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El libre mercado, el libre comercio y el libre albedrío
Aproximadamente en 1986, y derivado de la falla en las medidas correctivas a la crisis económica de 1981-82, el gobierno de Miguel de la Madrid firmó un Convenio de Crédito Contingente con el Fondo Monetario Internacional una carta-intención el 22 de julio de 1986, con la cual el FMI se comprometía a realizar un préstamo de 1,400’000,000 DEG’s (Derechos Especiales de Giro) con duración de 18 meses, que se juntaban a otros préstamos realizados en 1982, 83, 84 y 85.
Con esta carta-intención, el gobierno mexicano se comprometió a implementar un modelo económico de corte neoliberal, para pasar de una economía mixta con un gran control estatal a una economía de libre mercado.
Algunas de las condiciones que se firmaron en esta carta-intención eran (y siguen siendo para cualquier país) indignas e inaceptables, pues tan sólo en política comercial, las exigencias eran, entre otras: realizar políticas estructurales a la oferta; continuar con el proceso de liberalización comercial, eliminando aranceles y derechos aduaneros; y revisión de subsidios y derechos compensatorios, según acuerdos con Estados Unidos [sic] (SER, 1986).
Con el fin de apoyar las políticas de apertura comercial y de reducción (y posteriormente, desaparición) del proteccionismo, que significó un cambio estructural importante antes de la apertura total de nuestra economía a la inversión privada, sobre todo con las privatizaciones en marcha, pero además para garantizar que esta fuera efectiva, en noviembre de 1985 el gobierno mexicano inició las negociaciones para su ingreso al GATT (General Agreement on Tariffs and Trade / Acuerdo General sobre Aranceles Aduaneros y Comercio), siendo admitido el 24 de agosto de 1986, y participando activamente en la ronda de negociaciones comerciales de septiembre de 1986. Posteriormente, el GATT se convertiría en la Organización Mundial de Comercio (OMC), el 1° de enero de 1995.
El 10 de junio de 1990, ya durante el periodo de Salinas, sexenio en el que aceleró y profundizó el neoliberalismo, inician las negociaciones para incluir a México en el Tratado de Libre Comercio de América del Norte (TLCAN o NAFTA, en inglés). Estas concluyen el 17 de diciembre de 1992, y entra en vigencia el 1° de enero de 1994, fecha emblemática para México, pues ese mismo día irrumpe el Ejército Zapatista de Liberación Nacional (EZLN) en la vida pública del país.
¿Qué contiene dicho tratado? Entre otras cosas, la eliminación arancelaria de miles de bienes que cruzan las fronteras en América del Norte; reducciones arancelarias escalonadas – ya terminadas – y reglas especiales para productos de los sectores agropecuario, automotriz y bienes textiles y del vestido; protección a la inversión extranjera y a la propiedad intelectual; acceso a compras del sector público; y compromisos en materias medioambientales y laborales.
En resumen, son las bases de lo que denominaron “libre comercio”. Un libre comercio donde uno sólo es beneficiado (Estados Unidos), y donde otro es perjudicado y explotado (México). Un “libre comercio” donde sólo las empresas y productos estadounidenses tienen ventajas competitivas sobre los mexicanos. Así siempre fue.
Así, a partir de ese momento, el destino de México (que ya de por sí estaba escrito no por el dedo de Dios, sino por el Tío Sam y sus brazos financieros globales), estuvo condenado a la hecatombe. Se murió el campo, se acabó la industria nacional, se establecieron las corporaciones trasnacionales abaratando y pauperizando la mano de obra, y aumentó la inmigración, la violencia, la delincuencia y el narcotráfico.
Los siguientes gobiernos no fueron distintos. Zedillo, Fox y Calderón continuaron el guion escrito previamente sin cambiarle ni una sola coma, y nuestra dependencia del exterior creció considerablemente, al punto de convertirnos en un parásito de las grandes potencias, pero principalmente de Estados Unidos.
Los alimentos que comemos son importados, la gasolina que consumimos es importada, las empresas del sector privado donde trabaja la mayoría son extranjeras, y así podemos mencionar mil ejemplos más.
Con Peña Nieto, se profundizó el neoliberalismo. El impulso y aprobación de las 14 reformas estructurales que consolidó gracias al Pacto por México son fruto de ese proceso de consolidación que el neoliberalismo tenía pendiente desde hace 20 años. Sin embargo, ya cuando habían terminado la receta neoliberal para comenzar a gozar los “beneficios”, Donald Trump.
La tragedia para los oligarcas y neoliberales mexicanos no es que haya llegado Donald Trump, sino que haya ganado la Presidencia de USA y esté cumpliendo todas y cada una de las promesas que mencionó en su campaña. Eso explica, además, la saña con la que los medios de comunicación mexicanos trataron a Donald Trump. Como nunca, las principales cadenas mexicanas (Televisa, Azteca e Imagen) hicieron proselitismo descarado a favor de Hillary, pues aunque no se trataba de un proceso electoral en el país, si estaban en juego los intereses e inversiones de sus principales accionistas, socios y patrocinadores que financian estos medios.
Por esto mismo, durante el posicionamiento de Enrique Peña Nieto en materia de política exterior con el gobierno de Trump realizado el pasado 23 de enero, el Presidente del Consejo Coordinador Empresarial (CCE), Juan Pablo Castañón, fue enfático con Peña al casi exigirle que debe defender, ante Trump, el modelo de libre mercado del que han salido beneficiados por varios años. Es decir, no están dispuestos a cambiar el modelo, a dar su brazo a torcer, aunque es evidente que están equivocados, y que el país está peor con neoliberalismo que sin él.
Más allá de las políticas xenofóbicas y racistas que está implementando Trump en los primeros días de gestión (que merecerían otro artículo aparte), las políticas proteccionistas que están cerrando la economía de Estados Unidos son benéficas para México.
El retiro de Estados Unidos del Tratado TransPacífico (TPP), que en realidad buscaba beneficiar a los grandes corporativos trasnacionales estadounidenses en materia arancelaria, laboral, de propiedad intelectual y de arbitraje inversionistas-Estado, así como el anuncio de renegociación del TLCAN por parte del Gobierno de Donald Trump, es una muy buena noticia para México, aunque no para los oligarcas, beneficiarios directos de dichos tratados.
Que México no esté sujeto a esos alevosos tratados de libre comercio puede permitir que nuestro país tenga libre albedrío por primera vez en mucho tiempo, que pueda decidir sobre su propio destino, que cambie de modelo económico, y que termine esta pesadilla de más de 30 años llamada neoliberalismo. Permitirá reinvertir en el campo y tener soberanía alimentaria, reinvertir en el motor industrial, generar empleos y consolidar la producción de diversos productos en general, a expropiar y recuperar los sectores estratégicos de la economía en beneficio de todos, y a generar un modelo de desarrollo acorde a nuestras propias necesidades, y no a las necesidades de otros.
Así, haciendo una transición del libre mercado y del libre comercio al libre albedrío, es como México puede hacer frente a los retos que enfrenta ante el embargo económico que, tal como en Cuba, nos está imponiendo Donald Trump. De otra forma, solo continuaremos en la caída libre que tenemos actualmente en el despeñadero y del que, entre más caigamos, más nos costará salir.
No más neoliberalismo
Hola.
Tras la crisis económica de 1929, el Presidente Franklin D. Roosevelt implementó la política del New Deal (Nuevo Trato), basado en los postulados de John Maynard Keynes descritos en la Teoría General de la Ocupación, el Interés y el Dinero escrito en 1933.
En ella, Keynes argumentaba, entre otras cosas, que el Estado debía tener un papel central en la determinación del nivel de actividad económica y del empleo de los países, puesto que la instrumentación de la política basada en el libre mercado no garantiza una economía óptima.
Esta política económica se implementó después de la Segunda Guerra Mundial en todos los países del bloque capitalista, así como en Estados Unidos y en algunos países de América Latina. En México, el Modelo de Industrialización por Sustitución de Importaciones (MISI) tenía ciertos matices de keynesianismo, con un Estado intervencionista en la economía. Sin embargo, esto permitió los índices de crecimiento económico más grandes de la Historia, en la etapa conocida como el “Milagro Mexicano”, que abarca del sexenio de Adolfo Ruiz Cortínez (1952-1958) a Gustavo Díaz Ordaz (1964-1970), alcanzando niveles de crecimiento anual 11.91% en 1964 con Adolfo López Mateos, y 9.42% en 1968 con Gustavo Díaz Ordaz (Moreno Brid-Ros Bosch, 2010).
Posteriormente, de 1970 a 1982, se implementó el modelo de Desarrollo Compartido, por parte de los Presidentes Echeverría y López Portillo, con el cual (y pese a las altas tasas de inflación) se obtuvieron niveles de crecimiento promedio de 6.27% (siendo 1979 el año con mayor crecimiento económico, con 9.7% anual).
Sin embargo, y debido a distintos factores que no mencionaré aquí porque sería muy largo de explicar –pero el principal es la crisis económica que atravesó el país en 1982– el Gobierno de Miguel de la Madrid, por ahí de 1986, cambió la política económica hacia una llamada neoliberal, que está basada en los postulados de Milton Friedman, y que defiende una amplia liberalización de la economía, el libre comercio en general y una drástica reducción del gasto público y de la intervención del Estado en la economía en favor del sector privado, que pasaría a desempeñar las competencias tradicionalmente asumidas por el Estado.
El neoliberalismo fue establecido como política económica a nivel mundial por Margaret Thatcher (Primer Ministro inglés, 1979-1990) y Ronald Reagan (Presidente de Estados Unidos, 1981-1989), e impulsada por medio de los organismos financieros internacionales, como el Fondo Monetario Internacional (FMI), el Banco Mundial (BM), la Organización Mundial de Comercio (OMC) y la Organización para la Cooperación y el Desarrollo Económicos (OCDE), forzando a los países a adoptar esta política económica mediante cartas-intención a cambio de préstamos para sortear diferentes crisis económicas que se dieron en varios naciones, principalmente en la década de los 80’s.
En América Latina, muchos presidentes de muy distintas naciones impulsaron el neoliberalismo, ya sea por las buenas o las malas, y en muchas ocasiones profundizaron más las crisis que decían abatir con el establecimiento del modelo económico neoliberal. Carlos Menem en Argentina, Augusto Pinochet en Chile, Alberto Fujimori en Perú, Fernando Color de Mello en Brasil, Carlos Andrés Pérez en Venezuela, y Violeta Chamorro en Nicaragua, son íconos del neoliberalismo en cada uno de sus países. Y aunque en México el ícono neoliberal es Carlos Salinas de Gortari, los últimos 6 presidentes (desde Miguel de la Madrid hasta Enrique Peña Nieto) han sido neoliberales.
Le han dado continuidad al neoliberalismo y, aunque ha habido alternancia política, es decir, ha habido un cambio de partidos en el poder (de 2000 a 2012 gobernó el PAN), en la práctica no ha habido un cambio de modelo económico en el país desde 1986.
Desde entonces muchas reformas que se han venido realizando desde 1986 para implementar el modelo económico neoliberal, que en teoría tendría que sacarnos de la crisis en la que cayó el país en 1982 (es decir, estamos queriendo tapar un hoyo que se abrió hace más de 35 años).
¿Por qué hago esta larga explicación? Porque es necesaria para comprender el porqué de los gasolinazos, y el remedio para esto.
La Reforma Energética es solo una de las tantas reformas neoliberales que ha realizado el país, como en su momento fue la venta y privatización de paraestatales como Telmex, Imevisión, SICARTSA, Ferrocarriles Nacional, Satélites Mexicanos, y un largo etcétera, o como fue el paquete de 11 reformas estructurales que presentó Enrique Peña Nieto en los dos primeros años de su sexenio (entre ellas la Reforma Financiera, Reforma Hacendaria, Reforma de Telecomunicaciones, Reforma en materia de Competencia Económica, Reforma Laboral, Reforma Educativa), y que fue impulsada por el Pacto por México (integrado por el PRI, en PAN y el PRD).
Los gasolinazos es solo un complemento de la Reforma Hacendaria, y la Reforma Energética. De la Reforma Hacendaria, porque Peña Nieto despetrolizó la economía. Pero para poder dejar de depender del petróleo como fuente primordial de la economía, algo tenía que llenar el vacío que dejaba el petróleo a las finanzas públicas del país, y la solución fue hacer una carga tributaria más pesada para los ciudadanos, es decir, subir los impuestos.
La Reforma Energética, por su parte, no fue planteada para “modernizar” o rescatar a PEMEX y CFE, sino para hundirlas y enterrarlas financieramente, pues le quitaron la exclusividad que tenían en una de las ramas estratégicas fundamentales de la economía, el mercado energético, para distribuirlo a la competencia, es decir, a las grandes empresas petroleras y eléctricas trasnacionales.
El problema no es si hay competencia o no, sino el destino de las ganancias. Y es que , mientras PEMEX era un monopolio estatal, todo el dinero producto de la industria del petróleo (desde extraerlo, refinarlo y venderlo procesado como pláticos, gasolinas, fertilizantes, etc.) era para las finanzas públicas del país, es decir, para poder construir escuelas, hospitales, alumbrado público, etc. Al cambiar esto, las ganancias ya no son sólo de PEMEX, sino de los actores económicos que participan en la industria. Es decir, las nuevas empresas particulares que participen en la extracción, distribución, almacenamiento, transportación, procesamiento y venta de los productos de la industria petrolera.
Adicionalmente, el impuesto a la gasolina está incluido dentro del presupuesto de ingresos de este año, y representa un monto aproximado de 200 mil millones de pesos. Las acciones de protesta contra el gasolinazo no funcionarán para otra cosa que para hacer catarsis (es decir, para sacar nuestro coraje), y quien diga lo contrario, solo entra en el campo de la demagogia, pues este dinero ya está considerado dentro del dinero que tiene el gobierno para gastar durante este año.
Esto complica mucho el escenario para echar atrás el gasolinazo del pasado 1° de enero, pues solo hay tres formas de hacerlo: 1. Recortando el gasto corriente, es decir, reducir el tamaño y sueldos de la burocracia (lo cual no están dispuestos a hacer); 2. Recortando el gasto social, es decir, reducir y eliminar programas sociales y/o inversión en infraestructura (puentes, carreteras, infraestructura hidráulica, obra pública en general), lo cual no es nada recomendable; y 3. Cambiando el modelo económico, derogar las reformas estructurales impulsadas y aprobadas por el Pacto por México, y fomentando un modelo de desarrollo distinto. Es decir, no más neoliberalismo.
Es claro que el neoliberalismo fracasó, y no funciona. Ha empobrecido más a la población al ampliarse la brecha entre ricos y pobres; ha habido una mayor concentración de la riqueza en unas cuantas manos; ha habido un crecimiento económico mediocre y sin oportunidades de desarrollo; se han precarizado las condiciones laborales y salariales de la población en aras de mantener la estabilidad de los índices macroeconómicos; y nos han robado a dos generaciones la posibilidad de tener condiciones de movilidad social y de estabilidad económica como la tuvieron nuestros padres y abuelos.
Sin embargo, es evidente que el actual gobierno no está dispuesto a cambiar el modelo, pues muchos de los integrantes de la cúpula actual del poder están sujetos a lo indicado a los grandes organismos internacionales o, incluso, son parte del Consejo de Administración de las empresas involucradas y beneficiadas, tanto de las privatizaciones que hubo años atrás, como de las reformas estructurales impulsadas por el actual gobierno.
Para cambiar el modelo, no sólo es necesario cambiar de partido, sino de clase política y de paradigma, pues ya quedó claro que alternancia no representa cambio en esencia. Sólo así, en la práctica, podremos detener los gasolinazos (entre tantas cosas), recuperar el poder adquisitivo del salario, y fincar las bases para un mejor y armónico desarrollo en lo económico y en lo social.
De lo contrario, seguirá la política de privatizar las ganancias, y socializar las pérdidas. Y han demostrado que lo saben hacer muy bien.
Feliz año 2017, en la medida de lo posible.
Saludos. Dejen comentarios.
Fidel, la Historia ya te absolvió
Hola.
Quiso la vida y la Historia que mi primera columna en Effetá fuera en una fecha tan importante y emblemática para el mundo, y en especial para la Izquierda Latinoamericana. Fidel Castro Ruz, el emblema de la Izquierda en América Latina, el personaje y protagonista del Siglo XX, falleció a los 90 años, justamente a 60 años de la partida del barco Granma desde México hacia Cuba (donado, por cierto, por el General Lázaro Cárdenas a Fidel) para iniciar la Revolución Cubana.
La figura de Fidel, aparte de ser emblemática, es polémica, y más allá de las filias y las fobias, de la propaganda disfrazada de información difundida en los grandes corporativos mediáticos en México y en el mundo (como la CNN), es importante señalar los logros de la Revolución Socialista en Cuba, y contrastarla con los indicadores de otros países, como bien podría ser el caso de México y de nuestro estado: Hidalgo.
Se habla que, en Cuba, el socialismo mata de pobreza a sus habitantes, pero no se habla que existe un bloqueo económico de Estados Unidos a Cuba, que sanciona por igual a países y empresas que quieran vender o comprar productos cubanos. En contraparte, el neoliberalismo ha matado, en casi 35 años, a más gente que las dos guerras mundiales juntas.
Y en México y en Hidalgo, ha empobrecido a millones: a nivel nacional, en 2010 había aproximadamente 67.44% de personas en situación de pobreza (es decir, casi 76 millones de personas que no pueden comprar la Canasta Básica Alimentaria y No Alimentaria), 64.29% en Hidalgo (es decir, 1’720,891 de los 2’676,778 hidalguenses), y los números a nivel municipal no son nada alentadores: Yahualica, el municipio con el mayor índice de pobreza en Hidalgo, tiene 90.78% de pobres, y Xochiatipan es el municipio con mayor porcentaje de pobres extremos a nivel estatal, con 54.48% de personas con pobreza extrema (es decir, que no pueden ni siquiera comprar la Canasta Básica Alimentaria).
En Cuba, se ha garantizado el derecho a la alimentación a todos sus habitantes. Tan es así, que la ONU ha reconocido que, de todos los niños con hambre en América Latina, ni uno sólo es cubano. En México y en Hidalgo, sobran niños con hambre.
Los números en cuanto a educación también son impactantes: mientras en Cuba existe una tasa de analfabetismo cero, en México era de 5.5% en 2015 (casi 5 millones de personas) y en Hidalgo, este ascendía a 8.2% (casi 220 mil personas en el estado). Asimismo, mientras en Cuba la educación es garantizada de forma pública desde el preescolar hasta el posgrado, en México el Estado sólo tiene la responsabilidad de garantizar la educación hasta el bachillerato, después de lo cual se desentiende de su obligación histórica. Además, mientras en Cuba no existen cuotas lascivas contra estudiantes, pues la educación es gratuita en todas sus formas y niveles, en México e Hidalgo se pagan cuotas insostenibles e inmorales para padres de familia y estudiantes, sobre todo en bachillerato, universidad, y no se diga en el posgrado.
Se habla también de la “gran” migración que existe de Cuba hacia Estados Unidos, muestra de “cómo los cubanos escapan del régimen castrista”. Sin embargo, las estimaciones que se han realizado respecto a los cubanos que han salido en 60 años de Revolución suman un millón de personas. En contraste, El Colegio de la Frontera Norte estima que aproximadamente 525,600 personas atravesaron sólo en 2015 la frontera de México con Estados Unidos con el fin de llegar al sueño americano.
Mucho se ha mencionado (e insistido) de que en Cuba existe una dictadura. No hay nada más falso que eso. En Cuba, existen dos tipos de elecciones: cada dos años y medio, se elige a los Delegados a las Asambleas Municipales del Poder Popular y sus Presidentes y Vicepresidentes; y cada cinco años, a los Diputados a la Asamblea Nacional del Poder Popular, su Presidente, Vicepresidente y Secretario al Presidente, Primer Vicepresidente, Vicepresidentes, Secretario y demás miembros del Consejo de Estado a los Delegados a las Asambleas Provinciales y Municipales del poder Popular y a su vez Presidentes y Vicepresidentes.
Por su parte, a nivel federal, en México, hubo una alternancia de 12 años entre el PRI y el PAN. Pero esta alternancia fue de partido, no así de modelo económico, pues el neoliberalismo siguió siendo el eje de la política económica (hasta hoy) desde hace 35 años. A nivel estatal, ni se diga: nunca ha habido alternancia en Hidalgo. PRI y sólo PRI. Es curioso cómo se puede disfrazar una dictadura como democracia, y una democracia como dictadura, ambas con el gran poder de los medios de comunicación masivos tradicionales.
Con la muerte de Fidel comienza la prueba del ácido para la Revolución Cubana. En términos reales, hoy comienza, de hecho, la Revolución, y veremos si esta logra sobrevivir a Castro. La muerte de Fidel es un parteaguas histórico, que sin duda marcará el destino de Cuba y de América Latina a corto, mediano y largo plazo.
Fidel Castro deja un gran legado para la Izquierda Latinoamericana. Deja una gran lección de vida, y un ejemplo de resistencia. Demostró que es posible soñar con la utopía, de hacer posible lo imposible. Muere un hombre, pero no sus ideas. Nace una leyenda, y el mito que representará para las generaciones venideras.
Extrañaremos sus reflexiones, su solidaridad con los distintos pueblos del mundo, su oposición al todopoderoso Estados Unidos, su infatigable e inquebrantable convicción de que otro mundo es posible.
Hasta siempre, Fidel. Te extrañaremos. Descansa en paz, compañero. La Historia ya te absolvió.
Saludos. Dejen comentarios.
Gatopardismo electoral neoliberal
Hola.
Estas líneas son mi primer análisis de la jornada electoral del pasado domingo. Más que un diagnóstico y análisis elaborado y apoyado en datos duros, cuantitativos, numéricos, es un análisis político de la situación del estado y del país después del domingo.
El PAN logra ganar 6 de las 12 gubernaturas en juego (Aguascalientes, Chihuahua, Durango, Puebla, Tamaulipas y Veracruz), 1 el PRD (Quintana Roo), y sólo 5 el PRI (Hidalgo, Oaxaca, Sinaloa, Tlaxcala y Zacatecas).
En el Estado de Hidalgo, el resultado es aparentemente catastrófico para el PRI, pues este partido obtiene sólo 30 de los 84 ayuntamientos del estado (15 en coalición y 15 en solitario); el PAN obtiene 16 presidencias; el PRD 12; el PES 7; el PVEM 6; el PT 4; MC 3; y MORENA y los candidatos independientes 1 cada uno.

Así, realizando el comparativo con respecto a la última elección de Presidentes Municipales (2011), nos encontramos con lo siguiente:
El PRI y el PT son los únicos partidos que, de 2011 a 2016, pierden Presidencias Municipales, con 21 y 1, respectivamente. Por su parte, el resto de los partidos ganan alcaldías: el PES es el partido que más Presidencias Municipales gana, con 7; el PAN obtiene 6; el PVEM 4; el PRD 2; y MC, MORENA y los candidatos independientes 1 cada uno.
Sin embargo, al revisar el comparativo de votos por partido de la elección de diputados federales de 2015 con la elección de Presidentes Municipales de 2016, nos encontramos con lo siguiente:
El PRI es el partido que más votos pierde en esta jornada electoral, con 87,742, seguido del Partido Verde Ecologista de México, con 15,703 votos, y de los votos nulos, con 8,006. Esto implica, en la práctica, que un porcentaje menor de la población anuló su voto nulo.
Por otra parte, el PAN es el partido que más votos gana en esta elección, con 117,367 votos; seguido del
PT, con 85,523; MC, con 63,894; PANAL, con 35,665; PRD, con 34,795; los candidatos independientes, con 28,444; PES, con 15,559; MORENA, con 2,205; y los candidatos no registrados, con 591 votos.
Por su parte, y dado la afinidad ideológica del Partido Humanista, así como la votación obtenida por el PAN, es muy probable que los 16,940 votos que obtuvo el PH en la elección de 2015, se hayan trasladado al PAN.
Con base en lo anterior, y sin hacer un análisis más profundo (que realizaré con posterioridad), encontramos lo siguiente a nivel nacional:
- Todo mundo lo ha dicho ha: el gran perdedor de la jornada electoral del domingo fue el PRI;
- Sin duda, considero que el gran ganador del pasado 5 de junio fue la derecha, el PAN;
- Aunque MORENA obtiene la mayor votación para la elección del Constituyente de la Ciudad de México, lo cierto es que no consigue las gubernaturas de Veracruz, Zacatecas y Oaxaca (como se anticipaba) y más allá de las especulaciones mediáticas y propagandísticas, lo cierto es que MORENA fue el partido que, pese a tener un gran avance electoral, quedó únicamente como la gran promesa;
- Este resultado habla mucho de lo que ha sido la gestión de Enrique Peña Nieto, pues el electorado hace un voto de castigo efectivo efectivo contra el PRI;
- El resultado en la Ciudad de México convierte al Jefe de Gobierno, Miguel Ángel Mancera, el gran perdedor (junto con el PRI) de la jornada electoral. Sin embargo, el resultado no termina por consolidar a MORENA, sino que pone al PRI dentro del escenario de la pelea por la Jefatura de Gobierno para el 2018; y
- A diferencia de lo que se esperaba, el electorado no vota hacia la Izquierda, sino hacia la derecha empresarial recalcitrante, mostrando esta un gran avance a nivel nacional y estatal.
A nivel estatal, podemos hacer las siguientes observaciones:
- El PRI pierde gran parte del terreno que tenía en el Estado. Si bien es cierto que gana la gubernatura, pierde 54 ayuntamientos y 6 diputados locales, resultado histórico para la oposición;
- Lo cierto es que, actualmente, el PRI tiene un proceso de balcanización y dispersión que continuará debilitando a este partido, pues si consideramos y sumamos la votación del PRI, del Verde, de Nueva Alianza y de Encuentro Social, esta es igual a la votación histórica del PRI avasallante y predominante. Sin embargo, este proceso de balcanización del PRI se explica por las dinámicas del poder regionales y locales;
- Hubo un importante voto de castigo en contra del PRI en las principales ciudades, pero más en Pachuca y en la Zona Metropolitana. Los parquímetros, la destrucción de la Plaza Independencia, el Tuzobus, la represión contra los vecinos, la cerrazón de Olvera, las tonterías de Eleazar y la ineficiencia de Filiberto ocasionaron la victoria del PAN en la capital del Estado;
- Hay destellos de alternancia en el Estado. Sin embargo, la alternancia se está dando hacia la derecha y no hacia la Izquierda, como esperábamos, pues el PAN es el partido que más avanza electoralmente, y considerando las características económicas, sociales, culturales e históricas que tiene el Estado, es inconcebible esto;
- El PRD continúa siendo la tercera fuerza electoral en el Estado, y llega a su piso electoral de 10% (lo que lo convierte en su voto duro después de la desbandada que hubo hacia MORENA del 2012 al 2015); y no bajará de esa posición en mucho tiempo;
- MORENA no logra crecer. Obtiene 2,500 votos más a nivel estatal, pero en términos relativos, obtiene el mismo 7% de la elección pasada. No baja, pero tampoco sube. Esto implica que MORENA no está convenciendo a nadie más de votar por su partido, sino que votaron práctica y exactamente los mismos electores que hace un año. Esto, en términos reales, representa una crisis como institución, pues la principal meta de un partido es el acceso al poder, y si MORENA no logra convencer a nadie más que a sus propios afiliados y militantes, no podrá acceder a él nunca.
Así, el 2018 se enfila hacia un crecimiento de la derecha panista, y un incierto panorama para la Izquierda electoral, MORENA, para Andrés Manuel López Obrador, y sus aspiraciones presidenciales, puesto que el gran ganador de esta jornada electoral, y quienes salen fortalecidos, son las candidaturas de Acción Nacional: Ricardo Anaya y Margarita Zavala, mientras que la candidatura de Andrés Manuel López Obrador (MORENA) queda en suspenso, dado que con la votación obtenida no alcanza a ganar, en un escenario hipotético, la Presidencia de la República en dos años más.
Llama la atención, además, el fortalecimiento que tuvo el PAN en este año, partido neoliberal por excelencia, por tradición y por ideología, y que es coincidente con el regreso del neoliberalismo a América Latina en los últimos meses, por las buenas y por las malas, en Argentina, Venezuela, y Brasil. Es decir, rumbo a 2018, sólo hay un gatopardismo electoral neoliberal entre el PRI y el PAN.
De no suceder nada extraordinario en la elección del Estado de México del año que entra, es probable que hacia fines del 2017 y principios de 2018 se complique el panorama de la Izquierda para la renovación del poder ejecutivo de este país, y entremos a un complicado escenario de bipardismo entre dos fuerzas de derecha y neoliberales (PRI y PAN disputando la Presidencia), mientras la Izquierda se encuentre atomizada y dividida, sin aspiraciones reales de ganar y gobernar este país, y con un emplazamiento por 6 años más del proyecto neoliberal para este país que, estoy seguro, no lo podría aguantar ni Obama.
Saludos. Dejen comentarios.
El golpe
Hola.
Hay ocasiones en las que decir “te lo dije” es gratificante, pero en otras es incómodo, insatisfactorio, doloroso. Y esta es una de ellas.
En los últimos tres años, escribí diversos textos sobre la gran amenaza retrógrada que se cernía sobre América Latina y los gobiernos progresistas que existían en la región (El fantasma, Plan Condor reloaded, El complot y El circo de varias pistas) por parte de la política intervencionista de Washington, que cada vez se ha hecho más evidente en los últimos años.
Había muchas y evidentes muestras de que Estados Unidos se había propuesto recuperar la influencia política y económica que había perdido en la región, mediante un gran plan de financiamiento de Washington y los grandes organismos internacionales, destinado a las diferentes derechas de cada país, las oligarquías locales y los medios de comunicación a su servicio.
Cabe señalar que, Barack Obama, ha sido el presidente más bélico e intervencionista que ha habido en Estados Unidos en mucho tiempo, incluso más que George W. Bush, pues en su haber tiene guerras y/o bombardeos en Afganistán, Libia, Somalia, Pakistán, Yemen, Irak y Siria, además de la desestabilización en Ucrania, el financiamiento de Daesh (ISIS o Estado Islámico), y las más recientes intervenciones políticas en países de América Latina, desde México hasta la Patagonia.
Sin embargo, tras una serie de golpes o intervenciones fallidos (que podemos considerar desde el Golpe de Estado contra Hugo Chávez en 2002 hasta los disturbios de 2014 en Venezuela encabezados por Leopoldo López, y que enumero en El circo de varias pistas), en los últimos seis meses, Washington ha conseguido avanzar en su plan de reconquista de América Latina.
Así, la primera victoria contra los gobiernos progresistas de la región en noviembre de 2015 en Argentina, cuando el empresario neoliberal Mauricio Macri venció al kirchnerismo en una segunda vuelta electoral muy cerrada, con Grupo Clarín apoyando abiertamente al candidato presidencial derechista. El resultado 6 meses después de haber asumido el poder: 45 mil despedidos en el sector estatal, y 85 mil en el sector privado, y una serie de políticas que han ido reestableciendo el neoliberalismo en Argentina.
Un mes después, Washington obtuvo su segunda victoria en contra de los gobiernos progresistas de la región. La derecha venezolana logró el control de la mayoría del congreso, donde el partido gobernante, el PSUV, quedó relegado a una minoría, existiendo una gran campaña de odio y manipulación apoyada en grandes corporativos mediáticos como Globovisión, Venevisión y Televen previo a las elecciones legislativas de diciembre de 2015. Como resultado, Henry Ramos Allup asumió la Presidencia del Congreso, desde donde se ha intentado hasta el momento, sin éxito, destituir a Nicolás Maduro de la Presidencia de la República, así como intentar desmantelar el Estado Social de la Revolución Bolivariana, reprivatizar bienes públicos, y reimplementar el neoliberalismo en Venezuela. Sin embargo, el riesgo sigue latente.
Poco a poco, de forma silenciosa como un cáncer, sigue avanzando el intervencionismo estadounidense en América Latina, utilizando a las instituciones del Estado, así como los marcos jurídicos vigentes, para consolidar su dominio e influencia en la región. En los días pasados, se consumó el golpe parlamentario contra la Presidente Dilma Rousseff en Brasil, país clave y elemental de lo que significó la transición a los gobiernos progresistas de América Latina en la década pasada.
En una de las que resulta una de las ironías más grandes de la Historia, la Presidente Rousseff fue acusada de realizar actos de corrupción no comprobados, y destituida por ello de su cargo (en el cual fue reelecta democráticamente por la mayoría de los brasileños) por diputados de oposición derechistas, muchos de ellos acusados de corrupción comprobada (y con fuero constitucional), acompañados de corporativos mediáticos como O Globo, repitiendo y reescribiendo la historia ya descrita de Argentina y Venezuela.
Así, tras la destitución de Dilma, Michel Temer (el vicepresidente de Brasil) asumió el poder hasta por 180 días de forma interina, tiempo en el que el congreso decidirá si Dilma es destituída definitivamente o no (lo cual, dadas las circunstancias actuales, es muy probable, casi un hecho).
Así, tras asumir el poder, las primeras acciones anunciadas y algunas ya concretadas de Temer han sido encaminadas a restaurar el neoliberalismo en Brasil, y desmantelar el Estado Social construído durante las gestiones de Lula y Dilma.
¿Qué tienen en común estos tres procesos políticos y sociales?
- Campañas de desprestigio permanente en los grandes corporativos mediáticos, acentuados antes de elecciones parlamentarias y/o presidenciales;
- Financiamiento de las derechas de cada país por parte de las oligarquías locales, los grandes corporativos trasnacionales, los grandes organismos internacionales y/o Washington;
- Avance y triunfos importantes de la derecha, obtención de mayorías parlamentarias y/o alternancia política presidencial;
- Si el triunfo fue legislativo, boicot y contrarreformas a los procesos progresistas o, si el triunfo es en el ejercicio del poder presidencial, desmantelamiento acelerado del Estado Social, y reimplementación del neoliberalismo; y
- Derrocamiento de los gobiernos democráticamente electos por vías legaloides, pero con “legalidad” y “apego a derecho”.
Así, el triunfo de la derecha en Venezuela no es frenar la “carestía” existente (producto del acaparamiento que hacen las grandes empresas), ni en Argentina fue “acabar con la corrupción de los Kirchner”, ni en Brasil “acabar con la corrupción de Dilma”. El fin último, y el transfondo real, es la reimplementación de las políticas económicas neoliberales en la región, ampliar el intervencionismo de Washington en América Latina, y la llegada al poder de gobiernos satélites, con Congresos y/o Presidentes a modo, para evitar cualquier intento por restaurar el Estado Social de los gobiernos progresistas anteriores, pues finalmente estos contravenían y estorbaban a la instauración del Nuevo Orden Mundial que, desde hace algunas décadas, quiere imponer Estados Unidos en todo el planeta.
Así, se complica aún más el panorama para los gobiernos progresistas de la región. Venezuela sigue en vilo, y Ecuador tiene una vulnerabilidad latente tras el terremoto que impactó aquel país hace algunas semanas.
Peor aún, el panorama para México es sumamente complicado, pues si en ya dos ocasiones anteriores impidieron la llegada de Andrés Manuel López Obrador al poder (una Izquierda que no es Izquierda, pero que es una solución temporal alterna al régimen priísta neoliberal mientras llega una opción de verdadera Izquierda al país), y donde según diversas encuestas podría ser el próximo Presidente de México en 2018 (encuestas que desde mi punto de vista están infladas, y con una intencionalidad perversa detrás), es obvio que no lo dejarán ser presidente (por tercera vez), a menos que haya negociado la Presidencia a cambio de mantener el modelo económico neoliberal, o le impongan un Congreso de derecha (escenario cercano a Venezuela o Brasil) para provocar una inactividad, y así seguir el script de Brasil.
Se ha complicado mucho el escenario para la Izquierda latinoamericana, y temo que Brasil no será el último gobierno progresista en ser derrocado por la vía legaloide. Y la experiencia dice (y se ha confirmado) que cuando las barbas de tu vecino veas cortar, pon las tuyas a remojar.
Saludos. Dejen comentarios.
