El Otoño Latinoamericano

Hola.

Hacia los primeros meses de 2011, en Medio Oriente se presentaron manifestaciones y conflictos armados inducidos en distintos países árabes que tenían, como objetivo principal, el derrocamiento de diferentes gobiernos.

Pero no de cualquier gobierno: solamente fueron desestabilizados países que no estaban bajo el predominio estadounidense. Así, del derrocamiento de Hosni Mubarak en Egipto en febrero de 2010, pasamos a la invasión franco-británico-estadounidense a Libia en 2011, y a la guerra civil provocada en Siria que aún continúa por los intereses gringos, principalmente de petróleo y gas natural. Así, este fenómeno político-social-militar fue denominado Primavera Árabe.

Sin embargo, actualmente en América Latina estamos teniendo un fenómeno distinto, que bien podríamos denominar como el Otoño Latinoamericano. Si bien es cierto que la terminología que estoy utilizando es únicamente para denominar una serie de movimientos que se están dando en América Latina actualmente utilizando el paralelismo que existe con lo que pasó en Medio Oriente hace 8 años, lo cierto es que es diametralmente opuesto el fenómeno que estamos apreciando actualmente.

A diferencia de la Primavera Árabe, los movimientos sociales y ciudadanos de los que hoy estamos siendo testigo no son inducidos por parte de Estados Unidos o su organismo creado para infiltrar y desestabilizar gobiernos, la CIA, el Otoño Latinoamericano surge a partir de la necesidad de los propios pueblos latinoamericanos por frenar el injerencismo político y económico que durante años han tenido, donde la imposición del neoliberalismo como política económica cuasi doctrina sectario-religiosa ha sido ley en todos y cada uno de los países de nuestro continente.

Si bien aún no podemos establecer ciertos eventos como precedente con la firmeza que quisiéramos, dado que el espacio histórico de análisis es aún corto, reciente y en desarrollo, recordemos que en términos sociales e históricos todo es un proceso: nada surge de la generación espontánea, y lo cierto es que el primer antecedente directo que tenemos de este despertar antineoliberal en los países de América Latina, es la elección de Andrés Manuel López Obrador como Presidente de México.

De acuerdo al propio análisis que han hecho diferentes académicos y columnistas, existía un cansancio y un agotamiento popular en México tras 36 años de neoliberalismo. Esa es la principal razón por la que López Obrador gana la elección presidencial con más del 53% de los sufragios. Y no solo eso: la aplicación de la denominada Economía Moral, definida así por el propio Andrés Manuel, y que está en proceso de consolidación, le ha mantenido una creciente popularidad que al día de hoy es superior al 70%. Es decir, 7 de cada 10 mexicanos respaldan las políticas implementadas por el Presidente.

En Ecuador, aunque ya era creciente el descontento del Presidente Lenin Moreno por la traición a la Revolución Ciudadana (movimiento por el cual llegó al poder) y su entrega al poder de los organismos internacionales con la reimplementación del neoliberalismo en aquella nación, la crisis política de principios de octubre fue desatada por la publicación del decreto 883, que establecía el aumento de la gasolina y el diésel, y el aumento al IVA al 12%. Tras una semana y media de movilizaciones, el pueblo ecuatoriano logró que el gobierno de Moreno echara atrás el decreto antes mencionado.

En Chile, sucedió lo mismo. Tras la publicación del decreto que aumentaba por quinta vez el precio del metro en menos de un año, estudiantes salieron a protestar y a brincarse los torniquetes. El derechista gobierno chileno, fiel a su tradición pinochetista, en vez de permitir el libre ejercicio de la libertad de expresión y garantizar la protesta, la reprimió.

¿En qué cabeza cabe enviar a carabineros a reprimir al pueblo indignado por el alza del pasaje y por el cinismo del Ministro de Economía de decir que “si se levantaban más temprano podrían gozar de una tarifa preferencial”? Si, en la dictatorial cabeza de Piñera.

Lejos de contener los ánimos, la represión ocasionó que el Pueblo chileno se volcara a las calles, y entre más crecía la represión, más se incendiaban los ánimos populares, y más gente salió a las calles. El descontento fue tal, que la población salió de forma masiva a protestar a las calles como nunca (ni durante el movimiento estudiantil de 2010 se vio algo así), y en un acontecimiento inusitado, el 25 de octubre de 2019, más de un millón de chilenos (algunos medios publicaron que fueron al menos 2 millones) salieron a las calles a protestar, y a exigir la renuncia de Sebastián Piñera de la Presidencia de la República, convirtiéndose en la mayor marcha que dicho país tenga memoria, únicamente comparable con la que hubo cuando Pinochet abandonó el poder en 1990.

Aún continúa el movimiento chileno. Y aunque el Presidente ya pidió la renuncia de todos sus ministros, quieren a Piñera fuera de la Presidencia de la República.

Y si ves al vecino sus barbas cortar, pon las tuyas a remojar. El día de mañana habrá elecciones en Argentina, donde la fórmula Alberto Fernández-Cristina Fernández podría arrebatarle la Presidencia de la República a Mauricio Macri, otro neoliberal a sueldo. Evo Morales logró su cuarta reelección en Bolivia, por lo que la Izquierda continuará gobernando en dicho país por algunos años más. Y han comenzado a generarse algunas protestas en otros países neoliberales latinoamericanos como Perú y Colombia, donde una torpeza del gobernante puede ocasionar una respuesta similar a lo que hemos apreciado en Ecuador y Chile.

Sin embargo, la resistencia no implica sólo implica oponerse a gobiernos neoliberales, sino además librar las batallas contra el intervencionismo estadounidense y los intentos de derrocamiento de los gobiernos progresistas, como los de Venezuela y Cuba.

Así, aunque aún es temprano para hablar del Otoño Latinoamericano, lo cierto es que la multiplicación de los movimientos sociales antineoliberales en América Latina está ahí, latente. Y es muy probable que estemos en la antesala de una segunda oleada de gobiernos progresistas en Latinoamérica.

Claro que, a diferencia de la primera década del Siglo XXI, ya existe un gobierno progresista en México, que ha defendido el derecho de autodeterminación de los pueblos en los organismos internacionales, los principios de no intervención, que ha defendido la soberanía frente a Trump dentro de lo posible, y que puede encabezar la unidad latinoamericana como tenía años que no lo hacía.

Así, el otoño de 2019 no sólo comenzó con la caída de hojas, sino con la caída de políticas neoliberales ante el cansancio y hastío que han tenido los pueblos latinoamericanos de estas políticas, y es probable que estemos vislumbrando el principio del fin del modelo neoliberal en América Latina, que podría ser el legado del Otoño Latinoamericano.

Saludos. Dejen comentarios.

No más neoliberalismo

Hola.

Tras la crisis económica de 1929, el Presidente Franklin D. Roosevelt implementó la política del New Deal (Nuevo Trato), basado en los postulados de John Maynard Keynes descritos en la Teoría General de la Ocupación, el Interés y el Dinero escrito en 1933.

En ella, Keynes argumentaba, entre otras cosas, que el Estado debía tener un papel central en la determinación del nivel de actividad económica y del empleo de los países, puesto que la instrumentación de la política basada en el libre mercado no garantiza una economía óptima.

Esta política económica se implementó después de la Segunda Guerra Mundial en todos los países del bloque capitalista, así como en Estados Unidos y en algunos países de América Latina. En México, el Modelo de Industrialización por Sustitución de Importaciones (MISI) tenía ciertos matices de keynesianismo, con un Estado intervencionista en la economía. Sin embargo, esto permitió los índices de crecimiento económico más grandes de la Historia, en la etapa conocida como el “Milagro Mexicano”, que abarca del sexenio de Adolfo Ruiz Cortínez (1952-1958) a Gustavo Díaz Ordaz (1964-1970), alcanzando niveles de crecimiento anual 11.91% en 1964 con Adolfo López Mateos, y 9.42% en 1968 con Gustavo Díaz Ordaz (Moreno Brid-Ros Bosch, 2010).

Posteriormente, de 1970 a 1982, se implementó el modelo de Desarrollo Compartido, por parte de los Presidentes Echeverría y López Portillo, con el cual (y pese a las altas tasas de inflación) se obtuvieron niveles de crecimiento promedio de 6.27% (siendo 1979 el año con mayor crecimiento económico, con 9.7% anual).

Sin embargo, y debido a distintos factores que no mencionaré aquí porque sería muy largo de explicar –pero el principal es la crisis económica que atravesó el país en 1982– el Gobierno de Miguel de la Madrid, por ahí de 1986, cambió la política económica hacia una llamada neoliberal, que está basada en los postulados de Milton Friedman, y que defiende una amplia liberalización de la economía, el libre comercio en general y una drástica reducción del gasto público y de la intervención del Estado en la economía en favor del sector privado, que pasaría a desempeñar las competencias tradicionalmente asumidas por el Estado.

El neoliberalismo fue establecido como política económica a nivel mundial por Margaret Thatcher (Primer Ministro inglés, 1979-1990) y Ronald Reagan (Presidente de Estados Unidos, 1981-1989), e impulsada por medio de los organismos financieros internacionales, como el Fondo Monetario Internacional (FMI), el Banco Mundial (BM), la Organización Mundial de Comercio (OMC) y la Organización para la Cooperación y el Desarrollo Económicos (OCDE), forzando a los países a adoptar esta política económica mediante cartas-intención a cambio de préstamos para sortear diferentes crisis económicas que se dieron en varios naciones, principalmente en la década de los 80’s.

En América Latina, muchos presidentes de muy distintas naciones impulsaron el neoliberalismo, ya sea por las buenas o las malas, y en muchas ocasiones profundizaron más las crisis que decían abatir con el establecimiento del modelo económico neoliberal. Carlos Menem en Argentina, Augusto Pinochet en Chile, Alberto Fujimori en Perú, Fernando Color de Mello en Brasil, Carlos Andrés Pérez en Venezuela, y Violeta Chamorro en Nicaragua, son íconos del neoliberalismo en cada uno de sus países. Y aunque en México el ícono neoliberal es Carlos Salinas de Gortari, los últimos 6 presidentes (desde Miguel de la Madrid hasta Enrique Peña Nieto) han sido neoliberales.

Le han dado continuidad al neoliberalismo y, aunque ha habido alternancia política, es decir, ha habido un cambio de partidos en el poder (de 2000 a 2012 gobernó el PAN), en la práctica no ha habido un cambio de modelo económico en el país desde 1986.

Desde entonces muchas reformas que se han venido realizando desde 1986 para implementar el modelo económico neoliberal, que en teoría tendría que sacarnos de la crisis en la que cayó el país en 1982 (es decir, estamos queriendo tapar un hoyo que se abrió hace más de 35 años).

¿Por qué hago esta larga explicación? Porque es necesaria para comprender el porqué de los gasolinazos, y el remedio para esto.

La Reforma Energética es solo una de las tantas reformas neoliberales que ha realizado el país, como en su momento fue la venta y privatización de paraestatales como Telmex, Imevisión, SICARTSA, Ferrocarriles Nacional, Satélites Mexicanos, y un largo etcétera, o como fue el paquete de 11 reformas estructurales que presentó Enrique Peña Nieto en los dos primeros años de su sexenio (entre ellas la Reforma Financiera, Reforma Hacendaria, Reforma de Telecomunicaciones, Reforma en materia de Competencia Económica, Reforma Laboral, Reforma Educativa), y que fue impulsada por el Pacto por México (integrado por el PRI, en PAN y el PRD).

Los gasolinazos es solo un complemento de la Reforma Hacendaria, y la Reforma Energética. De la Reforma Hacendaria, porque Peña Nieto despetrolizó la economía. Pero para poder dejar de depender del petróleo como fuente primordial de la economía, algo tenía que llenar el vacío que dejaba el petróleo a las finanzas públicas del país, y la solución fue hacer una carga tributaria más pesada para los ciudadanos, es decir, subir los impuestos.

La Reforma Energética, por su parte, no fue planteada para “modernizar” o rescatar a PEMEX y CFE, sino para hundirlas y enterrarlas financieramente, pues le quitaron la exclusividad que tenían en una de las ramas estratégicas fundamentales de la economía, el mercado energético, para distribuirlo a la competencia, es decir, a las grandes empresas petroleras y eléctricas trasnacionales.

El problema no es si hay competencia o no, sino el destino de las ganancias. Y es que , mientras PEMEX era un monopolio estatal, todo el dinero producto de la industria del petróleo (desde extraerlo, refinarlo y venderlo procesado como pláticos, gasolinas, fertilizantes, etc.) era para las finanzas públicas del país, es decir, para poder construir escuelas, hospitales, alumbrado público, etc. Al cambiar esto, las ganancias ya no son sólo de PEMEX, sino de los actores económicos que participan en la industria. Es decir, las nuevas empresas particulares que participen en la extracción, distribución, almacenamiento, transportación, procesamiento y venta de los productos de la industria petrolera.

Adicionalmente, el impuesto a la gasolina está incluido dentro del presupuesto de ingresos de este año, y representa un monto aproximado de 200 mil millones de pesos. Las acciones de protesta contra el gasolinazo no funcionarán para otra cosa que para hacer catarsis (es decir, para sacar nuestro coraje), y quien diga lo contrario, solo entra en el campo de la demagogia, pues este dinero ya está considerado dentro del dinero que tiene el gobierno para gastar durante este año.

Esto complica mucho el escenario para echar atrás el gasolinazo del pasado 1° de enero, pues solo hay tres formas de hacerlo: 1. Recortando el gasto corriente, es decir, reducir el tamaño y sueldos de la burocracia (lo cual no están dispuestos a hacer); 2. Recortando el gasto social, es decir, reducir y eliminar programas sociales y/o inversión en infraestructura (puentes, carreteras, infraestructura hidráulica, obra pública en general), lo cual no es nada recomendable; y 3. Cambiando el modelo económico, derogar las reformas estructurales impulsadas y aprobadas por el Pacto por México, y fomentando un modelo de desarrollo distinto. Es decir, no más neoliberalismo.

Es claro que el neoliberalismo fracasó, y no funciona. Ha empobrecido más a la población al ampliarse la brecha entre ricos y pobres; ha habido una mayor concentración de la riqueza en unas cuantas manos; ha habido un crecimiento económico mediocre y sin oportunidades de desarrollo; se han precarizado las condiciones laborales y salariales de la población en aras de mantener la estabilidad de los índices macroeconómicos; y nos han robado a dos generaciones la posibilidad de tener condiciones de movilidad social y de estabilidad económica como la tuvieron nuestros padres y abuelos.

Sin embargo, es evidente que el actual gobierno no está dispuesto a cambiar el modelo, pues muchos de los integrantes de la cúpula actual del poder están sujetos a lo indicado a los grandes organismos internacionales o, incluso, son parte del Consejo de Administración de las empresas involucradas y beneficiadas, tanto de las privatizaciones que hubo años atrás, como de las reformas estructurales impulsadas por el actual gobierno.

Para cambiar el modelo, no sólo es necesario cambiar de partido, sino de clase política y de paradigma, pues ya quedó claro que alternancia no representa cambio en esencia. Sólo así, en la práctica, podremos detener los gasolinazos (entre tantas cosas), recuperar el poder adquisitivo del salario, y fincar las bases para un mejor y armónico desarrollo en lo económico y en lo social.

De lo contrario, seguirá la política de privatizar las ganancias, y socializar las pérdidas. Y han demostrado que lo saben hacer muy bien.

Feliz año 2017, en la medida de lo posible.

Saludos. Dejen comentarios.

Fidel, la Historia ya te absolvió

Hola.

Quiso la vida y la Historia que mi primera columna en Effetá fuera en una fecha tan importante y emblemática para el mundo, y en especial para la Izquierda Latinoamericana. Fidel Castro Ruz, el emblema de la Izquierda en América Latina, el personaje y protagonista del Siglo XX, falleció a los 90 años, justamente a 60 años de la partida del barco Granma desde México hacia Cuba (donado, por cierto, por el General Lázaro Cárdenas a Fidel) para iniciar la Revolución Cubana.

La figura de Fidel, aparte de ser emblemática, es polémica, y más allá de las filias y las fobias, de la propaganda disfrazada de información difundida en los grandes corporativos mediáticos en México y en el mundo (como la CNN), es importante señalar los logros de la Revolución Socialista en Cuba, y contrastarla con los indicadores de otros países, como bien podría ser el caso de México y de nuestro estado: Hidalgo.

Se habla que, en Cuba, el socialismo mata de pobreza a sus habitantes, pero no se habla que existe un bloqueo económico de Estados Unidos a Cuba, que sanciona por igual a países y empresas que quieran vender o comprar productos cubanos. En contraparte, el neoliberalismo ha matado, en casi 35 años, a más gente que las dos guerras mundiales juntas.

Y en México y en Hidalgo, ha empobrecido a millones: a nivel nacional, en 2010 había aproximadamente 67.44% de personas en situación de pobreza (es decir, casi 76 millones de personas que no pueden comprar la Canasta Básica Alimentaria y No Alimentaria), 64.29% en Hidalgo (es decir, 1’720,891 de los 2’676,778 hidalguenses), y los números a nivel municipal no son nada alentadores: Yahualica, el municipio con el mayor índice de pobreza en Hidalgo, tiene 90.78% de pobres, y Xochiatipan es el municipio con mayor porcentaje de pobres extremos a nivel estatal, con 54.48% de personas con pobreza extrema (es decir, que no pueden ni siquiera comprar la Canasta Básica Alimentaria).

En Cuba, se ha garantizado el derecho a la alimentación a todos sus habitantes. Tan es así, que la ONU ha reconocido que, de todos los niños con hambre en América Latina, ni uno sólo es cubano. En México y en Hidalgo, sobran niños con hambre.

Los números en cuanto a educación también son impactantes: mientras en Cuba existe una tasa de analfabetismo cero, en México era de 5.5% en 2015 (casi 5 millones de personas) y en Hidalgo, este ascendía a 8.2% (casi 220 mil personas en el estado). Asimismo, mientras en Cuba la educación es garantizada de forma pública desde el preescolar hasta el posgrado, en México el Estado sólo tiene la responsabilidad de garantizar la educación hasta el bachillerato, después de lo cual se desentiende de su obligación histórica. Además, mientras en Cuba no existen cuotas lascivas contra estudiantes, pues la educación es gratuita en todas sus formas y niveles, en México e Hidalgo se pagan cuotas insostenibles e inmorales para padres de familia y estudiantes, sobre todo en bachillerato, universidad, y no se diga en el posgrado.

Se habla también de la “gran” migración que existe de Cuba hacia Estados Unidos, muestra de “cómo los cubanos escapan del régimen castrista”. Sin embargo, las estimaciones que se han realizado respecto a los cubanos que han salido en 60 años de Revolución suman un millón de personas. En contraste, El Colegio de la Frontera Norte estima que aproximadamente 525,600 personas atravesaron sólo en 2015 la frontera de México con Estados Unidos con el fin de llegar al sueño americano.

Mucho se ha mencionado (e insistido) de que en Cuba existe una dictadura. No hay nada más falso que eso. En Cuba, existen dos tipos de elecciones: cada dos años y medio, se elige a los Delegados a las Asambleas Municipales del Poder Popular y sus Presidentes y Vicepresidentes; y cada cinco años, a los Diputados a la Asamblea Nacional del Poder Popular, su Presidente, Vicepresidente y Secretario al Presidente, Primer Vicepresidente, Vicepresidentes, Secretario y demás miembros del Consejo de Estado a los Delegados a las Asambleas Provinciales y Municipales del poder Popular y a su vez Presidentes y Vicepresidentes.

Por su parte, a nivel federal, en México, hubo una alternancia de 12 años entre el PRI y el PAN. Pero esta alternancia fue de partido, no así de modelo económico, pues el neoliberalismo siguió siendo el eje de la política económica (hasta hoy) desde hace 35 años. A nivel estatal, ni se diga: nunca ha habido alternancia en Hidalgo. PRI y sólo PRI. Es curioso cómo se puede disfrazar una dictadura como democracia, y una democracia como dictadura, ambas con el gran poder de los medios de comunicación masivos tradicionales.

Con la muerte de Fidel comienza la prueba del ácido para la Revolución Cubana. En términos reales, hoy comienza, de hecho, la Revolución, y veremos si esta logra sobrevivir a Castro. La muerte de Fidel es un parteaguas histórico, que sin duda marcará el destino de Cuba y de América Latina a corto, mediano y largo plazo.

Fidel Castro deja un gran legado para la Izquierda Latinoamericana. Deja una gran lección de vida, y un ejemplo de resistencia. Demostró que es posible soñar con la utopía, de hacer posible lo imposible. Muere un hombre, pero no sus ideas. Nace una leyenda, y el mito que representará para las generaciones venideras.

Extrañaremos sus reflexiones, su solidaridad con los distintos pueblos del mundo, su oposición al todopoderoso Estados Unidos, su infatigable e inquebrantable convicción de que otro mundo es posible.

Hasta siempre, Fidel. Te extrañaremos. Descansa en paz, compañero. La Historia ya te absolvió.

Saludos. Dejen comentarios.

La homologación del salario mínimo

Hola.

El pasado 30 de septiembre de 2015, se publicó en el Diario Oficial de la Federación la RESOLUCIÓN del H. Consejo de Representantes de la Comisión Nacional de los Salarios Mínimos que revisa los salarios mínimos generales y profesionales vigentes desde el 1 de abril de 2015 y establece los que habrán de regir a partir del 1 de octubre de 2015 que significa, en términos concretos, la homogeneización del salario mínimo en todo el país.

Una de las razones que esgrimió la Comisión Nacional de Salarios Mínimos para decretar la homogeneización del salario mínimo en todo el país es que, con esta medida, el salario mínimo se estaría recuperando de la pérdida del poder adquisitivo que ha tenido desde 1976 en beneficio de los trabajadores. Salario mínimo, por cierto, calculado sesgadamente, pues considera que 7 gramos de pan diarios son suficientes para que un individuo tenga los requerimientos nutricionales necesarios para desenvolverse en su vida diaria.

Cabe señalar que, aunque esta medida es importante, sobre todo para el sector obrero que durante décadas luchó para que en todo el país el mismo trabajo fuera pagado de forma igual, esto no es un ejercicio de justicia social.

En 1976, el salario mínimo alcanzó su valor más alto en la historia del país. Esto quiere decir que, de 1935 a la fecha, no existe un registro histórico donde el salario haya comprado más cosas con su valor que en ese año.

Imagen 1

Desde entonces (1976), el salario se ha depreciado 99.97%. Esto quiere decir que, desde ese año hasta la actualidad, el salario ha perdido casi todo su valor. Es decir, para que un obrero pudiera comprar lo mismo que compraba en 1976, el salario mínimo actual tendría que ser de $290.33 diarios.

Imagen 2

Así mismo, si hacemos la conversión del valor del salario mínimo a dólares, nos encontramos que el salario mínimo alcanzó su máximo histórico en 1981, al tener un valor de 8.03 USD, contra 4.09 USD al día de hoy (con un valor de $70.10, y una paridad de 17.15 pesos por dólar al día de hoy). Es decir, el salario mínimo vale la mitad en dólares de lo que valía en 1981.

Imagen 3

Lo que la Comisión Nacional de Salarios Mínimos no dice, es que debido a las cartas-intención firmadas por México ante el Fondo Monetario Internacional en los 80’s (con las cuales se fue implementando y profundizando el modelo económico neoliberal), una de las condiciones para que el organismo diera los préstamos necesarios para salir de la crisis (que no sirvieron, de hecho, para sacarnos de ella) fue que hubiera una política salarial restrictiva, determinante para que el salario perdiera su poder adquisitivo. Es decir, que el sector obrero no pidiera aumentos salariales, o bien los que pidiera no excedieran la inflación, o bien el gobierno determinó aumentos fijos en los salarios mientras se liberalizaban los precios (entonces controlados por el gobierno, gracias a la gran cantidad de empresas paraestatales y de sectores de la economía que controlaba).

Aquí hago un paréntesis, para volver a explicar. El problema no fue que el gobierno controlara los precios, sino que estos se liberalizaron (es decir, se dejó al capricho de la oferta y la demanda, como parte de los compromisos asumidos en estas cartas-intención), mientras el salario permaneció controlado por el gobierno, con complicidad del sector obrero (entonces la CTM, ariete del PRI, tenía un gran poder para controlar a los trabajadores) y del sector “patronal” (o empresarial).

Esto fue institucionalizado en varias ocasiones: durante la firma del Pacto de Solidaridad Económica en 1987, por el entonces Presidente Miguel de la Madrid, y ratificado durante la firma del Pacto de Estabilidad y Crecimiento Económico, en 1992, durante el sexenio de Carlos Salinas de Gortari. Y desde entonces no se han firmado más “pactos” para ratificar esta política salarial restrictiva, puesto que el gobierno ya lo asume como una doctrina y un libro de recetas a seguir.

La política salarial restrictiva no es fortuita: el sofisma neoliberal sostiene que la restricción del gasto gubernamental y el control de la inflación permiten tener un crecimiento económico sostenido. Nada más falso que esto. Desde 1982 (etapa del neoliberalismo mexicano), el crecimiento económico ha sido bastante mediocre, en ocasiones negativo, teniendo un promedio de 2.3% en todos estos años, contrario al 6.85% de crecimiento económico promedio de 1961 a 1981.

Imagen 5

Así, encontramos que la homologación del salario mínimo, en realidad, es una medida necesaria, pero a la vez cosmética, mediática, que no representa un beneficio real a los ingresos de los trabajadores. Para tener un impacto real en el ingreso, y realizar un ejercicio de justicia social, tendría que modificarse la política salarial restrictiva, medida únicamente posible con un cambio en la política económica implementada por el gobierno.

Así, es necesario abandonar el fracasado neoliberalismo, que sólo ha generado más hambre, pobreza, violencia, inseguridad y acrecentamiento de la brecha entre ricos y pobres. Sólo así podremos retomar el rumbo perdido desde 1982, y generar el cambio necesario e indispensable que requiere nuestro país.

Saludos. Dejen comentarios.

Peligrosa provocación

Hola.

No es un secreto que USA tiene una crisis económica desde hace poco más de 5 años, que ha sido acompañada de una gran recesión a escala mundial. Tampoco es un secreto que USA generalmente, para levantar su economía, depende de las guerras y su industria armamentista.

Así, desde hace algún tiempo USA y Occidente están en la búsqueda constante de materias primas y energéticos, así como de motivos constantes y a veces ridículos para hacer guerras, con el fin de imponer el modelo económico que los beneficia, el neoliberalismo. De esta manera, ha generado las guerras necesarias en Afganistán, Irak, y Libia, bajo la ficticia amenaza terrorista o el “amenazante peligro” a la democracia occidental, resultando “dictadores dantescos” derrotados, y en jugosos negocios en petróleo, gas natural, minería y recursos naturales vastos, por mencionar algunos beneficios.

En otros lugares, como México o Colombia, los beneficios a USA y Occidente han llegado gracias al expléndido entreguismo que han mostrado los líderes de estas naciones con los países desarrollados y sus empresas trasnacionales, abriendo sus mercados indiscriminadamente y, en el caso de que la ley local lo impida, realizan las “reformas estructurales” necesarias para el convite del capital privado nacional y extranjero.

Pero la amenaza bélica hacia naciones no alineadas al régimen mundial se ha extendido al menos y para Mali, Siria, Irán, Brasil, Venezuela y Ucrania, convirtiéndose en una política general de desestabilización, invasión e intervencionismo unilateral, inducida y dirigida por USA, y secundada por Europa.

En Mali, la intervención francesa que ahí reside desde 2013 busca el control de las regiones de yacimientos de uranio; en Siria, un régimen democrático dirigido por Bashar Al Assad y mediáticamente manipulado como una gran tiranía, ha generado una guerra civil desde hace poco más de 2 años gracias a la intervención de un grupo de mercenarios financiados por USA y la OTAN conocido como “Ejército Sirio Libre”, y que busca el control del petróleo y el gas natural de la región; en Irán, la inexistente construcción de armas de destrucción masiva ha sido el pretexto para que USA e Israel busquen la invasión a toda costa, sin gran éxito entre la comunidad internacional, pero que la finalidad es el control de los yacimientos de petróleo y gas natural; en Brasil, la “oposición” al Mundial de futbol ha desencadenado en violencia y disturbios en manifestaciones convocadas por la derecha con el fin de desestabilizar política y económicamente al país, fracturando así al BRICS (uno de los grandes polos económicos mundiales, junto a USA, la Unión Europea y China); y en Venezuela, brotes desestabilizadores similares a los de 2002 y con el mismo modus operandi en contra del mismo régimen no alineado a los intereses estadounidenses y europeos (el chavismo) ha sido el pretexto para intentar desestabilizar a una de las economías más sólidas y estables del continente, y obtener el petróleo directamente y sin intermediarios, es decir, sin que el gobierno venezolano intermedie.

Caso similar es el ucraniano. Tal cual ha sido el guión norteamericano de desestabilización y provocación en los países antes mencionados, la derecha ucraniana (como todas las derechas en el mundo: entreguistas, mercenarias y alineadas al interés estadounidense) convocó a una serie de manifestaciones para exigir a su gobierno que echara atrás su intención de salirse de la Unión Europea. La exigencia en la calle pasó a la provocación, de la provocación a la violencia, de la violencia al disturbio, y del disturbio a la desestabilización.

Acompañada de un grupo de mercenarios y provocadores profesionales, la derecha ucraniana centró su plan en derrocar al gobierno en turno, siempre de la mano con los intereses estadounidenses y occidentales. Y tras varias semanas, lograron que el gobierno encabezado por Viktor Yanukóvich dimitiera, acompañado de una gran campaña mediática de desprestigio internacional. Sin embargo, y para sorpresa de propios y extraños, el gobierno de Ucrania fue asumido por un líder neonazi, Oleksandr Turchynov, y respaldado por USA y la Unión Europea.

Sin embargo, con el precedente existente en torno al escudo de misiles de la OTAN anti-ruso por toda Europa, la inminente amenaza que representa la posición pro-europeísta de Turchynov, la amenaza a los rusos residentes en Crimea y el este de Ucrania, y la representatividad estratégica geopolítica de Ucrania para los intereses políticos, económicos y comerciales de Rusia en el Mar Negro y en la región, Rusia ha decidido realizar maniobras y movimientos militares en la región que, actualmente y hora tras hora, van configurando de manera creciente una guerra próxima.

La peligrosa provocación que USA y Occidente han hecho a Rusia gracias a su intervencionismo en Ucrania, ha reavivado las tensiones ya añejas de la Guerra Fría, y han dejado de manifiesto la posibilidad de un conflicto a gran escala que pudiera ser en inicio de la Tercera Guerra Mundial, en la cual USA tendría su anhelada guerra, pero pondría en riesgo la existencia misma de la Humanidad.

En ese sentido, existen dos escenarios posibles: un conflicto local, entre Rusia y Ucrania, el cual sería indeseable pero el mejor escenario; o bien la intervención de USA y Europa, el cual desencadenaría en otros conflictos locales donde actualmente existen distintas tensiones ligadas entre sí (como entre China y Japón, Corea del Norte y Corea del Sur, Irán e Israel, Turquía y Siria, Egipto y Sudán, Chad y Mali, por mencionar algunos) y que, dichas tensiones harían que cada beligerante tomara partido en favor de unos y otros, y detonaría la Tercera (y tal vez última) Guerra Mundial.

La paz en el mundo pende de un hilo, y el destino de la Humanidad también, y las horas próximas serán cruciales. Ya en 1962 estuvimos al borde de una guerra nuclear que hubiera acabado con todo, y que gracias a la responsabilidad y el estadismo de Kennedy y Kruschev la Humanidad pudo seguir adelante. Ojalá Obama y Putin tengan la misma altura, aunque por lo visto, son un par de provocadores peligrosos e irresponsables que ponen en juego y en riesgo a la Humanidad y su destino.

Saludos. Dejen comentarios.