y como lo vemos hoy, sino únicamente luchaban por el reconocimiento de los derechos que, como criollos (descendientes de españoles nacidos en América Latina) no tenían. Dicho en palabras de Marx, luchaban por sus propios intereses de clase.

Fue gracias al surgimiento de figuras como Morelos, en México, o Bolívar, en Sudamérica, que la lucha se tornó independentista, y para librarse dela opresión colonizadora. Y lo consiguieron: se quitaron el yugo español, pero continuaron las prácticas coloniales, ahora en manos de los criollos.

Eso permitió la apropiación y concentración de la tierra en pocas familias, que eran propietarias de una gran cantidad de hectáreas, mientras que el Pueblo, los indígenas, lo menos favorecidos continuaron en el esquema de explotación y sumisión ante la nueva oligarquía.

Esa nueva oligarquía se fue transformando: algunos continuaron en el sector agropecuario, otros fueron inclinándose hacia el sector industrial (siempre a la sombra de las trasnacionales estadounidenses o extranjeras), y después de mediados del siglo pasado, algunos evolucionaron hacia el sector servicios.

Sin embargo, esta transición a un Capitalismo incipiente en América Latina (y reitero: Capitalismo incipiente, porque ni la industria ni los servicios se han desarrollado como en las grandes potencias y, por la otra, América Latina sigue siendo proveedor de materias primas hacia los grandes países industrializados, cumpliendo el mismo rol de África en la economía global) conllevó a otro problema: el acaparamiento del poder político por parte de las mismas familias que primero acapararon el poder económico, creando a esa nueva oligarquía que mencioné anteriormente.

Así, la oligarquía creó farsas democráticas, es decir, un sistema político con elecciones donde participa el Pueblo, pero donde las diferentes opciones están conformadas por personajes de la misma oligarquía, de tal forma que no importando la opción que se elija, el rumbo y destino de la Nación siempre será el mismo, pues al final, convergen y coinciden en los mismos intereses de clase.

Eso permitió que, por citar el caso mexicano, existieran figuras como Porfirio Díaz, que gracias a esa oligarquía permaneció en el poder más de 30 años, o que tras la traición a la Revolución Mexicana y la derechización del Partido Oficial durante los sexenios de Ávila Camacho y Miguel Alemán, comenzaran las alianzas y concesiones con la clase que la misma Revolución combatió, que tras la imposición del neoliberalismo en 1985, acapararon el poder político y económico como nunca antes.

Sin embargo, como cualquier sistema político, las farsas democráticas tienen huecos que han permitido que, mediante años de lucha y emancipación, se hayan logrado filtrar (y ganar) candidatos que responden a las necesidades del Pueblo, y que en muy poco tiempo, han tenido que desarticular los sistemas políticos impuestos en los diferentes países de América Latina por parte de las oligarquías, para crear nuevos que no estén atados a las viejas inercias del pasado.

Así, a lo largo del Siglo XXI, han habido dos grandes olas de gobiernos progresistas en América Latina: la primera, de 1999 a 2012 aproximadamente, en las que figuras como Hugo Chávez, Lula Da Silva, Evo Morales, Rafael Correa, y Néstor Kirchner llegaron a la Presidencia, y comenzaron a hacer grandes reformas que permitieron reconfigurar el sistema.

Sin embargo, bien dice Rafael Correa, que en América Latina, ganar la Presidencia no garantiza ganar el poder político, y así fue. Varias veces, en este espacio, he mencionado los eventos que tuvieron que enfrentar estos gobiernos progresistas contra una derecha que no quedó contenta en perder el poder político, y que gracias a sus alianzas con gobiernos extranjeros como el estadounidense, generaron acciones de desestabilización, que nunca prosperaron más allá de lo anecdótico.

Es más o menos en este contexto que se da el fraude electoral de 2006 contra López Obrador. En ese sentido, podríamos asegurar que este fraude conllevó intereses geoestratégicos, sobre todo de Estados Unidos.

Tras la primera ola de gobiernos progresistas, vino la reacción de la reacción. La derecha comenzó a infiltrar a los partidos de Izquierda, y llevaron a cabo dos estrategias: ganar las elecciones con candidatos de derecha disfrazados de Izquierda, como el caso de Lenin Moreno en Ecuador en 2017; o crear golpes parlamentarios, como en Brasil con Michel Temer contra Dilma Rousseff en 2014.

El triunfo de Andrés Manuel López Obrador en 2018 revitalizó a las fuerzas progresistas en América Latina, y sentó las bases para la segunda ola. Alberto Fernández, Lucho Arce, Lula Da Silva en su segundo período, Pedro Castillo, Gustavo Petro, y Gabriel Boric (con todo y las reservas para este caso, dado sus actitudes contra los régimenes cubano y venezolano) han logrado que casi todo el continente, como nunca antes, existan gobiernos de Izquierda.

Sin embargo, no todo puede ser miel sobre hojuelas. El Imperialismo yanqui, con sus cómplices de la derecha latinoamericana, han generado las condiciones para un embate en contra de estos gobiernos, en la búsqueda de recuperar el poder político que les fue arrebatado en las urnas. El triunfo de Lucho Arce en Bolivia fue antecedido por un golpe de Estado contra Evo Morales encabezado por la dictadora Jeanine Añez en 2019. El triunfo de Gustavo Petro se dio pese a la conjunción y conspiración de todas las fuerzas políticas y mediáticas de derecha. Gabriel Boric se enfrentó al rechazo de la nueva Constitución que el nuevo gobierno propuso en Chile, mostrando que el Pinochetismo se niega a morir. Y recién, Cristina Fernández de Kirchner, actual vicepresidente de Argentina, acaba de sufrir un impeachment disfrazado.

En México, Andrés Manuel López Obrador ha tenido que sortear con intentos pírricos de organización por parte de la derecha, a los cuales ha frenado gracias a su capacidad de movilización popular, a la mayoría que tiene en el Congreso y gracias a la cual puede seguir impulsando proyectos de gobierno, y a la capacidad de comunicación que tiene con la población en general.

Sin embargo, la derecha ha logrado aglutinarse para impedir reformas estructurales del Presidente, como la Reforma Eléctrica (defendiendo los intereses de las empresas trasnacionales), o bien con la Reforma Electoral, que si bien es cierto, fue aprobada con la modificación de todas las leyes secundarias en la materia, no pudo realizarse el gran cambio constitucional que requería el sistema electoral para ser reformado en su totalidad.

Sin embargo, nada se acerca a la canallada que le hicieron a Pedro Castillo, maestro rural que ganó las elecciones en Perú el año pasado. Desde el principio de su gobierno, Pedro Castillo no fue bien recibido por la oligarquía peruana, la cual comenzó un clima de hostigamiento y persecución en contra del Presidente.

Recientemente, Castillo sufrió un golpe de Estado en su contra, gracias a la alianza de su vicepresidente (infiltrada, como el caso de Temer en Brasil, o de Lenin en Ecuador) con la oligarquía, el fujimorismo, la derecha parlamentaria y el ejército, sin tener ni un solo cargo en su contra, detenido por su propia guardia personal, e incomunicado ilegalmente. La situación política en Perú ha sacado a la población a las calles, defendiendo a su Presidente, y el gobierno de facto ha sacado a la policía y al ejército para reprimir al Pueblo.

No sabemos qué vaya a pasar ante el complicado escenario que se vive en Perú, pero lo cierto es el Cóndor ha regresado, y está más vivo que nunca. El mismo Cóndor, por cierto, que nació de la Escuela de las Américas que Estados Unidos, por medio de la CIA, implementó en Panamá tras la Segunda Guerra Mundial para contrarrestar los movimientos marxistas y de Izquierda en América Latina, y que después se institucionalizó como Plan Cóndor por parte de las dictaduras militares de los 70’s y 80’s en Sudamérica.

Hasta ahora, el Cóndor había cambiado de estrategia, y se había limitado a crear golpes blandos, e impeachments parlamentarios. Pero en los últimos 3 años, ya tiene dos golpes de Estado en su historial: el de Bolivia de 2019, y este reciente, de Perú, en 2022.

Dice Joaquín Sabina, que el otoño duró lo que tarda en llegar el invierno, y ante la aparición del Otoño Latinoamericano en 2019 (El Otoño Latinoamericano, https://www.hglc.org.mx/blog/2019/10/26/el-otono-latinoamericano/), la derecha entreguista ha traído el frio invierno a nuestra región, aunque de repente se olvidan que, como dijo Pablo Neruda: “podrán cortar todas las flores, pero no impedirán que llegue la Primavera”.

Así pues, es importante estar alertas ante el embate de la derecha, del Cóndor, en todos y cada uno de nuestros países, y evitar que nos arrebaten la esperanza. Que no puedan quitarnos por la fuerza lo que no son capaces de ganar en las urnas.

Para esto, siempre será fundamental recordar las palabras de Salvador Allende: “la Historia es nuestra, y la hacen los Pueblos”.

El triunfo de la reacción es moralmente imposible.

El papel del pasquín propagandístico imperialista contrarrevolucionario de la prensa burguesa, o @TheEconomist vs @LopezObrador_

Hola.

A mediados de la semana, The Economist, revista británica alineada por excelencia a los intereses oligárquicos, oligopólicos, corporativos, bancarios, financieros, trasnacionales, imperialistas y burgueses, publicó un artículo sobre nuestro Presidente, Andrés Manuel López Obrador, titulado El falso mesías.

En él, The Economist afirma que López Obrador es “un peligro para la democracia” pues, desde su punto de vista, ha impulsado políticas ruinosas “por los medios inadecuados”. La revista señala, además, que Andrés Manuel ha pasado desapercibido debido a que “no tiene ‘vicios’ como Presidentes como Viktor Orbán de Hungría, Nerendra Modi en India, o Jair Bolsonaro en Brasil (evidentemente, con este último la comparación es absurda, tan solo partiendo desde el punto ideológico de ambos).

Así, según The Economist, la peligrosidad de López Obrador reside en una necrofilia ideológica, que no es otra cosa que un amor por ideas que ya han sido probadas en el fracaso y fracasaron, según la propia revista.

Finalmente, hace una invitación abiertamente proselitista a favor de la oposición, al asegurar que los votantes deberían frenar al Presidente mexicano hambriento de poder, pues tienen la oportunidad de controlar a su Presidente rechazando a su partido.

No debería de sorprendernos lo anterior en lo más mínimo. Desde su fundación, en 1842, The Economist ha sido un aliado permanente de las élites británicas y europeas, pues representa sus intereses de clase y los defiende. Es un pasquín propagandístico de las élites imperiales publicado para difundir sus ideas, justificar sus acciones tanto en el ámbito político como en el económico, y difundir sus planes contrarrevolucionarios contra los gobiernos progresistas.

En su libro El 18 Brumario de Luis Bonaparte, Karl Marx hace tres referencias y dos señalamientos a The Economist, medio que apoyaba abiertamente la dictadura de Luis Bonaparte, y lo define como el medio con la posición de la aristocracia financiera y que manipulaba a la opinión pública con la pinta del modo más palmario. Posteriormente, vuelve a referirse más adelante a la misma revista como “The Economist” (“El Economista”): revista mensual inglesa de economía y política, órgano de la gran burguesía industrial; aparece en Londres desde 1843.

Así mismo, la misma revista tiene precedentes históricos dignos de ser recordados: apoyó el golpe de Estado de Victoriano Huerta contra Francisco I. Madero, en 1913; apoyó el golpe de Estado contra Salvador Allende y el régimen dictatorial de Augusto Pinochet en Chile; apoyó la invasión a Irak y Afganistán de George W. Bush en 2003, así como la de Libia en 2011; apoyó el golpe de Estado contra Hugo Chávez en 2002, así como las insurrecciones de Henrique Capriles y Juan Guaidó en Venezuela contra el régimen chavista; apoyó el golpe de Estado en contra de Evo Morales por parte de Jeanine Áñez; y un sinfín de etcéteras.

Si algo ha caracterizado a The Economist, es por impulsar la democracia al estilo burgués, y mediante sofismas, adoctrinar a la opinión pública mediante sus publicaciones propagandísticas a favor de sus propios intereses. Su reputación le precede.

Es curioso cómo The Economist busca defender sus intereses: alude al amor de AMLO por ideas del pasado, cuando ellos siguen aferrados al neoliberalismo, pese a que se ha demostrado que este modelo económico ha fracasado en todo el mundo, y cuestionan este amor al pasado, cuando cabe señalar que México, durante los años 60’s tuvo un crecimiento económico sostenido mayor al 6% promedio durante toda la década, que incluso en su momento fue denominado El Milagro Mexicano (por cierto, cuando el Estado tuvo mayor injerencia en la economía), y que parte de ese pasado glorioso, junto con el existente durante el gobierno de Lázaro Cárdenas del Río, es el que López Obrador quiere devolver a nuestro país.

Llama además, la atención que el mismo día que sale publicado el reportaje referido de The Economist, se tiene conocimiento de que el director de la Agencia Central de Inteligencia (CIA, por sus siglas en inglés), William J. Burns, llegará en los próximos días a México, supuestamente para preparar la visita de la Vicepresidenta de USA, Kamala Harris. Y llama la atención y resulta sospechoso, porque la CIA es la agencia estadounidense que se ha encargado de operar los golpes de Estado en diferentes países del mundo contra sus gobiernos, en particular los progresistas o ajenos a los intereses de las grandes potencias, y además días antes de las elecciones.

Otra señal importante que hay que advertir es la presencia de “observadores” de la OEA para el próximo proceso electoral. Y es importante poner atención en el papel que desempeñará este organismo en la elección del 6 de junio, pues ya existe el precedente de que la OEA ha sido un factor predominante en las denuncias de supuestos fraudes electorales en diferentes países de América Latina, como Venezuela, Ecuador o Bolivia, donde incluso, fue actor fundamental en el golpe de Estado contra Evo Morales por parte de Áñiz.

Pero The Economist no es un caso aislado. Ejemplos nos sobran: está Reforma, El Universal, El Financiero Bloomberg, LatinUS, Imagen Televisión, CNN, BBC, The New York Times, Forbes… la lista es inmensa, y podemos seguir y seguir mencionando medios de comunicación que, lejos de informar y realizar un periodismo serio, objetivo, independiente, únicamente defienden los intereses de clase de los dueños de los medios de comunicación, pasquines propagandísticos al servicio de las clases económicas dominantes, que no únicamente se encuentran inmersos en el negocio de la información, sino en muchas áreas de la economía.

Así, podemos encontrar que, por citar un ejemplo, Olegario Vázquez Aldir, quien no sólo es propietario de Imagen Televisión, que incluye al Canal 3.1 de televisión abierta y al periódico Excelsior, y de los Hospitales Ángeles, donde cabe señalar la gran campaña que ha ejercido Grupo Imagen por medio de su presentador estrella, Ciro Gómez Leyva, contra el Gobierno de México y su responsable y vocero de la Estrategia Nacional contra el Covid-19, Hugo López-Gatell, debido a que el Gobierno centralizó y estatizó el control de la compra de las vacunas contra el virus, así como la Estrategia Nacional de Vacunación, pues la atención de los casos médicos involucrados con la pandemia fueron atendidos en hospitales públicos, dejando fuera al sector privado, y molestando a empresarios como Vázquez Aldir.

No sólo eso: antes de la pandemia, comenzó el ataque al Gobierno por un supuesto desabasto de medicamentos, pues el Gobierno de López Obrador centralizó las compras de medicamentos a nivel nacional para el sector público, y eliminó el oligopolio que existía en la distribución de medicamentos hacia los hospitales públicos por parte de 5 empresas en manos de políticos y empresarios voraces. Eso explica, en gran medida, el ataque mediático diario de Gómez Leyva en su noticiero todas las noches contra López Gatell, donde el propio Ciro ‘infla’ las cifras en 33,000 muertos más de los publicados por el Gobierno de México, mintiendo a la población acerca de la gravedad de la pandemia.

Por tal motivo, no es de extrañarnos el papel del pasquín propagandístico imperialista de la prensa burguesa, pues este se encarga de confundir a la población mediante de sus voceros y medios de comunicación a la población en pro de sus propios intereses, y con la comunicación como tal como negocio y, por la otra parte, persuadir a la población de que los gobiernos progresistas no están realizando acciones en su beneficio, que se traduce en resultados, ni que se está haciendo lo correcto, con el fin de que comience a generarse descontento y oposición popular intrínseca a las acciones del gobierno.

Por eso, aunque lo he repetido muchas veces, bien cabe señalar la frase de Rafael Correa respecto al papel de la prensa burguesa, al asegurar que “desde que se inventó la imprenta, la ‘libertad de prensa‘ es la voluntad del dueño de la imprenta”.

Por lo anterior, es importante buscar fuentes alternativas de información, y sobre todo, tener claro de quién es cada medio de comunicación y qué intereses defiende, pues esto determinará su línea editorial y nos permitirá discernir si estamos siendo objetos de manipulación de información, pues de lo contrario, como atinadamente dijo Malcolm X: “si no tienes cuidado con los medios de comunicación, nos harán odiar al oprimido y amar al opresor”.

Saludos. Dejen comentarios.

Peligrosa provocación

Hola.

No es un secreto que USA tiene una crisis económica desde hace poco más de 5 años, que ha sido acompañada de una gran recesión a escala mundial. Tampoco es un secreto que USA generalmente, para levantar su economía, depende de las guerras y su industria armamentista.

Así, desde hace algún tiempo USA y Occidente están en la búsqueda constante de materias primas y energéticos, así como de motivos constantes y a veces ridículos para hacer guerras, con el fin de imponer el modelo económico que los beneficia, el neoliberalismo. De esta manera, ha generado las guerras necesarias en Afganistán, Irak, y Libia, bajo la ficticia amenaza terrorista o el “amenazante peligro” a la democracia occidental, resultando “dictadores dantescos” derrotados, y en jugosos negocios en petróleo, gas natural, minería y recursos naturales vastos, por mencionar algunos beneficios.

En otros lugares, como México o Colombia, los beneficios a USA y Occidente han llegado gracias al expléndido entreguismo que han mostrado los líderes de estas naciones con los países desarrollados y sus empresas trasnacionales, abriendo sus mercados indiscriminadamente y, en el caso de que la ley local lo impida, realizan las “reformas estructurales” necesarias para el convite del capital privado nacional y extranjero.

Pero la amenaza bélica hacia naciones no alineadas al régimen mundial se ha extendido al menos y para Mali, Siria, Irán, Brasil, Venezuela y Ucrania, convirtiéndose en una política general de desestabilización, invasión e intervencionismo unilateral, inducida y dirigida por USA, y secundada por Europa.

En Mali, la intervención francesa que ahí reside desde 2013 busca el control de las regiones de yacimientos de uranio; en Siria, un régimen democrático dirigido por Bashar Al Assad y mediáticamente manipulado como una gran tiranía, ha generado una guerra civil desde hace poco más de 2 años gracias a la intervención de un grupo de mercenarios financiados por USA y la OTAN conocido como “Ejército Sirio Libre”, y que busca el control del petróleo y el gas natural de la región; en Irán, la inexistente construcción de armas de destrucción masiva ha sido el pretexto para que USA e Israel busquen la invasión a toda costa, sin gran éxito entre la comunidad internacional, pero que la finalidad es el control de los yacimientos de petróleo y gas natural; en Brasil, la “oposición” al Mundial de futbol ha desencadenado en violencia y disturbios en manifestaciones convocadas por la derecha con el fin de desestabilizar política y económicamente al país, fracturando así al BRICS (uno de los grandes polos económicos mundiales, junto a USA, la Unión Europea y China); y en Venezuela, brotes desestabilizadores similares a los de 2002 y con el mismo modus operandi en contra del mismo régimen no alineado a los intereses estadounidenses y europeos (el chavismo) ha sido el pretexto para intentar desestabilizar a una de las economías más sólidas y estables del continente, y obtener el petróleo directamente y sin intermediarios, es decir, sin que el gobierno venezolano intermedie.

Caso similar es el ucraniano. Tal cual ha sido el guión norteamericano de desestabilización y provocación en los países antes mencionados, la derecha ucraniana (como todas las derechas en el mundo: entreguistas, mercenarias y alineadas al interés estadounidense) convocó a una serie de manifestaciones para exigir a su gobierno que echara atrás su intención de salirse de la Unión Europea. La exigencia en la calle pasó a la provocación, de la provocación a la violencia, de la violencia al disturbio, y del disturbio a la desestabilización.

Acompañada de un grupo de mercenarios y provocadores profesionales, la derecha ucraniana centró su plan en derrocar al gobierno en turno, siempre de la mano con los intereses estadounidenses y occidentales. Y tras varias semanas, lograron que el gobierno encabezado por Viktor Yanukóvich dimitiera, acompañado de una gran campaña mediática de desprestigio internacional. Sin embargo, y para sorpresa de propios y extraños, el gobierno de Ucrania fue asumido por un líder neonazi, Oleksandr Turchynov, y respaldado por USA y la Unión Europea.

Sin embargo, con el precedente existente en torno al escudo de misiles de la OTAN anti-ruso por toda Europa, la inminente amenaza que representa la posición pro-europeísta de Turchynov, la amenaza a los rusos residentes en Crimea y el este de Ucrania, y la representatividad estratégica geopolítica de Ucrania para los intereses políticos, económicos y comerciales de Rusia en el Mar Negro y en la región, Rusia ha decidido realizar maniobras y movimientos militares en la región que, actualmente y hora tras hora, van configurando de manera creciente una guerra próxima.

La peligrosa provocación que USA y Occidente han hecho a Rusia gracias a su intervencionismo en Ucrania, ha reavivado las tensiones ya añejas de la Guerra Fría, y han dejado de manifiesto la posibilidad de un conflicto a gran escala que pudiera ser en inicio de la Tercera Guerra Mundial, en la cual USA tendría su anhelada guerra, pero pondría en riesgo la existencia misma de la Humanidad.

En ese sentido, existen dos escenarios posibles: un conflicto local, entre Rusia y Ucrania, el cual sería indeseable pero el mejor escenario; o bien la intervención de USA y Europa, el cual desencadenaría en otros conflictos locales donde actualmente existen distintas tensiones ligadas entre sí (como entre China y Japón, Corea del Norte y Corea del Sur, Irán e Israel, Turquía y Siria, Egipto y Sudán, Chad y Mali, por mencionar algunos) y que, dichas tensiones harían que cada beligerante tomara partido en favor de unos y otros, y detonaría la Tercera (y tal vez última) Guerra Mundial.

La paz en el mundo pende de un hilo, y el destino de la Humanidad también, y las horas próximas serán cruciales. Ya en 1962 estuvimos al borde de una guerra nuclear que hubiera acabado con todo, y que gracias a la responsabilidad y el estadismo de Kennedy y Kruschev la Humanidad pudo seguir adelante. Ojalá Obama y Putin tengan la misma altura, aunque por lo visto, son un par de provocadores peligrosos e irresponsables que ponen en juego y en riesgo a la Humanidad y su destino.

Saludos. Dejen comentarios.

Rumbo al 2012

Hola.

Escribo éstas líneas horas antes de que concluya el 2011. Un año lleno de injusticias, muerte y ambición. Un año donde hoy, más que nunca, quedó palpable y al descubierto la lucha de clases histórica en que se ha visto inmersa la humanidad, y que en México -se ha asegurado durante varios años- no existe.

Vimos cómo Calderón ejerció su prepotente brazo usurpador contra una periodista (Carmen Aristegui) por cuestionar sobre un posible alcoholismo del que ilegítimamente porta hoy la banda presidencial en México. Vimos también cómo la movilización ciudadana, al estilo de Egipto, ocasionó que Calderón reculara en su decisión y restituyeran en MVS Radio a Carmen.

Ésto fue gracias a la forma en que funcionan las redes sociales, particularmente Facebook y Twitter. Sin éstas redes, no hubiera sido posible movilizar a la gente en contra de una injusticia como la cometida contra Aristegui, o bien derrocar al dictador Mubarak en Egipto (que siendo objetivos y haciendo un análisis aparte, le salió más caro el caldo que las albóndigas a los egipcios, dado que ahora tienen enquistada a una junta militar antidemocrática y represiva). Tampoco sería posible explicar una nueva ola de movimientos sociales organizados a partir de Internet, como el Movimiento Estudiantil de Chile, el M-15, o el #OccupyWallStreet.

También las redes sociales nos permitieron conocer la vigencia de la lucha de clases, lo cual se hizo patente en tres distintos momentos igual de patéticos: cuando Azalia (la ex-Big Brother) le dijo asalariado a un policía del Distrito Federal; cuando Paulina Peña (hija de Peña Nieto) mandó saludos a toda la bola de pendejos, que forman parte de la prole, o cuando Carlos Talavera Leal (funcionario panista de la SEDESOL en Michoacán) mencionó que las indígenas huelen impresionantemente feo, en claro acto de discriminación y desprecio.

No podemos tampoco olvidar cómo las redes sociales pusieron al descubierto a un candidato de plástico, Enrique Peña Nieto, cuyo producto chatarra quieren que pseudo-gobierne éste país, destrás del cual se encuentran intereses de los más siniestros que puedan existir, apoyado por Salinas de Gortari y Televisa, pero que no ha sido suficiente para cubrir la ignorancia e ineptitud del personaje, quien en un mes ha cometido los errores más inverosímiles que puedan existir.

Sin embargo, algo también es cierto. No todo mundo tiene acceso a las redes sociales, y mucho menos se entera de éstos hechos. El acceso limitado a internet que tiene la población es sólo una de las muchas consecuencias de la polarización de la riqueza y su consecuente inequidad en la distribución de la misma, y de tener un sistema económico injusto, desleal y sanguinario como es el neoliberalismo.

El neoliberalismo, que ya está en su fase terminal (y que lo sostienen unos cuántos como un cadáver para sus propios intereses) sigue dejando estragos en el mundo. La invasión a Libia es sólo ésta nueva fase de neocolonialismo que permea en el mundo, encabezado por USA, Inglaterra, Francia y la OTAN. Esta acaparamiento de los recursos naturales y energéticos puede convertirse en una amenaza, debido a las intenciones de los imperialistas de continuar con su voracidad ahora en Irán y Siria, sin importar las consecuencias que pudiera traer una nueva guerra mundial (la cual, es indiscutible, haría el uso de armas atómicas).

Pese a todo, soy optimista. Creo que el mundo no se acabará en éste año 2012 (a diferencia de los vivales que aprovecharán éste “último cataclismo final” para vender todo tipo de protección contra el fin del mundo, así como la salvación de las almas y sobrevivir a ésto, aunque sea muertos), y que por el contrario, se nos abre una gran oportunidad de mejorar como personas, en lo individual y en lo colectivo. No podemos (ni debemos) estar sujetos a un cataclismo final para mejorar nuestras actitudes, nuestra forma de pensar y de ser. Podemos y debemos tener un mundo mejor (porque de hecho, ya es insoportable la situación actual), y la única forma es cambiar a nosotros mismos.

Creo que éste año puede ser mejor apra todos, si todos ponemos de nuestra parte. Podemos y debemos acabar con éste sistema económico injusto e inhumano, como es el Capitalismo. Debemos y podemos realizar la transformación de México, si dejamos de que la televisión “piense” por nosotros, y realmente utilicemos el cerebro, y hagamos decisiones fundamentadas en la razón, y no en el hedonismo y la superficialidad.

México y el mundo no puede continuar así. Es hora de hacer algo. Sumar consciencias, sumar voluntades, y diseñar el mundo que queremos. Un mundo donde no sea el más fuerte o el que posee más, el que tome las decisiones, y los demás las acatemos porque no nos queda de otra, porque es mejor obedecer porque, de lo contrario, se pierde lo poco o nada que se tiene.

Es hora de cambiar nuestra actitud. De transformarnos y transformar al mundo. Confío en que muchos, al igual que yo, piensan lo mismo. Generemos el cambio, porque de lo contrario, realmente el 2012 puede ser un infierno si permanecemos en la misma actitud pasiva, arrogante y apática en que permanece gran parte de la Humanidad el día de hoy.

No perdamos la esperanza. Las cosas puedes ser mejores si nosotros así lo queremos.

Otro mundo es posible.

Te deseo un Feliz Año 2012 a tí y a toda tu familia, y que todos tus deseos se cumplan.

El neocolonialismo del Siglo XXI

Hola.

Dos incidentes fueron necesarios en la segunda mitad del siglo XV para iniciar la política expansionista, colonialista e imperialista de las potencias europeas en durante los siglos XVI, XVII, XVIII y XIX alrededor del mundo: la caída del Imperio Romano de Oriente en 1452 (Constantinopla o Bizancio, para ser más específicos), y el descubrimiento de América en 1492.

El viaje de Cristóbal Colón y el descubrimiento del pésimamente llamado “Nuevo Mundo” genera una euforia sin precedentes de explorar el mundo (dejando atrás las banales creencias europeas de la tierra plana, el mundo sobre una tortuga, y otras nimiedades de la época, y apoyando viajes como los de Vasco Da Gama y Fernando de Magallanes), para después conquistarlo.

En ésta conquista, las naciones europeas saquearon y esclavizaron  a los habitantes de las regiones dominadas (es decir, todo lo que no era Europa). Así, España se quedó con la mayor parte de América, mientras Portugal, Francia, Inglaterra, Holanda, Dinamarca y Rusia dominaron regiones (algunas grandes, otras no) del continente. Por su parte, Asia fue conquistada en su mayoría (territorialmente hablando) por Inglaterra, Francia, Países Bajos y Rusia, mientras que África se la repartieron Francia, Alemania y el Reino Unido, aunque también participaron Italia, Portugal, Bélgica y España.

Aunque existen muchos y diversos factores en cada una de éstas conquistas, no profundizaré en ello (al igual que no lo haré con los antecedentes), dado que no es materia de éste texto. Lo que si es importante señalar es que una de las principales razones de éstas invasiones fue el dominio y saqueo de los recursos naturales regionales, en beneficio de las potencias europeas imperialistas que generaron su riqueza (y actual poderío político, económico y social) en detrimento de los habitantes de los territorios conquistados.

Sin embargo, el yugo colonial no prosperó. Tras 300 años de dominación y sometimiento, en la primera mitad del siglo XIX (en general) se gestaron los movimientos de independencia en América, mientras que en la segunda mitad del siglo XIX y durante todo el siglo XX se gestaron diferentes movimientos independentistas en Asia y África. Pero para las naciones dominantes, siempre queda la tentación de volver a controlar esos recursos que antes eran suyos y que ya no lo son, o bien expandirse para dominar nuevos recursos.

Así, la I y II Guerra Mundial tuvieron esa característica: acaparar nuevamente territorios antes conquistados, o arrebatarle al enemigo territorios y recursos. Las posteriores guerras, como la de Corea, Vietnam, las guerras de Israel contra sus vecinos, la de Irak-Irán, la I Guerra del Golfo Pérsico, o la de los Balcanes significó, siempre y necesariamente, control político, económico, social y/o militar de una nación sobre otra.

La caída del Muro de Berlín, así mismo, significó el término el mundo bipolar, quedando USA a la vanguardia en todos los sentidos (político, económico, social, militar y cultural), generando así las condiciones para imponer un sistema económico injusto sin oposición de nadie, acompañado de una gran campaña anunciando “el fin de la Historia” y el triunfo final del Capitalismo sobre el Comunismo, hecho que muchos se creyeron, y pocos se sentaron a analizar. Así, naciones de todo el mundo aceptaron sin chistar la receta única vendida por USA, el neoliberalismo, aceptando toda una serie de “recomendaciones” que hubieran sido inaceptables en otro momento.

Y aunque la invasión se realizó en lo económico, no fue suficiente. Existían quienes se negaban a aceptar esa receta única, y que se convirtieron en una “amenaza de seguridad nacional” para los estadounidenses, entendiéndose como “amenaza de seguridad nacional” todo aquello que afecte sus intereses económicos (y los de las grandes corporaciones, por supuesto), y no otra cosa. Así, el 11 de septiembre se convirtió en el pretexto ideal para combatir y acabar con todos esos enemigos políticos y económicos con una “Guerra contra el Terrorismo” que, dicho de otra forma, es un neocolonialismo disfrazado con fines de “intervención” para quitar “dictadores” emanados del pueblo (en algunos casos) o adiestrados por ellos mismos (en otros casos).

Y llegó la invasión militar a Afganistán en el 2001 lidereada y promovida por USA, Inglaterra y la OTAN, bajo el pretexto de quitar a los talibanes del poder (que USA ayudó a que llegaran ahí). El fin real fue controlar el carbón y el gas natural del país, sin dejar de observar que en el país existen depósitos de hidrocarburos, oro, plata, esmeraldas y uranio, entre otros metales preciosos.

Posteriormente, la invasión a Irak (lidereada nuevamente por USA, Inglaterra y la OTAN) llegó al país árabe en 2003 con el pretexto de derrocar al malvado dictador Saddam Hussein (que también apoyó USA en la Guerra contra Irán). Al final, USA y las naciones europeas (principalmente Inglaterra y Francia) tienen las concesiones del petróleo iraquí (que, por cierto, era un bien público a cargo del Estado). Entre las empresas que ganaron con la invasión (y que, además, la financiaron) se encuentran ExxonMobil, Shell, BP, Total, Chevron y otras 41 empresas.

Ya en 2011, con el presidente Obama (de un partido distinto al de Bush pero con los mismos intereses), se realiza la invasión a Libia y ¡si, en efecto!, volvieron a encabezar la invasión USA, Inglaterra, un nuevo aliado más visible: Francia, y la OTAN. Y adivinaron también: el botín de guerra fue el petróleo y el gas natural. Y nuevamente, se sabe que las compañías petroleras trasnacionales están detrás de la invasión: el 1º de septiembre de 2011 (una semana después de la ocupación de Trípoli por el Consejo Nacional de Trancisión [CNT]), se filtra que el CNT prometió a Francia el 35% del petróleo libio a cambio de su apoyo para derrocar a Gaddafi.

Así, el rediseño de la geopolítica económica de los países está reacomodándose de acuerdo a los recursos naturales propios de cada país, teniendo USA, Inglaterra y Francia el control de éstos territorios mediante la economía por medio de las grandes trasnacionales, y teniendo peleles que dirigen sus sistemas políticos y sujetos a las decisiones en Londres, Washington, París, el Fondo Monetario Internacional y el Banco Mundial.

En éste rediseño de las áreas de influencia (que, como repito, ahora están basados en el control estratégico de los recursos naturales) tienen en la mira a Siria como primer objetivo, país que (no creo que adivinen) también tiene petróleo en demasía. El segundo objetivo en la mira es Irán, que también tiene como recurso natural principal el petróleo, y también se suma a la lista de probables Venezuela, que “curiosamente” también tiene petróleo en su subsuelo.

Y más curioso aún, resulta la justificación de USA, Inglaterra, Francia y la OTAN para realizar las tres invasiones ya consumadas, y las que quieren realizar: derrocar gobiernos “dictatoriales”, generando guerrillas artificiales financiadas por éstos gobiernos o, bien, por las trasnacionales.

Así, estamos ante el umbral del neocolonialismo del Siglo XXI, donde las potencias realizan invasiones violentas o no violentas (ejemplo de ésto último es México, donde sin necesidad de ingresar un ejército extranjero tienen el control de los recursos naturales del país), pero siempre como fin último el tomar el control de los recursos naturales de un país o región.

La forma de detener ésta expansión geográfica se encuentra agotada, dado que los organismos internacionales creados para ello sólo sirven para legitimar las invasiones y el actual imperialismo. Así, sólo nos queda cambiar ésta realidad a partir de nuestra propia realidad nacional: apoyando gobiernos que defiendan las soberanías nacionales por encima de cualquier interés, y generando Estados fuertes contra las trasnacionales y sus intereses.

De otra forma, sólo nos quedaremos a observar cómo USA, Inglaterra, Francia y la OTAN se apoderan del mundo, mientras somos esclavos en nuestra propia tierra.

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¿Para qué sirve la ONU?

Hola.

La toma de Berlín marcó el fin de la Segunda Guerra Mundial en Europa. Tras éste acontecimiento, se sentaron Roosevelt, Churchill y Stalin para definir el futuro del mundo. Así, entre tres personas decidieron la geopolítica mundial, diseñaron instituciones acorde a los intereses de ambos bandos (USA y la URSS), y crearon se repartieron el mundo a su antojo.

De ésta forma, fueron creados países, suprimidos otros, fundaron instituciones que únicamente se enfocarían en reconstruir Europa, como el Fondo Monetario Internacional y el Banco Mundial (que actualmente se han convertido en un lastre, sobre todo para los países del tercer mundo), y realizaron un rediseño de la fracasada Sociedad de Naciones, fundando la Organización de las Naciones Unidas (ONU). A la vez, USA creó organismos para “defenderse” de una supuesta guerra que iniciaría la URS, como la OTAN.

En éste sentido, la Organización de Naciones Unidas buscaba tener un equilibrio entre el entonces bloque capitalista (lidereado por USA, Inglaterra y Francia) y el bloque comunista (lidereado por la URSS y China). Para ésto, diseñaron el Consejo de Seguridad, donde éstas naciones tuvieron asiento reservado con derecho a veto, y crearon 10 lugares más con carácter de rotativos, los cuales (en teoría) darían ese equilibrio deseado. Pese a ésto, cualquier resolución del Consejo de Seguridad que se oponga a los intereses de los cinco países predominantes, es vetada de inmediato, sin posibilidad de impugnar dicha decisión.

Así mismo, hubo un tercer bloque excluído, los cuales se autodenominaron como “no alineados”, y donde la mayor parte de las naciones pobres de la Tierra se aglutinaron, con el fin de tener un equilibrio nunca obtenido contra los dos bloques. México, lastmosa y vergonzantemente, se alineó a USA y el bloque capitalista.

Ese cuento fantástico que nos contaron en la primaria, sobre la importancia de la ONU, sobre la hermandad que existe en dicha institución, y que casi casi están todos los representantes de los países tomados de la mano y cantando, no es sino sólo una justificación a los verdaderos intereses de la ONU.

Una de las primeras acciones que tuvo la ONU a tres años de haber sido fundada, en 1948, fue fundar el Estado de Israel, despojando a los pobladores originarios, los palestinos, de su tierra originaria. Sin embargo, ésta no es la primera vez que sucedía ésto con los palestinos. Ya desde el texto bíclico, en una invasión que tuvo lugar entre 3500 y 4000 años, con la invasión de Jericó por parte de las huestes nómadas judías comandadas por Aarón.

La diferencia de entonces a ahora es que los judíos no tenían ni el poder económico que tienen ahora, ni la ayuda de Estados Unidos, quien impuso dicha resolución en la ONU a cambio de la reconstrucción de Europa, así como el impulsar la economía estadounidense tras la guerra para que no hubiera otra recesión como en 1929, posterior a la Primera Guerra Mundial.

Sin embargo, la ONU no es la única resolución que tuvo favorable a USA (y pese a la presencia de la URSS en el organismo y del supuesto equilibrio buscado). La Guerra de las Coreas, la Guerra de Vietnam, y la Crisis de los Misiles fueron hechos vergonzosos donde la ONU sólo servía de parapeto a los agandalles de USA. Tras la caída del Muro de Berlín, simplemente ésta acción se agudizó. Mientras la URSS se extinguía y dejó de tener la importancia y el peso que llegó a tener en la ONU, Estados Unidos comenzó a hacer y deshacer en el mundo a su antojo.

La primer guerra del Golfo, la guerra en Bosnia (y los países ex-yugoslavos), la incursión en Somalia, y la Guerra contra el Terrorismo (que llevó a las invasiones militares en Afganistán, Irak y Libia) no sólo han sido realizadas por USA impunemente, sino además han contado con el irrestricto e incondicional apoyo de Naciones Unidas, por medio de sus “cascos azules”, las cuales, en el papel, son “tropas de paz”, pero son fuerzas de invasión multinacionales comandadas por USA para legitimar los planes colonialistas e imperialistas de Estados Unidos.

Hoy, a 66 años de su fundación, cada vez parece mayor la hegemonía de USA sobre los demás países, gracias a su poder de veto en el Consejo de Seguridad. Así, la polémica pero necesaria incorporación y reconocimiento de Palestina por la ONU parece lejana, gracias al poder e influencia que ejerce Israel sobre USA, así como los propios intereses estadounidenses en la región. Esa, y otras resoluciones que son vetadas, como el injusto embargo de USA a Cuba, y otras legitimadas, como el reconocimiento de éste organismo al Consejo Nacional de Transición (CNT) de Libia (cuando no hay ni siquiera un gobierno establecido por los rebeldes, debido a la resistencia de Gaddafi en el país), hacen parecer que la ONU, en el actual esquema y con la estructura y organización que hoy tiene, sólo sirve para legalizar los despojos e intervenciones que hace USA en el mundo en nombre de la paz (así como hay otros que legitiman sus intereses

En éste sentido, tiene que replantearse el papel de la ONU hoy, rediscutir organización, estructura y funciones, quitarle el derecho de veto a cualesquiera de sus miembros, tengan la importancia política y/o económica, nombre o bandera que tengan. Debe elevarse el status de la Asamblea General, para que sus discusiones dejen de ser deliberativas y pasen a ser resolutivas. Debe, así mismo, democratizarse la ONU, crear miembros rotativos en el Consejo de Seguridad, y desaparecer a los miembros permanentes. Solamente un modelo de organización internacional democrático e incluyente podrá generar un mundo efectivamente con mayor paz y seguridad, y dejará de ser una organización títere que solamente legitime intereses, despojos, intervenciones, invasiones y expansionismos que sólo convienen a una sóla nación del planeta: Estados Unidos.

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